viernes, noviembre 02, 2007

Y en una hermosa plaza liberal/ me detendré a llorar por los ausentes


Ni una semana le duró la ciudadanía libre a Lilita, y ya anda rondando la "excepcionalidad" que la hará volver a ser lo que siempre quiere ser: candidata. Pero quien creemos que no debe abandonar la política es Ricardo. No te apartes del camino. No, no. Ricardo, como Asís, como Rafael Bielsa, son esa raza política cuyo distrito es la palabra (Asís, dixit). Estoy leyendo "Razón o demagogia", ese típico librito de entrevistas al candidato, que apuntaba a las elecciones de 2003 (sin dudas su mejor momento), que nos perfila a un liberal auténtico, no un idealista exactamente (aunque), una especie de realista extremo de la condición humana que nunca confesará que el problema argentino es un disciplinamiento que en la superficie se revela como drama moral: la economía nunca es salvaje, salvaje es el hombre político subido a su lomo que no se acepta derrotado ante ella. La economía no acepta la interferencia emocional del hombre, menos si eso se traduce en lo que para él es lo mismo: desde un pedido de coimas por licitación hasta una huelga, todo es hecho por la misma mano horrorosa. Ricardo: cuando habla de planes sociales imagina comedores de campaña atendidos por militares, esas cocinas industriales, ay... Ricardo: cuando habla de inmigración habla del "trato" al forastero, al que se le debe dar morada pero no casa, atención pero no empleo... Como dijo Rosendo Fraga sobre Chacho en octubre de 2000: la Argentina no se puede perder un hombre así.



4 comentarios:

tarumba dijo...

LM no es liberal, es neocon... Un liberal banca el matrigay, el aborto, eutanasia y qué se yo.
Un neocon es a un liberal lo que un troskista a un socialdemócrata.

tomas dijo...

Creo que LM está bastante lejos de ser un neocon...

Es un conservador a secas.

Tarumba, tu definición de liberal es en inglés. Todo eso que decís es liberal en Estados Unidos.

tomas dijo...

Porque en español, liberal means conservador.

maiakovski dijo...

El sentido de la ironía de Paniagua amenaza comerse todo, envalentonado por la victoria.