viernes, junio 01, 2018

DOCUMENTO DEL EQUIPO DE SACERDOTES DE VILLAS

La violencia institucional genera más inseguridad en nuestros barrios.

Necesitamos presencia de las fuerzas, pero sin excesos. 

Compartiendo la vida de nuestros vecinos, durante años hemos experimentado y denunciado la ausencia del Estado en muchas villas y barrios carenciados. Son muchas las barriadas del conurbano en las que sumamos nuestra voz a la de los vecinos para reclamar el mismo nivel de seguridad que tienen los otros barrios más acomodados. Sin embargo, aunque en algunas villas hemos celebrado la presencia, hoy vemos que en muchos casos es insuficiente y en otros ineficaz y desordenada.

Nos referimos a la presencia de las fuerzas de seguridad.

En primer lugar, recordamos que el concepto amplio de seguridad no sólo tiene que ver con los daños físicos o el atentado contra las pertenencias propias y la propiedad privada. Es inseguridad no tener vacante en las escuelas, no poder acceder a una atención de salud adecuada, no tener oportunidades laborales, etc. Recordemos que detrás de cada chico o joven en la calle suele haber una madre o un padre desocupado. Corresponde al Estado garantizar la seguridad en todos los aspectos. También sabemos lo que le toca a la sociedad civil en general.

En estos tiempos, en nuestros barrios vemos casos concretos de violencia institucional, algunos debidamente denunciados, y otros que tristemente no trascienden. No ayuda cierta opinión pública que mide con la misma vara lo que hace un chico o joven castigado por la exclusión y el procedimiento de un trabajador de las fuerzas de seguridad, que representa al Estado. Hay casos de mucha violencia y represión en nuestros barrios.

Como en otros ámbitos, debe mejorar considerablemente esta presencia del Estado. Vemos bueno que las fuerzas de seguridad estén en nuestros barrios. Pero creemos que se deben corregir los errores, no con parches pasajeros sino con profundidad. Debe haber un cambio en las actitudes y acciones agresivas, sean físicas o verbales.

Pensamos que estos excesos responden a fallas en su formación pero también a cierto aire de “habilitación e impunidad” que los lleva a obrar de esa manera.

En muchos casos se criminaliza a los jóvenes y más cuando son pobres.

En el supuesto caso de que algún joven tenga conductas atrevidas, el Estado no puede ponerse al mismo nivel. Debe actuar respetando siempre la sagrada dignidad de toda persona.

No puede ser que los que deben cuidar a nuestra gente sean los mismos que los agreden, a veces con mucha violencia y llegando incluso al gatillo fácil.

Apelamos a las autoridades correspondientes y a la comunidad en general -de la que formamos parte- para que cada uno ponga lo mejor de sí mismo para que se respete la dignidad de todos nuestros vecinos y para que se enmienden profundamente las deficiencias de la presencia del Estado y de la mirada de la sociedad con respecto a los barrios carenciados.

Por último, intentando ampliar la mirada, afirmamos que la inequidad genera una violencia en la que no habría recursos policiales, militares o de inteligencia capaces de detener. El camino de salida es el amor fraterno que se rebela frente a la injusticia social y nos invita a todos –especialmente a los que más oportunidades hemos tenido en la vida- a trabajar para que los más pobres, especialmente tantos niños y adolescentes, vivan con dignidad.

Que la Virgen de Luján nos inspire los caminos para cuidar a nuestra Patria empezando por los más pobres.

Equipo de Sacerdotes de Villas de Capital y Provincia.

