domingo, junio 12, 2016
Despedida de Graciela Aguirre
Un amigo me pregunta “¿era una abuelaza tu suegra?”, esas de tejer o amasar pasta. Para mí era lo contrario en el mejor sentido: esperaba que todo, que toda relación, fuera natural. Que su nieto creciera para conocerlo y saber sobre qué podían construir su conversación. Por supuesto, ella y mi hijo se amaron, se aman. Tenía un rasgo de "clase" que la hacía un tanto distante físicamente (yo vengo de una familia sin límites corporales, de morderse, abrazarse, herirse, curarse, etc.), pero ella combinaba esa distancia con otro ingrediente de aristocracia: la solidez. Era distante, entonces, en ese mano a mano (nada de tantos besos ni abrazos) pero a la vez era cálida e incondicional. Por eso fue la mejor amiga de sus hijos. Y por eso el vacío que deja es eterno. Conviviremos con su hueco. Todos los días sabremos detectar ese lugar donde ella no está más. Se diría que una ausencia tan notable, tan capilar, tan cotidiana, es una forma de presencia. Y sí. Va a tener un lugar privilegiado en todas nuestras conversaciones hasta el último día porque ella era una gran guionista y porque un poco, una parte de nosotros, no sabrá con quién hablar ahora ciertas cosas. Graciela fue de esa generación a la que el Estado de algún modo quiso matar (y ellos quisieron matar al Estado), y que ahora se enfrenta a la Naturaleza, a las facturas de una vida vivida a pleno, con bohemia, amor y saltos al vacío. Graciela era una chica libre de Barrio Norte. Encendió a los 15 años un cigarrillo que no apagó más, en los 60, vestida como en Mad Men, bailando rock and roll, pero gozando todas las renovaciones: la modernidad del folcklore y el tango también, la política, obvio. Ahí, en esos cigarros finos, que fumaba sin dejar olor estaba subrayada su feminidad, su libertad, su goce. Fue al Di Tella, tuvo novios peronistas, médicos, guerrilleros, cantantes de ópera. Conoció la alta cultura en decadencia de la mano de Juan José Castro o en las memorias de su abuelo Julián Aguirre. Y en su amor por Mignogna vivió una gran síntesis de sus intereses: la cultura, la política, la literatura. Ella vivía a través de otros. Era y quería ser una espectadora privilegiada, primera fila. Se prendía su cigarro. Te ofrecía su vino, sus botellas (que no tomaba), su sofá, el calor de su hogar, para hacer lo que hizo toda su vida: conversar. Oír. Era una mujer de lengua filosa pero de oído absoluto sobre el otro. Era decoradora y con eso conoció el closet de toda nuestra burguesía pequeña pequeña: desde viejas familias del Kavanagh hasta los nuevos ricos. Guarda, se lleva, secretos de todos. Sabía escuchar porque sabía callar. Yo le decía mi "madre ortopédica" y ella amaba esa metáfora torpe. Vivió el exilio abrazada a un hombre que amó y con el que se tuvo que ir en el mítico 76, pero ella se fue a "vivir a Europa", prefirió posar de snob que de víctima, y en eso había una dignidad educativa. Leí sus despedidas en la página de obituarios del diario La Nación y pensé que ella las hubiera sentenciado con una sola frase a todas sus amigas que con amor sincero le dedicaron despedidas tan sentidas: qué cachudas. Daba un amor amable, no exento de todo lo que tiene el amor (un poder sobre los otros, los movimientos de la ironía), pero sabiendo que su incondicionalidad la rindió a los pies de lo que construyó: su familia, sus hijos (Juan, Giuliana, Guido), su compañero Eduardo, sus nietos, sus amigos, Sebastián, sus grandes amistades construidas con tiempo y paciencia, Rogelio, Betty, Marina, María Luisa, María, Pachá, Rodolfo, Daniel. Cada uno de nosotros. Festejaba sus cumpleaños con una fiesta de disfraces donde iban esas amigas que todavía se llamaban por nombre completo (subrayando las etnias remotas de dobles apellidos), en cada marzo una noche de copas, música y baile como de carnaval porque las invitaba a ser otras, a emborracharse, a derramarse en su propio drama. Para Graciela todas las personas tenían clase, oportunidad y decadencia. Su aristocracia me recordó siempre a la aristocracia obrera de Juanita Bignozzi. En Pilar la despidieron los curas tercermundistas de Villa Itatí. Esas mezclas la resumen también. El libro azul fue su consumo irónico. La palabra "suegra" es una palabra que volvieron estúpida los opas del chiste costumbrista. Para mí se fue una amiga sabia, la mejor amiga de la mujer que amo (Giuli), y una madre última, elegante, gratuita. Sabíamos, como sabemos con todos nuestros mayores, que nos tocaba enterrarla, pero la muerte es increíble. Chau, amiga.
martes, mayo 17, 2016
domingo, mayo 01, 2016
29 A en revista Crisis
¿De qué sirvió el 29A? De defensa. Miles de personas en la opción cuerpo a cuerpo, gremio a gremio, tema a tema, que impone el gobierno: tarifazo, transporte, despidos, pago de “Ganancias”, suspensiones, y así. Temas nuevos, temas viejos, pero temas ya del nuevo gobierno. Fue una marcha nacida y criada en el macrismo y liderada por cuatro centrales obreras con trayectorias últimas distintas. En la marcha: cada gremio en su canto, cada central en su representación. Los cantitos anti Macri tenían emisores más claros y blancos (CTA, NE), pero no contagiaban, no hacían el hit de la tarde: cada columna en su canto de Luz y Fuerza, de Peajes, de Plásticos, Lecheros, Camioneros. Si la marcha más contundente hasta hoy fue gremial, nos habla del progreso verde del campo opositor, muestra que una de las mayores líneas de defensa, de *empoderamiento* o *ciudadanía* ya existe: es la “aristocracia obrera”. De Schmid a Dellacarbonara. Después de Cristina y su “vuelta” con narrativa nueva la historia quiso que la primera demostración de fuerza callejera la lideraran los sindicatos con Moyano como orador final de la jornada. ¿Paradojas? Difícil tarea para el “análisis”. Es claro que nadie sustituye a nadie, pero el gobierno de Macri ya logra condiciones objetivas de una unidad impensada cuatro meses atrás: la unidad en la acción. ¿Ahora los bloques opositores de raíz peronista votarán todos al unísono? ¿Se volverán a unir? ¿Saldrá de esa multitud un nuevo liderazgo? Todo improbable. Pero quizás es hora de pensar que la inversión simple de que ahora sólo es oposición lo que antes era oficialismo y viceversa también hace agua: ahora hay un nuevo mapa político. Las divisiones sindicales y políticas en torno al cristinismo vencieron el 10 de diciembre y tardaron pocos meses en reconfigurar un nuevo y provisorio mapa que lo democratiza todo: porque todos juegan un juego de conveniencias pero la marcha del viernes mostró un límite social y que la calle, el palacio, no lo guiona nadie exclusivamente. ¿Por qué? Si el peronismo tiene un punto de reconstrucción lo tiene, en parte, por esos poderes intermedios que fueron subestimados: sindicatos, intendencias, organizaciones sociales, provinciales. Los votos donde se vota. Diríamos, por un rato, “es de abajo hacia arriba”. Primera marcha de la resistencia al macrismo en las que se distinguieron casi exclusivamente las pertenencias gremiales, mientras las identidades políticas estaban diluidas ahí (el FR, el FPV, el PJ, todos). Las fábulas que sólo se explican el 29A por un fracaso maquiavélico del gobierno (“¿qué quieren en verdad los sindicatos?”, se preguntan algunos como si descubrieran la pólvora cada vez que un sindicato no es todo lo “solo vandorista” que creen), digo: esos razonamientos usan lo “político” como forma de tapar lo social. Este fue un hecho político construido por actores de carne y hueso, el sindicalismo realmente existente, en el aquí y ahora, porque se tenía que decir lo social. Porque se tiene que decir a tiempo. Y porque el disciplinamiento que desean tiene fatal contradicción ahí: en el sindicalismo argentino.
domingo, abril 03, 2016
viernes, abril 01, 2016
Leo y difundo al pintor peronista
Demasiado tarde para el PJ y demasiado pronto para la unidad
Por Daniel Santoro
Pasamos estos meses en medio de la incertidumbre, y luego del magnicidio simbólico producido en la cena presidencial del Centro Cultural Néstor Kirchner, una serie de fenómenos concomitantes parecen trabar el flujo de los acontecimientos.
