domingo, febrero 21, 2010

Pasé unos días lejos y leer el modo en que Fabián "trata" al objeto del verano (quiero decir: pensándolo y salvándolo) es el modo que cuaja perfecto en lo que uno espera a veces del país, o de los amigos, o de la gente que uno lee... que se cumpla ese bello y único mandato bíblico: “Si se sabe dónde está el desequilibrio de la sociedad, hay que hacer todo lo que se pueda para agregar peso en el platillo más liviano. Aunque ese peso sea un mal, manejándolo con esa intención puede ser que no manche. Pero es necesario haber concebido el equilibrio y estar siempre dispuesto a cambiar de lado como la justicia, ‘esa fugitiva del campo de los vencedores’.” (Simone Weil) O como este 1, 2, 3 del amigo Conu, alias "La 25", que es alguien pensando algo importante. Algo que escapa a la realidad servida en bandeja, la obligación autoimpuesta de no pasar un día sin hablar de Cobos, Clarín o Macri. El domingo que viene sale algo sobre Haití en Ni a Palos. Espero esta semana subir algunas fotos. Las que pueda. Las que no califiquen para un concurso de UNICEF. Un católico escribiría "vengo de Haití y estoy en éxtasis..."

(Una noticia de mierda. Sobre todo, porque fue una de las amplificaciones mas inteligentes del mundo blogger. De consuelo queda preguntarse cuánto tiempo quedará sin aire un animal de radio como Gerardo, un tipazo y compañero. No hay dos Gerardos en el horizonte de este proyecto.)

sábado, febrero 13, 2010

Hubo poesía después de Auschwitz.
¿Habrá blog después de Haití?
Veremos.
Me voy 1 semana a Haití.


jueves, febrero 11, 2010

Dice Federico Scigliano: volvieron los buenos tiempos kirchneristas, volvió el debate sobre la inflación.

lunes, febrero 08, 2010

Me dormí pensando en el modo en que es capaz de penetrar la idea de muerte en un político. En cómo se fija en la mente de un animal político su propia finitud. Quiero decir: todos nos acostumbramos a un Kirchner que ni siquiera es capaz de leer la temperatura. Un Kirchner que hizo carne el descuido formal (sus bic y sus sacos cruzados) con que penetró el sentido común, y que ahora aparece como el descuido de algo más profundo: un hombre sin sueño. Alguien que no resiste que se le cuente el argumento de una película. Cinco celulares sonando y cuyo despertador puede ser un simple minuto de esto. ¿Y el límite cardíaco es una llamada que viene de dónde para un cuerpo así? ¿Cómo se oye el cuerpo real? ¿Siempre es el mismo sueño el que se sueña: quien intenta correr rápido y no puede mover las piernas? ¿Los políticos de la democracia son políticos que carecen de un pensamiento acerca de su muerte? ¿Son políticos sin "existencialismo", que no reflexionan sobre ella, o que entregaron ese pensamiento -no por un efecto secular- sino por pura entrega, porque no tienen derecho a pensar en su muerte? ¿Cómo es estar solo, sedado, y respirar en una habitación blanca, para un político al que los días, sus 24 horas, les resultan cortos, una especie de día antártico, sin noche, un mundo de total confusión entre lo privado y lo público, entre la luz y la sombra? ¿Afinará la construcción de descendencia haber tocado ese pequeño fondo, oír por un solo momento el sonido de una sola campana, la del corazón real, muscular, ese pedazo horrible de sangre que chiva y que quisiera estallar alguna vez sobre una camisa blanca? ¿O lo contrario, o afirmará el borramiento de la muerte personal en el horizonte? Para mucha gente es difícil representarse que Kirchner duerme. Para mucha gente dormir es saber que Kirchner no duerme. Y Kirchner ahora aparece como el rostro de un perfecto Frankestein del laboratorio 2001. Como si todas las interpretaciones juntas dieran la suma de un político así. En siete años el único límite es su cuerpo: y ese mensaje es insoportable para todos los lobos. Para todos los lobos que con Kirchner se disfrazaron de corderos. Y ese, incluso, es el modo en que Kirchner les permite un punto de fuga hacia un futuro que también les pertenece, porque la patria somos todos. El segundo descontrolado y efímero en que se me representó la muerte de Kirchner fue horrible. ¿Dependerá de Kirchner reconocer otro límite más que ése? ¿Alguien imagina a Kirchner mirando su propio cuerpo, poniendo la lámina de una radiografía contra la luz y entrecerrando los ojos? Una idea de muerte es un modo en que la historia pide estilo, estética; no es dejar de fumar, sino fumar al lado del camino. Como dijo Fito.