P. José María Di Paola: villa La Carcova, 13 de Julio y Villa Curita. Diócesis de San Martín.
Mons. Gustavo Carrara. Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Vicario para la pastoral en Villas de CABA
P. Lorenzo de Vedia, P. Carlos Olivero, P. Gastón Colombres, Villa 21-24 y Zavaleta. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Juan Isasmendi, P. Eduardo Casabal, P. Ignacio Bagattini: Villa 1-11-14. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Guillermo Torre, P. José Luis Lozzia, P. Marco Espínola: Villa 31. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Domingo Rehin: Villa Lanzone, Villa Costa Esperanza. Diócesis de San Martín.
Mons. Jorge García Cuerva, Obispo auxiliar de la Diócesis Lomas de Zamora.
P. Basilicio Britez: Villa Palito. Diócesis de San Justo.
P. Nicolás Angellotti: Puerta de Hierro, San Petesburgo y 17 de Marzo. Diócesis de San Justo.
P. Sebastián Sury, P. Damián Reynoso: Villa 15. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Rodrigo Valdez: Villa Playon de Chacarita. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Martín Carroza y P. Sebastián Risso. Villa Cildañez. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Pedro Baya Casal, P. Adrián Bennardis: Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Joaquin Giangreco: Villa Trujuy. Diócesis Merlo-Moreno.
P. Nibaldo Leal: Villa Hidalgo. Diócesis de San Martín.
P. Antonio Mario Ghisaura: Villa Tranquila. Diócesis Avellaneda- Lanús.
P. Alejandro Seijo: Villa Rodrigo Bueno. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Andres Tocalini: Villa los Piletones. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Dante Delia: Barrio la Loma de Roca. Diócesis de San Isidro.
P. Franco Punturo: Villa 20. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Omar Mazza: Villa Inta. Arquidiócesis de Buenos Aires.
P. Raul Gabrielli: Cura Villero. Peregrino Itinerante de la Virgen de Lujan.
P. Miguel Dedyn: Vicario Parroquia Nuestra Señora del Carmen – Benavidez
P. Juan Manuel Ortiz: Barrio San Fernando, Barrio 25 de Mayo- San Fernando
Carlos Morena, Mario Romanín, Alejandro León, Juan Carlos Romanín: Salesianos. Don Bosco. Cecilia Lee, misionera franciscana, Bea Gmiltrowicz, Misionera Franciscana. Villa Itatí.

jueves, agosto 17, 2017

Moyanismo social

El moyanismo social ¿Los pobres son todos anti macristas? Una nueva leyenda nació tras el triunfo de Cambiemos y tuvo su rápida identificación en la verba progresista: los pobres son todos anti macristas y el macrismo administra privilegios como una expresión pura de la clase alta. Ergo: sus votantes tienen la misma procedencia que sus funcionarios. Pero esta afirmación es incorrecta. Si así fuera no hubieran ganado con el 51% de los votos en el balotaje, ni siquiera hubieran obtenido el resultado de la primera vuelta. Las elecciones de 2015 vinieron a presentar un apoyo popular al macrismo.

En conversación con el sociólogo Ignacio Ramírez, buscamos algo más sobre este dato incómodo por izquierda: que efectivamente trabajadores y sectores humildes votaron por Cambiemos y hoy lo seguirían haciendo. Si bien es cierto que el apoyo a Cambiemos crece a medida que uno trepa en la pirámide socio-económica y encoge a medida que desciende, y esa sería a la inversa la correlación constitutiva del peronismo, no es tan absoluta. “A esa regularidad se le escapan excepciones que tienen que ver con un fenómeno no sólo argentino -dice Ignacio- que es la erosión de las lealtades partidarias.” “El marxista hablaría de ‘falsa conciencia’, se preguntaría qué hace un trabajador votando al macrismo”, remata.

En principio habrá que buscar algunos ingredientes de la coyuntura del propio 2015 para entender ese voto cruzado, pero ya tenemos una primera respuesta: el debilitamiento de la fidelidad partidaria, la vieja fidelidad del “nunca hice política, siempre fui peronista”, que se presenta como “natural” y mayoritaria parece desecha. El peronismo ya no es naturalmente la mitad + 1. No es nuevo (quizás comienza a nacer en 1983) pero 2015 patenta otro fin del “pueblo peronista” y la “democracia de los segmentos”. ¿Quién logra mayorías, por cuánto tiempo?

