viernes, mayo 08, 2009

Un poco de hipo brusco...

Se perdió la fuerza de arriba hacia abajo. Que alguien imagine, recete, pase sus horas de jactancia reseñando los modos de una nueva Colimba. El Estado no es un museo. La ley 1420 no fue votada en asamblea, no es producto de una acumulación de las bases. Este país perdió la capacidad de introducir fuerza de arriba hacia abajo. La contundencia del viejo orden simbólico. No es compatible el imaginario del Estado de Bienestar + Derechos Humanos. No estoy pregonando una exclusión mutua, sí la incompatibilidad de un relato que subraya la ausencia militar simbólica de ese orden social. El orden siempre puede ser un orden logrado, un resultado... a defender. Y esa marca, esa marca de posguerra, también confirma la filiación del deudo. Uno pertenece a un lugar por lo que da, también por lo que da, también por lo que ofrece. (...) Gente que busca gente. Una vez se produjeron unos segundos geniales en el antológico programa de ese nombre. ¿Recuerdan ese programa? El conductor presentaba casos en donde cierta gente exponía el suyo, o sea, sus ramas de parentela deshecha, de abandonos, de decisiones irremediables que cortaron lazos, gente que rajó a una cosecha y dejó el niño con una tía, que a su vez un día partió a lo de un hermano, que dejó una casa… Mudanzas y crianzas de frontera. (Un tal Espósito cruzó la Gran Salina… ¡no se lo vio mas!) Bueno, en ese programa maternal, en ese programa Casa Cuna, un joven expuso a quién estaba buscando: a su madre. Y supongo que toda la suerte dependía del trabajo de producción que se hacía, cuando el caso avanzaba y se empezaba a encontrar gente… Y entonces ahí ganaba protagonismo el caso y nuevamente se iba al piso a ampliar el relato, a construir el suspenso del reencuentro, y al reencuentro. Bueno, un joven que en ese momento tendría 25 años, se presenta diciendo que busca a su madre. Cuenta que vivía con ella y su padrino, y que una mañana la madre se fue a trabajar y no volvió mas. Trabajaba en una fábrica. Vivían en Moreno, supongamos. El conductor le pregunta qué edad él tenía en ese momento. Cinco años, responde. “¿Y en qué año naciste?- En el ’72.” “O sea que tu mamá desaparece en el ’77…” dice el conductor. Y se hace un silencio. La situación se vuelve un poco tensa. “¿Vos sabés lo que pasaba en esos años?”, profundiza. Él responde: “Sí, y es una de las cosas que me dijeron que puede haber pasado”. Silencio. Nunca más. Nunca más. Vi el programa los días sucesivos… y nada. Lo vi, lo vi, lo vi, y nunca mas pasó nada. Fue uno de los grandes momentos de la televisión, en la era menemista. ¿Y por qué fue un gran momento? Porque mostró mucho mas y mejor. Mucho mas y mejor por dónde pasa el asunto mientras el cancionero del ND junta millones de dólares con su mercancía La Memoria. (...) Acabo de ver varias películas: Crónica de una fuga, primero, Garage Olimpo, después. Pero es en Crónica… donde me desborda una irritación: los tipos que secuestraban parecen disfrazados de Los Babasónicos. Los bigotes, los anteojos, las chombas a rayas. Yo solo pido un poquito de prudencia estética. Prefiero la fragilidad de los años ’80, la deducción a tientas en escenarios reales de un relato binario, la conquista de la inocencia, el signo Aries que producía entretenimientos y cuentos de terror. Porque eso te transmite La noche de los lápices. La vi hace dos años entera por youtube, y te da la impresión de que se filmó en escenarios reales, de que la película agradece en los títulos la cesión de la picana de la comisaría 5ta de La Plata para filmar las escenas de tortura. El actor morocho de bigotes que siempre hace de cana, ¿era cana? Había en el cine de los ’80 una continuidad de la guerra. (...) Me inquietan los programas donde los historiadores del mañana meterán las narices para mirar la vida “del bajo pueblo”. Esa Gente que busca gente: un gran programa sobre el mapa familiar argentino. En cada historia se enredaba el desarraigo, las tradiciones, incestos, los silencios tremendos, los secretos, los abandonos que se pagan, que se pagan. (...) Escuchaba radio con mi abuela en la casa de Villa Tesei, sentados, oyendo uno de los mejores programas radiales en su mejor época: “Esto que pasa”, de Pepe Eliaschev, en Radio Nacional, durante el gobierno de De la Rúa. Mi abuela interrumpía