1. No hay conducción, nadie administra la economía de fuerzas, como un dínamo, la energía militante se derrama y provoca una catarata de hechos, movilizaciones, encuentros y charlas a las que acuden multitudes, es un activismo que entusiasma y apena al mismo tiempo. Se siente como si, injustamente, un grupo de intrusos nos hubieran cerrado las puertas del Estado benefactor en las narices.
2. La realidad es impiadosa y desde las provincias llegan encadenadas muchas malas noticias, es que hay un territorio para gobernar, y el “resistir con aguante” no es una buena consigna cuando se trata, esencialmente, de pagar los sueldos, con la hostilidad del gobierno central.
3. El 48.5% de los votos obtenidos en el ballotage es tomado más como una “casi victoria” que como la penosa derrota que en realidad fue, como victoria le sobran padres, y entusiastas patrocinadores, por lo tanto nadie cree tener la necesidad de dar un paso al costado, muchos, en cambio, creen haber sumado a esa “casi victoria”, e incluso buscan un reconocimiento. Parece que bastara con dejar pasar este mal trago, este momento desdichado, para volver con todas las fuerzas, cada uno de nuevo en su lugar, es como si nadie abandonara su puesto de lucha, ni siquiera para tomarse el tiempo y el espacio para la lógica autocrítica. Se pelea una y otra vez una batalla que ya se perdió.
4. El desgaste vendrá y tendrá la forma de la dispersión, las elecciones de medio término serán el catalizador, sospecho que la autocrítica que no se realizó a tiempo nos dejará al menos tres tristes partidos para el próximo desafío electoral: 1-Un peronismo sin rumbo, desmotivado, cansado y adormecido en el territorio. 2- El kirchnerismo energético y de rumbo fijo, con el volante bien trabado y acelerando en el barro, sumado a esto un escaso anclaje territorial. 3- Como es habitual, un partido progresista, un poco mañoso y que funcionará como resto no asimilable al conjunto. Entonces si, tal vez sea ese el comienzo de una verdadera renovación, reconstrucción, porque cada uno deberá hacerse cargo de su inevitable derrota personalizada, será la hora de reiniciar el movimiento nacional.
5. En el kirchnerismo se suelen retomar con entusiasmo frases del viejo alfonsinismo, últimamente se lo citó (corrigiendo a Perón) diciendo que “si la política solo es el arte de lo posible, entonces termina siendo el arte de la resignación”, esto lo dijo Raúl Alfonsín, que además de ser un gran demócrata, fue también un gran artista de la resignación (Obediencia de vida y punto final, felices pascuas, reforma de la constitución, etc.), supongo que no entendió que la política siempre es el arte de lo posible, para lo imposible está el Mayo francés o el atolondrado “ir por todo”, Perón aclaraba que el arte está en saber negociar y preservar lo importante para uno, ese 50% que hace la diferencia. Como consuelo tendríamos otra citada frase de Alfonsín, cuando les dice a los radicales que “deben prepararse para perder elecciones antes que volverse conservadores”, un pedido cómodo para el radicalismo pero que está fuera del cálculo peronista, en cualquiera de sus formas, incluida la kirchnerista.
Por Daniel Santoro
Pasamos estos meses en medio de la incertidumbre, y luego del magnicidio simbólico producido en la cena presidencial del Centro Cultural Néstor Kirchner, una serie de fenómenos concomitantes parecen trabar el flujo de los acontecimientos.
1. No hay conducción, nadie administra la economía de fuerzas, como un dínamo, la energía militante se derrama y provoca una catarata de hechos, movilizaciones, encuentros y charlas a las que acuden multitudes, es un activismo que entusiasma y apena al mismo tiempo. Se siente como si, injustamente, un grupo de intrusos nos hubieran cerrado las puertas del Estado benefactor en las narices.
2. La realidad es impiadosa y desde las provincias llegan encadenadas muchas malas noticias, es que hay un territorio para gobernar, y el “resistir con aguante” no es una buena consigna cuando se trata, esencialmente, de pagar los sueldos, con la hostilidad del gobierno central.
3. El 48.5% de los votos obtenidos en el ballotage es tomado más como una “casi victoria” que como la penosa derrota que en realidad fue, como victoria le sobran padres, y entusiastas patrocinadores, por lo tanto nadie cree tener la necesidad de dar un paso al costado, muchos, en cambio, creen haber sumado a esa “casi victoria”, e incluso buscan un reconocimiento. Parece que bastara con dejar pasar este mal trago, este momento desdichado, para volver con todas las fuerzas, cada uno de nuevo en su lugar, es como si nadie abandonara su puesto de lucha, ni siquiera para tomarse el tiempo y el espacio para la lógica autocrítica. Se pelea una y otra vez una batalla que ya se perdió.
4. El desgaste vendrá y tendrá la forma de la dispersión, las elecciones de medio término serán el catalizador, sospecho que la autocrítica que no se realizó a tiempo nos dejará al menos tres tristes partidos para el próximo desafío electoral: 1-Un peronismo sin rumbo, desmotivado, cansado y adormecido en el territorio. 2- El kirchnerismo energético y de rumbo fijo, con el volante bien trabado y acelerando en el barro, sumado a esto un escaso anclaje territorial. 3- Como es habitual, un partido progresista, un poco mañoso y que funcionará como resto no asimilable al conjunto. Entonces si, tal vez sea ese el comienzo de una verdadera renovación, reconstrucción, porque cada uno deberá hacerse cargo de su inevitable derrota personalizada, será la hora de reiniciar el movimiento nacional.
5. En el kirchnerismo se suelen retomar con entusiasmo frases del viejo alfonsinismo, últimamente se lo citó (corrigiendo a Perón) diciendo que “si la política solo es el arte de lo posible, entonces termina siendo el arte de la resignación”, esto lo dijo Raúl Alfonsín, que además de ser un gran demócrata, fue también un gran artista de la resignación (Obediencia de vida y punto final, felices pascuas, reforma de la constitución, etc.), supongo que no entendió que la política siempre es el arte de lo posible, para lo imposible está el Mayo francés o el atolondrado “ir por todo”, Perón aclaraba que el arte está en saber negociar y preservar lo importante para uno, ese 50% que hace la diferencia. Como consuelo tendríamos otra citada frase de Alfonsín, cuando les dice a los radicales que “deben prepararse para perder elecciones antes que volverse conservadores”, un pedido cómodo para el radicalismo pero que está fuera del cálculo peronista, en cualquiera de sus formas, incluida la kirchnerista.
sábado, marzo 19, 2016
3 agujas
Con mi amigo Tomás Rodríguez Ansorena (@tomirod) publicamos estas tres entrevistas en revista Playboy. Pasen y lean:
Fito Páez
Eduardo Duhalde
Horacio Verbitsky
Fito Páez
Eduardo Duhalde
Horacio Verbitsky
viernes, febrero 26, 2016
viernes, febrero 19, 2016
Juana Bignozzi: disimular la pena con la vida*
Por Juan Laxagueborde
Juana Bignozzi tenía en su escritorio una imagen poco sacra de San Juan Bautista, el santo de su nombre. Esa figura resalta ahora el carácter de fogata que tiene su poesía. No de las que encienden pasiones bajas, sino de las que sugieren esas celebraciones que purgan la ira y acompañan con calidez. Como San Juan, Bignozzi predicó toda su vida en el desierto, un desierto que era, tal vez, la imagen de lo que terminó siendo la atmósfera de la que escribía. En los festejos de las fogaratas para honrar al santo, cuando niña en el barrio de Saavedra, mezclada con sus vecinos atizando lo que se quemaba con ramas y basura, en esa imagen que era más una reacción laica que un ruego, la poesía de Bignozzi tiene su mito de origen.