Los nietos del 45 votan sobre identidades más cortas, decisiones más personales y menos trascendentes. El fin de estas lealtades no es el fin de los partidos, pero se parecen. De hecho, en las innumerables marchas sindicales, sobre todo las de la CGT, donde el componente de trabajador formal movilizado es mayor que las de la CTA, es difícil encontrar jóvenes trabajadores que canten la Marcha Peronista. Muchos no la saben, no la conocen, no la cantan. Incluso en el gremio de Camioneros, de mística notable, el canto es concreto: se defiende al gremio, se apretujan al calor de la pertenencia. No hay una marchita, hay decenas de marchitas como decenas de ramas de la producción persistan. El canto ordenado y universal lo ofrecen más bien las organizaciones políticas, los partidos de izquierda, las juventudes militantes que nacieron en la década kirchnerista.

“Entender la propuesta y discurso de Cambiemos como algo que evidentemente incluye alguna contraseña popular que hace posible el lazo de este gobierno tan homogéneo en su staff y que sin embargo inspira el voto de sectores medio bajos y de trabajadores”, completa Ignacio Ramírez. No se trata de encontrar razones para dar la razón, ni escatimar en esta “excepción” de votos populares a un proyecto de corte liberal el daño social de sus políticas, sino de comprender de qué está hecho ese triunfo y de qué está hecha esta gobernabilidad.

Soy cordobés

En las razones coyunturales también podríamos anotar algunos aspectos de histórica “mala praxis” política del kirchnerismo. Ejemplo: tanto se habló de la abrumadora cantidad de votos cordobeses que complementaron de modo decisivo el triunfo de Macri. La cerrazón política y el aislamiento entre el gobierno de De la Sota y la presidencia de Cristina alcanzaron hasta el punto de cercenar la ayuda de la Gendarmería en las rebeliones policiales de 2013.

Tras la victoria de Cambiemos en noviembre de 2015, el periodista cordobés Dante Leguizamón escribió para revista Anfibia un ensayo (“Cordobesismo”) donde explicó este defecto político: “Los beneficiados por las políticas del gobierno nacional en los últimos 12 años fueron millones. Fuimos millones. Además de las iniciativas obvias y no por ello menos maravillosas (Ley de Medios, Matrimonio Igualitario, Procrear, etc.) lo cierto es que la idea de aislar a los gobernantes cordobeses (De la Sota-Schiaretti-De la Sota) produjo una batalla narrativa que supo utilizar con mucha más lucidez el conservadurismo cordobés que el kirchnerismo nacional. Doy ejemplos: la Asignación Universal por Hijo se aplicó en Córdoba como en todo el país, pero los beneficiarios todavía hoy creen que es un beneficio del gobierno provincial. Mi hijo tiene la notebook de Conectar/Igualdad, pero ningún docente le dijo que era un beneficio de la Anses. Justamente, la Anses fue tomada como un enemigo ideal por el gobernador De la Sota que, según su relato anti-k, se quedaba con la plata de los cordobeses y era el responsable de que él se viera ‘obligado’ a cobrar una tasa vial -a todas luces inconstitucional- que aumentaba el precio de la nafta en la provincia. El diálogo interrumpido entre la Casa Rosada y el gobierno cordobés también limitó el alcance de las políticas nacionales.”

Ese gobierno nacional con estilo centralista excluyó de su horizonte narrativo a miles de cordobeses que fueron objetivamente beneficiarios de políticas públicas pero que se sintieron amparados en su gobierno provincial contra el “unitarismo kirchnerista”. El gobierno cordobés se apropió de las políticas del kirchnerismo. Tal como plantea Leguizamón en su artículo, el gobierno provincial supo invisibilizar políticas del gobierno nacional y pasarlas como propias, y eso pudo ser posible porque -como argumenta la antropóloga Julieta Quirós en su trabajo “Una hidra de siete cabezas” sobre política territorial- el kirchnerismo en Córdoba y en los interiores peronistas tuvo dificultades para armar “territorio” más allá o más acá de las grandes ciudades y sus agrupaciones políticas; más bien tejió una “base” con alfileres, colgada de las sedes provinciales de los ministerios nacionales y de las agrupaciones con sede central en Buenos Aires. En definitiva “fue demasiado e incorregiblemente porteño en sus representantes y emisarios, en su lenguaje y sus ceremonias, en sus modos y modales de hablar”, señala Quirós.

