¿Cuál fue el último mandato
al que seríamos creyentes y obedientes,
nosotros, los creyentes y obedientes,
los que creemos en la reencarnación,
en el dolor de la carne,
en el perdón, infinitamente,
en el amor, en el otro,
en las mejillas,
y en el delirio paciente de una espera trucha
en la que el espíritu será liberado?
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