No era voluntarista, sin embargo escribía y reiteraba sobre dos grandes temas: el poder y la felicidad. Ahora puestos uno junto al otro son perfectos antónimos. Dos palabras de las que extraía imágenes. Como si disfrutara de las cosas de la vida sin el vicio de poseerlas, profesaba el uso, no la intención de acaparar. Se mantenía alerta pero no en el comité sino en el destierro, en el reniegue o en el agasajo a los amigos: “para una mujer un poco mayor con citas dispersas en varias / ciudades / que ya aprendió a no confundir / el dolor con la vida y la pasión con la propiedad”. Su militancia juvenil en el PC es un mito con todo lo que ello implica. Era una comunista conversadora que se cansó de las “imágenes duras rechazantes / esa pureza que humilla” de la mayoría de sus coetáneos y a quien en el palacio vidriado de los comunistas viejos, el Centro Cultural de la Cooperación, no recuerdan. Hay salas con nombre de Pugliese, hay homenajes a Gelman, ciclo con el nombre de Juan L. Ortiz y cuadros de Gorriarena: pero no hay nada Bignozzi. Esto sin resaltar que semejante catedral se erige sobre la Avenida Corrientes, la guarida a cielo abierto de nuestra poeta, su minimundo de antaño que en la actualidad deslumbra poco.
Escribió un poema en homenaje a José Luis Mangieri que los define como hijos de libertarios cabrones a quienes criaron “para cambiar un mundo que fue cambiando sin nosotros”. En ese verso se entreven varios planos oblicuos de su poesía: la tragedia de una generación -la del sesenta- que lo fue dos o tres años, la vaguedad de las proposiciones antiperonistas, la canallada de cierta cultura peronista un poco arrogante, el sinfín del mundo y la resignación cálida de Bignozzi que, pese a esos cambios, a las frustraciones políticas que la acompañan del sesenta hasta su muerte, escribe con la inercia de algunos entusiasmos. Su escritura se convierte en amistades limitadas por la ideología, expectación de un tiempo a la deriva y domesticidad que nunca es rutina sino más bien impulso para salir perfumada a la calle a ver cómo sigue la tormenta del mundo. Si no iba a lograr ser “la primera tractorista de la revolución”, al menos tenía que aprovechar su sensibilidad. Mangieri también había sido un comunista díscolo que dirigió la revista La rosa blindada, donde Bignozzi escribió este verso en uno de los poemas que se publicaron en 1966: “esa niña esa pobrecita esta mujer / que anduvo entre maravillas / luces de colores que no le hicieron mal / pero la cansaron un poco / pasiones pasiones al fin”. Aquella selección de poemas fue prologada por Eduardo Romano, que en un cruce para nosotros misterioso vincula los versos de Bignozzi con la filosofía de León Rozitchner, porque los dos “no viven dramáticamente la ausencia de un destino histórico propio”. Tenía razón, Bignozzi y Rozitchner eran ante todo vitalistas que amaban con desencanto.
Escribió también, entre otras cosas, contra la simulación. Sabía que la izquierda argentina se sostiene en la creencia de que todo es una impostura y también sabía que son ellos los primeros que simulan un voluntarismo que algunos desechan, como Bignozzi. Si en todo caso era ella la que simulaba era para representarse a través de diálogos imaginarios con pintores, con figuras y con cuadros. Esos cuadros son mediums: habla ella, habla una tradición, un estilo, una manera de la belleza, de los modales, del "buen gusto". Para Juana la poesía era la buena poesía, y la buena poesía era como tender una mesa para los invitados queridos o vestir con telas sofisticadas, con estampados finos. Lo que es hermoso de pensar es que descifraba en los manieristas del renacimiento, por ejemplo, una feminidad inconclusa, cierto simbolismo del pincel bien pasado, de la sutileza en el color, pero que detrás de eso también podía haber la materialidad, lo ordinario de una vida vivida en el barrio, en la pobreza "digna", en la instrucción como modo ético, en la famosa y tan repetida “ideología” de Bignozzi, palabra que sintetiza su mundo. La ideología significaba para ella una forma de la organicidad, de la comunión. El modo más intenso de la solidaridad social. La manera de afirmarse en un territorio. No era la tan repetida “falsa conciencia”, sino una conciencia devota de los amores y los afectos que se descubría charlando.
Habló toda su vida del destino para celebrar que este es escurridizo aunque hay algo que puede hacerle frente: la poesía. Por eso sus poemas son finalmente salmos contra la tragedia, aunque de cadencia extraña. Ella no era trágica, sí su poesía. Era una mujer de cierto orden con poemas que expresaban la insensatez de su mundo. Sabía que no iba a doblegar lo trágico pero al menos en el canto se iba la voz y vivía la fuerza, la clase, la hidalguía última de una ciudad. Destinar la vida a la poesía era una manera sesentista heterodoxa de tratar con los fantasmas, más cercana a Walter Benjamin que a Raúl González Tuñón.
Sus poemas nunca dejaron de ser “del sesenta” y a la vez se fueron rompiendo para volverse cada vez más un continuo. No era un cambio sino un salto: se refuerza el desuso de los signos de puntuación, hay viajes diversos implícitos y las figuras ordinarias están pero se desvanecen. Aunque el marco siempre es la misma frontera entre el dolor y una melodía diáfana que pueda dar con la materialidad de la que proviene. De “Ahora he descubierto el sol, los perros y las mentiras. / La vida es más lógica, no he dicho mejor, sino más lógica” (1963) a “la historia barre barre /y devuelve soledad a los que trabajan a solas / y convierte en solitarios a los que hicieron de la ideología / un gesto” (2010). Nada nuevo lo es del todo, no hay novedad sino insistencia desde otro costal. Lo nuevo es un invento del mercado y de las personas inquietas por su propia razón maquinal. No hay progreso, hay recurrencia. No hay novedad, hay capas sobre una misma memoria. No hay vanguardia sino atada a un hilito del pasado.
Juana Bignozzi era todo lo contrario a la tilinguería. La alegría siempre estaba mediada por objetos de valor clasistas o enseñanzas morales que servían al espíritu. La improductividad del derroche que defendía era todo lo contrario a lo estrafalario de comprar en cuotas, macerar el bien, sostenerlo, jactarse, calcular, buscar ofertas. La tilinguería es en la poesía el triunfo de una voz impropia, en la vida social es la arrogancia de los que viven en estado de veranito. Las poesías de Bignozzi gesticulan con acontecimientos políticos, con palacios, con bares y fondas que proveen comida y bebida de la buena, con cuadros de artistas renombrados que ella nombra y transforma. Nada más lejano de la tilinguería que un buen vivir situado.
No tuvo hijos pero sí amigos. No escribió novelas pero sostuvo como un hierro entonaciones que quedan y que se enredaban para dar sombra a la tristeza de toda época que dicha por ella se vuelve vital, su propia fluidez, su estado de evanescencia. Pasaba de guapa, y si bien lo era, buscaba actualizar la amistad bajo la imprevisibilidad de lo juvenil, que era un hechizo cuando su estilo se friccionaba con épocas que se sucedían. La relación que había mantenido con amigos treinta o cuarenta años más jóvenes en los últimos años fue un gesto que no deja de ser una parte de su obra. "Los amigos" son en su poesía una entidad nunca definida o concretizada finalmente y que con su legado se vuelven verdad. Su diálogo con los amigos como cuestión sagrada fue tejiendo redes que eran en realidad aire porque se iban, morían, emigraban -sus amigos, ella no-, y volvía a aparecer la esperanza de al fin estar frente a lo eterno. Era soberbia y usaba el odio indisimulable que cada uno de nosotros sentimos en aras de una poesía que vindique la amistad. No era cínica como tantos, su énfasis la acercaba a lo mejor del modernismo de Rubén Darío, con esa versatilidad tremenda para contar el mundo pequeño con versos grandes, aunque taimada por un linaje anarquista que la volvía cálida.