El kirchnerismo, en resumen, rompió diálogos sobre los que compuso el macrismo su “mayoría”: 1) el del interior más productivo (el ejemplo cordobés, pero también Santa Fe, el interior bonaerense, la derrota en Mendoza); 2) el del trabajador meritocrático. Un discurso productivista, laborioso, anti estado. Veamos.

Soy lo que soy 

Hace años que circula una autopercepción argentina bajo la forma de una bella leyenda estadística: el 80% nos autopercibimos de clase media. El antropólogo Pablo Semán habla a su vez de la existencia de un moyanismo social, algo así como una forma de caracterizar al gen aspiracional argentino. En palabras de Semán: “el moyanismo social es un sector de las clases trabajadoras, que no son las de más bajos ingresos, y que tienen la adhesión a un proyecto social que es la mejora de su propia vida a través del trabajo, y que en el panorama político argentino fueron beneficiados por políticas del kirchnerismo a la vez que ignorados y simbólicamente agredidos en temas como seguridad, migración y jerarquías. Piensan que ellos se rompen más el lomo que otra gente que es más pobre que ellos y que recibe beneficios del gobierno que ellos no.” Están fuera, digamos, de la pedagogía progresista que arrastra explicaciones complejas. Dice Pablo: “no son los ‘agremiados’ de Moyano, sino los que representa el discurso de Moyano en su ruptura con el kirchnerismo en el segundo mandato de Cristina, que se condensaba en el famoso impuesto a las ganancias.”

La política bonaerense a partir de 2013 desprendió un bloque de la representación del FPV, cuya cima alcanzó en 2011: la clase media baja, el “aspiracional” de Semán. Se le fue yendo al FPV. Eso que quizás iba a expresar mejor Scioli o algunos de los intendentes más populares, como Martín Insaurralde. ¿Con qué se quedó el FPV en la figura prístina de Cristina? Con el progresismo y el tercer cordón. Becarios de conicet y AUH, para graficarlo. Progres y pobres. Pero ese segmento vecinal medio bajo, no progresista, que se movilizó hacia arriba pero que no adjudicó esa movilidad a algo que no sea el “mérito propio” (movilidad individual ascendente), amante del “no le debo nada a nadie”, punitivista, que sufre la inseguridad, que es vecino o cercano a las villas, a los que “cobran planes”, que asocia progreso a “privatizar su vida” (pasar de la prestación pública a la obra social, de la obra social a la prepaga), porque asocia progreso con sacarse el Estado de encima, que “sufre” los paros docentes, que paga MNI y no ve la hora de dejar de hacerlo, de esa capa media grasosa nació Sergio Tomás Massa (como expresión del fracaso peronista) y brilló vestido de afrikáner, haciendo política subido a los techos de los barrios del Gran Buenos Aires, como si fuera el presidente de la Asociación del Rifle que le dice a cada ciudadano argentino: cuidate y yo te cuido. Esa Argentina con mucha escolaridad incompleta, de capacitación forzada, cuentapropista, que anhela una “normalidad” (que quizás nunca existió).

Veamos como ejemplo dos resultados electorales del GBA de 2015: San Fernando y San Miguel. Ahí, en la primera vuelta presidencial, ganó Massa. Esos votos fueron en abrumadora mayoría a parar a Macri en el balotaje.

“¡Andá a laburar!”

