lunes, octubre 01, 2007

G

Dejame ver las cosas mas claras, me dijiste.
Dejame sola en la mañana.
Andate a buscar leche, pan, sal y el diario.
El hechizo es que cada día olvidamos algo.
Una cosa del mundo olvidada cada día.
Olvidaste la lluvia, y me decías:
agua, agüita, del cielo, ¿ves?
Siempre nos queda una palabra atrás, a mano,
ante el vacío, es el espíritu de la mañana: un huevo.
Pasaste la noche entera.
Pasaste el día entero.
Pero la mañana no pertenece ni a una ni a otro,
no es del día ni de la noche.
Es el ámbito del agua, apenas,
y casi no.
Todo eso me decías, y yo veía
en lo que me decías
el dibujo que hace alguien en el vapor de un vidrio: no
el dibujo, entonces, el sueño de un dibujo,
el borrador vaporoso,
y eso es lo permanente: borradores, borradores,
cuando el agua choca la piedra y los pies: ¡chispa!
y se abre el ojo, uno solo
tenemos, uno
solo, que dura poco, se disuelve en el día,
la mansedumbre hace
a la mañana: volvés con la bandeja
y el té, y la leche,
y te reís, me tirás el diario ¡y te reís!
no es creíble que ahí empiece el día,
no es creíble que ahí empiece el día, simple
leche, abrigo, pis, algodón, piedras,
peso y liviandad vacía: la mañana
es una metafísica del amor, todo lo que no
se reproduce allí, se arroja su pellejo
al mundo del día,
llueve talco,
la simple caricia al perro dormido, la mañana es cristiandad
cristalina, socialismo primitivo, el día
es católico, negro.


(de La mañana)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

estos poemas vienen con algo, junto con el de caseros y la mañana, la sintaxis se volvió menos rota y hay una sensación del carajo! muy bueno!

p.p. dijo...

es justo y necesario