martes, mayo 04, 2010
Sin título 2
Hay una cosa que puede ya sonar medio siome, sobre todo porque a este tema ya le sacó el mejor jugo Alejandro, pero qué es lo que uno ve cuando ve a Tinelli (digo: cuando lo ve un enfermo como muchos de nosotros, no cuando lo ve alguien que sólo tiene ganas de cagarse de risa y descansar). Ayer vi el final con los Midachi y Montaner, y una llamada de Maradona. La canción Soy feliz, ya estrenada con Oro a la mañana le puso letra a un sentimiento que no sabían cómo hacer más explícito (Montaner gritó más o menos esto: "¡El Pueblo Argentino no tiene motivos para no ser feliz!"). Por supuesto que cada segundo televisivo, sea 678 o sea Showmatch, puede ser visto como la punta del iceberg de negociaciones que, si hacemos foco, tienen la superficie de millones de gusanos comiéndose unos a otros. Pero ayer pensé en lo que Tinelli dijo al final y ya había dicho en algunas entrevistas en estos días: que va a poner límites a las agresiones, que no va a aceptar que nadie escupa a nadie... y que se siente neutral en la guerra Clarín - Gobierno. Toda su arenga evangélica en el final del programa fue alrededor de la felicidad de estar de ese lado ("simplemente haciendo televisión") y de tener al público del otro lado, ecuación que resumía todo en la era de la "metatelevisión". Y ahí, por esa zona que hace de Tinelli algo que puede ser pensado por afuera del espectro mental que ocupa el vozarrón viñesco que dice "menemato, menemato, menemato", calzan justo estos dos puntos del memorable texto de Alejandro: 3) Tinelli no se dio vuelta en el conflicto con el campo. Tinelli fue neutral, y en esas circunstancias ser neutral era apoyar al gobierno. Si Tinelli hubiese jugado con la mesa de Enlace, con Clarín y la Nación y amigos, hubiese agregado un fuertísimo factor de desestabilización en los momentos más complicados del conflicto. En cambio, llamó a bajar los decibeles, o directamente no hizo mención a lo que pasaba. 4) Tinelli no es estalinista. Es el opuesto a Pergolini. No dice que le pega a los poderosos y en realidad sólo cachetea a los caídos. No se propone como un vengador televisivo de las injusticias sociales. Ahora bien, nunca falta un boludo, ¿no?, que lee en esto "menemismo tardío". Mi viejo siempre me fijaba una imagen que resumía un patetismo que me quería ahorrar: iban los tipos con polera negra, anteojos y libretita a los cines de Lavalle a mirar las películas de Sarli y a discutir después su misterio popular (si había entre esa carne algún resto de pólvora utilizable para la guerra de guerrillas). Más digno era ver la Batalla de Argelia. Qué se yo... Está bien: Tinelli es orden, es orden. Pero cuántas veces verlo es observar el resultado de una de las negociaciones más notables. Incluso presumo que su año pasado fue uno de los años de peores negociaciones, basta recordar su diálogo telefónico en el cierre de campaña de Kirchner donde quedaron los cables pelados sobre la mesa, y donde -en definitiva- no salió ganando ninguno de los dos. ¿Qué preferís que te regale para tu cumpleaños, hijo de la rosca, la agenda de un diputado cualquiera o la agenda del Chato Prada?
lunes, mayo 03, 2010
domingo, mayo 02, 2010
Sin título
Leo en la madrugada un Página 12 que parece un sumario de estos años. A todos los que piensan (y pensamos) en el triángulo de las Bermudas (la relación kirchnerismo & Clase Media) no les viene mal recordar que lo que le dio densidad al kirchnerismo, en ese revuelo post-2001 de sentidos que ni Duhalde pudo terminar de acomodar, fue elegir una de las agendas que estaban a mano y que estaba bastante escrita por el diario que fundó Lanata y al que durante muchos años había que lavarse las manos después de leerlo. Kirchnerismo es hoja de ruta progresista, con la novedad que luego fundaría su Mito: que era una experiencia que también nacía del peronismo. Kirchner de movida se cagó literalmente en los votos de Duhalde, debilitó lo más que pudo ese veintipico de origen, aunque después volviera por él. Entre ese piso y "empezar de cero" eligió empezar de cero, acentuando su fijación en la debilidad: tuve menos votos que desocupados. Kirchner no podía sacar nada simbólico de "sus votos", de los votos duhaldistas... ¿Dónde había un pozo del que sacar agua? Porque, no importa cuántas cosas pensaba ya Kirchner desde antes. Está buenísimo eso de que "nunca antes había hablado de los Derechos Humanos", está buenísimo eso de que "en los 70 era un perejil". Está buenísima esa nada de la que salir. Eso de no soy nadie pero traigo esto del fondo de la historia. Pero el tiempo pasó. Y ya vamos por más de la mitad de un segundo gobierno donde la medición de adhesiones es enorme. Y en este contexto, ¡qué saludables llamados estos dos! Wainfeld y Natanson hacen pie un poquito más allá del fenómeno que se podría englobar hoy en el 678ismo, que creo que empieza en Carta Abierta. Es el despliegue de un movimiento crítico con exclusividad de clase media en su composición, que coaguló en el gvirtzismo. El punto es: hasta hace no mucho tiempo el pedido era "tener una política para los sectores medios" basado eso en una especie de lugar común acerca de los errores de comunicación del gobierno que hacían horrible lo hermoso. Enunciados que ahora parecen no tener tanta actualidad, más que nada viendo el resultado de que "el vacío de esa política" fue ocupado por este movimiento hecho de los retazos de todas esas experiencias progresistas y nacionales y populares, llena de gente como uno, o sea, gente que se siente incómoda con el pensamiento silvestre y natural de la clase a la que pertenece. Es gente progresista que odia el progresismo. Es gente de clase media que odia la clase media. ¿Qué hay de malo en eso? Quizás un problema sutil, de baja vibración: el modo en que se representa lo que se cree representar, comer con la mano a propósito. Cualquiera que viene de la militancia tiene una fina antena con la que captar las afectaciones. Incluidas las propias. Hay algo del orden de lo tardío, la lectura tardía de Jauretche dice Natanson, algo de ese orden, que impregna con la velocidad y la pasión casi del converso un momento sumamente peculiar que necesita sí o sí de nuevas palabras con las que decir y con las que dar sentido -a una escala cada vez mayor- a todas las transformaciones que se avecinan. El dato bueno y nuevo es que lo que se reclamaba "hacia la clase media" se invirtió y vino de ahí en forma de blogs, de facebook o de cartas abiertas. Pero quiero decir: el 678ismo no es nuevo, ya estaba ahí, ya estaba en el principio del 2003. Eran las cuentas de un Progresismo Posible. Hubo años luego de meseta, de cuando Kirchner "hizo las paces con la corporación", y el fracaso orgánico de la "transversalidad" dispersó electoralmente y culturalmente a ese sector medio que vio con impresión expresarse la lógica de la gobernabilidad. El anti-kirchnerismo hizo las cosas más fáciles para ese apoyo medio al kirchnerismo, el anti-kirchnerismo y su brutalidad ayudó a licuar resabios antiperonistas y a limar bordes ideológicos que estaban más astillados dentro del espectro al que le canta Barragán. Veamos: ¿cuántas horas se dedica un Carlos Raimundi o un Martín Sabatella a pensar el modo de superar "a los barones del Conurbano"? Apareció en el centro de la política el mundo de las contradicciones principales. Y en ese mundo, en ese caos, empiezan a asomar datos que deberían precipitar todo tipo de acciones y pensamientos, como el que oí de boca de uno de los citados: ¿qué nueva dialéctica comienza a haber entre CTA y CGT? El problema que podría estar camuflado en los dos textos del diario citados se arrastra entonces a algo que es ya tradición: el modo en que las clases medias se hacen peronistas. Un modo que parece sobreactuar el clasismo. Pero todo está en movimiento. No habría que enamorarse de ninguna imagen cristalizada. Hay sólo una línea que separa dos campos en la política nacional. Y el juego de espejos entre uno y otro es notable. Volvió la ideología, o sea, mas o menos esos momentos en que la política le pregunta a la gente cuánto quiere que se reparta la torta y a quiénes le gustaría ver presos.
jueves, abril 29, 2010
¿Qué les pasó?
¿A Clarín se lo puede empezar a nombrar en pasado? No creo. No creo que aún. Y sin embargo se podría ensayar algo en función de un hecho irreversible: aún cuando un futuro gobierno y distintas justicias interrumpan la nueva ley de medios, Clarín estará en serias dificultades de volver a ser el mismo, de volver a su propia normalidad. Y detrás de eso, detrás de esa lenta explosión, cabría la pregunta si desde este lado de la ley hay otro Clarín en ciernes, es decir, si hay otro Gran Diario Argentino que sea capaz de estar en esa mitad. Y no lo digo por su aspecto monopólico o dominante en el mercado, pero sería pertinente quizás preguntarse por la existencia de algo que tenga, digamos, esa “centralidad”. Algo que distribuya consensos y rechazos sociales, que arbitre por afuera de la constelación del Estado. ¿No es Clarín el punto exacto entre economía y democracia, un “oficialismo permanente” fuera del Estado, en el lugar de “lo público”? No como empresa o como grupo económico estrictamente, sino como esa constelación de intereses y lecturas. ¿Qué significa el fin de Clarín? Es decir, exactamente el fin de qué dentro del ciclo democrático significa el posible, el presunto, el hipotético, fin de Clarín. Y, a la vez, no preguntarse si va a ser mejor una sociedad sin Clarín, sino, cómo va a ser la sociedad nueva es otro interrogante abierto. Como si detrás o después de Clarín estuviera su contracara: el conflicto, una dialéctica de adversarios o intereses, y se pudiera borrar cualquier apariencia de unidad laica por el bien común. Clarín era el modelo de una democracia, y quizás para el Gran Diario, la muerte de Alfonsín -con sus “ceremonias”- haya significado una despedida propia, a pesar incluso de la historia de Clarín y Alfonsín (porque estaba esto: “Hay que cuidarse de ese diario. Ataca como partido político y si uno le contesta, se defiende con la libertad de prensa.”). Con el padre de la democracia se despedía un modo de hacer política donde la política siempre resultaba desigual y débil, una política necesitada de quien fuera capaz de operar con legitimidad permanente, un “cuarto poder” todopoderoso, el diario con más paciencia y contundencia que caminaba adelante... y al paso del más lento. La verdad ya casi revelada de Ernestina es otro modo perfecto de cerrar el círculo, porque en esa verdad hay una revelación doble, algo que expresa la “intimidad” del diario, la familiaridad con aquel Poder, más allá de Papel Prensa. ¿Y qué círculo se abre ahora? El kirchnerismo buscó desesperadamente en todos sus años la contradicción principal, y lo hizo buceando en la historia democrática. El kirchnerismo ayudó a parir “la Madre de todas las Batallas” democráticas, que aparentemente era una batalla desconocida o metafísica, ya que Clarín aparecía como un aliado originario de la democracia, un portador sano de las destituciones que operaban constantemente sobre los gobiernos. Sólo un trosco podía creer que la lectura del “enemigo” suponía leer Infobae o Ámbito Financiero, es decir, pasquines de los (como Yabrán llamaba) “capitalismos insolentes”, y que se jugaban en la timba económica su negocio golondrina, y que aún resultan oscuros y carroñeros enemigos de Clarín, como lo es Hadad. Clarín siempre parecía estar como por fuera incluso del mercado bursátil (aunque estuviera “hasta las manos” en él). Clarín abría y cerraba ciclos políticos, como quien vuelve una y otra vez a la escena del crimen, perfectamente limpio y peinado, y se guiña el ojo con el de Asuntos Internos, porque conoce la trama secreta del crimen que compromete a todos. Siempre Clarín estaba ahí, bajo la forma de un poder invisible que borraba constantemente sus formas de distribuir apoyos y golpes, como si sólo subordinara sus humores a los de una sociedad que necesitaba de Clarín, es decir, una sociedad que se diversificaba y que necesitaba que Clarín se diversifique con ella, que acompañe sus transiciones tecnológicas, que las acelere. Clarín mezclaba la inspiración universalista Radical (“alguna vez alcanzaremos la justicia social pero a base de la buena voluntad”) y la fuerza de una máquina destituyente (“fierros mediáticos”) que consumaba los “crímenes políticos” deseados. Clarín, exagerando, era la dictadura del proletariado de clase media cuya fuerza era invisible, como la mano del mercado: una, dos, hasta tres tapas, y el resto ocurría “solo”. Clarín era un modo inteligentísimo por donde se tramitaba más visiblemente, más que en el Estado, la continuidad. El misal donde se sermoneaban las refundaciones de cada nuevo gobierno. Clarín era una presencia papal, cuya tracción no dejaba de incluir y excluir sutilmente. Digámoslo: Estela Carloto también fue un personaje de Clarín, hubo una vez una época en que sí, no hace tanto. ¿Cómo convivía eso con la verdad de Ernestina? Bajo la fuerza de la inteligencia. Si Magnetto fue el fin del “desarrollismo” en el Gran Diario, también fue una figura de nuevo orden que cumplió un rol histórico, el de la secularización de un diario que quería multiplicarse siguiendo la ruta de eso que empezó a producirse en 1976. Clarín quería acompañar a cada persona o ciudadano a la casa y ser parte del universo de transformaciones culturales y de consumo. Democracia y mercado, una armonía de valores que hoy parecen irreconciliables. Pero Clarín debería pensar y marcar como “el principio del fin” a la caída general del 2001. Es ahí, cuando la política se volvió absolutamente visible, una negociación en vivo y en directo entre pequeños hombres de estado que no querían ponerse la banda, cuando no había sinfonía ni relato, y se borraba la cadena de legitimidad pública, ahí también se empezó a gestar su fin. Es decir, Clarín fue parte del problema del fracaso de las economías del 83-01. El Gran Diario de las Crisis económicas, el Gran Diario del gobierno de la economía sobre la política, como toda crisis real. REAL. Y en eso que “estalló” en 2001 empezó a caer. En la restauración oscura de Duhalde empezó a caer, cuando sus tapas giraban en falso y mostraban la hilacha. En la restauración blanca de Kirchner empezó a caer. En la “profundización” de Cristina. Y de un modo conmovedor empezó a caer. Y es una caída que deja un hueco. Incluso un hueco de apariencia horrible para muchos. Las torpezas de hoy, sus torpezas editoriales, se deben a ese lugar que hoy ocupa, cuando su negocio más fino fue el de nunca ocupar ese lugar, es decir: alinear la tropa, perder matiz y diversidad, uniformar el discurso y mostrarse como “parte”. Lo que Kirchner expuso en 678 de la negociación con Magnetto, esa zona en donde Clarín es una sola negociación. Clarín era el Partido Justicialista de la Clase Media. No está despierto quien debe responder si esta lucha y si este posible final valen la pena. Despertémoslo entre todos.
