jueves, enero 08, 2009

¿Cómo se planta una palmera en el desierto?


En las charlas de café cuando toca la bolilla "política internacional" hay varias tendencias: la de quienes ven en esto una “limpieza étnica” (¡un genocidio israelí!), la de quienes piensan algo como “¿qué querés después de mas de diez mil bombas que les tiraron los palestinos como para no decir Basta?”, la de los que te guiñan un ojo y te sugieren que en verdad Israel financió al Hamas, y la de quienes intentan pensar. Y lo hacen a miles de kilómetros de distancia sobre algo que verdaderamente es... complejo.
Pero de todas, una de las tendencias que prevalece con mas frecuencia, es la de suponer siempre que la política internacional está dominada por la alta conspiración, cosa que, paradójicamente, lejos de hacer mas difícil, complicado y específico el análisis, lo hace mas burdo y llano, simple y frío: esta es una movida de los judíos para condicionar a Obama.
Ayer crucé el final de la marcha en repudio a la BRUTAL MASACRE QUE ESTÁ OCURRIENDO, y advertí que en una esquina se había apoltronado la tropa del PO, y escuchaban la voz forzuda de Altamira (uno de esos políticos por los que uno siente irremediablemente afecto) reprochando la ausencia de Ripoll, o sugiriendo la tibia presencia solitaria de Mario Cafiero, etc., es decir, pasando lista de todos los acusados de especulación y usura con el "voto judío" de esta ciudad.
Medio Oriente es una experiencia intransferible, particularísima, dolorosa para cualquiera que siente el dolor que se produce en cualquier lugar de la tierra. Ayer vi al rabino Bergman en el programa de Longobardi hablar de esa guerra con precisión y cinismo, con cierta piedad (porque está claro que hay un fuerte y un débil, una relación asimétrica de fuerzas que no puede menos que sugerir un principio de piedad), pero que en tanto sugería el respaldo efectivo del gobierno a “funcionarios” (estaba hablando de D’Elía) que se expresaron contra un supuesto genocidio no hacía mas que reducir al extremo su, digamos, posición frente a los hechos. Y a la vez hablaba de la cancillería (como si fuera una parte enajenada del gobierno, claro, es que está llena de “gente de carrera”, es un lugar de estado y no de gobierno) cuya expresión oficial, a través de un comunicado, se hizo en justos términos, repudiando a las “dos violencias”.
La mundialización de la guerra en Medio Oriente, en aquellos que creen o sueñan (o anhelan) que allí se desarrolla una especie de vanguardia o retaguardia de la guerra mundial, oscurece el sentido de lo que sí quizás es posible reclamarse desde acá, pisando un país decididamente occidental y judeocristiano: la presión por el respeto a los Derechos Humanos en las condiciones irreversibles en las que unos avanzarán sobre otros. El “empate simbólico” que la presencia de dos religiones en pugna tiñe a un conflicto de mil matices no puede ocultar la decisión histórica, el rumbo victorioso imperialista en el que las cartas se han jugado. Vivimos en países universalistas, o sea, donde triunfó el fuerte sobre el débil.
La fórmula insípida de la no violencia diría así: el débil para hacerse fuerte debe renunciar al terreno en el que es débil (la fuerza militar) y afincarse en el terreno moral de los vencidos.
¿Por qué sostener fantasías guerreras, pañuelos palestinos que cubren rostros de intifadas? Quizás porque en algún imaginario es posible fijar que en realidad vivimos dominados por las formas en que EEUU ha declarado su guerra al mundo, desde 1945, para su total dominación, y que en la desnuda debilidad de ese pueblo la guerra no ha terminado. Las transformaciones mundiales y la propia dinámica financiera mundial, complejizan no sólo el carácter nacional de esa idea de “contienda”, sino que mella en contra de creer indefectiblemente que ese conflicto lleva a algún lado, rearma un sistema de relato mundial en el que en algún lugar de la tierra viven pueblos puros y guerreros rebelados al mandato occidental al que silenciosa y exitosamente se integró India, China, Rusia, etc. (¿Los mejores países han acallado sus guerras, sus convulsiones internas naturales al proceso globalizador? Lo que configura todo lo popular y esencial que tenía la concepción menemista de la historia: no era el fin de la historia, era el fin de la guerra social de la historia, y convertirse en el mas amigo del país mas poderoso. También esa lógica campechana empujó a Malvinas, cuando mas que a una guerra se creyó ir a la consumación de un reclamo formal, y finalmente todo se iba a dirimir en la casa blanca, deudora de entrenamientos sucios en Centroamérica.)
Quiero decir: no podemos desde la Argentina defender la guerra justa de un pueblo. Fantasías montoneras de ayer y hoy. El discurso debería ir por defender a un pueblo de la guerra, sí, bien leongieca la cosa.

Un bellísimo poema del poeta palestino Samih Al Qassim:

Así
Como se planta una palmera en el desierto.
Como mi madre deja un beso sobre mi frente arrugada.
Como mi padre se cubre con mi capa
y revisa con mi hermano la lección de lectura
Como la espiga brota de la tierra.
Como sonríe a los enamorados una estrella.
Como un soplo que borra la fatiga del rostro del obrero.
Como se alza una fábrica entre las nubes.
Como cantan algunos amigos un refrán.
Como sonríe el extranjero al extranjero.
Como retorna el pájaro a su amado nido.
Como un niño que lleva sus cuadernos.
Como el desierto cuando recibe la lluvia.
Así late en mi pecho mi condición de árabe.