con frases descolgadas, irritantes y duhaldistas que retomaban momentos anteriores de un diálogo casi infinito (“ay, esos del ERP, de doble apellido…”). Tengo en la memoria un editorial brillante del Pepe en defensa del censo 2001, cuando lo bombardeaba Ruckauf por el gasto público y los docentes por izquierda. Bajas pulsaciones de un Estado que se negaba a morir porque se negaba a dejar de saber. La soledad de ese censo era como la soledad de la política. ¿Está mal querer saber cuántos argentinos viven en piso de tierra? O, como rezaba esa tarde silenciosa el locutor: “No sabremos si los argentinos censados tienen agua por cañería dentro de la vivienda o fuera de ella. O si tienen agua dentro del terreno o tienen que ir a buscarla fuera del terreno. Ignoraremos, si el censo se aborta por la extorsión de los sindicatos docentes, de dónde proviene el agua que usa para beber y cocinar la persona censada ¿de la red pública de agua corriente, de la perforación con bomba a motor o tal vez con bomba manual? ¿De pozo con bomba o de pozo sin bomba, de agua de lluvia o de transporte por cisterna, de agua de río, de canal o de arroyo?” Eso, eso, ahora se sabe, ¿y de qué sirve saberlo? (...) ¿Por qué no decir que la fascinación con Perón incluye su razonamiento militar? El elemento militar en el pensamiento político. ¿Cómo se dice esto? ¿Cómo se piensa esto? Hay una fuerza, una fuerza en la que es posible elaborar virtudes coercitivas que aún reivindicamos, cuya ausencia acentúa el vago pensamiento militar del orden como orden perdido. (...) De repente alguien que fue criado por tíos y padrino, en el medio de un set televisivo, tiene cinco minutos para decir que busca a su madre. Que no encuentra a su madre. Que sigue sin encontrar a su madre. Su tiempo se va. Su tiempo tirano se va como agua corriente. La televisión por unos segundos invadida por una gran sombra fugitiva cuyo peso sobre un platillo liviano hizo saltar a todos los otros platillos que estaban ahí. La térmica también saltó: se hizo la noche en el día, por un segundo. Ahí había una desaparición. Y su denuncia en el lugar justo: en el continuado, en el tiempo televisado de vidas que merecen reencontrarse, conocer sus últimas verdades y secretos. ¿Fui abandonado, fuiste desaparecida? Alguien supo ir a preguntarlo al lugar correcto, puso su calco inestable sobre el cristal de la cámara, y ese viento virtual lo sopló a su velocidad de siempre. ¿Flotará en el espacio? ¿Era posible poner a disposición de esa búsqueda al aparato televisivo? Como si se hubiera producido una intersección de la densidad de todos esos desencuentros, de esas familias migrantes, como si su conmovedora domesticidad adquiriera un estado superior de drama... Ese pibe conectó el mas allá y el mas acá en un segundo, o, mejor: ese pibe para un nabo como yo (que lo miraba tratando de que se sobresalte) supo decir por qué ese programa (con toda esa gente sin rendirse en su búsqueda obsesiva, atrapada en las redes pegajosas de la parentela, resistiendo en las raíces de sus vínculos) valía la pena.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Te sigo siempre Martín, acompaño en silencio tus palabras escritas. Pero esta vez digo NO, basta de reivindicar a una persona TAN PERO TAN ladina como el PEPE.
Leíste algunas contratapas suyas en Crítica, lo viste últimamente en televisión haciendo el triste papel de viuda culturosa de Alfonsín. Ese tipo es patético, representa para mí una síntesis acabada del alfoncinismo, lo que no pudo ser porque decicidió resguardarse (enconderse, asustado como una ratita), siempre reculando ante las oscuras fuerzas del mal.
El perejil de los 70'(que estaba pero NO, que acompañaba pero NO, desde ese lugar nunca se equivoca uno, al estar y no estar) el periodista independiente en los 80 (principios? de la toma del poder por parte del objetivismo periodístico) el anti-menemista probo en los 90 (cuando los mass-media para los cuales trabajaba cerraban los negocios del ayer y del hoy) y para cerrar el círculo (de una centro-izquierda sosa, light, cómoda? a una centro-derecha light, sosa, cómoda?) escribiente de Perfil, cultor de un antikirchnerismo in extremis, víctima de quién sabe que sueño de la razón.
"Si estás entre volver y no volver".
Lo bien que te hubieras hecho si te quedabas donde estabas.