miércoles, abril 28, 2010
En una sociedad donde el ejercicio de derechos sigue estando estrechamente vinculado a la constitución formal de un núcleo familiar, negar el matrimonio entre personas del mismo sexo es un acto de injusticia que debe ser erradicado para siempre.
La televisora Globo decidió jugar fuerte en la campaña. Puso al aire la ficción Salvador de la Patria, donde el personaje principal, Sassá Mutema, de origen humilde, se postula para ser alcalde de su pueblo. Sassá gana las elecciones, pero cuando llega al gobierno se ve involucrado en crímenes y hechos de corrupción. El mensaje era sencillo: Lula podría repetir esa decepción en la vida real.
martes, abril 27, 2010
lunes, abril 26, 2010
Amigos de la ortodoxia tardía, pequeños xenófobos y bonachones. El mejor (peronista), y en esta banco a Artemio, es el que conduce un asado, no el que se lleva el choripán a la mesa de luz. El mejor es el que gana discusiones. El mejor es el que no siente horror al vacío frente a uno de izquierda. Es el que está todo el día pensando en lo que falta. Y al que le chupa un reverendo huevo el último urgente digitado de TN y Clarín.
DISCULPAS PARA LOS BLOGUEROS
Con respecto a algunas declaraciones o comentarios que hice en el último tiempo en medios de comunicación con respecto a los blogueros, quiero aclarar que si generalicé al acusarlos de estar pagados por Aníbal Fernández, me equivoqué. De ninguna manera pienso eso. Es más, creo que el debate político generado por todos aquellos que realizan los blogs es muy interesante y novedoso y una nueva forma de ejercer la democracia y de profundizar en temas centrales para nuestra sociedad. Simplemente quise marcar un espíritu fascistoide de algunos que solo usan esos mismos métodos para agredir y descalificar al que piensa diferente, y que además lo hacen pagados por el Jefe de Gabinete.
Pido perdón a todos aquellos que injustamente y por mi culpa se vieron incluidos en esta desafortunada generalización. Y a seguir con los debates internautas que suman para construir un cambio en nuestro país!
Victoria Donda
Con respecto a algunas declaraciones o comentarios que hice en el último tiempo en medios de comunicación con respecto a los blogueros, quiero aclarar que si generalicé al acusarlos de estar pagados por Aníbal Fernández, me equivoqué. De ninguna manera pienso eso. Es más, creo que el debate político generado por todos aquellos que realizan los blogs es muy interesante y novedoso y una nueva forma de ejercer la democracia y de profundizar en temas centrales para nuestra sociedad. Simplemente quise marcar un espíritu fascistoide de algunos que solo usan esos mismos métodos para agredir y descalificar al que piensa diferente, y que además lo hacen pagados por el Jefe de Gabinete.
Pido perdón a todos aquellos que injustamente y por mi culpa se vieron incluidos en esta desafortunada generalización. Y a seguir con los debates internautas que suman para construir un cambio en nuestro país!
Victoria Donda
sábado, abril 24, 2010
Desde mi terraza en Almagro, tierra liberada, en puntas de pie entre dos macetas, agito mi mano lánguida hacia los balcones de los contrafrentes y te saludo, oh pueblo montonero.
jueves, abril 22, 2010
1
Pasé unos días en Bahía Blanca. Salté desde la pila de cables enrollados (“conectividad”) hasta la ciudad del orden, para conocer de cerca a mis amigos del Partido del Desorden. La lírica de la ruta es melancolía. ¿Qué pasó? La Tradición ensalza el Federalismo que la Tecnología sostiene: cuánto duró la fosforescencia del movicom del gaucho de aquel poema de Rodolfo Edwards.
2
Si una hipótesis sobre las Quillotanas fuera cierta (que Alberdi y Sarmiento discuten la autonomía del arte) esto tendría sentido. Hablo de un poeta contemporáneo y alberdiano que también cree “más valioso un cuero seco que el más logrado de los poemas”.
3
Plan Federal de Viviendas: a cada familia una casa, a cada casa una biblioteca, a cada biblioteca la literatura nacional. Lo civil no es exactamente lo contrario de lo militar, tampoco su continuidad. Pero, ¿dónde carajo estamos parados? ¿En un descanso de la ruta a Viedma? ¿En el camino inexistente fijado por el último utopista? ¿En un vagón de ingenieros radicales con valijas llenas de Australes que continúan la guerra de ocupación del Estado que se perdió en Las Islas? Estamos en la puerta de la Patagonia. ¿Adónde vamos? Vamos a la laguna La Salada. Raimondi, López y yo. Llevamos carne. Carbón. Leña. Vino. Todo lo compramos del otro lado del control fitosanitario.
4
Si los radicales imaginaron su pedagogía alrededor del binomio Sociedad & Estado, lo hicieron como inventario más o menos provisorio de lo que la dictadura había separado y permitía separar aún más, para que el aterrizaje del capitalismo en nuestra tierra fuera sobre un paisaje desierto. En estos años no llegó la imaginación al Poder, pero sí de un modo irregular y espasmódico llegaron imaginaciones al Estado. Sólo podríamos llamar a esa experiencia: Poesía Civil. (Los radicales también podrían haber llamado a la materia: Civilización & Barbarie. Está claro que lo bárbaro le tocaba al Estado.)
5
El Estado es una Gran Cebolla. Hay que pelarla sin llorar. El Estado tiene el corazón que cada uno elige que tiene. Las dos palabras del Estado con que se resume el ciclo de estos años (Memoria y Gestión) dejaron de rechazarse del mismo modo en que fueron capaces de revelar sus límites sólidos. Dos palabras que los años 90 separaron como a la paja del trigo. El corazón del Estado que yo elijo es el Museo del Puerto de Ingeniero White. El patrimonio más importante del museo lo constituyen “las voces del pueblo”. (Tuve orto: entre las pilas de voces y objetos del Museo me encontré a mi bisabuelo, Benito Rodríguez, primer práctico del puerto de Ingeniero White. En la memoria de los Bomberos Voluntarios de White que circula en internet aún se lee: El 6 de marzo de 1921 a las once de la noche se incendió la vivienda del señor Benito Rodríguez, y el fuego tomó tales proporciones que amenazó propagarse a las casas linderas de madera. Con tres líneas de manguera los bomberos lograron extinguirlo a la una y media de la madrugada, con "la eficaz cooperación de los marineros de la subprefectura local". Ahí estaba su casa hoy: chapa y madera.)
6
No sé si vieron el hecho del mes: un hombre sentado en un banquillo que alguna vez volará por el aire, en negociaciones que cumplen la condición de toda negociación (¡el triunfo de las partes!), sólo tuvo que apelar a un relato irrevocable como excusa pública (¡a las razones del corazón!) para que la mejor presidenta que el Banco Central puede tener ocupe su lugar en la Historia. Menem es el puente dorado de esa Mujer. Otra prueba inesperada de la continuidad. Menem lleva de la mano a Marcó Del Pont. Son detalles menores capaces de iluminar la escena…
7
Una usina rodeada por un pueblo casi fantasma alimenta la luz de varios municipios a más de 600 kilómetros: las lamparitas amarillentas del conurbano no aplauden la generosidad de la distancia de un pueblo en penumbras, el pueblo que rodea la usina. Así ocurren algunas conexiones. El Museo protege y cuida memorias que son del Estado, vidas que fueron el Estado: una cola fantasma de inmigrantes camina por el Paseo de los Bidones, el jardín del Museo del Puerto de Ingeniero White hecho con bidones, cubiertas, lavarropas, cajones de pescado… “que da cuenta de toda esa producción cotidiana”, y que es una historia de la producción de Ingeniero White, tal como el Museo lo presenta: “incluir el malvón que se acaba de plantar dentro de una batería General Motors en un patio del Bulevar”. De este modo: los antiguos trabajadores mantienen una representación, ya que el Museo contempla en ellos “criterios de organización”. Pero esas memorias no se afirman allí contra la modernidad: el museo del Puerto mira las transformaciones a su alrededor. Cargill, no te vayas sin mí. “¿Acaso un malvón o una hortensia forman parte del mundo de la naturaleza? ¿Quién se atreve a afirmar dónde termina la naturaleza y empieza la historia? ¿No es cualquier planta de cualquier patio de Ingeniero White un objeto histórico más, a partir del cual se puede indagar la vida personal, las relaciones barriales, inclusive la macroeconomía?” Poesía y ferretería: el Estado se hace cargo de la Memoria así la gente camina más liviana, así flota como si no tuviera peso, porque esa Memoria fue cedida, fue entregada al Jardín de la Memoria. Para eso sirve la Memoria, para eso sirven los museos: para que la gente Olvide. Y Olvido no es lo contrario. El Museo del Puerto de Ingeniero White es un Puerto entre mundos que flotan. Acopia la historia: la lucha de clases, las movilidades que construyeron familias, las revoluciones industriales y los cambios estatales. Donde hay Museo hay negociación, paz y frontera. Es un relato que se escribe sobre los del presente, sobre los que quisieran ser sus futuros fantasmas. De modo que el Museo contiene la memoria que alivia y, a la vez, sobre esa liviandad crecen las nuevas conciencias, las nuevas velocidades de la lucha y de la técnica, la Historia necesita sacarse el peso de encima. El Museo permite que haya Historia, que haya futuro, sin tanto pasado (lo retienen, lo cultivan). Gestión y Memoria hacen la vida más liviana: un Museo es un punto de fuga. Un lugar donde plantar la Historia para que la vida sea libre. Al menos esa es mi libre interpretación de un Museo que producen un puñado de hombres y mujeres (de estado).
8
Aunque el haz segado de trigo, a la luz última del día,/ asemeje su brillo al que tiene el oro, la Naturaleza/ no es un banco, y la flexibilidad de la vara no admite/ metáfora económica ninguna, salvo cuando restalla… (Sergio Raimondi)
Pasé unos días en Bahía Blanca. Salté desde la pila de cables enrollados (“conectividad”) hasta la ciudad del orden, para conocer de cerca a mis amigos del Partido del Desorden. La lírica de la ruta es melancolía. ¿Qué pasó? La Tradición ensalza el Federalismo que la Tecnología sostiene: cuánto duró la fosforescencia del movicom del gaucho de aquel poema de Rodolfo Edwards.
