¿Por qué las cadenas son actos? ¿Por qué las cadenas son actos políticos a los que son invitados los televidentes para que aprecien esa demostración de fuerzas? ¿Por qué un televidente u oyente de la cadena no es parte sino testigo del mensaje oficial?, ¿por qué el televidente u oyente no cierra el círculo y se siente receptor de una emisión preparada para él? ¿Por qué no hay más cadenas con un silloncito cómodo, un velador encendido, un cono de la administración estatal de pronto armado para la ocasión? ¿Tanto hace acordar al estado de sitio aliancista, al temblor de los llamados a la plaza de Alfonsín? ¿Por qué las cadenas se parecen más a la continuidad de la guerra mediática, a enrostrarle a un señor que mira desde un dormitorio cableado de un gran hotel gastronómico que están todos, que están los gobernadores, los intendentes, los diputados, los senadores, los sindicalistas, las madres, las abuelas, los hijos, los nietos? ¿Por qué la cadena es un
Haka? En fin, no digo "todas las cadenas oficiales", no digo cuando se hacen anuncios que comprometen la vitalidad de un sector y donde previsiblemente debe estar visible ese sector, pero como concepto de fondo: ¿no es la cadena un momento directo? La imagen romántica de la cadena no supone que todos paran a oír, que todos ponen el auto en la banquina para oír lo que se tiene para decir. No hay lugar común más legítimo y más trillado que éste: el problema del gobierno es la comunicación, el
estilo. Forma parte de la fe ciega de los creyentes acerca de a qué echarle la culpa cuando se tiene que explicar la caída de la popularidad: ¿cuál es la razón para que tan buenas políticas no tengan popularidad? ¿Por qué una política popular no es popular? El nombre de ese maleficio es previsible y ha sido objeto de muchas zancadillas notables: desde el
fulbito pa’ todos hasta la ley de medios. La comunicación está minada, y hacerle daño a su
comité central asegura lo que ya se aseguró: que para todos lo esté. Digamos: el gobierno embarró totalmente la cancha, e hizo bien. (O sea: vendrá la nueva ley sobre tierra arrasada y construirá el
paraíso crítico que nos merecemos. Pero lo peor que se puede hacer sobre una ley es cargarle excesivas expectativas, sobre todo, políticas. La ley de medios siempre me sonó a que una parte de ella nacía de un malestar minoritario sobre el estado de las mayorías. Algo así como una ley moral, moralista, moralizante, una ley 'mala onda', una ley que se hace
en nombre de, aunque después a su nombre no se pueda hacer mucho más, como los Pueblos Originarios. Pero es una ley que dice que el mapa es mas grande, es una ley contra el capitalismo real. Y hay que seguir defendiéndola.) Ahora bien: lo otro, lo más jodido, es aquel aspecto de la comunicación que hace más al ‘estilo’: hay algo en la personalidad, en la psicología, en los modales, en el modo de corregirse el flequillo, de atarse el pelo, de cruzar las piernas, de jugar con la pulsera y los anillos, de vestir, de mirar mientras alguien hace una pregunta, de caminar hasta un estrado, de sonreír, etc., que no hace a nada más que a mostrar la punta de un iceberg de una psicología que de pronto se vuelve totalmente expresiva de algo. Del poder. De un poder. Del poder político. ¿Pero se miró alguna vez a los ojos? Quiero decir: ¿se miró a la cámara y se dijo lo que se iba a hacer para que la crisis no la sufran los más humildes, por ejemplo? Cuando se dice ‘pueblo, sociedad o gente’, y ya aparece escenificado de un modo tan preciso (madres de plaza de mayo, CGT, organizaciones sociales, intendentes, etc.), se afirma una representación, porque el discurso se hace mirando a esos y viendo en ésos a los otros, a los millones de
terceros en discordia. Y esa representación consumada es una de aquellas cosas por las que la televisión después (antes y después) ejerce la suya sobre la
gente al natural que no reúne toda esa densidad histórica. Que no cayó del cielo, claro. Cadena es hablarle al que se le interrumpe la novela. No importa que haya una por día. Es más: mejor. Sobre todo, cuando es tan confusa la escena y no todo da lo
mismo.