Los amigos parecían ser lo más cercano a lo eterno que sentía. Pasando la posta material de su vida a jóvenes que la abrazaban consiguió sostener la amistad y aquello le permitió seguir soñando con la juventud. Bignozzi le temía al olvido, los amigos extendidos en el tiempo eran una forma de sostener su memoria, aunque la letra fuerte de su poesía ya le garantice un estado de eternidad leída. La juventud en Juana no era el exceso sino más bien la inocencia y la dicha. Cuando utilizaba el "quién hubiera..." o el "si alguien tiene que ser después", expresaba deseos de pasión perpetua desde un saber materialista de que todo pasa, de que todo se esfuma, de que las cosas son relativas. La amistad tal vez no era relativa para ella, no sabemos. De ser así, quizás era su manera de pensar la totalidad, su manera laica de creer en la trascendencia. Como si dijera: yo no fui militante, ni poeta, yo fui toda la vida Amiga.
La poesía era un oficio y se encargó de reiterarlo cuantas veces pudo. Era un saber popular de ascendencia ilustrada, técnicas aprendidas entre el obrerismo, las lecturas de Pavese y largas noches en el bar Politeama “con novios impresentables”. Su poesía era más de madera que de bronce. Escribir era una artesanía, una diversión en términos literales. Esto significa que para ella escribir era diversificarse, abismarse sin perder el centro, cambiar de tema, entretenerse, sostenerse también. La vida no es como la poesía. La vida es normal, hogareña, de sobremesas, idas al trabajo, idas al almacén, visitas a museos, tertulias con amigos. La poesía carga con la rudeza, la ambigüedad, la derrota, la esperanza situada en lo concreto, aunque tiene siempre una carga de tragedia, de sinsabor. Los poemas pueden ser tristes, tremendos, hasta cómicos, porque está la vida para recibir lo común con sus grises, la materia con la que luego se vuelve a escribir. Hablaba a través de la poesía, simulaba amargura y lo que intentaba era estilizar la ciudad. Demostrar que una ciudad es clases sociales transitando a través de memorias, mitos y conflictos. “Ya no hay pintor del rumor de mi clase”, decía en Quién hubiera sido pintada, afirmación que ahora nos reenvía a pensar que era ella la última pintora de un rumor casi apagado, somnoliento o transformado para siempre. En ese pintar diluido por la historia era donde su poesía se volvía trágica porque a su añoranza la vencía el destino. También le gustaba Paul Éluard, que como ella iba contra la facilidad, el conformismo y la amargura, no por eso ni el uno ni la otra pecaban de crédulos. El poeta francés, a su vez, rescataba la idea de que Rembrandt inventó el claroscuro para escapar a la coacción y poner el ahínco en sus propias curiosidades difíciles de encasillar. Bignozzi se servía de ese claroscuro, era una poeta simple de los temas áridos. Dominaba la técnica del desmontaje ideológico a través de imágenes y recuerdos para mejor proveer a su propia ideología.
¿Quién habla en el largo poema que abre su último libro Los poetas visitan a Andrea del Sarto ¿Bignozzi, los amigos muertos, los enemigos, las generaciones licuadas, las barriadas de Saavedra, el manierismo prebarroco, el color, la música, los jóvenes afortunados de participar de esos cónclaves? Hay fragmentos que son el punctum de algunas épocas de la vida, en general habla Del Sarto, que es un pintor renacentista de clase popular que con el aprendizaje del oficio se consagra, como Juana. Entonces a veces ella le contesta, lo complementa, le susurra, lo desafía: “quise escribir / sobre todo el sin destino que me rodeaba / me aferré a los pinceles / me aferré a lo que mis padres dijeron / los hice eternos con mi negación / yo un contrarreformista”. El enredo de las itálicas es poderoso, la voz de la poesía a veces se nubla, simula tras la voz del pintor. En definitiva los trazos son o plásticos o poéticos pero se igualan en el gesto de una mano libre. Juana Bignozzi escribe como dirigiendo una orquesta, con los brazos sosteniendo el tempo de los versos y los dedos marcando las palabras. Eso vuelve a su poesía una conversación orquestada entre planos y planos de la historia que es la de las clases y la de ella a la vez, que a veces se tensan en la disidencia y muchas otras se acompañan en la complicidad. De alguna manera el libro pone a la juventud como pasado que se torna más patético o más nostálgico según la tónica del diálogo con Del Sarto, o sus invocaciones: “no hay mayor castigo que una belleza envejecida”.
Como no se es nunca lo que siempre se anhela, Bignozzi simulaba ser alguien a través de la nostalgia y de la actitud muchas veces jacobina. Haber sido pintada le podría haber dado a la vida un doblez que alivie. En las pinturas buscaba la paz desde el diálogo “entre-nos”, la seguridad de los conmovidos por lo mismo. La poesía era ante todo belleza sostenida con metodismo notable en las lecturas, pero con desdén a la sacralidad del martirio. Para Bignozzi la belleza podía ser de izquierda y si usaba la palabra ideología para solventar sus modos era porque entendía que quería decir moral laica en lucha y ética con sabores fraternos. Cuando usaba el “yo”, en sus poemas no estaba haciendo autobiografía sino invocaciones de gente querida muerta, dispersa u olvidada. En ella hablaban muchos.
El intento de diálogo con la plástica logra un estado de simulacro creativo y vital. Afirma trascendencia, vence al olvido. Bignozzi pone en juego su voz en la voz y en el arte de otros, se espeja, se refleja, se rompe y es una nueva, renace. Dice un Del Sarto epigonal: “como esta poeta que me sigue / y aún no aprendió a desdeñar las guerras menores / a no escuchar a los que sabe poetas olvidables / tendrá una tumba de tierra permeable no de olvido / ni cenizas tiradas en el cementerio de su ciudad / estoy en sus vidas / tengo sus poemas / estaré en sus tumbas / ahí estoy yo / búsquenme ahí”.
Lo hermoso es lo infalible de su poesía, que va a quedar y será releída al infinito. Juana Bignozzi tenía un pie en la fatalidad y otro en la dulzura. Esos dos elementos la convierten en una poeta única que decía palabras con cosas, con sufrimientos y con alegrías. Marcaba una línea tan propia que se la podía leer con conmoción femenina, comunista, bohemia e individualista en una sola ojeada de esos versos que fueron cientos de imágenes para bancarnos entre todos, para acercarnos un poco más a las ganas de lo que venga. Tenía una voz estilizada pero orientada a hacer mella. No hay duda de que toda su poesía era nada más y nada menos que amor.
Juana Bignozzi nació el día de la primavera de 1937 y murió el 5 de agosto de 2015. Sus restos descansan en una tumba sin cruz del cementerio de la Chacarita. La despidieron con flores amarillas sus amigos y sus lectores.
*Publicado en la revista MANCILLA n°11, noviembre de 2015.
Juana Bignozzi tenía en su escritorio una imagen poco sacra de San Juan Bautista, el santo de su nombre. Esa figura resalta ahora el carácter de fogata que tiene su poesía. No de las que encienden pasiones bajas, sino de las que sugieren esas celebraciones que purgan la ira y acompañan con calidez. Como San Juan, Bignozzi predicó toda su vida en el desierto, un desierto que era, tal vez, la imagen de lo que terminó siendo la atmósfera de la que escribía. En los festejos de las fogaratas para honrar al santo, cuando niña en el barrio de Saavedra, mezclada con sus vecinos atizando lo que se quemaba con ramas y basura, en esa imagen que era más una reacción laica que un ruego, la poesía de Bignozzi tiene su mito de origen.