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Si una hipótesis sobre las Quillotanas fuera cierta (que Alberdi y Sarmiento discuten la autonomía del arte) esto tendría sentido. Hablo de un poeta contemporáneo y alberdiano que también cree “más valioso un cuero seco que el más logrado de los poemas”.
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Plan Federal de Viviendas: a cada familia una casa, a cada casa una biblioteca, a cada biblioteca la literatura nacional. Lo civil no es exactamente lo contrario de lo militar, tampoco su continuidad. Pero, ¿dónde carajo estamos parados? ¿En un descanso de la ruta a Viedma? ¿En el camino inexistente fijado por el último utopista? ¿En un vagón de ingenieros radicales con valijas llenas de Australes que continúan la guerra de ocupación del Estado que se perdió en Las Islas? Estamos en la puerta de la Patagonia. ¿Adónde vamos? Vamos a la laguna La Salada. Raimondi, López y yo. Llevamos carne. Carbón. Leña. Vino. Todo lo compramos del otro lado del control fitosanitario.
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Si los radicales imaginaron su pedagogía alrededor del binomio Sociedad & Estado, lo hicieron como inventario más o menos provisorio de lo que la dictadura había separado y permitía separar aún más, para que el aterrizaje del capitalismo en nuestra tierra fuera sobre un paisaje desierto. En estos años no llegó la imaginación al Poder, pero sí de un modo irregular y espasmódico llegaron imaginaciones al Estado. Sólo podríamos llamar a esa experiencia: Poesía Civil. (Los radicales también podrían haber llamado a la materia: Civilización & Barbarie. Está claro que lo bárbaro le tocaba al Estado.)
5
El Estado es una Gran Cebolla. Hay que pelarla sin llorar. El Estado tiene el corazón que cada uno elige que tiene. Las dos palabras del Estado con que se resume el ciclo de estos años (Memoria y Gestión) dejaron de rechazarse del mismo modo en que fueron capaces de revelar sus límites sólidos. Dos palabras que los años 90 separaron como a la paja del trigo. El corazón del Estado que yo elijo es el Museo del Puerto de Ingeniero White. El patrimonio más importante del museo lo constituyen “las voces del pueblo”. (Tuve orto: entre las pilas de voces y objetos del Museo me encontré a mi bisabuelo, Benito Rodríguez, primer práctico del puerto de Ingeniero White. En la memoria de los Bomberos Voluntarios de White que circula en internet aún se lee: El 6 de marzo de 1921 a las once de la noche se incendió la vivienda del señor Benito Rodríguez, y el fuego tomó tales proporciones que amenazó propagarse a las casas linderas de madera. Con tres líneas de manguera los bomberos lograron extinguirlo a la una y media de la madrugada, con "la eficaz cooperación de los marineros de la subprefectura local". Ahí estaba su casa hoy: chapa y madera.)
6
No sé si vieron el hecho del mes: un hombre sentado en un banquillo que alguna vez volará por el aire, en negociaciones que cumplen la condición de toda negociación (¡el triunfo de las partes!), sólo tuvo que apelar a un relato irrevocable como excusa pública (¡a las razones del corazón!) para que la mejor presidenta que el Banco Central puede tener ocupe su lugar en la Historia. Menem es el puente dorado de esa Mujer. Otra prueba inesperada de la continuidad. Menem lleva de la mano a Marcó Del Pont. Son detalles menores capaces de iluminar la escena…
7
Una usina rodeada por un pueblo casi fantasma alimenta la luz de varios municipios a más de 600 kilómetros: las lamparitas amarillentas del conurbano no aplauden la generosidad de la distancia de un pueblo en penumbras, el pueblo que rodea la usina. Así ocurren algunas conexiones. El Museo protege y cuida memorias que son del Estado, vidas que fueron el Estado: una cola fantasma de inmigrantes camina por el Paseo de los Bidones, el jardín del Museo del Puerto de Ingeniero White hecho con bidones, cubiertas, lavarropas, cajones de pescado… “que da cuenta de toda esa producción cotidiana”, y que es una historia de la producción de Ingeniero White, tal como el Museo lo presenta: “incluir el malvón que se acaba de plantar dentro de una batería General Motors en un patio del Bulevar”. De este modo: los antiguos trabajadores mantienen una representación, ya que el Museo contempla en ellos “criterios de organización”. Pero esas memorias no se afirman allí contra la modernidad: el museo del Puerto mira las transformaciones a su alrededor. Cargill, no te vayas sin mí. “¿Acaso un malvón o una hortensia forman parte del mundo de la naturaleza? ¿Quién se atreve a afirmar dónde termina la naturaleza y empieza la historia? ¿No es cualquier planta de cualquier patio de Ingeniero White un objeto histórico más, a partir del cual se puede indagar la vida personal, las relaciones barriales, inclusive la macroeconomía?” Poesía y ferretería: el Estado se hace cargo de la Memoria así la gente camina más liviana, así flota como si no tuviera peso, porque esa Memoria fue cedida, fue entregada al Jardín de la Memoria. Para eso sirve la Memoria, para eso sirven los museos: para que la gente Olvide. Y Olvido no es lo contrario. El Museo del Puerto de Ingeniero White es un Puerto entre mundos que flotan. Acopia la historia: la lucha de clases, las movilidades que construyeron familias, las revoluciones industriales y los cambios estatales. Donde hay Museo hay negociación, paz y frontera. Es un relato que se escribe sobre los del presente, sobre los que quisieran ser sus futuros fantasmas. De modo que el Museo contiene la memoria que alivia y, a la vez, sobre esa liviandad crecen las nuevas conciencias, las nuevas velocidades de la lucha y de la técnica, la Historia necesita sacarse el peso de encima. El Museo permite que haya Historia, que haya futuro, sin tanto pasado (lo retienen, lo cultivan). Gestión y Memoria hacen la vida más liviana: un Museo es un punto de fuga. Un lugar donde plantar la Historia para que la vida sea libre. Al menos esa es mi libre interpretación de un Museo que producen un puñado de hombres y mujeres (de estado).
8
Aunque el haz segado de trigo, a la luz última del día,/ asemeje su brillo al que tiene el oro, la Naturaleza/ no es un banco, y la flexibilidad de la vara no admite/ metáfora económica ninguna, salvo cuando restalla… (Sergio Raimondi)
miércoles, abril 21, 2010
La recuerdo sonriente, trabajadora, siempre dulcemente equivocada, en la oficina de al lado. Hija –como toda una generación- del 2001, y marcada –como todos sus compañeros- por la influencia decisiva de su líder: la tonada. “¿Sos cordobesa?” La negativa confirma una debilidad única en la personalidad de todos los militantes: mimetizarse casi sin límites con un líder bastante parco y de sombrío carisma. Había empezado a militar antes de conocer definitivamente su historia, y conocer su historia no produjo, sin embargo, un sobresalto tan grande: simplemente dio un paso hacia adelante en su carrera legítima de popularidad, como todo político, y se mantuvo orgánica, demasiado orgánica para muchos, aún cuando su diputación haya tenido el viento de muchos que soplaron a favor. Ella y los suyos nunca se sintieron parte ni adentro, y tiñeron siempre su estancia en el estado, en las políticas públicas y en un proyecto más amplio que un proyecto de izquierda, de un modo tajante y previsible con su cultura: estamos acá, en un acá de ideas nuestras, hasta que ELLOS se corran… Y ese centro, siempre mucho menos idealista y prolijo en los hechos, es el centro por el que algunos construyen un relato que sirve para salvarse de la Historia. Si llegaban al kirchnerismo con los símbolos y las herencias de lucha del 2001, lo hacían para enfrentar esa otra afluencia natural del kirchnerismo, que era el duhaldismo, el peronismo real, el PJ a secas. Siempre estuvieron afuera, quizás porque no comprendieron el verdadero éxito de eso que Kirchner llamó "transversalidad", y que no se trataba tanto de la construcción de una alternativa al peronismo, sino de introducir en él, de manera definitiva, un conjunto de símbolos que habían quedado afuera, sobre todo en los años 90. La transversalidad, más que renovación de cuadros o estructuras, fue el modo en que “en esa lucha renovadora”, casi siempre desigual, se fueron introduciendo símbolos adentro del peronismo y que ya se ubican en su centro: la política regional, los Derechos Humanos, la reconstrucción del Estado y del tejido productivo nacional. La presencia de la Juventud Sindical en una marcha del 24 de marzo es una prueba de esta renovación. La recuerdo sonriente, trabajadora, pluralista y feliz, bailando en el viejo local de Almafuerte, cuando seguramente pensaba que un blog -y que muchas ideas incluso diferentes a las de ella- no tenían precio.
lunes, abril 19, 2010
Ocio, según Martín Armada
El ocio tiene que ver con un derroche: dejar pasar el tiempo. Ahora, lo que muchas veces ocurre es que nunca se vincula esa abundancia con algo distinto a una idea general de felicidad. Estar al pedo vendría a ser algo intrínsecamente hermoso. La versión del ocio en la película de Lingenti - Villegas le da la espalda a este suposición casi universal. Lo que OCIO deja en claro es que el problema del tiempo es el objeto del tiempo, es el lugar donde se posa la mirada del que reposa, las cosas que revisa en su memoria y cómo calibra el cuadro de lo que debería ser, más o menos, el futuro. En la película ese objeto es la muerte de la madre, aunque no contada como generalmente el cine cuenta una muerte, fijándose en algo que está ausente para ahí instalar el drama, sino que en OCIO se van mostrando los restos de algo que sigue vivo y frena la historia personal y, hasta cierto punto, la del pequeño planeta que son los espacios propios en la ciudad. La muerte de la madre es que haya té berreta, que se coman fideos sin salsa, que se mire tele hasta tarde, que todos parezcan sin bañarse. Básicamente nada se mueve en la vida de un hombre, más bien se sienten las réplicas de un daño enorme. Lingenti - Villegas proponen en cada secuencia vivir el ritmo de ese tiempo, escuchar una canción entera, jugar al metegol o andar en bicleta. Esta historia es una historia desde cero, cada elección nos hace sentir eso, que todo empieza de nuevo, que lo que pasó apenas se conecta con lo que viene, que no hay posibilidad real de armar un relato, porque eso, al final, es lo que hay que decir. Por cosas así OCIO es una gran película y OCIO es una película argentina, por su producción, por origen, pero es más precisamente una película porteña o, afinando más, una película de barrio, de un barrio del sur en el que un pibe también puede sentir que la vida es algo delicado. Hay una pelota que en un momento golpea el toldo de chapa, viene de otro lado, el protagonista hace jueguitos y después de vuelta a hacer nada. En otra escena, el padre la patea, la cuelga y nadie se lamenta demasiado, porque, de alguna manera, se hizo justicia. Estamos donde crecimos, los otros son conocidos. Algo te queda bien claro: está en la ciudad de todos. Lo que le pasa a este pibe no es sentimentalismo francés.
