jueves, abril 22, 2010

1
Pasé unos días en Bahía Blanca. Salté desde la pila de cables enrollados (“conectividad”) hasta la ciudad del orden, para conocer de cerca a mis amigos del Partido del Desorden. La lírica de la ruta es melancolía. ¿Qué pasó? La Tradición ensalza el Federalismo que la Tecnología sostiene: cuánto duró la fosforescencia del movicom del gaucho de aquel poema de Rodolfo Edwards.

2
Si una hipótesis sobre las Quillotanas fuera cierta (que Alberdi y Sarmiento discuten la autonomía del arte) esto tendría sentido. Hablo de un poeta contemporáneo y alberdiano que también cree “más valioso un cuero seco que el más logrado de los poemas”.

3
Plan Federal de Viviendas: a cada familia una casa, a cada casa una biblioteca, a cada biblioteca la literatura nacional. Lo civil no es exactamente lo contrario de lo militar, tampoco su continuidad. Pero, ¿dónde carajo estamos parados? ¿En un descanso de la ruta a Viedma? ¿En el camino inexistente fijado por el último utopista? ¿En un vagón de ingenieros radicales con valijas llenas de Australes que continúan la guerra de ocupación del Estado que se perdió en Las Islas? Estamos en la puerta de la Patagonia. ¿Adónde vamos? Vamos a la laguna La Salada. Raimondi, López y yo. Llevamos carne. Carbón. Leña. Vino. Todo lo compramos del otro lado del control fitosanitario.

4
Si los radicales imaginaron su pedagogía alrededor del binomio Sociedad & Estado, lo hicieron como inventario más o menos provisorio de lo que la dictadura había separado y permitía separar aún más, para que el aterrizaje del capitalismo en nuestra tierra fuera sobre un paisaje desierto. En estos años no llegó la imaginación al Poder, pero sí de un modo irregular y espasmódico llegaron imaginaciones al Estado. Sólo podríamos llamar a esa experiencia: Poesía Civil. (Los radicales también podrían haber llamado a la materia: Civilización & Barbarie. Está claro que lo bárbaro le tocaba al Estado.)

5
El Estado es una Gran Cebolla. Hay que pelarla sin llorar. El Estado tiene el corazón que cada uno elige que tiene. Las dos palabras del Estado con que se resume el ciclo de estos años (Memoria y Gestión) dejaron de rechazarse del mismo modo en que fueron capaces de revelar sus límites sólidos. Dos palabras que los años 90 separaron como a la paja del trigo. El corazón del Estado que yo elijo es el Museo del Puerto de Ingeniero White. El patrimonio más importante del museo lo constituyen “las voces del pueblo”. (Tuve orto: entre las pilas de voces y objetos del Museo me encontré a mi bisabuelo, Benito Rodríguez, primer práctico del puerto de Ingeniero White. En la memoria de los Bomberos Voluntarios de White que circula en internet aún se lee: El 6 de marzo de 1921 a las once de la noche se incendió la vivienda del señor Benito Rodríguez, y el fuego tomó tales proporciones que amenazó propagarse a las casas linderas de madera. Con tres líneas de manguera los bomberos lograron extinguirlo a la una y media de la madrugada, con "la eficaz cooperación de los marineros de la subprefectura local". Ahí estaba su casa hoy: chapa y madera.)

6
No sé si vieron el hecho del mes: un hombre sentado en un banquillo que alguna vez volará por el aire, en negociaciones que cumplen la condición de toda negociación (¡el triunfo de las partes!), sólo tuvo que apelar a un relato irrevocable como excusa pública (¡a las razones del corazón!) para que la mejor presidenta que el Banco Central puede tener ocupe su lugar en la Historia. Menem es el puente dorado de esa Mujer. Otra prueba inesperada de la continuidad. Menem lleva de la mano a Marcó Del Pont. Son detalles menores capaces de iluminar la escena…