No era voluntarista, sin embargo escribía y reiteraba sobre dos grandes temas: el poder y la felicidad. Ahora puestos uno junto al otro son perfectos antónimos. Dos palabras de las que extraía imágenes. Como si disfrutara de las cosas de la vida sin el vicio de poseerlas, profesaba el uso, no la intención de acaparar. Se mantenía alerta pero no en el comité sino en el destierro, en el reniegue o en el agasajo a los amigos: “para una mujer un poco mayor con citas dispersas en varias / ciudades / que ya aprendió a no confundir / el dolor con la vida y la pasión con la propiedad”. Su militancia juvenil en el PC es un mito con todo lo que ello implica. Era una comunista conversadora que se cansó de las “imágenes duras rechazantes / esa pureza que humilla” de la mayoría de sus coetáneos y a quien en el palacio vidriado de los comunistas viejos, el Centro Cultural de la Cooperación, no recuerdan. Hay salas con nombre de Pugliese, hay homenajes a Gelman, ciclo con el nombre de Juan L. Ortiz y cuadros de Gorriarena: pero no hay nada Bignozzi. Esto sin resaltar que semejante catedral se erige sobre la Avenida Corrientes, la guarida a cielo abierto de nuestra poeta, su minimundo de antaño que en la actualidad deslumbra poco.
Escribió un poema en homenaje a José Luis Mangieri que los define como hijos de libertarios cabrones a quienes criaron “para cambiar un mundo que fue cambiando sin nosotros”. En ese verso se entreven varios planos oblicuos de su poesía: la tragedia de una generación -la del sesenta- que lo fue dos o tres años, la vaguedad de las proposiciones antiperonistas, la canallada de cierta cultura peronista un poco arrogante, el sinfín del mundo y la resignación cálida de Bignozzi que, pese a esos cambios, a las frustraciones políticas que la acompañan del sesenta hasta su muerte, escribe con la inercia de algunos entusiasmos. Su escritura se convierte en amistades limitadas por la ideología, expectación de un tiempo a la deriva y domesticidad que nunca es rutina sino más bien impulso para salir perfumada a la calle a ver cómo sigue la tormenta del mundo. Si no iba a lograr ser “la primera tractorista de la revolución”, al menos tenía que aprovechar su sensibilidad. Mangieri también había sido un comunista díscolo que dirigió la revista La rosa blindada, donde Bignozzi escribió este verso en uno de los poemas que se publicaron en 1966: “esa niña esa pobrecita esta mujer / que anduvo entre maravillas / luces de colores que no le hicieron mal / pero la cansaron un poco / pasiones pasiones al fin”. Aquella selección de poemas fue prologada por Eduardo Romano, que en un cruce para nosotros misterioso vincula los versos de Bignozzi con la filosofía de León Rozitchner, porque los dos “no viven dramáticamente la ausencia de un destino histórico propio”. Tenía razón, Bignozzi y Rozitchner eran ante todo vitalistas que amaban con desencanto.
Escribió también, entre otras cosas, contra la simulación. Sabía que la izquierda argentina se sostiene en la creencia de que todo es una impostura y también sabía que son ellos los primeros que simulan un voluntarismo que algunos desechan, como Bignozzi. Si en todo caso era ella la que simulaba era para representarse a través de diálogos imaginarios con pintores, con figuras y con cuadros. Esos cuadros son mediums: habla ella, habla una tradición, un estilo, una manera de la belleza, de los modales, del "buen gusto". Para Juana la poesía era la buena poesía, y la buena poesía era como tender una mesa para los invitados queridos o vestir con telas sofisticadas, con estampados finos. Lo que es hermoso de pensar es que descifraba en los manieristas del renacimiento, por ejemplo, una feminidad inconclusa, cierto simbolismo del pincel bien pasado, de la sutileza en el color, pero que detrás de eso también podía haber la materialidad, lo ordinario de una vida vivida en el barrio, en la pobreza "digna", en la instrucción como modo ético, en la famosa y tan repetida “ideología” de Bignozzi, palabra que sintetiza su mundo. La ideología significaba para ella una forma de la organicidad, de la comunión. El modo más intenso de la solidaridad social. La manera de afirmarse en un territorio. No era la tan repetida “falsa conciencia”, sino una conciencia devota de los amores y los afectos que se descubría charlando.
Habló toda su vida del destino para celebrar que este es escurridizo aunque hay algo que puede hacerle frente: la poesía. Por eso sus poemas son finalmente salmos contra la tragedia, aunque de cadencia extraña. Ella no era trágica, sí su poesía. Era una mujer de cierto orden con poemas que expresaban la insensatez de su mundo. Sabía que no iba a doblegar lo trágico pero al menos en el canto se iba la voz y vivía la fuerza, la clase, la hidalguía última de una ciudad. Destinar la vida a la poesía era una manera sesentista heterodoxa de tratar con los fantasmas, más cercana a Walter Benjamin que a Raúl González Tuñón.
Sus poemas nunca dejaron de ser “del sesenta” y a la vez se fueron rompiendo para volverse cada vez más un continuo. No era un cambio sino un salto: se refuerza el desuso de los signos de puntuación, hay viajes diversos implícitos y las figuras ordinarias están pero se desvanecen. Aunque el marco siempre es la misma frontera entre el dolor y una melodía diáfana que pueda dar con la materialidad de la que proviene. De “Ahora he descubierto el sol, los perros y las mentiras. / La vida es más lógica, no he dicho mejor, sino más lógica” (1963) a “la historia barre barre /y devuelve soledad a los que trabajan a solas / y convierte en solitarios a los que hicieron de la ideología / un gesto” (2010). Nada nuevo lo es del todo, no hay novedad sino insistencia desde otro costal. Lo nuevo es un invento del mercado y de las personas inquietas por su propia razón maquinal. No hay progreso, hay recurrencia. No hay novedad, hay capas sobre una misma memoria. No hay vanguardia sino atada a un hilito del pasado.
Juana Bignozzi era todo lo contrario a la tilinguería. La alegría siempre estaba mediada por objetos de valor clasistas o enseñanzas morales que servían al espíritu. La improductividad del derroche que defendía era todo lo contrario a lo estrafalario de comprar en cuotas, macerar el bien, sostenerlo, jactarse, calcular, buscar ofertas. La tilinguería es en la poesía el triunfo de una voz impropia, en la vida social es la arrogancia de los que viven en estado de veranito. Las poesías de Bignozzi gesticulan con acontecimientos políticos, con palacios, con bares y fondas que proveen comida y bebida de la buena, con cuadros de artistas renombrados que ella nombra y transforma. Nada más lejano de la tilinguería que un buen vivir situado.
No tuvo hijos pero sí amigos. No escribió novelas pero sostuvo como un hierro entonaciones que quedan y que se enredaban para dar sombra a la tristeza de toda época que dicha por ella se vuelve vital, su propia fluidez, su estado de evanescencia. Pasaba de guapa, y si bien lo era, buscaba actualizar la amistad bajo la imprevisibilidad de lo juvenil, que era un hechizo cuando su estilo se friccionaba con épocas que se sucedían. La relación que había mantenido con amigos treinta o cuarenta años más jóvenes en los últimos años fue un gesto que no deja de ser una parte de su obra. "Los amigos" son en su poesía una entidad nunca definida o concretizada finalmente y que con su legado se vuelven verdad. Su diálogo con los amigos como cuestión sagrada fue tejiendo redes que eran en realidad aire porque se iban, morían, emigraban -sus amigos, ella no-, y volvía a aparecer la esperanza de al fin estar frente a lo eterno. Era soberbia y usaba el odio indisimulable que cada uno de nosotros sentimos en aras de una poesía que vindique la amistad. No era cínica como tantos, su énfasis la acercaba a lo mejor del modernismo de Rubén Darío, con esa versatilidad tremenda para contar el mundo pequeño con versos grandes, aunque taimada por un linaje anarquista que la volvía cálida.