El Ocio de los Pueblos
En un momento flashee que Minimal hizo la música de este modo: se puso a ver la película con la guitarra enchufada, tocando un poco encima, hasta que empieza a conectar. Y no la vio una vez, sino todas las veces que fuera necesario verla para que la música sea perfecta. Ocio oscurece el cuadro que viene a mostrar de entrada porque de entrada sabés todo: la clase social, los gustos, el drama, las pasiones heredadas y las camisetas de nuestro héroe. Pero sin embargo no queda nunca claro de qué cosas se apropia, y sobre ese mundo previsible hay un oscurecimiento, y de costado, una parodia al retrato juvenil de todas las tiras: los motoqueros malos de la película son la representación y el homenaje de todos esos que vinieron a pegarle al lindo -con música de Metallica- en todas las series de los años '90. Pero bueno, está lo que dice Clara acá. Y algo más: al barrio y al padre no hay que matarlos... hay que irse a la concha de la lora. La utopía de la película es la hipótesis de que un chico así, condenado a la informalidad laboral y a la ansiedad por encontrar atajos, llega a la casa y oye discos, escucha Jugo de Lúcuma en el vinilo original. La madre ya está muerta. Ocio es rock antibarrial, como en el fondo es Manal, como todo Spinetta. La posible fuga es el modo en que algo femenino se hace posible en una película sin mujeres. Todos hombres, todo seco, no hay fertilidad. Pero la muerte de la madre trae una esperanza: una lenta explosión que los va a ir alejando a todos.
sábado, abril 17, 2010
Escribir sobre fútbol tiene siempre la sombra de un prejuicio: sonar menotti-subiela-benedettista, o sociólogo de barrio, poeta que tiene en mente un "penal mítico", pero bueno, ¿qué pibe no hizo ingreso a la conversación pública con la pelota bajo el brazo? Sí, ya sé, muchos. Bien. Entiendo que el tono o la soberbia habitual con la que encubrimos nuestra ignorancia tiene en el fútbol una cita a ciegas. Voy medio cagado. Pero es el año del mundial, y el "secuestro de los goles" terminó por hacer mierda las fronteras. Pero es algo cortito: después de la conferencia de prensa de ayer, después del "la tenés adentro" a lo Riquelme, o sea, cuando le dijo a un canalla algo así como "che, de fútbol ni hablemos, ¿no?", el círculo cierra aún más. Pedir por él en la selección ya es ocioso. Lo que sí: dejo sentado que mi admiración es total. Y es definitivamente sobre alguien que me chupa un huevo saber si "tiene todos los códigos", sólo se nota que conoce de cerca el mundo de la negociación: como cuando negoció la "libertad" de su hermano en el horrible 2002, tras un secuestro extorsivo (una negociación exitosa). Le faltó un poco de grandeza el otro día, sí, le faltó completar con un abrazo de caballero haberle dejado la pelota delante del arco. Es cierto. Pero bueno, cada vez que veo a los Caruso, a todos esos tipos que hacen de Maradona, que hablan de códigos, de conspiraciones, que dejan puntos suspensivos, que piden "¡traeme un solo jugador que hable mal de mí!", más me gusta Riquelme y lo que pide: ¿por qué tenemos que ser amigos?. Más allá de todos los comentarios, las versiones, las negociaciones, y el efecto negativo sobre el plantel, hay algo en Riquelme, como lo hubo en Marcelo Bielsa, que me resulta creíble. Alguien que está dispuesto a que no le rompan más las pelotas. Riquelme también podrá despedirse diciendo la pelota no se mancha. Toda su trayectoria en Boca fue conflictiva. Un flaco esquelético y tímido y sumiso que venía de la Carpita de Villa Libertad, ¿dónde perdió la inocencia? Toda la vida Román debe haber sido igual: jodido, caprichoso y celoso, obsesivo como todo perfeccionista. Nunca es tan buen compañero el que hace lo suyo a la perfección.
jueves, abril 15, 2010
R & P
Anoche vi hasta las 3 y pico el debate en el Senado, y ya había visto en vivo el cierre de Rossi de la madrugada anterior. La verdad es que entre Rossi y Pichetto se podría ver la distancia entre un liderazgo de ruptura y un liderazgo de continuidad (Pueblo y Provincias). Rossi, su barba y su retórica, acontece como el modelo acabado de un liderazgo parlamentario bien kirchnerista, es un honor a la mística, y sus repasos de gestión en cada discurso de cierre son en tono épico, digamos, fundacionalista. Pichetto, con toda la pinta de "lo viejo que no termina de morir", tiene la cadencia oral de quien siempre repasa una historia, la historia institucional, las tradiciones parlamentarias más precisamente, y va nombrando gente que sería incapaz de nombrar Rossi (Jaroslavsky, Cafiero), y tuvo palabras que nadie salió a desmentir sobre el propio Menem ("hombre de estado"). Si uno se va hasta las Quillotanas podría encontrar que uno de los meollos del debate es la figura que ya empieza a emerger del barro: ¿qué es un hombre de estado? Eso se preguntan Sarmiento y Alberdi al pie de la escalera. La de cal y la de arena que uno y otro (Rossi y Pichetto) arrojan sirve para hacerse una medida mas o menos provisoria de lo que hoy podría ser eso. Rossi habla desde una representación de Pueblo cada vez más cristalizada en el universo de confrontaciones kirchneristas, y Pichetto tiene en su voz y en su rostro de madrugada infinita el habla institucional, el sinuoso camino que debe seguir uniendo sí o sí a la República y al Gobierno. Y dice en nombre de la tradición presidencialista: ninguno de nosotros vale demasiado. Serán recordados los dos como un lujo de este tiempo porque son incluso un límite hacia "adentro".
miércoles, abril 14, 2010
martes, abril 13, 2010
En un rato hablamos y decimos la verdad.
(Este viejo post de Pablo cuestionaba la hipótesis de la que Clarín se hacía eco: ¡qué pocos blogs políticos en Argentina!)
(Este viejo post de Pablo cuestionaba la hipótesis de la que Clarín se hacía eco: ¡qué pocos blogs políticos en Argentina!)
domingo, abril 11, 2010
viernes, abril 09, 2010
Refrito
1
Ya quisiera uno tener la energía y la fe de la que baja en la estación Callao de la línea B, y tiene el pelo como la hippie de Friends, y lleva en la mano con no más de treinta páginas leídas El Dueño de Majul. No la creo capaz de avanzar mucho más allá de esas treinta páginas, no es capaz de subir mucho más arriba. Lo lleva delante de todo: delante de su agenda, delante de su cartera, y hasta sería capaz de pedir que la dejen viajar gratis. ¡Ese es el derecho de vivir en una ciudad ocupada!
2
Razonamiento fugaz y sincero: ¿Por qué el antikirchnerismo y el kirchnerismo estilizados hablan idiomas tan distintos? ¿Cómo se oponen las cartas abiertas al efectismo de las denuncias? Han quedado como dos mitades intensas: un reclamo de república ante el oficialismo y un reclamo ideológico, ante los poderes fácticos. Dos legitimidades intactas que se acusan de mutuos encubrimientos. Por supuesto que una saga de denuncias vende más que Gramsci. El modelo de opinión pública es el mismo de los años 90: todo pensamiento independiente se define como tal primero ante el Estado y el gobierno. Los libros de la corrupción están envueltos en una “necesidad social” y las Cartas Abiertas “podrían no existir”. Como si de un lado se hicieran los deberes y del otro lado se hiciera la Voluntad.
3
Macri convenció en su momento a mucha gente de lo que dice Alejandro sobre Berlusconi: de que era la imaginación al poder de la derecha. ¿Caerá? Es un tipo de pregunta que empieza a circular en mentes alucinadas. El affaire de las escuchas no tiene el peso de Cromañón. Ni el caldo social. Y un procesamiento lo puede convertir en víctima. Y, a pesar de todo lo dicho y escrito, ¿no fue el genotipo Ibarra el que mejor interpretó ese punto medio porteño, ese instinto de apartheid mezclado con el suspiro universalista de la educación pública?
4
Siempre se habla de una izquierda que hace el "juego a la derecha". Hay que también hablar "del juego a la izquierda" que hace una derecha. Porque... ¿de esto no se trataba la presencia de Durán Barba (el personaje mas desprestigiado de la política argentina)? ¿No se trataba de un gobierno de derecha después de cuatro años de penitencia social que podía convertirse en lo más impredecible de la política argentina, en un proyecto que se "elevaba" por encima de sus compromisos naturales, que se arrojaba al parnaso de un mundo sin ideologías, ese no es acaso el ideal terreno para una política de soluciones concretas, una medusa que recorre los sueños concretos de la gente? La respuesta fue hacer lo contrario a la lección de Menem: en la democracia de un país humilde la derecha gobierna a costa de una politización extrema, de una capacidad política superior, de una máquina habilísima de poder. No es menos política la derecha. Es más política.
5
Qué sola está esa mujer con El Dueño en la mano.
Ya quisiera uno tener la energía y la fe de la que baja en la estación Callao de la línea B, y tiene el pelo como la hippie de Friends, y lleva en la mano con no más de treinta páginas leídas El Dueño de Majul. No la creo capaz de avanzar mucho más allá de esas treinta páginas, no es capaz de subir mucho más arriba. Lo lleva delante de todo: delante de su agenda, delante de su cartera, y hasta sería capaz de pedir que la dejen viajar gratis. ¡Ese es el derecho de vivir en una ciudad ocupada!
2
Razonamiento fugaz y sincero: ¿Por qué el antikirchnerismo y el kirchnerismo estilizados hablan idiomas tan distintos? ¿Cómo se oponen las cartas abiertas al efectismo de las denuncias? Han quedado como dos mitades intensas: un reclamo de república ante el oficialismo y un reclamo ideológico, ante los poderes fácticos. Dos legitimidades intactas que se acusan de mutuos encubrimientos. Por supuesto que una saga de denuncias vende más que Gramsci. El modelo de opinión pública es el mismo de los años 90: todo pensamiento independiente se define como tal primero ante el Estado y el gobierno. Los libros de la corrupción están envueltos en una “necesidad social” y las Cartas Abiertas “podrían no existir”. Como si de un lado se hicieran los deberes y del otro lado se hiciera la Voluntad.
3
Macri convenció en su momento a mucha gente de lo que dice Alejandro sobre Berlusconi: de que era la imaginación al poder de la derecha. ¿Caerá? Es un tipo de pregunta que empieza a circular en mentes alucinadas. El affaire de las escuchas no tiene el peso de Cromañón. Ni el caldo social. Y un procesamiento lo puede convertir en víctima. Y, a pesar de todo lo dicho y escrito, ¿no fue el genotipo Ibarra el que mejor interpretó ese punto medio porteño, ese instinto de apartheid mezclado con el suspiro universalista de la educación pública?
4
Siempre se habla de una izquierda que hace el "juego a la derecha". Hay que también hablar "del juego a la izquierda" que hace una derecha. Porque... ¿de esto no se trataba la presencia de Durán Barba (el personaje mas desprestigiado de la política argentina)? ¿No se trataba de un gobierno de derecha después de cuatro años de penitencia social que podía convertirse en lo más impredecible de la política argentina, en un proyecto que se "elevaba" por encima de sus compromisos naturales, que se arrojaba al parnaso de un mundo sin ideologías, ese no es acaso el ideal terreno para una política de soluciones concretas, una medusa que recorre los sueños concretos de la gente? La respuesta fue hacer lo contrario a la lección de Menem: en la democracia de un país humilde la derecha gobierna a costa de una politización extrema, de una capacidad política superior, de una máquina habilísima de poder. No es menos política la derecha. Es más política.
5
Qué sola está esa mujer con El Dueño en la mano.
jueves, abril 08, 2010
miércoles, abril 07, 2010
martes, abril 06, 2010
La nueva vieja policía
¿Se acuerdan del país que fue, cuando lo gobernaba Néstor, y a la ciudad Aníbal, y a La Provincia Felipe, y Clarín acompañaba...? Qué asfixia progresista, ¿no? Por suerte llegó Macri para que el reparto de símbolos fuese más equitativo. ¿Pero por qué la legitimidad de Macri se diluye tanto ahí justamente donde su proyecto comenzó, donde se hizo fuerte? Su relato es un campo minado. Porque el enemigo de la inseguridad es y sigue siendo "la fuerza de seguridad". Esa es la paradoja democrática que obliga a un gobierno civil de la seguridad, cosa que en la Policía Metropolitana aparentemente existe. La implementación de la PM depende del modo en que se negocia con la Policía Federal, en una correlación de fuerzas absolutamente desproporcionada. Macri, así, es una especie de civilista (?), sin embargo a la derecha de cualquier discurso en la materia, pero que se enfrenta a una pinza entre el gobierno nacional y la PFA. Dentro de la PM hay malestar por la forma en la que "no bancan", es decir, Macri no responde a los modos corporativos que son la ley invisible de toda fuerza, y ante cualquier acusación es incapaz de sostener más de diez minutos a nadie; o al menos ese es el mensaje que dejó Palacios después de su caída tras un laaaargo período en que fue soportado. (Esa es la ley de hierro de los uniformes, por ejemplo en la PFA: ¿Asuntos Internos no es el instrumento de encubrimiento de delitos?) De ese modo para la política y la policía Macri es "el hombre sin códigos" (para no entrar en la Madre de todos los errores: las escuchas que hoy lo tienen citado, como dice Gerardo, "por un juez"). Y su paradoja: un jefe de gobierno elegido por el pueblo decide crear una policía, amparado en un discurso duro del orden, que es boicoteado tanto por las fuerzas de seguridad preexistentes como por las autoridades de un gobierno nacional... progresista. O sea, por derecha e izquierda. Y este problema tiene que ver también con la elementalidad del razonamiento público desarrollado alrededor de la inseguridad: su reducción a lo policial como solución fue lo único que impulsó la creación de la Metropolitana. Desconociendo una cultura política policial, que está tan presente en la "nueva policía" como en todas las demás porque... la nueva policía está hecha sobre la base del reclutamiento individual de vieja policía. ¿Podría eso haber sido de otro modo? Difícil. La solución de "más policía en la calle" devino en más problemas. Y no hubo tiempo de anteponer otro modelo al modelo corporativo natural con que se viste esta nueva policía, y cuya inteligencia orgánica está puesta al servicio de cómo condicionar o defenderse frente a un poder civil cada vez más débil como el de Macri. Y esto es bueno: porque a pesar de la masividad palpable de un pensamiento popular que ampara la dureza macrista (contra los trapitos, contra los encapuchados, contra todas las telas que cubre a los Piel Negra) subsisten incluso en los medios que le dan un tibio soporte mediático fuertes contradicciones. Y esto se debe a una cultura política que atravesó al periodismo y que cada vez vuelve más patético un discurso capaz de separar la institucionalidad de los Derechos Humanos. Nelson Castro también recoge con piedad los trapitos mojados y los tiende en su programa. Esa es una zona de visibilidad del orden democrático por izquierda. Y eso es el orden democrático: un límite por acumulación que a veces choca con el humor de las mayorías.
