jueves, mayo 01, 2008

Se va a acabar, se va a acabar...

Alguna vez Fogwill, describiendo el video para la televisión del informe de la CONADEP, habló sugestivamente de la primera escena en la cual se oye y alcanza a ver la imagen de un parto (gritos de mujer, llanto de bebé). La decodificación es obvia (“la violencia partera de la historia”), y parece poner en primera escena a una fuerza invisible e inocultable de la historia: la trama de la continuidad. En una lectura “de lo que se le iba de las manos” al relato alfonsinista, o, y así lo aclara, del involuntario mensaje social que parece superar a los sujetos de la enunciación, a aquellos que producen el estremecedor video y no parecen tener "control" sobre el denso material. Ese exceso, ese mensaje involuntario que pareciera contradecir el mensaje institucional, para Fogwill, es revelador del entramado de continuidades con que el Proceso inserta su propia continuidad democrática. Las caras de Ricardo Darín, Diego Bonadeo o Néstor Ibarra completando el paisaje junto a las mas lógicas caras de Muñoz o Calabró, en la película “La fiesta de todos” (1979), mas que ampliar la gama de complicidades de esa dictadura, parecen apuntar hacia la base de articulaciones de consensos que tejen a una época, su red. Habría que contrastar la sonrisa pícara de Darín sentado en un sofá a punto de ver el debut argentino con todo Kamchatka, la sentimental película sobre una familia fantasma que vaga por calles vacías sin ninguna solidaridad a mano... Pero "La fiesta de todos", cita obligada para entender aquello que no vivimos, o que vivimos en la edad dorada en la que el mundo es una teta lunar, tiene entre sus vastas intenciones la de insertar que existe una energía social, una alegría popular, de pura unidad nacional, cuyo soporte no lo ejerce ninguna política, o, como se invisibiliza puntualmente en el film, su soporte es un gobierno militar que funciona como estructura primaria de un país, como garantía de esa expresión “auténtica”, sin demagogias o populismos o lo que sea, que distorsionen ese valor genuino. Hay un momento, en sus primeros minutos, en los que se intenta reflejar en el vacío de las calles, en las familias o los compañeros de trabajo en silencio frente a una radio o un televisor, etc., la asombrosa atención y reunión ante el debut de la selección, que parece esconder un fuerte misterio social, y la reflexiva voz en off que acompaña las imágenes clava una frase temblorosa y brutal, “sin quererlo”, de nuevo, como lo que cita Fogwill -pienso-. Después de escucharla y anotarla, la googlié, y no salió nada. La frase dice, decía, simplemente: “Nosotros fuimos el único centro de un país detenido”.

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1 comentario:

VerboAmerica dijo...

Lo peor de Kamchatka es Tomas Fonzi... haciendo... de guerrillero!