domingo, septiembre 20, 2009

No todo el mundo puede leer el proyecto de Ley de Servicios... (LSCA) pero es indispensable algún mínimo de difusión de sus líneas generales, para desactivar malentendidos. El proyecto ya fue modificado en diputados, o sea que lo que podemos leer y bajar es un poco desactualizado. Pero el núcleo duro del proyecto sigue. Hay algunas zonceras en torno a la ley que rápidamente recubren toda su visión y que tienden a lo obvio: a que todo el mundo repita que se trata de la ley de control de medios K. Habría derecho a que se difundan respuestas sencillas a las brutalidades comunes que van migrando hacia el sentido común, porque lo que todo el mundo tiene derecho a preguntarse es el modo en que la ley, y todo lo que se debate hoy, repercute en su vida. La LSCA no le va a cambiar mucho la vida a nadie, no de una manera notable, ni va a desarticular los núcleos de "horrible" sentido que en el sentido común los medios parecen producir, según creemos. Quiero decir: toda la fuerza política, social y oficial que empuja esta nueva ley enfrenta una cultura, el status quo no simplemente del monopolio privado de un "bien público", sino del estado de una sociedad. Es una ley, también, que expresa un malestar de minorías sobre mayorías. Sí. Pero los mismos programas, el mismo minuto a minuto, los mismos parámetros tecnológicos, los mismos culos, chistes, etc., se demandarán tras caer el Muro de Clarín... No nacerá una nueva sociedad que arrojará su desdicha para inundar el canal Encuentro, y que ingresará cantando a la milicia para buscar en medio del monte a nuestros hermanos los indios. No. El impacto será invisible, como todo lo esencial, y sobre un grupo económico que se fue instalando y que su posición dominante se desarticulará en un nuevo capítulo de pequeñas negociaciones, fugas y traiciones de las que decantará una televisión a la altura del capitalismo y el mercado argentino. Es decir, una ley que dejará las cosas mas o menos como están. No habrá misas soviéticas, filmes de la República Perdida, etc. Si la desarticulación del tejido social supuso una sociedad mas atomizada y fragmentada, como reza todo nuestro cancionero de protesta, eso quiere decir que esta será una ley cuyo espíritu rebota en los núcleos duros de la comunidad organizada, pero que no alterará la paciencia de nadie. Una ley pensada por un activo, con una usina intelectual, académica, y con todo el peso y la demanda con que desde allí se piensa lo social. Una ley para un activo social. Una ley que no tiene un razonamiento capitalista central, sino que hunde sus raíces para regular modos de producción. Y que reconstruye el hecho maldito de la democracia: el orden, la autoridad estatal.

El proyecto de LSCA establece que los dueños de cables no pueden tener señales nacionales como TN, porque sus competidores podrían tener problemas para entrar en la grilla de programación. De esta forma, TN debería ser vendida a una empresa que genere señales y no sea dueña de cables.

8 comentarios:

Diego dijo...

Yo quiero que la ley también se ocupe del canon literario porque a veces me siento mal cuando se le reza a un autor que no me gusta y están todos en silencio con las manos juntas y la cabeza gacha y si digo algo me miran mal por un segundo o me hacen la cruz para siempre.
¿O esa cultura está bien que se "auto regule"?
Lo que hay que ver también y que se va a terminar viendo si la ley sale, es el real poder que tiene la ley en democracia para orientar contenidos. Se habla de monopolio, ok, es una categoría económica. Está en otro plano que los parámetros tecnológicos, los culos, los chistes, Tinelli, Susana, Niembro, etc. En principio son dos órdenes de cosas. Sería casi gracioso dentro de unos años ver a gente que hizo todo este quilombo esperando cambios culturales cuando lo que se obtuvo fue una simulación de competencia perfecta en un determinado mercado tal como lo indican los manuales de economía bastante neoliberales, el neoinstitucionalismo, por ejemplo. Stiglitz con quien se reunió Cristina esta tarde.

Anónimo dijo...

Y sí, casi todo quedará en la ley. En la ley escrita. Dicho para quienes sueñan con lo que espontáneamente pudiera cambiar.

Hal dijo...

Los manuales de economía bastante neoliberales no contemplan las leyes antimonopólicas, Diego. Y nadie espera milagros de este proyecto, nos conformamos con limitar un poco la concentración y permitir que se filtren algunas otras voces.

Sol dijo...

ah si no va a desaparecer tinelli mi firma sacala.

Diego dijo...

Sí las contemplan, Hal, eso es lo que los hace "bastate" neoliberales y no neoliberales del todo. La teoría de la regulación, la institucionalista y demás, beben de las mismas aguas que el neoliberalismo puro, después se separan haciéndose los locos en Columbia o en Harvard. Esto no es una crítica sino tomar un poco conciencia del mundo posible en el que pensamos la política. También es terminar con antinomias entre familiares. O sea, si hay antinomia no es por la política económica.

Está bien que esperes eso y no otra cosa de esta Ley, creo que estás bastante ubicado.

Hal dijo...

No, Diego, las leyes antimonópolicas son muy anteriores a los tiempos en que se acuñó el término "neoliberalismo" para describir, justamente, al neoliberalismo. Y son, más bien, hijas de la heterodoxia, de una idea de mercado imperfecto que no se autoregula. Ni siquiera son instituciones liberales, en el sentido cabal de la expresión. Cualquier (neo?) liberal que se precie de tal vería allí el huevo de la serpiente intervencionista. Por eso nos gusta.

Diego dijo...

Claro, Hal, la diferencia está en el diagnóstico que hacen de la realidad capitalista. Unos dicen que los mercados se auto regulan bien y los otros dicen que para que los mercados funcionen bien necesitan ayudines del Estado. Pero el ideal es el mismo. Una estructura de mercado de competencia perfecta. Algo que a mí no me horroriza, pero que es eso, gente variada compitiendo por meter sus productos en un determinado mercado. El mundo que tendremos en el mejor de los casos será ese, el ideal de toda esta banda.
El tema grozzo es ver cómo se relacionan los contenidos del mercado de la comunicación con estas diferentes estructuras de mercado. Lo que yo me arriesgo a pensar es que si el Estado no mete una cuña medio grosera y fascistoide, o sea, si se limita a impedir monopolios, los contenidos no van a cambiar mucho. Susana y Marcelo pueden dormir tranquilos allá arriba.



Saludos

Hal dijo...

Lo resumiría así: algunos creen que para que las sociedades funcionen bien es necesario articular Mercado y políticas públicas ("todo el Mercado que se pueda, todo el Estado que haga falta", decía la socialdemocracia alemana). No sólo para garantizar la competencia, cuando corresponda, sino para hacer posibles ciertas formas de cooperación.
Esta ley permite que nuevos contenidos puedan llegar al Mercado y competir con Susana/Marcelo. Una historia diferente, no necesariamente grosera y fascistoide, es ver cómo hacemos para que los medios dispuestos a abrirse a otros contenidos resulten competitivos. Seguramente, será necesario trabajar en sociedad con el Estado.
Saludos.