
(Hoy pensé todo el día en Bernardo Grinspun. El último político en la economía.)
Como dice el criador, Alfonsín fue un presidente de rienda corta. Hay que soportar la visión pasteurizada del recorte de hoy. Se podría agregar el video en el que improvisa frente a Reagan para completar la escena que creemos necesaria en su recuerdo. Alfonsinismo: sandinismo liberal. ¿Cómo era estar a la izquierda de la sociedad en 1983 y cómo lo es desde el 2003 para acá? En política exterior, en política económica, o en Derechos Humanos, podría pensarse que el alfonsinismo estuvo a la derecha del kirchnerismo, en un contexto mundial que también estuvo a la derecha del contexto del kirchnerismo. No había ni socialdemocracia latinoamericana, ni vanguardia bolivariana. Había, sí, restos de guerrilla urbana y rural, con las lamparitas de luz casi quemadas, pero con poder de fuego, y restos gruesos de paraestatalismo con dinero fresco de la administración Reagan, desparramado en focos intensos del continente... y un mundo bipolar. Alfonsín viajó a Cuba en 1987, y de esa relación de la que el viaje es producto, sacó provecho político para, según dicen, según cuentan, tener influencia sobre los restos izquierdistas del Cono Sur, para influir frente a la posibilidad de construir una salida democrática. Caso Chile. Acá, siempre fuimos fieles a la idea de que el kirchnerismo recogía y adaptaba los puntos suspensivos del alfonsinismo, con la prepotencia de trabajo peronista y una vocación de poder menos señorial. La imagen combativa de Alfonsín en la sociedad rural, en el post de abajo, sirve para desarmar un poco lo que envuelve su entierro: una lluvia de ceniza de no se sabe dónde, que supone un Alfonsín de ética gandhiana, el hombre que al final de su vida le besa el anillo a un cura. Hay un debate pendiente que tiró Graciela Fernández Meijide amparada en el mismo lugar de legitimidad que, por ejemplo, Hebe de Bonafini, en relación a qué significó defender los Derechos Humanos, en el mismo momento en que se estaban violando, cuando eso no acarreaba un inmediato rédito político y sin ser familiar directo de ninguna víctima. No estoy agregando nada a los términos de Graciela. Ese dedo en la llaga es un disparo certero sobre uno de los focos en los que las políticas alfonsinistas centraron sus mayores ilusiones y decepciones. Yo, hoy, digo que toda revisión crítica e inteligente que se haga del alfonsinismo, que se las merece, y sin ser radical, se debe hacer bajo un imperativo político: no discutir ni mencionar las llamadas "leyes del perdón". Aún hoy podríamos hablar de los "límites operativos" del proceso jurídico, que no pueden construir una justicia total. Si Alfonsín fue el padre de la democracia, no fue su dueño. Y la madurez que se alcanzó para la continuidad de los juicios sobre la represión estatal tiene una inscripción indeleble en la decisión concreta de abrir el tema (de lo que el peronismo no estaba convencido): eso fue Alfonsín, un presidente que no quiso dejar de hablar ni de tocar nada, amén del "error" de haber migrado toda-conflictividad-social a la dialéctica de la democracia y el autoritarismo, con toda la forzosa síntesis que ello implica. El disyuntor, como dijo Mario Wainfeld. La prosa boba de Cobos no puede tapar el bosque. Lo que hay que pensar hoy, lo que hay que decir, es que no se puede volver al alfonsinismo. Es un capítulo cerrado. Lo peor de los homenajes es lo de creer que no fue su "obra" una obra incompleta, que no supo completar. Porque entonces la democracia alfonsinista significa volver para atrás, retroceder sobre muchas de las cosas que se profundizaron ya. Esa es la discusión, no "lo eterno" de su legado, sino su continuidad. También palpó los límites de lo que significó democratizar. ¿Quién y en qué dirección se retoma? Y, a la vez, ¿qué cosas de la política hoy deberían reintroducirse del magma alfonsinista? La sensación de estos días es que hay "algo" del alfonsinismo que la política ha perdido. Que todos han perdido. Bueno, hasta acá llegamos.