domingo, febrero 07, 2010

Miguel Abuelo

Este disco se tiene que poner de moda. Ayer lo hablaba con una de las dos personas más agradables del mundo a la hora de conversar sobre música y clausuramos con que debería estar entre los tres mejores de esa década. (El otro es el Señor Maíz.) Y si está entre los tres mejores de esa década está entre los cinco mejores de toda la historia. Podría compararse con "Spinettalandia...", la joya post Almendra, porque, a ver, hay un tema con Pescado: hay un consenso sobre Pescado, sobre una especie de manantial de lírica para construir un mundo interno mejor, que está bien, pero que se topa con un problema literario: Artaud. No nos convence Artaud. ¡Y somos muchos! (Ya sé que el disco Artaud no es taaan de Pescado, pero Pescado todo está bajo ese influjo, para el caso preferimos Desatormentándonos). Así que mi idea es que Miguel supera al amado Flaco en algo: en la calidad de las letras. En su consistencia. Miguel Abuelo no tenía ese dogma literario del cual la mejor versión acriollada son los sánguches de miga de Pappo. ¿Por qué? Porque esos sánguches atraviesan una pared lisérgica, penetran el campo minado de metáforas y caen al centro del dolor que es el estómago, no el corazón. Digamos que la cruza es esa: Pappo + Spinetta = Miguel Abuelo. Mi problema son Los Abuelos de la Nada. No me gustan Nada. Pero entre el bullicio ochentoso hay una joyita primaveral: el discazo Buen día, día. Para un chico de 20 años ese disco podría ser un chiste capusottiano. Un mal chiste capusottiano. El disco son un par de canciones-excusa, con un homenajito a Kuberito Díaz, con una versión más de "Mariposas de Madera", pero todo construido como un puente para ese final farragoso, esa especie de "This is the end" alfonsinista, del tipo que saluda a todos, a todo, a la vecina, al árbol, a todo el mundo. Pero todo suena a despedida en ese buen día.

sábado, febrero 06, 2010

Se mece la nave, lenta como el tul,/ en la brisa, suave niña del azul.


El lanzamiento de la policía metropolitana arrastra casi pequeños signos de melancolía: Un peronista de cuna peronista, con padres que decidieron ponerle Juan Domingo. Un policía federal.

No te vayas/
No te vayas gallito, faisán
de la cultura nacional,
negrita porteña
que en los tambores
ocupa el primer lugar.
Mirá Gaucho Salvajón
toda esta melancolía,
a la policía

en la despedida
la acompaña una patrulla
marchando sin hacer bulla
hacia el destino final.

viernes, febrero 05, 2010

¿Cobos o Macri?

por Federico Vázquez

Morales Solá, ayer: "¿Es cierto que en la crisis institucional por el Banco Central Julio Cobos jugó más como vicepresidente que como el popular líder de la oposición que también es? Sí. ¿Cobos corre, entonces, el riesgo de perder una porción considerable del crédito social que ganó cuando provocó el rechazó del Congreso a las confiscatorias retenciones a la soja? Sí. ¿Es verdad que el vicepresidente se detuvo en consideraciones sobre la gestión de un funcionario cuando lo que le correspondía evaluar era un claro atropello institucional? Sí. ¿Es cierto que su decisión de acompañar al Gobierno en la expulsión de Martín Redrado le abrió un foso más profundo aún con el radicalismo, su viejo partido? Sí. ¿Es verdad que los Kirchner le quitaron el apoyo a Miguel Angel Pesce como jefe interino del Banco Central por el voto de Cobos, porque sospecharon que la institución monetaria quedaría bajo influencia del vicepresidente? Sí."

Nunca me convenció la moda cobista. La nota parece mostrar que para el mejor periodista del establishment tampoco. A pesar de cierto aire anti Macri que se supone que existe, sigo creyendo que es él, Mauricio, el candidato. Derecha desbocada, contexto regional y la imposibilidad genética del radicalismo para gobernar son tres argumentos de peso para que en un tiempo empiecen a levantar fuerte la candidatura mas orgánica, clara y consistente que tienen. Cobos deja de ser vice o deja de aparecer en la tele y la gente se olvida en 5 minutos. Estoy seguro que en el último rancho de Jujuy a Macri lo conocen y tal vez lo voten. Lo que pasó con De Narvaez el 28 de junio demuestra que no hay ya veto social al millonario-político sin ideas. Al contrario.