Yoel.

mariano dijo...

porque, yoel, pepe es eso que contás, pero también era esa voz que yo tambien escuchaba, "esto que pasa", de 5 a 8 por radio nacional, la vuelta, se hacia de noche en un pais (2000-2001) que tambien iba hacia la noche. la cita de martín, va por el lado del lugar del estado, de lo imposible de pensar una sociedad sin el estado, sin ese estado que fue asesino (¿que mayor presencia que esa?) pero que tampoco puede desaparecer absorbido por esa impugnacion. la cuestión del orden. buen tema, aunque no comparto la obsesión de martín por la "colimba".

mariano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tonga dijo...

Para festejar la apuesta provocadora. Decir cosas que a veces resultan polítcamente incorrectas, difíciles de decir y de animarse a pensar. No sólo el tema del orden, central de todo pensamiento social, sino su vinculacion con lo militar y el costado tal vez fascinante de esa parte castrense de la lógica peronista. El lado Clausewitz, diría yo. Interesante. Por ahí, creo, va parte de la cosa. Otra línea profunda, el tema de la imposición desde arriba. A propósito de eso, propongo recordar los 60 años de la Constitución del 49. Una ley fundamental, la imposición de las imposiciones, es siempre expresión tardía de una relación de fuerzas que se modificó. Quiero decir, va detrás de lo que ocurre socialmente y, en el caso de la Carta Magna del 49´, su virtud es ir también para adelante y mucho. Idea de futuro. Recomiendo el Libro Cosntitución y Pueblo de Arturo Sampay.
Saludos, Compañeros

Martín dijo...

Exacto lo que dice Mariano, Yoel. Y para completar te dejo un link para que leas los términos en los que acá hablo de "Pepe". http://revolucion-tinta-limon.blogspot.com/2006/08/paz-y-progreso-p-p.html

Igual: hacía el mejor programa diario de radio. Mi abuela peronista lo oyó siempre y no se hizo radicheta. Consumí durante años Longobardi y Eliaschev, ¿qué querés que escuche? ¿A Miriam Lewin? ¿A Barone?

Los ojos dijo...

Che, Martín, ¿lo de la Lewin y del Barone viene por eso de escuchar al enemigo? (ojo al piojo: no ellos, digo por el Longo y por el Pepe). Yo también lo escuchaba (al Pepe), incluso me suscribí a un periódico (semanal o quincenal, no recuerdo, pero deben andar por ahí) que te enviaba gratuitamente, duró un tiempo (lo que un par de pedos en una canasta), pero taba bueno, lo que pasa es que con el tiempo comenzó a oler mal, muy mal, pero en fin, son cosas que pasan…, siempre buenos tus aportes, abrazo compañero, jm

paniagua dijo...

Sí, JM, sí. Aunque suene exagerado "escuchar al enemigo". Pepe o muchos modulan un discurso con el que uno está, digamos, congénitamente enfrentado. ¿Y? Y sin embargo... Aunque al Pepe los años le cayeron peor, y ahora ensaya lo mismo de siempre que cada vez suena peor. Pero sus primeros años de kirchnerismo lo tuvieron empujando un poco el carro, "críticamente". Pero mientras el kirchnerismo se siga pareciendo al pulso excitado del Coco Silly... mamita. Lo único verdadero y bueno: la bloguera radial. Gerardo y Mendieta. Eso sí hay que escuchar.

Fede Vazquez dijo...

agrego algo más sobre Pepe Eliaschev: yo también lo escuchaba con mi viejo, a finales de los 90 hasta 2001. Había, además de esa lectura fina que a veces aparecía, un disfrute estético: cuantos pueden hablar como él? a veces se pierde ese valor. Lo pongo junto a una infancia dorada colgado de las trasmisiones de Victor Hugo. Lo que más me sensibiliza de gente así es que no son, digamos, posmodernos. Una pizca de solidez entre tanto mierda líquida.
PD: yo también recibía el diario!

Fede Vazquez dijo...

una cosa mas: creo que la perdida de la convocatoria estatal no fue por la construcción del museo-asamblea-librespensadores , pero sí que es necesaria una crítica como la que hace martín a esto para salir de este atolladero que ya no conduce a nada (bueno).
Pensemos las posibilildades reales de un colimba social, en serio. Yo me anoto.