viernes, septiembre 22, 2006

Yo formé parte de un ejército loco




Se metió tan adentro que termina el libro escribiendo "... hubo soldados que fueron mucho mas valiosos que otros que ni siquiera fueron soldados, pero que luego se ocuparon de reconstruir la épica de una generación desde su propio ombligo". Mas adelante dice: "... teñido de una épica degradada." No importa de quién habla, o sí, aunque ya sabemos; la disputa por salvar al soldado desconocido es lo que antecede a una gran Nube de Polvo y Olvido que deberá tapar esta historia de la que somos hijos desgarbados, desgraciados, ilegales. Larraquy ya probó con Galimberti, sí, y dedujo que se puede hacer literatura, contar una historia, procesar la esquirla mas intensa del relato democrático no para decir: vivimos en las esquirlas intensas de esa ruptura originaria, muy por el contrario, para decir: la historia es lo mas democrático que hay, por ende, nadie queda afuera, ni siquiera los anónimos. Pero la palabra anónimos, memoria, olvido, pueblo, tiene acá el adn de una historia: la de la historia política específica de los que hicieron la colimba leyendo a Cooke, a Cristo, el diario de la motocicleta, y tomaron al pie de la letra TODO ESO QUE LEÍAN. Falta el relato de la prudencia, el miedo, el hartazgo y la complicidad social a la que se vio comprometida y precipitada el resto de la comunidad organizada. Pero eso será cuando las últimas víctimas (los indiferentes) tengan la pluma y la palabra.

Tá bien. Soldado a la locura se puede perder el hilo de la historia: como dijo Bielsa, cuando todavía el billiken montonero no era luz, "es fácil hablar con el diario del lunes". El libro, despojado, se acerca al tono ideal. Fuimos Soldados elude toda impronta morbosa, aquello que es carcomido por el virus humanitario, donde la batalla de la pólvora se hace cenizas en esa ciénaga de la condición a que se reduce -en el mejor de los casos- la tortura: el pozo. Digamos: el pozo palpitante respira siempre en el fondo de los relatos setentistas, la violencia del relato tortuoso fue partera de este pedazo de democracia sobre el que respiramos, comemos, nos educamos.

Toda organización se preserva a sí misma, sólo quiere sobrevivir a los flujos coyunturales. Y el laberinto de insinuaciones que promueve a la filtración de la cúpula de la Madre Orga como motivo de que -por ejemplo- en la segunda Contraofensiva la mayoría caiga en la frontera, no es desde acá, lo que mas nos interesa... (Putaqueloparió con mis oraciones largas). Como dijo Julio Bárbaro: solamente la militarización pudo hacer que esos tipos conduzcan a esos tipos. No, esa no es una buena respuesta, aunque sí una buena idea. Lo que había que preservar era la organización (que es la que sólo vence al tiempo, al espacio, a la guerra y a la política).

Montoneros es una marca de lecturas, un sistema de guiños: por eso este gobierno es Montonero. Montoneros es una forma de intervención político-comunicacional. Montoneros es una secuencia simbólica practicada sobre el hilo suelto de la guerra peronista. Montoneros es una masonería blanca adentro del negro católico. Montoneros es la forma radical de pertenencia al peronismo de las capas medias: nació en un pliegue del manto negro peronista y quiso ser luz. Montoneros es una novela que a las 22.30 nos cautiva. Larraquy: nada es anónimo, se cruzarán dos calles en un futuro, la del nombre real con la del nombre de guerra, y la plaza de la república quedará en esa intersección (lo que vaga en la ignominia halla su forma civil...).

Toda esta sangre es oficial. Lo que dijo M en su alegato: todos los muertos son de todos, y trataba de salvar a los suyos, como intuyendo este final, o esta alborada.

3 comentarios:

Lunita dijo...

Falta el relato de la prudencia, el miedo, el hartazgo y la complicidad social a la que se vio comprometida y precipitada el resto de la comunidad organizada.

Justamente los indiferentes no agarrarán la pluma y la palabra (a menos que sea negocio, creo). Quizás una apuesta pueda pasar por construír también esa parte de la historia no oficial. Pero para eso hay que salir a buscarlos. Y enfrentarse a su complicidad. Y lograr que además, se enfrenten a sí mismos. Tá dificil…

Anónimo dijo...

El relato de los indiferentes está, en parte, en algunos libros de Fogwill y Asís, que justamente son dos escritores menores. Los indiferentes siempre son el Gran Redil, los fáciles de conducir, los antiépicos y , como decía Martínez Estrada, a los escritores argentinos les gustan las epopeyas.

Anónimo dijo...

maiacorky, los indiferentes no serían mas bien, justamente, los difìciles de Conducir?