jueves, noviembre 01, 2007

La ciudad heterogénea, el interior homogéneo

Ciudad – campo, ciudad – interior, y ayer leímos uno de sus mas intensos niveles (“Ciudad – campo popular”).

Tengo dos ráfagas horribles en la memoria: una, trillada, en boca de Raúl Portal, apuntaba a la necesidad de que exista en la ciudad una “plaza de la protesta”; y otra, mas personal, en uno de mis trabajos “de campo”, donde el presidente de una cooperativa de cartoneros del barrio Ramón Carrillo, de Villa Soldati, frecuentemente afirmaba “ayer fui a la Capital, mañana voy a la Capital”, y así. ¿Dónde queda, dónde empieza la ciudad? ¿Quién es el porteño? ¿Porque en vez de compactar la ciudad no pensar sus nervios, visiones de la ciudad desde adentro de la ciudad?

La ciudad de Buenos Aires, ni mas ni menos, tiene su propia dimensión territorial que -si le damos cierto crédito al alcance de mi ejemplo 2- es una construcción social compleja. Su “poder de fuego local” hace del porteño uno de los sujetos políticos mas controvertidos del país, porque sí, es cierto, el análisis de sus desempeños electorales históricos no hace mas que abonar a las tesis mas simples y llanas. Pero qué sería de la "teoría social" sin ese diálogo con los sentidos comunes, los latiguillos, los lugares comunes, que son como los machetes de la lengua para entrar a la selva de signos. Una ciudad que es sede de los poderes nacionales (cosa que impacta naturalmente en su territorio en un país que viene de los conflictos de parto de la crisis y que surfea las “tensiones del crecimiento”, metáfora que amo) lo vuelve como una involuntaria caja de resonancias.

Otra ráfaga de la memoria incompleta: cacerolazo, 19 de diciembre de 2001, esquina de Laprida y Córdoba, una mujer, fácilmente reconocible como orgánica de la clase media, llorando, mientras se queman un par de bolsas de basura en la esquina, entre la emoción por "conquistar" ese territorio público perdido, alcanza a balbucear, "no, no quemen, nosotros no somos piqueteros".

Quisquilloso, le decía Cristina a Bonelli, con sensualidad, con odio. Gordito.

1 comentario:

Federico dijo...

Pensando esos límites, esas tensiones, en un aspecto mas bien "político", creo que la clase media ha logrado ganar una batalla cultural, una batalla hegemónica: la ciudad le pertenece, la ciudad es "la gente", la ciudad es la bajada de bandera de los taxis (con su pequeña lucha de clases al interior de cada aumento)y la cuota de las prepagas. El voto reciente, mas que en términos de gorilismo, de oposición, es un voto de programa: se construyó un bloque social -donde por ser poroso, por ser inclusivo logró ser mayoritario- que tiene conciencia de si mismo, mucho mas que el por ahora neblinoso "sectores populares" cristinista. Tiene también un temario político. Con Carrió y con Macri, mas que mostrar diferencias internas, muestra su fortaleza: son meros repositores de su programa, que es permanente: la argentina es (deberia ser) blanca. No se me ocurre otra palabra para sintetizar tantas cosas.
Saludos.