lunes, abril 05, 2010
domingo, abril 04, 2010
Qué linda frase (en el Ni a Palos de hoy) de Carlos Raimundi: Acá hay como una tentación a creer que para poder formar políticas de estado tenemos que diluir las ideologías, yo creo que es al revés, yo creo que vos tenés que reafirmar tu ideología, hacer alianzas desde unidades de concepción y no de partidos "atrapa todo", desde unidades programáticas y doctrinarias.
jueves, abril 01, 2010
Felices Pascuas
martes, marzo 30, 2010
El “Todos” duhaldista
Duhalde tiene un problema: su interpretación de la política uruguaya es horrible. La política uruguaya es uruguaya. O sea, es la política de otro país, con otra historia, con otros dos partidos tradicionales a los que no les creció un Frepaso, sino un Frente Amplio de socialistas, comunistas y ex guerrilleros. Ese país tiene un nuevo presidente que hace de su sinceridad un arma blanca: cuenta chistes de derecha. Ese país es irrepetible. ¡Pero cómo le gusta a Duhalde imitar los guiños de Mujica! Se mira en el espejo y ensaya el gesto sacramental del perdón.Duhalde hace síntoma en su último hit: “gobernar para los que quieren a Videla y para los que no lo quieren”. Esa es su traducción del “hay que ser un presidente de todos”, con que pretende oponer los modos kirchneristas, parciales y “revanchistas”.
Pero hay un problema: la frase está incompleta. Y sería así: los que quieren a Videla… preso, y los que quieren a Videla… libre. O sea, Videla no es sólo un problema de pasiones desencontradas, sino que atañe una decisión concreta: hay que estar de un lado o del otro de la frase. ¿Cómo se hace, no para ser el presidente de todos (que es una situación de hecho), sino alguien que representa a ese Todos, figurado en entre esas dos posiciones irreconciliables? Él quiso decir que hay que ser el presidente de TODOS, pero para parecer campechano y que te entiendan los criollos –como decía Jauretche- dijo algo que está mal, y no sólo “moralmente mal”, por las razones ya expuestas.
Pero hagamos un poco de historia: hagamos una genealogía del “Todos” duhaldista.
Más acertada, pero menos concreta, fue su (mejor) frase presidencial: “una crisis es un momento donde TODOS tienen razón”. Desolado, frente a un micrófono del canal 26, mientras el duro invierno del 2002 transcurría y se negociaba tristemente con el FMI, hundido en la silla con las patitas colgando, el hombre tomó aire y se inspiró: dijo que Todos tienen razón. Duhalde había llegado puesto a dedo por una asamblea, que a su vez era el árbol deshojado de una clase política a la que le soplaban al oído “que se vayan… TODOS”. ¡Ahí ya estaba el “Todos”! Pero él tenía que devolverlo, ponerlo del otro lado del campo de juego. E hizo bien. No se tenía que ir nadie. Y todos tenían razón. Esa era más o menos la cuenta.
Sólo el clima del 2002 explica la ambigüedad de esa frase que dejaba vacante la solución real de la crisis: porque no Todos tienen las mismas razones, y la evolución de una crisis se trama alrededor de dirimir QUIÉNES tienen más razón. O sea, el capítulo kirchnerista de la restauración.
Toda la clase política cascoteada (¡incluyendo a Carrió!) en 2002 puso a Duhalde ahí. Su figura aún podía arrastrar las virtudes y la forma de un peronista de los años 90 que, a la vez, en nombre de una tradición más ortodoxa, había significado un límite para Menem. Incluso un límite más ideológico que el de la Alianza. Pero Duhalde había dejado en pie algunos NO: se me ocurre al azar el “no a la dolarización” (que en las paredes pintaba la Juventud Radical de Moreau, uno de los “brazos duhaldistas”) y el no reconocer el fallido golpe de estado a Chávez en abril de ese año, durante la noche eterna que duró. Dos gestos diversos que se suman a la virtud de haber impulsado el parche del Plan Jefes y Jefas de Hogar. El asesinato cruel de dos militantes como Darío y Maxi signó la evaluación inmediata de su año y pico de gobierno, y el quiebre con el Todos. Efectivamente, la sociedad o el pueblo o la gente, eran una constelación de diversas razones.
La conclusión podría ser que Duhalde nunca supo quién es Duhalde y, por las dudas, mitigó esa pesadilla identitaria de un modo casi banal: dibujando para sí una especie de capacidad de representación desproporcionada, un político de la pre-política, alguien trabajado para “normalizar”, en nombre de todos, lo que se ha descarrilado quién sabe por culpa de quién, “si los argentinos estamos condenados al éxito”. Duhalde así, se traza como un Alfonsín sin drama y sin enemigos, que agita los fantasmas justamente de aquello con lo que el caudillo radical no asociaba su ideal republicano.
Pero hay algo cierto: el 2002 podría haber sido peor sin Duhalde. Y todo lo gris y desolador de ese año sintetiza de la mejor manera lo que hizo posible al duhaldismo: los recursos políticos agotados daban la última oportunidad a un político del que no se esperaba nada, al que las mayorías no le habían dado en 1999 el mandato popular, pero que había jugado un papel de garantía para nada despreciable. Pragmático, socialcristiano, de las entrañas del conurbano, del Partido del Orden. Oscuras virtudes de un tiempo de Rosas.
Como decía el boletín de la escuela: no había padre, había “tutor o encargado”, y se llamaba Duhalde. O un acompañante terapéutico de una sociedad enferma, que puso dos o tres cosas que direccionaron las vías para que pase el tren de la historia, y que hicieron posible de manera irreversible las políticas económicas del futuro argentino. Duhalde, de algún modo, nos acompañó a la parada. Cuando tuvo que decir algo de Kirchner, en uno de sus últimos actos, casi su despedida de la historia, en un Atlanta de cabotaje en los primeros meses K, sólo dijo algo que hoy quizás lo salpica: como peronistas, “nos une un corredor de sangre”. Cada río tiene dos orillas.
Duhalde no duerme en paz. Y cada tanto ensaya un intento clarificador sobre su identidad borrosa. Ahora, midiendo los espacios vacantes, se conforma con una caverna de derecha desde la cual imagina descender a caballo de una "Moncloa". Una Moncloa sin franquismo. O una Moncloa en la que él aporta un franquismo trasnochado, de Pando & Cía., como quien construye la amenaza de la que nos viene a salvar, como quien incendia un bosque vestido de bombero. Duhalde pretende alterar la institucionalidad que los argentinos eligieron para saldar cuentas del pasado: el juicio y el castigo a los responsables del genocidio.
Su eterna misión de jinete de tormentas ahora lo encuentra soplando agua de un balde, agitando las manos y alertando como el pastorcito del cuento sobre un lobo que es él mismo.
Una pregunta...
¿Dónde están los lastimados sociales del actual modelo que la ambulancia de la oposición puede salir a juntar?
lunes, marzo 29, 2010
Pablo apunta al corazón
Lo peor del fenómeno, a juicio de este cronista, no es el odio y la envidia que despierta en el piojo resucitado el poderoso o arbitrario, elija usted, sino el manoseo y la falta de rigor y el menefreguismo ideológico.
sábado, marzo 27, 2010
Había nacido anciano y no podía morir.
"La ciudad era, un poco, diferente. Tenía tiendas y se feriaba todos los días. La sociedad no era una sola y sus diversas constelaciones se permitían no estar muy de acuerdo con el asesor letrado y otros funcionarios. A la vez, yo me permitía prescindir de la sociedad. El gobernador era mi secreto cómplice."Dios Zama.
jueves, marzo 25, 2010
Cadena de oración
A ver. Hoy ya es 25 y el clima se disipa después del clásico. (Quiero decir algo antes de terminar: si Duhalde es el político que hegemoniza el paquete de los 3 o 4 temas de Estado, estamos viendo cómo hace trizas virtuales uno de los temas de Estado sobre los que ya hay consenso: el de los juicios y castigos. Los 3 o 4 temas no son 3 o 4 temas al costado del camino. No, son 3 o 4 o 5 o 6 temas a los que se llega por acumulación. Perla negra.) Vamos al grano: sí, Messi la rompe, tiene todo para ser Dios y acumuló toda la incertidumbre necesaria, él y la selección, para que el mundial sea una lotería donde una posible "sorpresa" signifique un eterno "la tenés recontradentro" infaltable en el ringtone de todos los estudiantes oligofrénicos secundarios del país, y que prolongue un informe infinito de 678 que empieza en Ezeiza con el nacimiento del FPT hasta Diego besando la copa. A Messi le falta olor a Fiorito, a Sicilia, a Cocodrilo, y demás yerbas que pintan un tipo ideal de liderazgo argentino; y eso... me gusta. Me gusta que no sea tan farandulero y que tenga el aura de un robot. ¿Pero qué es un líder maradoniano? Por empezar alguien que cuando gana se acuerda primero de los que lo quisieron cagar. Es un tipo que lo primero que dice es: la concha de tu madre. Y Maradona tiene todo metido adentro: los ingleses, los nombres relevantes de la política de los últimos 20 años, la farándula; así que un "la concha de tu madre" maradoniano no es un objeto de antropología demasiado difícil, es la puteada contra la enemistad abstracta que nos une. Vamos a lo concreto: amo a Diego descontroladamente, Messi me parece uno de los borradores más próximos a ese genio, pero sigo creyendo ciegamente en la inclusión de Riquelme. Para mí, su inclusión está entre los 3 o 4 temas de Estado. No hay NADA que la haga imposible. Nada.
Canzonettas
Este precioso video me lo mandó Matías, un amigo y compañero que lo preparó en ocasión de un evento organizado por el Museo del Puerto de Ingeniero White (por allí mi abuelo paterno fumigaba barcos...). Se puede ver y oír al genial poeta Sergio Raimondi explicar de qué se trata.
Salud para la Gran Patria Bahiense que resiste el frío marino.
En abril los veo.
Salud para la Gran Patria Bahiense que resiste el frío marino.
En abril los veo.
miércoles, marzo 24, 2010
lunes, marzo 22, 2010
Walsh x Incardona
Están invitados.
Abrazos
Juan Diego Incardona
...
domingo, marzo 21, 2010
Quemá esas fotos...