Los amigos parecían ser lo más cercano a lo eterno que sentía. Pasando la posta material de su vida a jóvenes que la abrazaban consiguió sostener la amistad y aquello le permitió seguir soñando con la juventud. Bignozzi le temía al olvido, los amigos extendidos en el tiempo eran una forma de sostener su memoria, aunque la letra fuerte de su poesía ya le garantice un estado de eternidad leída. La juventud en Juana no era el exceso sino más bien la inocencia y la dicha. Cuando utilizaba el "quién hubiera..." o el "si alguien tiene que ser después", expresaba deseos de pasión perpetua desde un saber materialista de que todo pasa, de que todo se esfuma, de que las cosas son relativas. La amistad tal vez no era relativa para ella, no sabemos. De ser así, quizás era su manera de pensar la totalidad, su manera laica de creer en la trascendencia. Como si dijera: yo no fui militante, ni poeta, yo fui toda la vida Amiga.
La poesía era un oficio y se encargó de reiterarlo cuantas veces pudo. Era un saber popular de ascendencia ilustrada, técnicas aprendidas entre el obrerismo, las lecturas de Pavese y largas noches en el bar Politeama “con novios impresentables”. Su poesía era más de madera que de bronce. Escribir era una artesanía, una diversión en términos literales. Esto significa que para ella escribir era diversificarse, abismarse sin perder el centro, cambiar de tema, entretenerse, sostenerse también. La vida no es como la poesía. La vida es normal, hogareña, de sobremesas, idas al trabajo, idas al almacén, visitas a museos, tertulias con amigos. La poesía carga con la rudeza, la ambigüedad, la derrota, la esperanza situada en lo concreto, aunque tiene siempre una carga de tragedia, de sinsabor. Los poemas pueden ser tristes, tremendos, hasta cómicos, porque está la vida para recibir lo común con sus grises, la materia con la que luego se vuelve a escribir. Hablaba a través de la poesía, simulaba amargura y lo que intentaba era estilizar la ciudad. Demostrar que una ciudad es clases sociales transitando a través de memorias, mitos y conflictos. “Ya no hay pintor del rumor de mi clase”, decía en Quién hubiera sido pintada, afirmación que ahora nos reenvía a pensar que era ella la última pintora de un rumor casi apagado, somnoliento o transformado para siempre. En ese pintar diluido por la historia era donde su poesía se volvía trágica porque a su añoranza la vencía el destino. También le gustaba Paul Éluard, que como ella iba contra la facilidad, el conformismo y la amargura, no por eso ni el uno ni la otra pecaban de crédulos. El poeta francés, a su vez, rescataba la idea de que Rembrandt inventó el claroscuro para escapar a la coacción y poner el ahínco en sus propias curiosidades difíciles de encasillar. Bignozzi se servía de ese claroscuro, era una poeta simple de los temas áridos. Dominaba la técnica del desmontaje ideológico a través de imágenes y recuerdos para mejor proveer a su propia ideología.
¿Quién habla en el largo poema que abre su último libro Los poetas visitan a Andrea del Sarto ¿Bignozzi, los amigos muertos, los enemigos, las generaciones licuadas, las barriadas de Saavedra, el manierismo prebarroco, el color, la música, los jóvenes afortunados de participar de esos cónclaves? Hay fragmentos que son el punctum de algunas épocas de la vida, en general habla Del Sarto, que es un pintor renacentista de clase popular que con el aprendizaje del oficio se consagra, como Juana. Entonces a veces ella le contesta, lo complementa, le susurra, lo desafía: “quise escribir / sobre todo el sin destino que me rodeaba / me aferré a los pinceles / me aferré a lo que mis padres dijeron / los hice eternos con mi negación / yo un contrarreformista”. El enredo de las itálicas es poderoso, la voz de la poesía a veces se nubla, simula tras la voz del pintor. En definitiva los trazos son o plásticos o poéticos pero se igualan en el gesto de una mano libre. Juana Bignozzi escribe como dirigiendo una orquesta, con los brazos sosteniendo el tempo de los versos y los dedos marcando las palabras. Eso vuelve a su poesía una conversación orquestada entre planos y planos de la historia que es la de las clases y la de ella a la vez, que a veces se tensan en la disidencia y muchas otras se acompañan en la complicidad. De alguna manera el libro pone a la juventud como pasado que se torna más patético o más nostálgico según la tónica del diálogo con Del Sarto, o sus invocaciones: “no hay mayor castigo que una belleza envejecida”.
Como no se es nunca lo que siempre se anhela, Bignozzi simulaba ser alguien a través de la nostalgia y de la actitud muchas veces jacobina. Haber sido pintada le podría haber dado a la vida un doblez que alivie. En las pinturas buscaba la paz desde el diálogo “entre-nos”, la seguridad de los conmovidos por lo mismo. La poesía era ante todo belleza sostenida con metodismo notable en las lecturas, pero con desdén a la sacralidad del martirio. Para Bignozzi la belleza podía ser de izquierda y si usaba la palabra ideología para solventar sus modos era porque entendía que quería decir moral laica en lucha y ética con sabores fraternos. Cuando usaba el “yo”, en sus poemas no estaba haciendo autobiografía sino invocaciones de gente querida muerta, dispersa u olvidada. En ella hablaban muchos.
El intento de diálogo con la plástica logra un estado de simulacro creativo y vital. Afirma trascendencia, vence al olvido. Bignozzi pone en juego su voz en la voz y en el arte de otros, se espeja, se refleja, se rompe y es una nueva, renace. Dice un Del Sarto epigonal: “como esta poeta que me sigue / y aún no aprendió a desdeñar las guerras menores / a no escuchar a los que sabe poetas olvidables / tendrá una tumba de tierra permeable no de olvido / ni cenizas tiradas en el cementerio de su ciudad / estoy en sus vidas / tengo sus poemas / estaré en sus tumbas / ahí estoy yo / búsquenme ahí”.
Lo hermoso es lo infalible de su poesía, que va a quedar y será releída al infinito. Juana Bignozzi tenía un pie en la fatalidad y otro en la dulzura. Esos dos elementos la convierten en una poeta única que decía palabras con cosas, con sufrimientos y con alegrías. Marcaba una línea tan propia que se la podía leer con conmoción femenina, comunista, bohemia e individualista en una sola ojeada de esos versos que fueron cientos de imágenes para bancarnos entre todos, para acercarnos un poco más a las ganas de lo que venga. Tenía una voz estilizada pero orientada a hacer mella. No hay duda de que toda su poesía era nada más y nada menos que amor.
Juana Bignozzi nació el día de la primavera de 1937 y murió el 5 de agosto de 2015. Sus restos descansan en una tumba sin cruz del cementerio de la Chacarita. La despidieron con flores amarillas sus amigos y sus lectores.
*Publicado en la revista MANCILLA n°11, noviembre de 2015.
jueves, febrero 18, 2016
Amanecer (de Ernesto Cardenal)
Ya están cantando los gallos.
Ya ha cantado tu gallo comadre Natalia
ya ha cantado el tuyo compadre Justo.
Levántense de sus tapescos, de tus petates.
Me parece que oigo los congos despiertos in la otra costa.
Podemos ya soplar un tizón - Botar la bacinilla.
Traigan un candil para vernos las caras.
Latió un perro en un rancho y respondió el de otro rancho.
Será hora de encender el fogón comadre Juana.
La oscurana es más oscura pero porque viene el día.
Levántate Chico, levántate Pancho.
Hay un potro que montar, hay que canaleatar un bote.
Los sueños nos tenían separados, en tijerasta
pescos y petates (cada uno en su sueño) pero el despertar nos reúne.
La noche ya se aleja seguida de sus seguas y cadejos.
Vamos a ver el agua muy azul: ahorita no la vemos. - Y
esta tierra con sus frutales, que tampoco vemos.
Levántate Pancho Nigaragua, cogé el machete
hay mucha yerba mala que cortar cogé el machete y la guitarra.
Hubo una lechuza a medianoche y un tecolote a la una.
Luna no tuvo la noche ni lucero ninguno.
Bramaban tigres en esta isla y contestaban los de la costa.
Ya se ha ido el pocoyo que dice: Jodido, Jodido.
Después el zanate clarinero cantará en la palmera, cantará: Compañero
Compañera.
