miércoles, octubre 27, 2010

La muerte de un político

El clima de reunión del final de la batalla no es el clima con el que Néstor soñaba. Esa idea de tregua que impone la muerte es lo que más conspiraba sobre la capacidad de pensar justamente en su propia muerte. Era incapaz de hacerlo. Era malísimo cuando era solemne, ese susurro que separaba la paja del trigo en su mente, buscando algo que no destilara veneno y que era, de verdad, demasiado poco. ¿Alguien creía que ponía la otra mejilla? Su solemnidad real era la voracidad invisible, su cólera corriendo en una cinta magnética. Olivos estaba habitado por un irreductible. Con un machete pasaba las horas de rabia, que eran todas las horas de su vida en el poder. Nunca más los jardines de Olivos estarán habitados por alguien tan caprichoso. Tan irreductible.

Fue el verdadero presidente laico que no pensó nunca en su propia muerte. Su laicidad profunda era esa. Porque pensar en la trascendencia es perder demasiado tiempo. Para él no había nada después de la muerte. Sólo el tiempo vertiginoso de progresiones y acumulaciones, guiado por un instinto salvajemente táctico. Néstor no tenía públicamente la “comprensión por el rival”, esa humanidad final que está en todos y de la que el orden democrático hizo su límite férreo y sagrado, donde las culpas finales sólo cabían en un solo catalizador, que era el Estado. Néstor no alcanzó a repartir los panes, pero pudo –y mucho- repartir las culpas. Su perdón sobre los otros era íntimo. Y existía. Obvio que sí.

Néstor le daba legalidad a un sistema de venganzas necesario. Porque era un vengador anónimo de la política al que todos los presidentes democráticos argentinos deben tributar. Se va, y deja en pie la estructura del viejo régimen, de cuya decadencia se aprovechó, como quien entra pisando escombros. Pero en mejores condiciones también dejó a la sociedad donde se asienta esa estructura. Hay que empezar de nuevo. Néstor era siempre ese suspenso, el eterno retorno que reza que “hay que empezar de nuevo”. Sólo él podía volver del infierno del piso 14, del Hotel de la Derrota del que no se volvía.

Néstor fue artífice de un proyecto político nacional donde el único verdadero límite, el más visible, era su cuerpo. Para él quedaba un solo cuerpo por matar en la democracia argentina: el suyo. Un profeta sin profecías, que se peleaba con la realidad por todo lo que tardaban en hablar esos cambios, en construir un signo que era incapaz de decirse en él.

Néstor fue un hombre que pidió lo que se le debía a la democracia y a la política del peor modo posible. Con la extorsión sublime de los votos, en los que no creía tanto. Porque para él votar era un punto de partida. Por eso los votos que tuvo eran incontables, nunca alcanzaban, ni cuando eran muchos ni cuando eran pocos, como cuando despreció la diferencia de su derrota, unos “votitos”, unos “puntitos” en esa provincia, que fue su obsesión. Su “basta para mí basta para todos” congeló una inercia y fue el fastidio de un ideal corporativo donde la política era un salto con red. Aunque su imperio esté construido adentro de la política, en un lugar tan metafísico como puede ser Calafate o la provincia entera de Santa Cruz para la enorme masa de argentinos que viven apiñados en ciudades y conurbanos.

Hombre de ningún lugar, del sur que casi no existe, el domicilio gélido de una política que supo interpretar mejor que nadie, aún siendo un orador escaso, el hombre de las doscientas palabras, como lo llamaba Elisa Carrió. ¿Hacían falta más palabras? Él era eso: el hombre de las doscientas palabras.

El sur parecía el destino irreal en el que habían caído los soldados de las dos guerras modernas: la de las Malvinas y la guerra sucia. El destino de ese relato alucinado que hablaba de un tren al sur que se llevaba a los desaparecidos en vagones frigoríficos. No el sur como liberación. No el sur del Bolsón y de las comunidades alternativas, las comunidades originarias, el frío sin humedad y malaria donde la gente se hace libre. Sino un depósito frío donde fue a hacerse poderoso. Una Patagonia que funcionaba como museo, Disneylandia abandonado de lo nacional y popular. Algo que había quedado con respirador para cuando la inmortalidad se inventase. Néstor: tu único heredero no es el pueblo. Tu único heredero es la asignación universal por hijo. Tu único heredero es un puñado de leyes. Tu único heredero es una telaraña que no se podrán sacar de encima todos los que te querían sacar de encima. Ese quilombo de mediaciones que se fueron reconstruyendo entre política y pueblo.

Néstor no se quedaba a esperar la poesía de los gestos y de las cosas. Se iba rajando de la melodía desencadenada. Tenía otra reunión, y después otra y otra. Salvo, cuando había que zambullirse, cuando había que tirarse encima de la gente. Como diciendo las dos cosas a la vez: abracémonos y háganme mierda. Arrúguenme. Quiero salir quemado del fondo de la olla donde hierve la ansiedad. Quiero que me afanen el reloj. Que se lleven la Bic. Que me arremanguen el saco.

Néstor es el artífice del dificilísimo equilibrio. Del fifty-fifty de la política con el poder.

Se fue el mejor presidente que tuvo la democracia argentina. Y un clima notable reinterpretará su dimensión. Enorme. Enorme.