En el reciente estudio “El clientelismo político”, de Gabriel Vommaro y Hélène Combes, se repasa y problematiza el clientelismo, poniendo el foco en las miradas externas a las prácticas políticas que se engloban bajo ese nombre. Así, lo que los autores trabajan en este libro, es el modo en que las clases medias, los medios de comunicación y algunas elites fijan desde afuera la condensación de muchos males contemporáneos, con tal de no ver, dirían, la expresión de la voluntad popular. En la Argentina la traducción de esto es la pregunta: ¿cómo puede ser que la mayoría de los pobres aún voten al peronismo? Y no sólo eso: la concepción entonces de que el clientelismo produce pobreza para controlarla. La retroalimenta. El clientelismo como razón histórica de la pobreza, los “usos del Estado”, y no el capitalismo, la economía de mercado, la división internacional del trabajo.

Sin embargo aún resta conocer más en detalle el modo en que esas mismas prácticas conviven con las miradas producidas desde el mismo barrio pobre, las miradas de los vecinos de los “beneficiarios”, los que no entran en los círculos de confianza y distribución, los que dicen “la familia X lo que pasa es que tiene un primo en el municipio, un tío en la política”, y así. Tenemos “la voz del cliente”, pero se nos pierde más la voz del vecino del cliente, un runrún de media voz que masculla su exclusión doble. Digamos: el clientelismo aparece en los medios de comunicación, en la boca de contados y desprestigiados académicos que no apretaron F5 y no actualizaron doctrina social, y en la conversación política de una parte de la clase media, pero también aparece en la conversación con vecinos de esos “clientes” de los “sectores populares”. Esa irrupción es más esporádica. No es que nadie de cuenta de ella: muchos medios y cronistas en sus informes lo hacen, incluso en este mismo libro de Vommaro y Combes se registra esa voz en un estudio en el municipio de Morón, las “quejas”. El discurso anti político, anti estatal es también un discurso popular.

El gobierno con su control de piquetes y orden público, con su discurso anti sindical y la elección de Baradel como villano, con la nominación de “planes” a la política social (cuando la AUH, principal política social del país, no es un “plan”), el corrimiento de la palabra derechos hacia la palabra beneficiarios, el chiste sobre choripanes y micros, etc., rima con esa vieja voz popular y desconfiada de la anti política. Como la cita de Durán Barba: el gobierno se niega a ser el pedagogo de la “gente común”, pero, en tal caso, entonces, se deja pedagogizar por ella. Si la sociedad dice planes, dice planes; si la sociedad dice choris, dice choris; y así. Esa cesión de la pedagogía social en el “común” es una clave para entender también la base de popularidad resistente a sus propias políticas dañinas de las condiciones de vida.

Educame 

Pero estos sectores, ¿votaron a CFK? Muchos, seguro estos formaron parte del 54% de 2011. ¿Qué pasó después? Comenzó a haber cosas que obstruían, impedían o estorbaban, más que ese deseo, esa posibilidad de estar mejor. Soy esto, quiero estar mejor, se puede pero hay cosas que no tienen que estar más. Ganancias, por ejemplo. ¿Se volvieron antikirchneristas? No del modo cultural del lector de La Nación, a pesar de que Lanata moduló el modo popular de esa anti política en el espectáculo de las denuncias de corrupción y produjo una erosión subestimada por el kirchnerismo (con la figura de Boudou como el “nouveau riche” populista). Quizás el problema fue que de una manera inversamente proporcional, a medida que el gobierno cristinista se desenganchó de sus demandas, recalentó su intensidad. Una agenda dominada por temas como la reforma judicial o el acuerdo con Irán contribuyeron a un gobierno percibido en la “autonomía de la política” frente a un escenario recalentado por los medios, las dificultades económicas reales y las difusiones sistemáticas de denuncias constantes.