Delante de la luz va la sombra volando como un vampiro.
Levántate vos, y vos, y vos.
(Ya están cantando los gallos.)
¡Buenos días les dé Dios!
Ya ha cantado tu gallo comadre Natalia
ya ha cantado el tuyo compadre Justo.
Levántense de sus tapescos, de tus petates.
Me parece que oigo los congos despiertos in la otra costa.
Podemos ya soplar un tizón - Botar la bacinilla.
Traigan un candil para vernos las caras.
Latió un perro en un rancho y respondió el de otro rancho.
Será hora de encender el fogón comadre Juana.
La oscurana es más oscura pero porque viene el día.
Levántate Chico, levántate Pancho.
Hay un potro que montar, hay que canaleatar un bote.
Los sueños nos tenían separados, en tijerasta
pescos y petates (cada uno en su sueño) pero el despertar nos reúne.
La noche ya se aleja seguida de sus seguas y cadejos.
Vamos a ver el agua muy azul: ahorita no la vemos. - Y
esta tierra con sus frutales, que tampoco vemos.
Levántate Pancho Nigaragua, cogé el machete
hay mucha yerba mala que cortar cogé el machete y la guitarra.
Hubo una lechuza a medianoche y un tecolote a la una.
Luna no tuvo la noche ni lucero ninguno.
Bramaban tigres en esta isla y contestaban los de la costa.
Ya se ha ido el pocoyo que dice: Jodido, Jodido.
Después el zanate clarinero cantará en la palmera, cantará: Compañero
Compañera.
Delante de la luz va la sombra volando como un vampiro.
Levántate vos, y vos, y vos.
(Ya están cantando los gallos.)
¡Buenos días les dé Dios!
domingo, febrero 14, 2016
Extracto de la "última verdad" de Ernesto Semán escrita para Revista Panamá
"Sustraída de la frontera al centro de la escena pública en el primer momento de esta nueva era, Sala es el espectro temible de las montoneras tanto en la ansiedad por controlar, moldear y pulir los impulsos violentos de las masas descontroladas como en la envidia que ese poder desbocado produce en quienes se llaman a reprimirlo. Para un proyecto liberal y para la construcción de instituciones democráticas duraderas que pospongan y limiten el conflicto social en función de preservar un orden el salvajismo de Sala no sólo es el enemigo, sino el objeto de deseo, la envidia a ese estado salvaje en el que podríamos actuar sin tantas inhibiciones, la fascinación por ese poder que tan bien nos serviría si pudiéramos por un rato dejar de lado todo este corsé de lenguaje y simbología que no nos deja ejercer el poder con la fuerza que en verdad tenemos. Si Sala es el anatema de las montoneras, lo es como lo eran para Alberdi cuando soñó brevemente con los caudillos salvajes como la fuente de poder para un proyecto iluminista, lo es como lo eran para Sarmiento, cuya invectiva sólo es equiparable con su fascinación.
Sala es la continuación de esa acción colectiva. Y de los fantasmas que despierta. Con la coacción que esa acción colectiva impone sobre los ciudadanos y con el poder político que de ahí se deriva. Es, junto a otra extensa iconografía que irá resucitando en estos tiempos, el espectro del autoritarismo de masas y su afán de transformación. El proyecto democrático en marcha es el de hacer realidad la ilusión oximorónica de una transformación social ordenada y sin violencia. Habrá que recordar entonces que, si algo nos ha enseñado la historia, es que los intentos por eliminar la veta autoritaria de los movimientos en favor de la reforma social siempre empiezan por llevarse por delante a la reforma social en sí misma y termina por poner en marcha opciones mucho más trágicas y autoritarias que aquellas que venía a aplacar."
Sala es la continuación de esa acción colectiva. Y de los fantasmas que despierta. Con la coacción que esa acción colectiva impone sobre los ciudadanos y con el poder político que de ahí se deriva. Es, junto a otra extensa iconografía que irá resucitando en estos tiempos, el espectro del autoritarismo de masas y su afán de transformación. El proyecto democrático en marcha es el de hacer realidad la ilusión oximorónica de una transformación social ordenada y sin violencia. Habrá que recordar entonces que, si algo nos ha enseñado la historia, es que los intentos por eliminar la veta autoritaria de los movimientos en favor de la reforma social siempre empiezan por llevarse por delante a la reforma social en sí misma y termina por poner en marcha opciones mucho más trágicas y autoritarias que aquellas que venía a aplacar."
martes, febrero 02, 2016
Más reflexiones de Daniel Santoro (pintor)
1) Retomando el tema de las reuniones militantes en los parques, me parece pertinente evocar un concepto que Perón formulara en ocasión de las constantes disputas internas en el justicialismo de los 70’. Planteaba una especie de anamorfosis de lectura temporal, “están los retardatarios y los apresurados”, decía el general. Desde cada posición es muy difícil apreciar con justeza la visión del contrario, entonces unos podrán pensar que lo que se hace es poco y habría que hacerlo “YA”, y los otros pensarán todo lo contrario. Fijar los tiempos del vector de acción política es un dilema de difícil solución, el tiempo justo lo debería macar la conducción del dispositivo.
2) Quisiera aclarar que entre una dieta desgrasada propuesta como cambio para el Estado, y mi temor de un kirchnerismo deshuesado prefiero mejor salir de ésta encerrona de metáforas culinarias. De todas maneras, con o sin huesos, mi temor a la ruptura está lejos de disiparse.
3) No veo aún quién pueda activar el sistema auto limpiante con los que venían equipados los viejos peronismos, no veo siquiera a algún Cafiero de reemplazo que pueda sacar a pasear al peronismo por fuera de sí mismo, y volverlo a traer sin extraviarse, ni perder demasiados componentes en la maniobra.
4) Nos abrazamos al gobierno de Néstor cuando, a poco de andar, vimos que hacía “cosas peronistas” y acompañamos con entusiasmo todo este tiempo. Pero 12 años de un uso intensivo del poder es más de la medida recomendable tolerada por el peronismo. Llega inevitable el momento en el que hay que enfrentar un dilema. a) Dar el salto emancipador, hacer la revolución, “ir por todo”. b) Iniciar las maniobras de negociación aceptando las limitaciones que impone el “marco democrático”. Una conocida encrucijada de los peronismos, aceptar esa democracia liberal burguesa que nunca podría contener al desbordante movimiento nacional.
5) Las distintas formas de organización de cuadros quedan como testimonio de esos traumáticos pasos no dados, organizaciones nunca del todo territorializadas, ubicadas en un lugar impreciso entre el Estado y la sociedad, al final son las víctimas propiciatorias de todos los reclamos y resentimientos por fuera y por dentro del movimiento (sean la UES de los 50’, la JP montoneros de los 70’ o la actual Cámpora), sobre ellas sobrevuela la sospecha paranoica de los que le imputan el haberse apropiado de un goce excesivo, los mayores anatemas del anti peronismo caen sobre éstas organizaciones.
6) En una época muchos soñábamos (esperábamos) el cambio de piel megafoneano, planeábamos la conformación de esas organizaciones libres del pueblo, tan denostadas por el campo filosófico, que serían el núcleo articulador entre los conceptos de pueblo y nación, sin duda ésta fue una irrupción novedosa en el campo de la política (anotación al margen: me gustó la propuesta de Capitanich de una “Internacional justicialista”. ¿La primer filial sería Podemos, de España? ¿Vendría con bendición papal incluida?).
7) Creo que éste sería el momento para que las organizaciones militantes encuentren nuevas formas orgánicas, tal vez deberían buscar centrar su acción en las “periferias existenciales”, encontrar formas organizativas y de acción político-social lejos de las determinaciones del activismo político y, por lo tanto, más lejos aún de las necesidades de una disciplina verticalista. Así cada militante podrá disponer de su bastón de mariscal según su deseo, en un terreno fértil para las “mil flores”.
8) Anudar el peronismo en torno a ese significante vacío que debería ser la conducción no es tarea fácil, el que ocupe ese vacío central entre dos alas deberá tener la habilidad de un piloto de tormentas, sumando a esto el hecho de que el peronismo no vuela muy bien por fuera de Estado.