7
Una usina rodeada por un pueblo casi fantasma alimenta la luz de varios municipios a más de 600 kilómetros: las lamparitas amarillentas del conurbano no aplauden la generosidad de la distancia de un pueblo en penumbras, el pueblo que rodea la usina. Así ocurren algunas conexiones. El Museo protege y cuida memorias que son del Estado, vidas que fueron el Estado: una cola fantasma de inmigrantes camina por el Paseo de los Bidones, el jardín del Museo del Puerto de Ingeniero White hecho con bidones, cubiertas, lavarropas, cajones de pescado… “que da cuenta de toda esa producción cotidiana”, y que es una historia de la producción de Ingeniero White, tal como el Museo lo presenta: “incluir el malvón que se acaba de plantar dentro de una batería General Motors en un patio del Bulevar”. De este modo: los antiguos trabajadores mantienen una representación, ya que el Museo contempla en ellos “criterios de organización”. Pero esas memorias no se afirman allí contra la modernidad: el museo del Puerto mira las transformaciones a su alrededor. Cargill, no te vayas sin mí. “¿Acaso un malvón o una hortensia forman parte del mundo de la naturaleza? ¿Quién se atreve a afirmar dónde termina la naturaleza y empieza la historia? ¿No es cualquier planta de cualquier patio de Ingeniero White un objeto histórico más, a partir del cual se puede indagar la vida personal, las relaciones barriales, inclusive la macroeconomía?” Poesía y ferretería: el Estado se hace cargo de la Memoria así la gente camina más liviana, así flota como si no tuviera peso, porque esa Memoria fue cedida, fue entregada al Jardín de la Memoria. Para eso sirve la Memoria, para eso sirven los museos: para que la gente Olvide. Y Olvido no es lo contrario. El Museo del Puerto de Ingeniero White es un Puerto entre mundos que flotan. Acopia la historia: la lucha de clases, las movilidades que construyeron familias, las revoluciones industriales y los cambios estatales. Donde hay Museo hay negociación, paz y frontera. Es un relato que se escribe sobre los del presente, sobre los que quisieran ser sus futuros fantasmas. De modo que el Museo contiene la memoria que alivia y, a la vez, sobre esa liviandad crecen las nuevas conciencias, las nuevas velocidades de la lucha y de la técnica, la Historia necesita sacarse el peso de encima. El Museo permite que haya Historia, que haya futuro, sin tanto pasado (lo retienen, lo cultivan). Gestión y Memoria hacen la vida más liviana: un Museo es un punto de fuga. Un lugar donde plantar la Historia para que la vida sea libre. Al menos esa es mi libre interpretación de un Museo que producen un puñado de hombres y mujeres (de estado).

8
Aunque el haz segado de trigo, a la luz última del día,/ asemeje su brillo al que tiene el oro, la Naturaleza/ no es un banco, y la flexibilidad de la vara no admite/ metáfora económica ninguna, salvo cuando restalla… (Sergio Raimondi)

5 comentarios:

cristian dijo...

muy bueno. pero ¿"hombres y mujeres de estado"?. ojalá. yo lo matizaría. porque están alberdi y sarmiento que nombrás, y están los hombres de museo de estado recurrentemente desdeñados por el estado. como los que trabajaron fuera del borde de la generación del ochenta, como lehmann-nitsche (museo de la plata). digo, para no ser tan optimista en lo que hace al continente. por lo demás el trabajo de raimondi, bianco y otros en el M/puerto es excelente.

paniagua dijo...

Que el paréntesis matice.

Che, Rodríguez dijo...

viste la solicitada y la conferencia? yo no vi el original de ninguna de las dos.
por ahí no hay que decir nada.
pero por ahí hay que decir que los pibes son de ellos.
que estos pibes no están en un estado permanente de apropiación (carlotto pide que los liberen)
habría que empezar a dejar de preguntarse de quién son hijos y empezar a preguntarse de quién, de qué, van a ser padres...
hay una especie de tiranía generacional. una cosa como de padres separados que se pasan facturas.
en algún punto va a haber que salir a defender la autonomía respecto de la filiación...
este no es el que más nos conviene pero hay otros.

Matías dijo...

Martín: ¡que grado de abstracción te produjo la ciudad del orden! unos días en bahía pueden ser letales.

el museo es difícil de abordar y de pensar. un lugar en donde todo lo que pasa pasa por algo. no es casual que hayas encontrado la foto de tu bisabuelo y el incendio ese día.

otto dijo...

che, buenísimo, buenísimo buenísimo