14 comentarios:

Ñomo de Morris dijo...

Esta bueno lo que decis pero es imposible no quedar atrapado en el esteticismo y la epica de un pueblo oprimido que lucha tirando piedras frente al poderoso economica y militarmente.
Un David y Goliath que nos remonta a nuestra tradicion judeo cristiana. Una indignacion parecida a la que producen los levantamientos sojeros en la medialuna boliviana contra el gobierno de "pueblos puros y guerreros rebelados al mandato occidental".
" ...Con los dientes
defendere cada palmo de tierra de mi patria.
Con los dientes.
Y no aceptare otro en su lugar.
Aunque me dejen colgando de las venas de mis venas."
Taufiq Zayyad

pd: ¿como era ese que empezaba "con la rama de olivo en una mano"? (o algo asi)

Hal dijo...

Por la suerte de ese pueblo oprimido, más vale echar por la borda el esteticismo y la épica tirapiedras.

Anónimo dijo...

pero este no era un blog montonero???

hal, como anda macri?

Hal dijo...

Ni idea, che. No vivo en CABA ni soy macrista.

Anónimo dijo...

momento de leer el blog de wapner:

http://tierrametida.wordpress.com/

Tierra del fuego 45

Enero 8, 2009 by David Wapner

Durante el paseo con nuestra perrita, este mediodía, comprobamos cómo, plantas, pequeños árboles y arbustos, dispuestas a lo largo del lecho seco de río que desciende hasta el Mar Muerto, del lado de la calle Tsabar, se están secando. Las mangueras que las irrigan han sido cortadas, y lo mismo sucede con el resto de los jardines públicos y privados de Arad. La acción bélica que está llevando a cabo Israel, no sólo está destinada a borronear los actos delictivos del primer ministro. Esta acción de guerra no sólo tiene como fin ganar tiempo para que la candidatos de Kadima y el laborismo sumen intención de voto con vista a las elecciones generales del 10 de febrero (cada vez se habla más de posponerlas, para favorecer, por medio de la prolongación de la violencia hasta marzo, las posibilidades de Livni y Barak). Tampoco es, en forma abierta, una carrera a contrareloj antes de la asunción de Obama. Es, también, un intento a bombazos de hacer olvidar al electorado una durísima realidadl: Israel se está secando. Pocos saben que, desde el 1 de noviembre, rige una ley por la cual se prohibe regar los jardines, tanto públicos o privados, so pena de multas altísimas e incrementos del 250 por ciento en las facturas del agua. También ya hay recortes drásticos en las cuotas de riego para la agricultura. En este invierno casi no llovió, el mar Kineret (Tiberíades), fuente principal de agua potable de este país, no para de descender y podría desaparecer en uno o dos años. Lo mismo le sucede al Mar Muerto (que puedo ver desde la calle Tsabar, cuando no hay bruma, como hoy), un mar de sal, que es fuente riqueza a partir de las industrias, turística, química y de medicamentos, gracias a las cuales, en combinación con la sequía, dentro de poco también dejará de existir. La clase política y militar que gobierna este país, no hizo nada en revertir esta tendencia, se tapó los ojos y siguió pateando hacia adelante. Hace un par de años se dio la alarma, pero nadie hace nada: es más fácil y rápido poner en acción una maquinaria bélica que ponerse a pensar. Así están. Israel, sin verde, sin agricultura, sin la leyenda de la domesticación del desierto y su conversión en un vergel, corre el peligro de perder, por descascaramiento, su fachada occidental: uno de los fundamentos según el cual su dirigencia justifica el sometimiento y colonización de otro pueblo, de cultura no occidental. Si Israel, entonces, se secase, si el desierto ganase terreno, su paisaje sería más parecido al de sus vecinos. Sin los recursos de petróleo de sus vecinos de la península arábica, sólo quedaría sostenida del travesáneo de Occidente por sus industrias bélica y de alta tecnología. Hasta que estas comience a secarse también.

Anónimo dijo...

Pero es amigo de la gorda, Hal.

Hal dijo...

entonces, convendría preguntarle a la gorda

Anónimo dijo...

me gustó el post

Cuando veo el conflicto pienso en si estaremos ante un empate hegemónico entre el terrorismo de Estado y el terrorismo del otro.
Esto lo digo de cara a un análisis que permita comprender el porqué de este atasque. (digo "atasque", no ataque)
Quizá el conflicto deschava una laguna en el pensamiento occidental sobre el Estado... y la tentación de llevarles a Benjamin para explicarles qué les pasa será dura de inhibir.

Saludos
Diego

Anónimo dijo...

Cuanta soberbia, llevar Benjamin?

Anónimo dijo...

DIEGO, SOS GROSO SABELO

sol dijo...

no te inhibas, diego, que hace mal.

Anónimo dijo...

Sol...

Fans club de Sol dijo...

che Sol, para cuando relatos de vivencias amorosas en tus blogs?

sol dijo...

cuándo no hubo, che?