martes, marzo 06, 2007


Pasa algo extraño en el tumulto de la campaña: una suerte de discurso político hecho cenizas, que cada tanto se inflama, sólo, sólo, para mostrar la intemperie, quiero decir, ayer o antes de ayer, Lilita, pega un golpe de efecto que vuelve a actuar exactamente como síntoma tan solo de lo que fue su horrible evolución. Quiero decir: su sonrisa glamorosa que da la señal del placer que produce en ella "provocar" al poder y a los Fernández, no disimula el odio al que fue arrojada desde que su desnutrición discursiva la hizo cabalgar exclusivamente sobre el potro blanco republicano. Quiero decir: soltar la mano de su partido es, a las claras, el único gesto decisivo del que es capaz, y que sólo hiere a un conjunto de cuadros políticos intermedios, parlamentaristas, nada despreciables por cierto. Despojada de todo, encara la tarea a la que se vio obligada como lo indica el manual progresista: se está a la izquierda o se parte de la izquierda, y se gesta desde ahí, desde ese sitio fijo (le pasó al Chacho, a Ibarra, etc.), el desespero por torcerse hacia la derecha, por demostrar que como ya se es de izquierda, ahora hay que hablar y mirar a la derecha, partiendo de un convencimiento de apariencia pragmático: no es nuestra obligación correr a nadie a la izquierda. Quiero decir: la izquierda originaria como complejo que graba una especie de pasión inestable en la que es difícil sobrevivir, y entonces, claro, todos los gestos se hacen hacia la derecha. Lo que termina como termina en Lilita: somos de izquierda en el país del genocidio, porque somos la derecha noble. Si fuese dicho así, si fuese expresado en términos que den cuenta de la verdadera torción ideológica, quizás, sí, podríamos tomar en serio eso que ahora llaman "coalición cívica", y que tiene olor a respirador artificial... El domingo, Macri y Lilita, dijeron de manera distinta aquello de que ninguno para construir tiene ideología. Ja. Lo extraño en ella es la persistencia inconciente en una idea mesiánica de que la política precisa casi exclusivamente de figuras, hombres, mujeres, de los cuales se parte, de su ética privada, marginando las cuestiones orgánicas, ¿no? Miren esta frase hablando de cómo asume su relación con el (a esta altura) gran Partido Socialista: Hay una figura del socialismo que ha resistido, que está en la entidad de un Alfredo Palacios frente a la cooptación y la diáspora, a quien hay que acompañar en todos los pasos: Rubén Giustiniani. El es quien va a salvar al socialismo. Eso de quien va a salvar, ¿no? Esa esencia preservada en un hombre, quizás, choca de frente con los acuerdos pre-ideológicos, porque como dijo Li-Fi, lo pre-ideológico, ay, es el caos original (o el pejota).


Para muestra:


1

—¿Cómo define al PRO ideológicamente?
–Es una propuesta posmoderna de gente común que se hartó de los guitarreros, que quiere “al pan, pan y al vino, vino”, y que no se casa con una corriente ideológica. Se casa con soluciones prácticas de cada problema. Es un partido posmoderno, por lo tanto, no se puede definir ideológicamente.


2

-¿Quienes integrarán la coalición cívica?
—La piedra de corte es la honestidad, no la ideología. Lo tengo muy claro, como lo tuvieron en claro Echeverría y Alberdi.

1 comentario:

paula dijo...

que le hagan La Refalosa, entonces