
Los ganadores potenciales son siempre quienes tienen visión de largo plazo, y soportan estoicamente, incluso, pequeñas derrotas tácticas. Los ganadores de largo plazo no cosechan la intensidad de la efímera euforia, y sí, desde algún lugar, incuban su rasgo esencial:
van a garantizar el orden. No es preciso saber qué campo ocupan. En el PJ están esos. En el PJ mas pro K, y en el que hizo un giro díscolo, en esos dos que se llamarían “peronismo sensato”. El corredor andino de Das Neves, Jaque, Gioja (fieles, algunos mas que otros, pero fieles a la hora del voto parlamentario) y los hombres mas duros (Busti, Reutemann, De la Sota, Schiaretti) forman esta constelación, no hay que ser muy pillo. Pero ellos son los ganadores del conflicto, los ganadores políticos, los que a un lado y otro le dieron viabilidad institucional. Del último post de
María destaco el espíritu de:
todo bien, pero la superación del kirchnerismo (hipótesis de asado hasta la madrugada)
vendrá del mismo lugar en el que actúa el dispositivo de su soporte, en mayor o menor medida. Del peronismo. Y el peronismo es el PJ, y no hay una valoración positiva en lo que digo, ni una jactancia realista. Así lo dejó claro Kirchner cuando fue su normalización, en los remotos meses en que acordó eso con Lavagna, hace ya un siglo. Y dijimos acá que esa jugada, además de tener todos los condimentos “maquiavélicos” destacados por medio mundo, no hacía más que comprometer la capacidad de liderazgo de Kirchner. La ecuación es:
ok, pejota, pero tenés que ser un líder de acá a veinte años. (Kirchner, para el neo-progresismo pragmático al que accedimos, es el líder político mas importante, pero que no-nos-deje-solos en el bosque justicialista.) Creo que hoy hay en el oficialismo dos bloques, cuya cadencia rítmica es acoplada y articulada, pero que son dos.
Uno, es el pejotismo (ex duhaldismo, ex menemismo, mañana ex kirchnerismo) que acompaña fielmente, con responsabilidad institucional, que cree que sólo la organización vence al tiempo, y que se moderniza porque nació para eso: para reinventar en cada tiempo y lugar la representación política suficiente.
Dos, un núcleo duro, de paladar negro
kirchnerista, ultra, Rudy, con poder, que tiende a achicarse, a concentrarse en sí mismo. Mi hipótesis es la de un gobierno cada vez menos kirchnerista, gradualmente, y cada vez mas peronista. El peronismo debe estar mirando, no sin recelo, la orgánica que su normalización dejó, porque, claro, se trataba y se trata de "correlaciones de fuerzas". El peronismo es lo que bulle políticamente después del conflicto, no la intemperie que rodea a esa ciudad. Vuelvo al post de María: tenía en el fondo el réquiem para el sueño republicano, una vez mas. Y esta no es una celebración ideológicamente anti-republicana, por el contrario, es el pensamiento práctico que no identifica a la república en los republicanos. Aunque hoy haya una figura política que –como el conejito de la galera- el fin del conflicto reveló. Cobos. ¿Qué hará Cobos? Si hubiese renunciado, y se hubiese embriagado en el triunfalismo efímero, se negaba la carta política única y poderosa con que cuenta su futuro: esa renuncia. No renunciar le permite además colar permanentemente el perfil contrastante que –sobre todo- a Cristina lastima: el de la
responsabilidad institucional. Con toda el
aura radical que eso tiene, y que a la sociedad, a lo mejor, le da nostalgia. Cobos es un político molesto porque dice la verdad insoportable que cada tanto alguien en política dice -cuando dice: yo quiero concertación y pluralidad, o sea, gente-que-piensa-distinto. Repone una relación entre las palabras y sus significados inmediatos que en política molesta. Es mas, es una
anti-política. El kirchnerismo agonizó en esta batalla por intentar mostrar, aunque sea un poco, la punta de un sujeto popular, cuya expresión juzgó derrotada. Pero entendamos algo: vivimos en la posguerra, convivimos aún con los juicios y castigos, mi tesis romántica es que la Argentina requiere de mas años para subir de nuevo sus colimbas al tren de la guerra social. Estos años de prosperidad económica no permitieron esa acumulación tampoco. No alcanzó. La película cierra con la escena de “dos locos en el poder, dueños de un relato de las cosas, llenos de ideología”, que Carrió intentó, en uno de sus deslices éticos mas perversos, igualar con
La Caída. Se perdió, y se perdieron dos cosas: se perdió la “batalla cultural”, y después (y gracias a dios, hoy, para no profundizar aún mas la otra derrota) se perdió la batalla política. No falló la calidad intelectual de los emisores del mensaje, la “falta de cuadros”, la comunicación, no, o no creo, o sí: pero todo eso merece capítulos aparte. La “profundización institucional del cambio”, slogan de campaña, o idea fuerza, parecía percibir (y bien) que la sociedad a partir de la mejora social y económica que tuvo, precisaba de instrumentos y adaptaciones institucionales que iban a darle vigor y estabilidad, digamos, a la recomposición del país operada por el gobierno k. Pero una sociedad cuando mejora se vuelve mas compleja, es decir, supera de alguna manera las apariencias binarias, que la Argentina siempre tuvo a mano. Y la contradicción provino del mismo gobierno que: o dijo una cosa en la campaña y después la coyuntura lo obligó al combate, o dijo algo que todos entendimos mal. Porque hasta los rasgos y las características de la presidenta permitían pensar que estaba mejor dotada para una “microfísica” del kirchnerismo, y no para la intemperie del campo de batalla. Y ya a Néstor le había tocado la hora del machete. Y no estoy hablando de si el gobierno dijo o no dijo algo sobre retenciones, estoy hablando quizás del aspecto general. Pero muchos piensan, mientras otros hacen. Estoy seguro de que muchísimas decisiones no se tomaron una vez, se tomaron y se toman en el tiempo, en el mismo proceso de los hechos, y se erró (quién soy para decirlo) de buena fe.
Oración militante:
que la lucha por la distribución del ingreso tengaen sus próximos capítulos, una propuesta y un instrumento mas concreto y accesible,
mas directo a la víscera sensible. Frontera para Gerónimo.