lunes, febrero 08, 2010

Me dormí pensando en el modo en que es capaz de penetrar la idea de muerte en un político. En cómo se fija en la mente de un animal político su propia finitud. Quiero decir: todos nos acostumbramos a un Kirchner que ni siquiera es capaz de leer la temperatura. Un Kirchner que hizo carne el descuido formal (sus bic y sus sacos cruzados) con que penetró el sentido común, y que ahora aparece como el descuido de algo más profundo: un hombre sin sueño. Alguien que no resiste que se le cuente el argumento de una película. Cinco celulares sonando y cuyo despertador puede ser un simple minuto de esto. ¿Y el límite cardíaco es una llamada que viene de dónde para un cuerpo así? ¿Cómo se oye el cuerpo real? ¿Siempre es el mismo sueño el que se sueña: quien intenta correr rápido y no puede mover las piernas? ¿Los políticos de la democracia son políticos que carecen de un pensamiento acerca de su muerte? ¿Son políticos sin "existencialismo", que no reflexionan sobre ella, o que entregaron ese pensamiento -no por un efecto secular- sino por pura entrega, porque no tienen derecho a pensar en su muerte? ¿Cómo es estar solo, sedado, y respirar en una habitación blanca, para un político al que los días, sus 24 horas, les resultan cortos, una especie de día antártico, sin noche, un mundo de total confusión entre lo privado y lo público, entre la luz y la sombra? ¿Afinará la construcción de descendencia haber tocado ese pequeño fondo, oír por un solo momento el sonido de una sola campana, la del corazón real, muscular, ese pedazo horrible de sangre que chiva y que quisiera estallar alguna vez sobre una camisa blanca? ¿O lo contrario, o afirmará el borramiento de la muerte personal en el horizonte? Para mucha gente es difícil representarse que Kirchner duerme. Para mucha gente dormir es saber que Kirchner no duerme. Y Kirchner ahora aparece como el rostro de un perfecto Frankestein del laboratorio 2001. Como si todas las interpretaciones juntas dieran la suma de un político así. En siete años el único límite es su cuerpo: y ese mensaje es insoportable para todos los lobos. Para todos los lobos que con Kirchner se disfrazaron de corderos. Y ese, incluso, es el modo en que Kirchner les permite un punto de fuga hacia un futuro que también les pertenece, porque la patria somos todos. El segundo descontrolado y efímero en que se me representó la muerte de Kirchner fue horrible. ¿Dependerá de Kirchner reconocer otro límite más que ése? ¿Alguien imagina a Kirchner mirando su propio cuerpo, poniendo la lámina de una radiografía contra la luz y entrecerrando los ojos? Una idea de muerte es un modo en que la historia pide estilo, estética; no es dejar de fumar, sino fumar al lado del camino. Como dijo Fito.

6 comentarios:

Gerardo Fernández dijo...

Esta noche abro La Bloguera leyendo esto ¿Qué otra cosa mejor tengo a mano?

Anónimo dijo...

Nada.

Vita dijo...

Bello, sublime. Si puedo copiarlo, lo hago circular.

Alejandro dijo...

Aguante Néstor
hay que quemar la nación, tn y la sra

paula dijo...

Te esperamos con este nuevo título en Librería Del ciclista.
Escribinos - si querés- a libreriadelciclista@gmail.com

Paula Y Diego

paula dijo...

www.delciclista.blogspot.com