La idea de “círculo rojo” de Durán Barba es una suerte de credo en el hombre común, “el elector gris”. El Jaimito de la política argentina escribió en su libro “El arte de ganar” esta declaración de principios: “La gente común tiene sus propias ambiciones y su propio concepto de felicidad. El candidato no es dueño de la verdad y no está para educar a los electores, ni para juzgarlos. Necesitan dialogar con ellos para comprender sus puntos de vista y sobre todo, obtener sus votos.”

Una tarde de otoño desde su cuenta de twitter el humorista oficial Alfredo Casero difunde el breve video donde un trabajador rural recoge cebollas mientras le habla al presidente y despotrica contra los vagos que cobran planes del Estado. Trabajar, trabajar: pisa la tierra húmeda, camina, se hunde en ella y habla entrecortado por el esfuerzo de la tarea, pero parece gozar de ese esfuerzo, ufanarse del sacrificio. Golpea en un momento la bolsa con orgullo, esto soy yo, parece decir, lo que junto con mis propias manos. La Argentina laboriosa. Como el sembrador de Van Gogh, el sol agrario atrás. Sobre ese revanchismo cultural contra el Estado y sus políticas, que no reconoce fronteras de clase, que une a patrones y empleados, se monta la pedagogía del gobierno y es una de las claves de su relativa popularidad.

(Publicado en Le Monde Diplomatique en Junio de 2017)

martes, mayo 09, 2017

Los alcohólicos de Chile, de José Ángel Cuevas

A los alcohólicos de Chile / Quién los mató?
Quién los vengará?

sus corazones mitad agua
mitad sol / sus corazones

Los alcohólicos de chile lloran
llevan su pedazo de locura pegada al pellejo
vencidos parcialmente por la vida
por la muerte

como los araucanos
no fueron capaces de seguir disparando
tiraron la toalla
(pero no esos alcohólicos frívolos
pintiparados
platudos)

Los que aquí cayeron
la otra sangre derramada
sentados a orillas del camino de la vida y
sin saber nada
movieron los ojos a las nieves eternas

Honor y Gloria a los alcohólicos de chile


Quién los mató?
Quién los vengará?

Batallas por la memoria

Probablemente uno de los temas más difíciles y desafiantes de determinar sea esa zona donde derechos humanos y el sector de la sociedad civil involucrado se relacionan con la (perdón por las comillas) “gente común”, es decir, aquellos (muchos, mayoría) que no tienen un vínculo afectivo y simbólico con lo que pasó. Se escribió y pensó mucho al respecto, y muchos podrían con buenos argumentos pensar que es imposible que no haya “vínculo” entre cualquier ciudadano y la Historia, esa Historia. Una forma de abordarlo podría ser pensarlo en la geografía, como una tensión entre centro y periferia: la memoria es urbana, céntrica, organiza la ciudad, y tiene muchas veces una suerte de preponderancia de clase y se debilita hacia la periferia. Es un campo de lucha donde quienes mejor detentan un capital cultural se imponen, ejercen su memoria (la dictadura se cobró también víctimas en las clases medias, como nos recuerda Javier Trímboli que decía Tulio Haperín Donghi en “¿Qué quiere la clase media?”), y las víctimas y la violencia en las clases populares podrían significar un menor sobresalto, ya que esa violencia estatal es, fue y será una constante para los pobres. Algo así. Perdón si no soy tan específico o suena como mala sociología.

Desconurbanizar el peronismo

Gobernar la Argentina no es poblar, es gobernar el Conurbano que esta superpoblado. Suena feo, pero es real. La Argentina no se reduce al Conurbano, pero sin gobernarlo no se puede gobernar el país. Alfonsín y De la Rúa no pudieron. Menem, tercerizándolo en Duhalde, y Kirchner, tomando por asalto el duhaldismo, lo entendieron de entrada. De hecho, Cristina encontró su destino sudamericano enfrentando a "Chiche" en 2005. Anoto en la libreta que me gusta más decir "Gran Buenos Aires" que "Conurbano", una palabra ya demasiado estetizada para bien y para mal.