26 comentarios:

Javier dijo...

No puedo mas que agradecer este texto maestro , en un dia muy doloroso para todos .

Un abrazo

Cresto dijo...

Bien, Martín. Lo mejor que leí hasta ahora

Un abrazo grande

Todavía no me cae la ficha.

Hal dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Un fuerte abrazo.
Se fue un grande
que nos devolvio la militancia y
que remonto una bandera
que los 90 se habian ocupado de
enterrar. Indalecio

Hal dijo...

"‎-¿Adónde vamos, papá?- preguntó NicK"
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/hemingway/campamento_indio.htm

pablo dijo...

gracias, martín

Anónimo dijo...

Excelente post, felicitaciones. Y qué triste, che. @Mataretugato

Comandante Cansado dijo...

Enorme, sí. Un abrazo.

bahia ruge dijo...

crudo, certero, emotivo... impecable

Anónimo dijo...

¿Cómo puede ser que se admire tanto a un político que amasó una fortuna de 100 millones de pesos mientras desempeñaba cargos públicos? Que en paz descanse. Viva Argentina y la democracia!

Mauro A Fernandez dijo...

Cada vez más frecuentemente replico aquí y allá los posts de Martín, como este, como otros. Eso, dadas su justicia poética y su riqueza ideológica(¿Se parecen esas cosas?)

gelly y obes dijo...

"¿Cómo puede ser que se admire tanto a un político que amasó una fortuna de 100 millones de pesos mientras desempeñaba cargos públicos? Que en paz descanse. Viva Argentina y la democracia!"

Siento algo parecido... Reconozco muchas cosas geniales de su gestión, y al comienzo yo pensaba que era el mejor presidente que tenía la Argentina desde hacía cien años. Pero no sé... No podría, pese a eso, estar en la plaza homenajeando a alguien con un pasado tan oscuro, con tantas sospechas encima, que se enriqueció en la dictadura, que fue ultramenemista, que compró campos a precios ridículos, que escondió quién sabe dónde la guita de YPF, etcétera... No me parece una gran persona, alguien que se merezca que me conduela.

Igual el post es muy bueno. Saludos.

Anónimo dijo...

muy bueno el post,siento mucho la perdida de un lider politico a nivel mundial y latinoamericano tan importante para todos,con sus contradicciones pero resaltando lo mejor de su gestion y el legado inmenso de soberania nacional,de no reprimir,de trabajar cada dia,sabiendo que falta mucho aun y que poco se puede construir si no hay un poder economico fuerte que contraste con el enorme poder de las corporaciones,es el resumen de mi humilde vision,nada mas.gracias nestor.gracias y viva la patria.

Anónimo dijo...

«Si estas palabras te pudieran dar fe, si esta armonía te ayudara a crecer, yo sería tan feliz, tan feliz, en el mundo, que moriría arrodillado a tus pies»

Hay que tratar de no perderse en la espesura del rock coyuntural, Martín. Quiero decir: que los que somos estemos precavidos. Aprendimos, y vos lo deberías saber, que la nota más pesada es la que más se deja oír. No hay, no hubo, tregua (sino leelo a Fraga, que es como decir: leelos). La ley de asignación es de Cristina. Y sí, el político sí pensaba en su muerte. De un modo genérico, te lo concedo: pero era la idea de la sucesión lo que lo obsesionaba.
(El Turco)

Anónimo dijo...

exelente rodriguez. Un abrazo enorme de corazon para vos y para todos los que todavia creian/creen en Nestor y su proyecto y salen a honrar la militancia todos los dias.
El mejor presidente de nuestra corta democracia, lejos.

abrazo

javi

pablo dijo...

para gelly y obes; vos debés creerte muy importante, y sos un idiota que replica a otro idiota anónimo. si pensás que kirchner laburaba para gente como vos, estás equivocado; ese adjetivo, "genial", habla de lo que sos: un representante de la banalidad del bien, esto es, un idiota útil

Anónimo dijo...

Martin, felicitaciones. El resto de los adjetivos sobran.

Abrazo

pablo dijo...

los anónimos sobran

Anónimo dijo...

Julia que baila con tachos y calles y el mar
ya se va, ya se va
la prometida del rey de los locos quizá
o tal vez
partirá
en la madrugada
con el nuevo sol en la nariz
por probar el vino y el agua salada
por olvidarse de ser rey y ser feliz

Los cucús lloran, los diarios no salen jamás
ya no hay pan, ya no hay sal
las niñas han regalado sus piernas al mal
satanás volverá a bien castigarnos
por dudar del rey de este lugar
por probar el vino y el agua salada
por la gente murió nuestro rey en paz

Pomez dijo...

Excelente post. Sincero, emotivo, HUMANO-COMO-KIRCHNER

pablo dijo...

estás contento, anónimo? así es la vida

Anónimo dijo...

Sorry for my bad english. Thank you so much for your good post. Your post helped me in my college assignment, If you can provide me more details please email me.

Anónimo dijo...

sorry, fuck you!!

otto dijo...

Me acaban de recomendar leer este blog y es necesario decir que me parece excelente.

Mario Gandolfo dijo...

A mí me parece una bosta.

uno que lo conocio mucho dijo...

Muy buen texto pero lamentablemente hablas de otra persona.