Claro, puede ser que piense todo esto porque me imagino que, al mismo tiempo, Macri es el mejor candidato para que en una segunda vuelta se despierte un sentimiento "anti derecha" con alguna chance de que gane. Pero si yo fuera Magnetto-gilada-conspirativo, y la desestabilización no sale y hay que esperar a las elecciones, me juego por un candidato "ideológico", antes que por un radicalismo que hoy por hoy no puede gobernar ni una provincia grande o mediana (de hecho, no lo hace...) En sentido contrario, las posibilidades de Cobos aumentan si gana la postura "insurreccional" de la oposición, y la UCR llega -por fin- después de una tormenta y no antes.

lunes, febrero 01, 2010

Las canciones estalinas son perfectas

¿Por qué las cadenas son actos? ¿Por qué las cadenas son actos políticos a los que son invitados los televidentes para que aprecien esa demostración de fuerzas? ¿Por qué un televidente u oyente de la cadena no es parte sino testigo del mensaje oficial?, ¿por qué el televidente u oyente no cierra el círculo y se siente receptor de una emisión preparada para él? ¿Por qué no hay más cadenas con un silloncito cómodo, un velador encendido, un cono de la administración estatal de pronto armado para la ocasión? ¿Tanto hace acordar al estado de sitio aliancista, al temblor de los llamados a la plaza de Alfonsín? ¿Por qué las cadenas se parecen más a la continuidad de la guerra mediática, a enrostrarle a un señor que mira desde un dormitorio cableado de un gran hotel gastronómico que están todos, que están los gobernadores, los intendentes, los diputados, los senadores, los sindicalistas, las madres, las abuelas, los hijos, los nietos? ¿Por qué la cadena es un Haka? En fin, no digo "todas las cadenas oficiales", no digo cuando se hacen anuncios que comprometen la vitalidad de un sector y donde previsiblemente debe estar visible ese sector, pero como concepto de fondo: ¿no es la cadena un momento directo? La imagen romántica de la cadena no supone que todos paran a oír, que todos ponen el auto en la banquina para oír lo que se tiene para decir. No hay lugar común más legítimo y más trillado que éste: el problema del gobierno es la comunicación, el estilo. Forma parte de la fe ciega de los creyentes acerca de a qué echarle la culpa cuando se tiene que explicar la caída de la popularidad: ¿cuál es la razón para que tan buenas políticas no tengan popularidad? ¿Por qué una política popular no es popular? El nombre de ese maleficio es previsible y ha sido objeto de muchas zancadillas notables: desde el fulbito pa’ todos hasta la ley de medios. La comunicación está minada, y hacerle daño a su comité central asegura lo que ya se aseguró: que para todos lo esté. Digamos: el gobierno embarró totalmente la cancha, e hizo bien. (O sea: vendrá la nueva ley sobre tierra arrasada y construirá el paraíso crítico que nos merecemos. Pero lo peor que se puede hacer sobre una ley es cargarle excesivas expectativas, sobre todo, políticas. La ley de medios siempre me sonó a que una parte de ella nacía de un malestar minoritario sobre el estado de las mayorías. Algo así como una ley moral, moralista, moralizante, una ley 'mala onda', una ley que se hace en nombre de, aunque después a su nombre no se pueda hacer mucho más, como los Pueblos Originarios. Pero es una ley que dice que el mapa es mas grande, es una ley contra el capitalismo real. Y hay que seguir defendiéndola.) Ahora bien: lo otro, lo más jodido, es aquel aspecto de la comunicación que hace más al ‘estilo’: hay algo en la personalidad, en la psicología, en los modales, en el modo de corregirse el flequillo, de atarse el pelo, de cruzar las piernas, de jugar con la pulsera y los anillos, de vestir, de mirar mientras alguien hace una pregunta, de caminar hasta un estrado, de sonreír, etc., que no hace a nada más que a mostrar la punta de un iceberg de una psicología que de pronto se vuelve totalmente expresiva de algo. Del poder. De un poder. Del poder político. ¿Pero se miró alguna vez a los ojos? Quiero decir: ¿se miró a la cámara y se dijo lo que se iba a hacer para que la crisis no la sufran los más humildes, por ejemplo? Cuando se dice ‘pueblo, sociedad o gente’, y ya aparece escenificado de un modo tan preciso (madres de plaza de mayo, CGT, organizaciones sociales, intendentes, etc.), se afirma una representación, porque el discurso se hace mirando a esos y viendo en ésos a los otros, a los millones de terceros en discordia. Y esa representación consumada es una de aquellas cosas por las que la televisión después (antes y después) ejerce la suya sobre la gente al natural que no reúne toda esa densidad histórica. Que no cayó del cielo, claro. Cadena es hablarle al que se le interrumpe la novela. No importa que haya una por día. Es más: mejor. Sobre todo, cuando es tan confusa la escena y no todo da lo mismo.