Todos tenemos una foto, una foto sin revelar que está en algún lugar desconocido. Nosotros, los anónimos, tenemos una foto perdida, por ahí. Una foto por si nos extraviamos. Una foto por si cruzamos la autopista hacia la nada: una foto en el peaje, una foto en el cajero, una foto en la estación de servicio, una foto saliendo desnudos de un hospital. Una foto pasando a toda velocidad por una esquina oscura. Una foto en un shopping. Una foto que atenta contra el derecho a la invisibilidad, incluso a la hora de nuestra muerte. Una foto en la caja de una estación de servicio. Hay algo, algo, algo en la fugacidad de estas fotos, en su precisión: pueden ser y no pueden ser esas que están ahí las personas buscadas, pero son fotos con toda la imprecisión deseada y necesaria, con todo lo que se precisa insinuar y no saber, la zanahoria de una ansiedad que empuja siempre un poco más allá el carro. Y un carro que ya lleva atrás al cuerpo real, pero que busca en esa foto lo que el cuerpo real no dice, porque el cuerpo real aún habla de su inocencia, y la foto es la posibilidad de perder toda inocencia. Pomar bajo el árbol, Lucas en la morgue, esperan que acabe el proceso que sigue en esas fotos. Hay belleza en esas fotos: son fotos que no flotaron en el laboratorio del arte y el afecto. Hay algo borroso que las hace aguantar el drama. Hay algo fugitivo en las fotos porque la velocidad está presente. Fuera de foco, están ahí, en un último gesto antes y durante la violación serial con que su memoria será arrasada. A Pomar la foto "lo agarró huyendo", a Lucas lo agarró desnudo. La mano levantada de Pomar saluda a todos los que (no) lo conocen, el cuerpo desnudo de Lucas no quiere cruzar una calle, el policía lo mira, el policía está del otro lado de la calle y del otro lado de un orden: alguien desnudo frente a alguien de uniforme. ¡Es perfecto! ¿Fueron sacadas por celulares? ¿Fueron sacadas por cámaras de seguridad? Se necesitan fotos borrosas, muchas fotos fuera de foco de todo el mundo, fotos en todos los lugares posibles. Diapositivas extraídas de la cinta continua que filma los peajes, las entradas y salidas entre lo público y lo privado: el campo de gravedad que queda en el medio, partículas de cuerpos que ocupan esa “tierra de nadie”. Se necesitan puntas del iceberg para que alguien, si cruzamos un umbral, pueda decir de cada uno lo que cada uno no sabe de sí mismo, que alguien pueda decir públicamente lo que uno no es. Pomar "no sabía" que era un violento, un mitómano, y que se dirigía al sur a quemar su historia: él creía ser otra cosa, pero la foto lo llevaba lejos, mientras su cuerpo real y su familia se descomponían bajo un árbol, a metros de la ruta ordinaria que lo llevaba a la casa de su padre, y de la casa de su padre a su casa de vuelta. Pomar no quiso nunca salirse de la ruta común, su cuerpo quedó a un costado de ella, pero la foto arrojó su pellejo lejos. Esas fotos son los cuerpos a partir de ahora. Esas fotos son la autopsia pública. Esas fotos son la escena del crimen, el cautiverio público: en esa foto confiesan el crimen que no cometieron. Yo no fui, diría cada uno si pudiera volver a decir algo en el pequeño teatro de su foto. Esto es la democracia argentina al rojo vivo: nadie puede desaparecer y nadie es inocente. Estamos enfermos.
sábado, marzo 20, 2010
Plan de lecturas
A contramano del mundo.
Y como lo leí a través de FV recomiendo su último post, donde dice cosas como: Las elecciones de 2007 no impusieron una agenda clara al ganador. Cristina subió con las manos libres para ejercer una presidencia a su piacere. Algo que seguramente ponía en estado de euforia a los protagonistas, pero que es en sí mismo nocivo y potencialmente reaccionario.
Y en tren de recomendaciones: Paraguay.
Urupabol
¡Y AGREGO A ÚLTIMO MOMENTO ESTA PIEZA!
Y como lo leí a través de FV recomiendo su último post, donde dice cosas como: Las elecciones de 2007 no impusieron una agenda clara al ganador. Cristina subió con las manos libres para ejercer una presidencia a su piacere. Algo que seguramente ponía en estado de euforia a los protagonistas, pero que es en sí mismo nocivo y potencialmente reaccionario.
Y en tren de recomendaciones: Paraguay.
Urupabol
¡Y AGREGO A ÚLTIMO MOMENTO ESTA PIEZA!
viernes, marzo 19, 2010
Aquella solitaria...
Cuba es muchas cosas, muchas cosas confusas, apasionantes y contradictorias, pero entre otras es un pedazo de hielo soviético que nos recuerda que el siglo XX no se fue, que algo de él está ahí congelado. Esta solicitada tiene un destino menor que el destino manifiesto, y es el de alertar sobre una de las obsesiones de muchos periodistas liberales: la "íntima" relación entre Derechos Humanos e Izquierda. Una relación que a muchos les resulta insoportable, porque es una relación que vendría a ocultar la verdadera raíz liberal de los Derechos Humanos. Esa es una linda teoría, muy en boca de López Murphy, por ejemplo. El problema es bien concreto: ¿cuál es la coherencia en la defensa de los Derechos Humanos de los liberales argentinos? La solución inglesa fue minoritaria y en idioma extranjero: condenar su violación mientras se elogiaba la política económica de Martínez de Hoz. Esa actitud, también riesgosa, resolvía el problema. Pero no, hay un tema de fondo: así como la defensa de los Derechos Humanos está "íntimamente" ligada a la cultura de izquierda, su violación lo está a la cultura liberal. ¿A qué costos sociales y humanos se liberalizó la economía? Cualquiera diría: "sí, muy lindo el réquiem revolucionario, ¿pero serías capaz de firmar esta solicitada?". El problema es que este continente, globalmente gobernado por dictaduras de derecha durante años, instaló los Derechos Humanos a consecuencia de las acciones represivas de esos "procesos", y de la Gran Imaginación con que los violaron. En consecuencia, los Derechos Humanos tienen una cultura política, un anclaje cultural, están teñidos por la biografía de las víctimas. Y muchos podrán pensar que el discurso no está a la altura de la humanidad abstracta de sus enunciados. Si defender los Derechos Humanos de tu aldea es defender el mundo, hoy sería razonable poder pronunciarse sobre los hechos de Cuba. El problema es ideológico: muchos intelectuales de izquierda no serían capaces de condenarla a riesgo de que en esa condena se pierda todo el caudal cultural y la herencia de la Revolución. Porque a los Derechos Humanos se aprendió a defenderlos así: su violación en la Argentina tiene la contundencia de no dejar intacto a nadie, de ir por todo, de borrar cualquier matiz posible del régimen que los violó. O sea: todo en la dictadura militar argentina fue horrible, y cada pequeña gestión encubría o actuaba aún de manera indirecta sobre la eficacia de esa violación. Los que condenan a los que no condenan Cuba están haciendo un reclamo político: que en nombre de la conciencia universal alcanzada para poder juzgar las violaciones de DDHH se pueda destrabar ese complejo argentino-cubano. Muchas de las firmas parecen regodearse más en la ventaja que sacan sobre los que no firman, que en la eficacia real del pronunciamiento en el teatro de los hechos. Y por supuesto que la huelga de hambre televisada, la represión televisada, los manifestantes que desde sus casas dialogan con CNN, todas esas imágenes están envueltas en una operación coordinada a beneficio de un país que viola en la misma isla los Derechos Humanos: Estados Unidos. Y no es una teoría conspirativa, es lógico: a los Estados Unidos les es rentable remarcar el aspecto represivo de un Régimen, que por supuesto no alcanza el umbral Guantánamo, pero que es el país que ofrece el punto ciego de una cultura de izquierda que abraza los Derechos Humanos. Y las asociaciones son inmediatas: la violencia cubana se impulsa a chorro de nafta venezolana hasta Irán. Cuba es parte de ese Medio Oriente, el desierto del mundo. Cuba es el lugar donde se actualiza en clave latinoamericana el Eje del Mal de Siempre. Estados Unidos es otro pedazo de hielo que nos recuerda que el siglo XX está ahí.
jueves, marzo 18, 2010
Habitar en la tragedia
Por Pablo Paredes M.
No nos ha caído un meteorito gigantesco que nadie esperaba. Se han movido, como cada tanto lo hacen, las placas sobre las que, hace mucho, levantamos este oscilante país. La catástrofe que hemos sufrido ha sido tristísima, nos duelen los muertos y las casas, pero no podríamos decir que nos ha sorprendido. Acá, después de un sismo fuerte, la gente que vive en la costa corre hacia los cerros casi por instinto. Acá, los terremotos son parte del paisaje social y geográfico. La convivencia con ellos es de tal vigor que, por momentos, se tiene la sensación de vivir entre los dioses o, mejor dicho, entre “unos” dioses que son más bien raros, pues, entre otras cosas, no muestran ningún respeto por templos católicos o protestantes. En efecto, hemos puesto un país ahí, sobre el territorio más fértil para lo primitivamente religioso y el sentido épico, para el desgarro de la alegría. Así, para (auto)comprendernos, debe necesariamente saberse que Chile no vive una Tragedia, sino que Chile vive en la Tragedia. Dato que todo gobernante de este suelo, haya sido inca, español o chileno, ha sabido. Nuestra historia se ha construido siempre sobre una matriz de frecuencia: construcción/destrucción, lo que sin duda ha formado un carácter nacional, pero ha complicado la formación de estaciones (nacionales) de llegada.
En el último tiempo, y en concreto tras 20 años de gobierno de La Concertación, el país configuró tal mezcla de “éxito” y exitismo que, primero, se obsesionó (o mejor diríamos: los medios construyeron esta obsesión en parte importante de la población) con el desprendimiento simbólico de lo que, en el mundo, se entiende por “Latinoamérica” y, ahora, previo al 27 de febrero, comenzaba a embarcarse en la “entrada al Mundo Desarrollado”. Pero claro, la lucha subterránea de los dioses tectónicos dijo otra cosa y nuestros gobernantes debieron, otra vez, entrar a negociar las obsesiones humanas con las divinas.
Sebastián Piñera negocia y eso es algo que sabe hacer bastante bien. Como sabe también que este terremoto/maremoto recién pasado quedará ligado a la reinserción de la Derecha en el Poder Ejecutivo, cuestión que les costó no menos de 50 años, si es que descontamos la entrada brutal y no democrática de Pinochet y los Chicago boys. Esta ligazón tendrá efectos en el corto, mediano y largo plazo (que aquí se mide en función de la espera del próximo gran sismo) y estos efectos se instalarán en el espacio que otorga la segunda parte de una de las frases más mediáticas del nuevo presidente “no sólo debemos reconstruir el país, sino construirlo mejor”. Entonces, cabe preguntarse qué es lo que debe ser entendido como mejor. Esto no podemos adivinarlo, pero sí intuirlo a partir de dos elementos fundamentales: primero, la sistemática crítica de la Derecha a una supuesta inoperancia del aparato estatal para enfrentar la tragedia, aunque, por entonces administrado por el gobierno de Michelle Bachelet, permitió hablar de cientos y no miles de muertos; segundo, a la promesa electoral de Piñera de que el país volviese a crecer a un ritmo de 6 a 7%. Esto, entregaría las pautas para, por un lado, justificar el “empequeñecimiento del Estado para otorgarle más eficiencia” y, por otro, para que la evaluación de gestión vuelva a estar ubicada en el espacio macroeconómico por sobre el aumento de los estándares de calidad de vida de los chilenos. Todo esto, me atrevo a pronosticar, no tendrá mayores resistencias, pues la nueva oposición parece ser incapaz de pasar de la crítica del neoliberalismo feroz, de cuya instalación también es responsable, a una propuesta de modelo alternativo de desarrollo; y los medios de comunicación masiva –esos mismos que erotizan al pobre para que compre el televisor de plasma, pero que luego lo lapidan por robarlo en un saqueo- pertenecen, en prácticamente su totalidad, a conglomerados que, por lo menos, simpatizan con el Gobierno de la autodenominada Centro-Derecha y que ya comienzan a mostrar su condescendencia absoluta hacia el dueño de LAN y Chilevisión. De existir además alguna forma de resistencia a este segundo aire privatizador del país, este deberá enfrentar el gran activo comunicacional del gobierno de La Alianza: ellos son, desde ahora, “El Gobierno de la Reconstrucción Nacional”.
Considerando estos puntos, quizás puedan compartir conmigo que de cierta forma Chile nunca se derrumba sino que, cada cierto tiempo, vuelve a su estado larval; vivimos en permanente aplazamiento de la mariposa, pero a veces llegamos a estar muy cerca. Hay algo trágicamente parecido entre la vía chilena al Socialismo y el sueño exitista de ser el primer país desarrollado de Latinoamérica. Hay algo trágicamente parecido entre un terremoto y un golpe militar.
Santiago de Chile, 17 de Marzo de 2010
No nos ha caído un meteorito gigantesco que nadie esperaba. Se han movido, como cada tanto lo hacen, las placas sobre las que, hace mucho, levantamos este oscilante país. La catástrofe que hemos sufrido ha sido tristísima, nos duelen los muertos y las casas, pero no podríamos decir que nos ha sorprendido. Acá, después de un sismo fuerte, la gente que vive en la costa corre hacia los cerros casi por instinto. Acá, los terremotos son parte del paisaje social y geográfico. La convivencia con ellos es de tal vigor que, por momentos, se tiene la sensación de vivir entre los dioses o, mejor dicho, entre “unos” dioses que son más bien raros, pues, entre otras cosas, no muestran ningún respeto por templos católicos o protestantes. En efecto, hemos puesto un país ahí, sobre el territorio más fértil para lo primitivamente religioso y el sentido épico, para el desgarro de la alegría. Así, para (auto)comprendernos, debe necesariamente saberse que Chile no vive una Tragedia, sino que Chile vive en la Tragedia. Dato que todo gobernante de este suelo, haya sido inca, español o chileno, ha sabido. Nuestra historia se ha construido siempre sobre una matriz de frecuencia: construcción/destrucción, lo que sin duda ha formado un carácter nacional, pero ha complicado la formación de estaciones (nacionales) de llegada.