Che... ¿qué pasó en la última reunión de la mesa de enlace con Giorgi?
Como dice el criador, Alfonsín fue un presidente de rienda corta. Hay que soportar la visión pasteurizada del recorte de hoy. Se podría agregar el video en el que improvisa frente a Reagan para completar la escena que creemos necesaria en su recuerdo. Alfonsinismo: sandinismo liberal. ¿Cómo era estar a la izquierda de la sociedad en 1983 y cómo lo es desde el 2003 para acá? En política exterior, en política económica, o en Derechos Humanos, podría pensarse que el alfonsinismo estuvo a la derecha del kirchnerismo, en un contexto mundial que también estuvo a la derecha del contexto del kirchnerismo. No había ni socialdemocracia latinoamericana, ni vanguardia bolivariana. Había, sí, restos de guerrilla urbana y rural, con las lamparitas de luz casi quemadas, pero con poder de fuego, y restos gruesos de paraestatalismo con dinero fresco de la administración Reagan, desparramado en focos intensos del continente... y un mundo bipolar. Alfonsín viajó a Cuba en 1987, y de esa relación de la que el viaje es producto, sacó provecho político para, según dicen, según cuentan, tener influencia sobre los restos izquierdistas del Cono Sur, para influir frente a la posibilidad de construir una salida democrática. Caso Chile. Acá, siempre fuimos fieles a la idea de que el kirchnerismo recogía y adaptaba los puntos suspensivos del alfonsinismo, con la prepotencia de trabajo peronista y una vocación de poder menos señorial. La imagen combativa de Alfonsín en la sociedad rural, en el post de abajo, sirve para desarmar un poco lo que envuelve su entierro: una lluvia de ceniza de no se sabe dónde, que supone un Alfonsín de ética gandhiana, el hombre que al final de su vida le besa el anillo a un cura. Hay un debate pendiente que tiró Graciela Fernández Meijide amparada en el mismo lugar de legitimidad que, por ejemplo, Hebe de Bonafini, en relación a qué significó defender los Derechos Humanos, en el mismo momento en que se estaban violando, cuando eso no acarreaba un inmediato rédito político y sin ser familiar directo de ninguna víctima. No estoy agregando nada a los términos de Graciela. Ese dedo en la llaga es un disparo certero sobre uno de los focos en los que las políticas alfonsinistas centraron sus mayores ilusiones y decepciones. Yo, hoy, digo que toda revisión crítica e inteligente que se haga del alfonsinismo, que se las merece, y sin ser radical, se debe hacer bajo un imperativo político: no discutir ni mencionar las llamadas "leyes del perdón". Aún hoy podríamos hablar de los "límites operativos" del proceso jurídico, que no pueden construir una justicia total. Si Alfonsín fue el padre de la democracia, no fue su dueño. Y la madurez que se alcanzó para la continuidad de los juicios sobre la represión estatal tiene una inscripción indeleble en la decisión concreta de abrir el tema (de lo que el peronismo no estaba convencido): eso fue Alfonsín, un presidente que no quiso dejar de hablar ni de tocar nada, amén del "error" de haber migrado toda-conflictividad-social a la dialéctica de la democracia y el autoritarismo, con toda la forzosa síntesis que ello implica. El disyuntor, como dijo Mario Wainfeld. La prosa boba de Cobos no puede tapar el bosque. Lo que hay que pensar hoy, lo que hay que decir, es que no se puede volver al alfonsinismo. Es un capítulo cerrado. Lo peor de los homenajes es lo de creer que no fue su "obra" una obra incompleta, que no supo completar. Porque entonces la democracia alfonsinista significa volver para atrás, retroceder sobre muchas de las cosas que se profundizaron ya. Esa es la discusión, no "lo eterno" de su legado, sino su continuidad. También palpó los límites de lo que significó democratizar. ¿Quién y en qué dirección se retoma? Y, a la vez, ¿qué cosas de la política hoy deberían reintroducirse del magma alfonsinista? La sensación de estos días es que hay "algo" del alfonsinismo que la política ha perdido. Que todos han perdido. Bueno, hasta acá llegamos.
Che... ¿qué pasó en la última reunión de la mesa de enlace con Giorgi?