miércoles, abril 28, 2010

La televisora Globo decidió jugar fuerte en la campaña. Puso al aire la ficción Salvador de la Patria, donde el personaje principal, Sassá Mutema, de origen humilde, se postula para ser alcalde de su pueblo. Sassá gana las elecciones, pero cuando llega al gobierno se ve involucrado en crímenes y hechos de corrupción. El mensaje era sencillo: Lula podría repetir esa decepción en la vida real.

5 comentarios:

Nicolás Tereschuk (Escriba) dijo...

Ratas !!!!!!!!!!!

Anónimo dijo...

??

maiakovski dijo...

La nota, con la que acuerdo en todo, lleva a la discusión de un problema que saltó ayer en la entrevista que le hizo Tenenmbaum a Coscia. Coscia defendía la idea que sostiene cierta escuela del estudio del discurso mediático: los medios manipulan a la sociedad para el lado que quieren. Ponía el ejemplo de la 125 y el apoyo de la clase media a los ruralistas fogoneado por Clarín. Tenembaun le retrucaba que cuando salió la ley de medios, todos los medios qusieron repetir el éxito de la lucha contra la 125 y no pudieron mover a nadie. Es decir: no sé si la sociedad brasileña quería, realmente quería, a un Lula en el 89 y recordemos que Collor de Mello fue echado por insurrección popular al año de asumir, con O Globo o sin O Globo. No sé si una diferencia de dos puntos en Uruguay, más que hablar de la influencia de los medios privados, no habla de que hay una buena mitad de uruguayos que no quiere que en Uruguay se arme el mismo quilombo que en Argentina con los militares y sus violaciones. Recordemos que Argentina es un caso excepcional. Alfonsiín se rejugó cuando en la campaña del 83 decidio afirmarse en un implícito plebiscito sobre el tema. El 52% le dijo que sí, el 40 que no. A partir de ahí, la idea de que hay que hacer justicia con la guerra sucia adquiere legitimidad de origen. Cosa que no suced en Uruguay, en Chile, en Perú con los tremendos desastres armados por las FFAA en la guerra contra Sendero, en Colombia con los desastres cometidos por militares y paramilitares y en Brasil con el momento más duro de una larga dictadura militar que, después de todo, construyó el país que gobierna Lula. Esto último lo digo muy por arriba, estoy dispuesto a que una persona más informada que yo sobre historia brasileña me refute con data.

memo dijo...

Cuando lo que los medios dicen prende en sectores de la sociedad es porque ponen en el aire o en el papel algo, un humor, que está presente en la sociedad. Cuando se hicieron las privatizaciones acá las empresas funcionaban mal, para el orto; pero también había un Neustadt diciendo todos los días "señora ¿usted quiere que esto siga así, quiere esperar cinco años para poder tener teléfono en su casa?". Seguro que los medios, cuando miden no sólo lo hacen porque tienen una posición o vos dominante en el mercado, también, y sobretodo, porque tienen anclaje en un humor social.
No hay, ni nunca va a haber un instrumento preciso para medir los grados de influencia que ejercen o pueden ejercer los medios en la sociedad. Es difícil saber si esos 2 puntos que le faltaron a la ley de caducidad fue la consecuencia de que no se haya difundido por la cadena de medios privados. Pero también es seguro que se negaron a cumplir con una cadena nacional dispuesta por un gobierno democrático. Ese es el nudo: corporaciones o representaciones democráticas.
Abrazo y gracias.

maiakovski dijo...

Hay estados, si bien anómalos, en que la gente prefiere un corporativismo con rostro de abuelito bueno o de modelo top a las representaciones democráticas. Eso pasa en gran medida en los EEUU y también en varias naciones de nuestro subcontineente y ha pasado en Argenmtina, si bien intuyo que está empezando a revertirse. En nuestro caso, esa preferencia se cultiva entre el golpe del 76 - hasta donde da mi memoria viva- y el 2001. Por dos razones: el Estado se criminaliza, lo que es una paradoja horrenda (un Estado puede cometer crímenes, miren si no Israel, pero no puede ser totalmente permeado por un plan criminal: esa barbaridad pasó en Argentina cuando nosotros éramos chicos). Segundo paso: las corporaciones, a las que habría que nombrar más precisamente, demonizan sistemático al Estado, la política y finalmente el mismo concepto de representación democrática. Ese es el lado oscuro de diciembre del 2001, el revreso del lado utópico del "que se vayan tdos" y el anhelo de democracia directa. No sé si esas corporaciones soñaban o no con una Argentina tipo Centroa<mérica donde la representación política esté directamente digitada por corporaciones u oliggarquías extranjeras o locales. Pero no funcionó. El tándem Duhalde-Lavagna-Kirchner, en lenta progresión, frenó ese embate simplemente demostrando que, desprestigiada y todo, un sector de la clase política sí podía gobernar con relativa independencia de órdenes no emitidas por mandato popular. Ese éxito defensivo, ahora, yiene que ser llenado con contenido positivo. El primer intento de llenarlo con contenido positivo fue, con todos sus errores de implementación, de táctica política y de discurso, la resolución 125. Y fue así porque permitió que algunos nos planteáramos la pregunta siguiente: en una sociedad desigual, ¿quiénes pagan el costo de un futuro igualitario? La pregunta fue tapada por el estrépito y se irguió la sigiente estructura de causa-efecto: Cobos dijo no y el gobierno perdió las elecciones legislativas. A partir de ahí, se asiste a una reacción: ley de medios, ingreso universal por hijo, por "izquierda", reapertura del canje, reuniones con mandatarios yanquis rusos y chinos y si hubiera querido uin hindú también nos reuníamos, por "derecha". Entiendo por "izquierda" lo que el militante de a pie cree que afirma los derechos de las mayorías y por "derecha" lo que un Estado debe hacer, cualquiera sea la fracción política que lo ocupe.