En el último tiempo, y en concreto tras 20 años de gobierno de La Concertación, el país configuró tal mezcla de “éxito” y exitismo que, primero, se obsesionó (o mejor diríamos: los medios construyeron esta obsesión en parte importante de la población) con el desprendimiento simbólico de lo que, en el mundo, se entiende por “Latinoamérica” y, ahora, previo al 27 de febrero, comenzaba a embarcarse en la “entrada al Mundo Desarrollado”. Pero claro, la lucha subterránea de los dioses tectónicos dijo otra cosa y nuestros gobernantes debieron, otra vez, entrar a negociar las obsesiones humanas con las divinas.
Sebastián Piñera negocia y eso es algo que sabe hacer bastante bien. Como sabe también que este terremoto/maremoto recién pasado quedará ligado a la reinserción de la Derecha en el Poder Ejecutivo, cuestión que les costó no menos de 50 años, si es que descontamos la entrada brutal y no democrática de Pinochet y los Chicago boys. Esta ligazón tendrá efectos en el corto, mediano y largo plazo (que aquí se mide en función de la espera del próximo gran sismo) y estos efectos se instalarán en el espacio que otorga la segunda parte de una de las frases más mediáticas del nuevo presidente “no sólo debemos reconstruir el país, sino construirlo mejor”. Entonces, cabe preguntarse qué es lo que debe ser entendido como mejor. Esto no podemos adivinarlo, pero sí intuirlo a partir de dos elementos fundamentales: primero, la sistemática crítica de la Derecha a una supuesta inoperancia del aparato estatal para enfrentar la tragedia, aunque, por entonces administrado por el gobierno de Michelle Bachelet, permitió hablar de cientos y no miles de muertos; segundo, a la promesa electoral de Piñera de que el país volviese a crecer a un ritmo de 6 a 7%. Esto, entregaría las pautas para, por un lado, justificar el “empequeñecimiento del Estado para otorgarle más eficiencia” y, por otro, para que la evaluación de gestión vuelva a estar ubicada en el espacio macroeconómico por sobre el aumento de los estándares de calidad de vida de los chilenos. Todo esto, me atrevo a pronosticar, no tendrá mayores resistencias, pues la nueva oposición parece ser incapaz de pasar de la crítica del neoliberalismo feroz, de cuya instalación también es responsable, a una propuesta de modelo alternativo de desarrollo; y los medios de comunicación masiva –esos mismos que erotizan al pobre para que compre el televisor de plasma, pero que luego lo lapidan por robarlo en un saqueo- pertenecen, en prácticamente su totalidad, a conglomerados que, por lo menos, simpatizan con el Gobierno de la autodenominada Centro-Derecha y que ya comienzan a mostrar su condescendencia absoluta hacia el dueño de LAN y Chilevisión. De existir además alguna forma de resistencia a este segundo aire privatizador del país, este deberá enfrentar el gran activo comunicacional del gobierno de La Alianza: ellos son, desde ahora, “El Gobierno de la Reconstrucción Nacional”.
Considerando estos puntos, quizás puedan compartir conmigo que de cierta forma Chile nunca se derrumba sino que, cada cierto tiempo, vuelve a su estado larval; vivimos en permanente aplazamiento de la mariposa, pero a veces llegamos a estar muy cerca. Hay algo trágicamente parecido entre la vía chilena al Socialismo y el sueño exitista de ser el primer país desarrollado de Latinoamérica. Hay algo trágicamente parecido entre un terremoto y un golpe militar.
Santiago de Chile, 17 de Marzo de 2010
martes, marzo 16, 2010
lunes, marzo 15, 2010
Linda despedida a Don Felipe. ¿Sobisch vendría a ser el Menem de esa historia del MPN? En general, la muerte de la "vieja política" nos recuerda la calidad de la "nueva". Mamita.
(Viernes pasado: Conu + Moyano + Jotapé.)
(Viernes pasado: Conu + Moyano + Jotapé.)
sábado, marzo 13, 2010
Blanco y negro
Lo mejor pasa por acá. Yo tengo el privilegio de conocer a los dos (Fede y Gerardo), y adelanto que desde sus lugares apuntan históricamente al mismo problema. Algo se podría resumir un poco así: el kirchnerismo es una interpretación del peronismo, de los Derechos Humanos y del 2001 nacida de la clase media. Kirchner aprendió todas las artes de la política de poder, dentro del partido de poder, pero en una provincia sin ángel, instrumento que puso al servicio de un restauración democrática y de orden progresista. Su propia táctica y estrategia hicieron que termine gran parte del peronismo real en esa columna. Pero el realismo de sus alianzas desalmó un poco al kirchnerismo, en un sentido paradójico: incorporó en su dialéctica dura ("la sociedad no existe") a aliados fuertes del campo sindical y social, pero diluyó allí su centro. Que es clase media. Tan clase media como el propio odio a la clase media que ahora supone vivirse en una especie de pasaje terminal a las filas del pueblo. Síntoma paradójico de pertenencia es odiar con tanto detalle a esa clase, que es el hecho maldito de la Argentina. Que siete años de gobierno y relato terminen con el foco "intelectual" en la clase media habla de la dirección de un proceso, en un sentido positivo. Y esa mirada sobre esa "cola de Garbarino", sobre el "patio de comidas de un shopping", no puede arrastrar y actuar (por inversión) con el patrón de un "gorilismo" al revés: ¡qué asco la clase media! Como si se tratara de un museo de consumos de la década pasada que será superado por un neo-comunitarismo de organización pura y dura. No. La clase media, es decir, esas cifras de consumo, siguen siendo el objeto de deseo de aquellos pobres que -por suerte- se pretende representar, y la base de sustentación del dato insoslayable a la hora de decir qué es (y fue) el kirchnerismo: la reconstrucción de la democracia y de las instituciones. Quiero decir: más allá de compartir la línea que separa los terrenos de amigo / enemigo, como dice Gerardo, el riesgo ya consumado es el de haber comprendido mal una de las mejores consignas que intenta reparar la subcultura política post 125, y que acuñó Diego alguna vez: era más clase media, no menos. Por razones (¿culturales?) complejas es difícil imaginar por qué las bases de Moyano no sienten tan propio al kirchnerismo, e igual de difícil comprender el odio visceral de la clase media hacia un proyecto tan generoso con ella. En ese sentido, la marcha de 678 plantea un quiebre interesante dentro del kirchnerismo, sobre todo para -como diría Link- "el examen del propio imaginario". Algo que nunca fue tan negro como ahora quiere ser.
miércoles, marzo 10, 2010
En su repiquetear...
Che, una cosa: el nivel de politización de estos tiempos (para casi todo el mundo: desproporcionado) pone a la luz un resultado: que los opositores reales son los políticos reales. O sea: Solá, Morales, Lilita y varios, por más canallas que parezcan (M y L), muestran lo que hay que tener para ser algo en política. De Narváez o Macri (entraría Scioli en un punto), que vendrían a ser como del batallón de políticos "artificiales", no tienen la más puta idea de qué carajo hacer o decir en una "crisis" como esta (que no es tan crisis, pero es igual). Solá, que se tragó dos sapos en su última campaña, siempre supo que se iba a terminar imponiendo por oficio, por prepotencia de trabajo, por identidad. El tipo dice: represento al Peronismo Federal, o sea, al Peronismo Disidente, o sea, a los Horribles. Y hasta tiene margen de enamorar a Lilita. Digamos: para las campañas y la seducción de la gente siguen funcionando mejor los políticos más descremados, pero para el ritmo que el kirchnerismo mete en la política sólo les queda hacerse un poco los boludos, atados al lugar común del momento, perdiendo protagonismo por afano frente a los que tienen agallas y saben que ya tiraron la honra a los perros. La cara de Solá esta tarde, mientras los micrófonos se acomodaban, era la de alguien que mira un punto fijo, pierde la mirada y calcula para dónde acomoda la jugada... ¡teléfono a Morales! Lo que las urnas pidieron el 28J fue traducido por Tenembaum a una lengua re difícil: "bajemos un cambio, ¿qué carajo nos pasó?". (No obstante y sólo en comparación: un libro mucho más útil socialmente que el de Majul.) Pero para hacerle bajar un cambio al gobierno hacen falta políticos. Sería algo así: no se puede entrar a rescatar a la ovejita en puntas de pie, no, hay que hacerlo como energúmeno, la mediatización y Clarín no excluyen una fuerza física necesaria, el Sumo. La lógica judicialista, policial, paranoica y moralizante de la oposición linda con el cuento de que la sociedad sufrió un secuestro extorsivo, que la sociedad no está donde quiso ir, que fue empujada a patadas en el culo. Y dos brillantes frases fijan los límites de esta época: la democracia es gris (Beatriz Sarlo), la sociedad no existe (Horacio Verbitsky). En algún punto esas dos frases se rozan, se tocan, chispean y alumbran: ninguna de las dos es tan así... pero algo de eso hay. Flash tachero: la sociedad es una cosa que queda un poco "en el medio", que tiene bastante que ver lo que piensa con el modo en que se gobierna. Cada tanto crece una pregunta que se formula de mil maneras: ¿qué mierda hace esto acá? Algunos construyen la fantasía de que pronto se van a impulsar los juicios contra los que festejaron los goles en el mundial 78. O sea, se preguntan, ¿dónde termina el kirchnerismo? Algo que nació del juicio político de la sociedad a la política (2001) y que pareció invertir el orden: el kirchnerismo aparece como una interpelación permanente a los lugares comunes de la sociedad, un juicio político a la sociedad que se sentencia en la frase de Verbitsky. La sociedad no existe, existe sólo el campo de intereses. Bajo ese saldo es que naufragó el periplo de la transversalidad: ya no hay transversalidad si sólo hay campo de intereses duros. En esa frase verbitskiana se hundió la personería de la CTA. Si no dio para un país en serio, dio para una política en serio. Los opositores a este gobierno van a necesitar de verdaderos políticos para sacar la política del lugar en el que la puso Kirchner. Se necesita mucho huevo, creatividad y sacrificio para eso. Es conmovedor, en esta tarde gris, así las cosas, y así interpretado el terremoto 28J, el papel de mierda que hace Solá. Alguien que viene de ahí, para sacar a la sociedad de ahí. El 2001 no terminó. Lo que viene (si viene) después de Kirchner es siempre peor.
lunes, marzo 08, 2010
Está de moda en lo nacypop tomar para el churrete el caballito del acuerdo en los "3 o 4" temas. No es menor decir cuáles son los tres o cuatro temas (y la cantidad: si 3 o 4 o 5). En Uruguay Mujica puso 4 (energía, seguridad, educación y medio ambiente). Dialoguito uruguayo: -El Presidente planteó acuerdos con la oposición en cuatro temas: energía, seguridad, educación y medio ambiente. Fuera quedan temas como la política exterior, la economía y los asuntos laborales. ¿No habría que ir hacia políticas de Estado en estos también? -Tenemos que dar lo que los americanos llaman baby steps (paso de bebé). Si uno plantea 10, 15 o 20 temas, de repente nos concentramos en los que estamos en desacuerdo y no en los que estamos de acuerdo. Entonces, haber planteado estos cuatro me parece que fue inteligente. Lo primero es ponernos de acuerdos en estos cuatro, y después vendrán otros, algunos donde tengamos afinidad y otros no. ¿Pero qué es lo que va a pasar? Cuando planteemos el tema del Mercosur y el TLC, el problema no lo vamos a tener nosotros, el problema es dentro mismo del FA. Si no nos podemos poner de acuerdo en energía, ambiente, educación y seguridad, cómo ponernos de acuerdo en los otros temas. Así como se envidia la izquierda uruguaya, se podría envidiar la derecha uruguaya. Veremos. Yo no le tendría ninguna fe a la buena fe de blancos y colorados. El debate Aguad - Heller de hace algunos días mostró eso que se presenta como una especie de "problema endémico" de la política argentina, pero allí quien se reveló incapaz de discutir una sola cosa por vez era el radical. El método opositor de discusión es simple: ir corriendo el eje a través de todas las cosas sensibles y nunca empantanarse en la discusión de fondo de nada. Heller, un gran político, dio a entender lo que para mí es el problema de hoy: la oposición -o una parte de ella- se juega a no discutir más nada, desarbolar lentamente el bosque K, y la madre de todas sus batallas pasa por trabar la posibilidad de pagar la deuda con reservas a fin de obturar la verdadera discusión política, tras condicionar el presupuesto, y dicha en los peores términos posibles: ¿de quién son los pobres? Aldo Ferrer sostiene esta tesis por estos días. Una batalla directa contra la política social, cuyos resultados (60 mil pibes más en las escuelas bonaerenses) podría hacer migrar los votos, como hormiguitas, a las urnas.
domingo, marzo 07, 2010
sábado, marzo 06, 2010
jueves, marzo 04, 2010
Lo virtual y lo real, como la carne y el alma, son lo mismo...
Yo qué sé... ponés un pie en Haití y lo que menos te da ganas de denunciar es la presencia de Estados Unidos. Antes te da ganas de denunciar la presencia de La Miseria. (4 y media de la matina arriba de un camión de UN que reparte alimento rodeado de voces que no se sabe de dónde gritan '¡food, food!' no se le desea a nadie, pero eso es lo que la presidenta celebró en su discurso días atrás: el desempeño de los cascos azules argentinos. Haití tiene derecho a ser Puerto Rico, y después, más decentemente, para cumplir el sueño de las canciones estalinas, decretar el inicio de la guerra civil que finalmente lleva a la clase obrera al paraíso. O sea, primero tiene que haber clase obrera.) Me cuesta leer el modo en que se hila lo Natural con la Historia: nadie está preparado para que de pronto todo lo sólido se disuelva en el aire.
¡Terremoto en el Congreso! Y sí, algo tenía que pasar, en algo se tenía que hacer visible el desplazamiento social del 28J. El kirchnerismo no se hizo con material anti-sísmico: cayó la torre, como dice Pichetto, "en el seno del Senado". Confieso que de chico me costaba entender la existencia de dos cámaras. Y no era una vocación prematura contra el "gasto político", pero no se desprendía una cámara de la otra, no reconocía diferencias, hasta que empecé a percibir que el Senado arrastraba un tono, un color, un olor, un sonido, mas señorial. Hoy vi caer a un Señor: Miguel Pichetto. Caer y levantarse. Mi último mes en degradé de Haití a Argentina devuelve el fervor de un razonamiento que más o menos se dice así: tenemos todo para ser un gran país. Y que si se juega hasta las últimas consecuencias termina en: el problema de Argentina para ser un gran país son los argentinos. Y sí, bajo estas banderas milita medio mundo. Es como la bandera del ¡vayan a laburar!, ese gran trapo que lleva de una punta a la otra de cualquier avenida gente que ni se mira mientras camina o maneja.
Siempre un país es algo que se está haciendo.
Siempre un país es algo que puede desaparecer.
Recomiendo como se recomienda un peliculón la entrevista en Posdata, de C5N, del Negro Oro a Duhalde. Duhalde tiene una versión de energúmeno (casi siempre radial o gráfica) y una pose de estadista (mas televisiva). Duhalde hizo una línea en el medio de la mesa y puso de su lado: manzaneras, clientelismo, políticas de Estado, y del otro lado puso a los cagones. Habló del kirchnerismo (mal) con la suavidad de quien desprecia algo que prácticamente cree acabado, y se dejó llevar por la metralleta de preguntas del señor Oro, cuya conclusión fue de sentido común kirchnerista gusano: "este año ya avisé, no animo más fiestas de Fundaciones, yo quiero más Estado". Obviamente... loas a Pepe y Lula, pero Duhalde aún obstinado en rescatar también la figura de Cardoso, aunque quizás sea su reflejo por ubicarse en ese ciclo evolutivo de gobiernos. La secuencia Cardoso - Lula es una continuidad trabajada por muchos: D'Elía la ponía como hipótesis al recontraprincipio (Kirchner es Cardoso y De Gennaro será Lula). Duhalde reducía todo a su tamaño: se consideraba un Cardoso de año y pico que había sentado bases para un futuro Lula. Duhalde dijo algo que mostró todo: la ventaja es que el pueblo pobre brasileño no tiene memoria de haber estado mejor. Claro, claro, claro. Los nuestros recuerdan, hasta 1974, la existencia del Estado Benefactor. Literal. Ninguno pudo decir que esa Memoria es capaz de explicar la raíz conflictiva de la política argentina. El conflicto construye Bienestar. El conflicto construye Estado. En fin, un día de terremoto virtual, mientras mucha gente militó a full la bandera del ¡no me rompan más las bolas!
¡Terremoto en el Congreso! Y sí, algo tenía que pasar, en algo se tenía que hacer visible el desplazamiento social del 28J. El kirchnerismo no se hizo con material anti-sísmico: cayó la torre, como dice Pichetto, "en el seno del Senado". Confieso que de chico me costaba entender la existencia de dos cámaras. Y no era una vocación prematura contra el "gasto político", pero no se desprendía una cámara de la otra, no reconocía diferencias, hasta que empecé a percibir que el Senado arrastraba un tono, un color, un olor, un sonido, mas señorial. Hoy vi caer a un Señor: Miguel Pichetto. Caer y levantarse. Mi último mes en degradé de Haití a Argentina devuelve el fervor de un razonamiento que más o menos se dice así: tenemos todo para ser un gran país. Y que si se juega hasta las últimas consecuencias termina en: el problema de Argentina para ser un gran país son los argentinos. Y sí, bajo estas banderas milita medio mundo. Es como la bandera del ¡vayan a laburar!, ese gran trapo que lleva de una punta a la otra de cualquier avenida gente que ni se mira mientras camina o maneja.
Siempre un país es algo que se está haciendo.
Siempre un país es algo que puede desaparecer.
Recomiendo como se recomienda un peliculón la entrevista en Posdata, de C5N, del Negro Oro a Duhalde. Duhalde tiene una versión de energúmeno (casi siempre radial o gráfica) y una pose de estadista (mas televisiva). Duhalde hizo una línea en el medio de la mesa y puso de su lado: manzaneras, clientelismo, políticas de Estado, y del otro lado puso a los cagones. Habló del kirchnerismo (mal) con la suavidad de quien desprecia algo que prácticamente cree acabado, y se dejó llevar por la metralleta de preguntas del señor Oro, cuya conclusión fue de sentido común kirchnerista gusano: "este año ya avisé, no animo más fiestas de Fundaciones, yo quiero más Estado". Obviamente... loas a Pepe y Lula, pero Duhalde aún obstinado en rescatar también la figura de Cardoso, aunque quizás sea su reflejo por ubicarse en ese ciclo evolutivo de gobiernos. La secuencia Cardoso - Lula es una continuidad trabajada por muchos: D'Elía la ponía como hipótesis al recontraprincipio (Kirchner es Cardoso y De Gennaro será Lula). Duhalde reducía todo a su tamaño: se consideraba un Cardoso de año y pico que había sentado bases para un futuro Lula. Duhalde dijo algo que mostró todo: la ventaja es que el pueblo pobre brasileño no tiene memoria de haber estado mejor. Claro, claro, claro. Los nuestros recuerdan, hasta 1974, la existencia del Estado Benefactor. Literal. Ninguno pudo decir que esa Memoria es capaz de explicar la raíz conflictiva de la política argentina. El conflicto construye Bienestar. El conflicto construye Estado. En fin, un día de terremoto virtual, mientras mucha gente militó a full la bandera del ¡no me rompan más las bolas!
lunes, marzo 01, 2010
viernes, febrero 26, 2010
¿Dónde ponerlo?
Los políticos de la prosa institucionalista parecen hablar de un mundo que fue, un mundo que existió, una comunidad primitiva del bien común donde el centro tribal eran esos “tres o cuatro temas” que no se discuten. ¿Cuáles son esos tres o cuatro temas que no se discuten? ¿Son tres o son cuatro? ¿La pobreza, por ejemplo? La pobreza claro que fue un tema indiscutible alguna vez. El problema no es discutir la pobreza sino discutir los instrumentos para paliar la vida de los pobres, que son los que representan en la tierra a la Diosa Pobreza. Terragno o Duhalde, son el recurso engolado de reponer una agenda que alguien pateó del tablero. ¿Cuál era la agenda previa a 2003? Está claro que los dos pueden mostrar sus pergaminos por haber discutido la convertibilidad en algún momento en que un dólar valía un peso, pero el problema de los que “piden agenda” es el problema de los que no quieren la agenda real, y ponen en escena la ideal, la que parece que ya negociaron todos. Y uno podría decir: ¿por qué entonces no ganan tiempo y cierran todos los acuerdos? ¿Por qué no nos dicen, por ejemplo, el punto exacto de retenciones que dejaría contentos a todos y se sientan a esperar la caída? El problema es que son concientes del peso y el costo de quitar de escena a los defensores de la agenda real. Que ya no es exactamente el kirchnerismo, ni los kirchneristas puros. Porque… ¿cuál es el peso político de Kunkel? ¿Cuáles son sus leprosos, como diría la Madre Teresa? ¿Cuáles son las bases que amenazan desbordar a D’Elía? El problema está en la posible capacidad de reacción de los beneficiarios del modelo, y en uno de esos nudos, el sindical. Porque la división de aguas kirchneristas y peronistas pasa por allí: por la división entre consumidores y productores de poder. (Muchos de los más fervorosos kirchneristas son consumidores de poder.) Lo que Luisito no puede confesar es que el costo de ser kirchnerista es haber abandonado la construcción de esas bases desbordantes. Y haber dejado un telón de fondo virtual (la FTV) cuyo capital político se concentra en el poder de fuego mediático de ese animal político que es, y que concentra su construcción en los mismos 5 minutos de televisión que el propio Chacho. Porque también Luis optó por eso mas que por las siete horas de plenario. A esta altura del partido, y con lo que uno lo quiere y lo ha leído, D'Elía es un hombre de clase media con acento de barrio. Quiero decir: el problema no son los kirchneristas, el problema es el carácter que fue tomando a través del kirchnerismo la estructura histórica del peronismo (¿dónde está la fuga de peronistas a los brazos de la disidencia?). Vengo de Haití y estoy en éxtasis, y si Haití es un descenso a la prehistoria, en una escala –y la comparación me condena- la política argentina que se ofrece como alternativa también es un viaje al pasado. ¿Exactamente en qué retroceso democrático y social se halla el punto medio de las instituciones? Un viejo leit motiv del Limón decía: "las instituciones en su inercia no nos llevan al paraíso". Los nombres de estos días lo dicen todo. El punto en que por estas horas está parado Menem es un punto exacto de coagulación de la política argentina: la dependencia opositora sobre Menem necesariamente habla de la calidad de la política argentina, pero sobre todo de la consistencia de aquellos que se amparan en la prosa institucionalista, de la verdad de su milanesa. Lo que Carrió no pudo decir es que ayer fracasó un nuevo pacto suyo con el Diablo, sobre todo ella, que vive de la denuncia de pactos, pero que está condenada al fracaso de sus pactos, no a la potencia de su intransigencia. Y Menem sigue ahí, y eso habla de una cultura que no construye su Consejo de Ancianos, que no blinda el aura personal de los ex presidentes (aunque hayan sido corruptos, fiesteros, vendepatrias). Nadie sabe dónde poner a Menem, y en algún punto, más allá o más acá de la conversación permanente del Fernández que nos queda, el kirchnerismo tiene resuelto el lugar de Menem: el pasado. Y lo que la oposición no sabe es dónde quedan los años 90: si adelante o atrás. Y ese error, aunque no necesariamente se debiera adscribir a una demonización ni a un lugar común, de no saber dónde poner a los años 90 ni a Menem, es el punto por el que se fuga todo el olor a futuro que prometen tener. Menem es esa vieja modernidad herida. Menem es el souvenir argentino de la globalización, de cuando giramos en la burbuja por el mundo y medíamos como un dólar, de cuando la estabilidad económica provisoria hizo estable la democracia para siempre. Y Menem actuó vengándose de los que dudan, de los que ya no lo llaman y que lo cuentan como a uno más. Menem se vengó de esa oposición que le debe todo: y que cada vez dibuja más su paraíso con la forma de la Argentina real de cuando él gobernó. Con todos los trazos gruesos y los errores comunicacionales el kirchnerismo sigue siendo mas el futuro que los otros, porque sabe dónde poner el pasado: atrás.
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