9) Si podemos trascender su dimensión religiosa, tal vez el término “misericordia” se constituya en un gesto virtuoso que podría marcar el punto en torno al cual se fijaran los criterios de unidad y, entonces sí, archivaríamos la lista de torvos reproches que todos tenemos para formular, y así sacar nuestras tessera hospitalis, para reconocernos y admitirnos, recibir a todos los compañeros del movimiento nacional, ya sean los bien acostillados, con sus bríos asamblearios, o los que llevan todo el peso de la herencia simbólica y quieren apurar la filosa autocrítica o, incluso, a los que se manifiestan como una simple, aluvional, y deseante grasita ontológica en busca de un poco de felicidad.
2) Quisiera aclarar que entre una dieta desgrasada propuesta como cambio para el Estado, y mi temor de un kirchnerismo deshuesado prefiero mejor salir de ésta encerrona de metáforas culinarias. De todas maneras, con o sin huesos, mi temor a la ruptura está lejos de disiparse.
3) No veo aún quién pueda activar el sistema auto limpiante con los que venían equipados los viejos peronismos, no veo siquiera a algún Cafiero de reemplazo que pueda sacar a pasear al peronismo por fuera de sí mismo, y volverlo a traer sin extraviarse, ni perder demasiados componentes en la maniobra.
4) Nos abrazamos al gobierno de Néstor cuando, a poco de andar, vimos que hacía “cosas peronistas” y acompañamos con entusiasmo todo este tiempo. Pero 12 años de un uso intensivo del poder es más de la medida recomendable tolerada por el peronismo. Llega inevitable el momento en el que hay que enfrentar un dilema. a) Dar el salto emancipador, hacer la revolución, “ir por todo”. b) Iniciar las maniobras de negociación aceptando las limitaciones que impone el “marco democrático”. Una conocida encrucijada de los peronismos, aceptar esa democracia liberal burguesa que nunca podría contener al desbordante movimiento nacional.
5) Las distintas formas de organización de cuadros quedan como testimonio de esos traumáticos pasos no dados, organizaciones nunca del todo territorializadas, ubicadas en un lugar impreciso entre el Estado y la sociedad, al final son las víctimas propiciatorias de todos los reclamos y resentimientos por fuera y por dentro del movimiento (sean la UES de los 50’, la JP montoneros de los 70’ o la actual Cámpora), sobre ellas sobrevuela la sospecha paranoica de los que le imputan el haberse apropiado de un goce excesivo, los mayores anatemas del anti peronismo caen sobre éstas organizaciones.
6) En una época muchos soñábamos (esperábamos) el cambio de piel megafoneano, planeábamos la conformación de esas organizaciones libres del pueblo, tan denostadas por el campo filosófico, que serían el núcleo articulador entre los conceptos de pueblo y nación, sin duda ésta fue una irrupción novedosa en el campo de la política (anotación al margen: me gustó la propuesta de Capitanich de una “Internacional justicialista”. ¿La primer filial sería Podemos, de España? ¿Vendría con bendición papal incluida?).
7) Creo que éste sería el momento para que las organizaciones militantes encuentren nuevas formas orgánicas, tal vez deberían buscar centrar su acción en las “periferias existenciales”, encontrar formas organizativas y de acción político-social lejos de las determinaciones del activismo político y, por lo tanto, más lejos aún de las necesidades de una disciplina verticalista. Así cada militante podrá disponer de su bastón de mariscal según su deseo, en un terreno fértil para las “mil flores”.
8) Anudar el peronismo en torno a ese significante vacío que debería ser la conducción no es tarea fácil, el que ocupe ese vacío central entre dos alas deberá tener la habilidad de un piloto de tormentas, sumando a esto el hecho de que el peronismo no vuela muy bien por fuera de Estado.
9) Si podemos trascender su dimensión religiosa, tal vez el término “misericordia” se constituya en un gesto virtuoso que podría marcar el punto en torno al cual se fijaran los criterios de unidad y, entonces sí, archivaríamos la lista de torvos reproches que todos tenemos para formular, y así sacar nuestras tessera hospitalis, para reconocernos y admitirnos, recibir a todos los compañeros del movimiento nacional, ya sean los bien acostillados, con sus bríos asamblearios, o los que llevan todo el peso de la herencia simbólica y quieren apurar la filosa autocrítica o, incluso, a los que se manifiestan como una simple, aluvional, y deseante grasita ontológica en busca de un poco de felicidad.
viernes, enero 29, 2016
miércoles, enero 27, 2016
El libro de la guerra
lunes, enero 25, 2016
La vuelta a la naturaleza o el buen salvaje neoliberal
Por Daniel Santoro
El actual gobierno se plantea, no tanto como un nuevo comienzo fundacional, sino más bien como una vuelta a la amable y eterna naturaleza de las cosas. Esto no podría lograrlo sin antes emprender la tarea de un desmontaje de los lugares de mayor densidad simbólica e ideológica, lugares en torno a los cuales el peronismo, y luego el kirchnerismo, produjeron y replantearon la novedosa articulación entre pueblo y nación, expresada sobre todo a lo largo de los 3 últimos gobiernos. Esta herencia simbólica se mostró en salones, monumentos, abigarrados fondos iconizados que enmarcaban las cadenas nacionales (maquetas, billetes, Eva Perón, Belgrano, Moreno, los héroes latinoamericanos, etc.), incluso afuera, por detrás de los ventanales no se dio descanso a los requerimientos escópicos, una Juana Azurduy, con su sable erecto, interpelaba a los gobernantes que se sentaban en el sillón de Rivadavia, un sillón de pronto ocupado ahora por un simpático perrito callejero, que por supuesto no tiene en su naturaleza hacer el mal. El nuevo régimen escópico cambió estas memorabilias nacionales por amistosas fotos de familia sacadas en parques y jardines, fondos de pura naturaleza, sin requerimientos, sin claves visuales a desentrañar; solo una muda y primitiva parodia danzante en el balcón de nuestros más caros discursos fundacionales bastó para que entendiéramos el nuevo paradigma, y ésta vuelta de lo natural incluye por supuesto el papel moneda, por tierra mar y aire se muestra la incontenible fuerza de la naturaleza, se exhibe un territorio a explorar, libre de cualquier prejuicio ideológico, purgado de las molestas pretensiones del que viene con opiniones propias. Ingrávidos, sin el peso de las herencias simbólicas, podremos ingresar al fin, con la naturalidad del buen salvaje, al paraíso “naturalizado” del poder global financiero.
Mientras tanto aquí, en nuestra tierra, los compañeros continúan tramitando el duelo de la derrota, se suceden las reuniones, las charlas informales, los intentos de alguna orgánica, se dice “algo tendríamos que hacer”, de alguna manera todo sirve para desangustiarnos, las más diversas opiniones circulan con total libertad, se duda de todo, ¿realmente hubo una voluntad de ganar? ¿Será Cristina la conducción? ¿Todo éste caos se ordenará con su vuelta al centro de la escena? ¿Será ella el factor de unidad, o precipitará las rupturas en espera?
Otros compañeros decidieron transitar esta etapa traumática reunidos en parques y plazas, dan pequeñas batallas asamblearias, se entregan a un desgaste inevitable y los hacen al ritmo y en el lugar que el adversario decide con su loco compas de verano, todo a contramano de los conocidos manuales de estrategia.
Es fácil advertir que la noticia más ansiada por nuestro enemigo será la de la ruptura del sistema kirchnero-peronista, la pinza metafísica ya está operando, por un lado el desmontaje simbólico naturalista y por el otro la inminente extracción del núcleo peronista que estructura al kirchenrismo, de modo tal que el kirchnerismo deshuesado pueda -cumpliendo una cruel paradoja- ser ese partido progresista que se insinúa en algunos parques metropolitanos (tan lejos de los conurbanos). Hay compañeros que sueñan el sueño del enemigo, el deseo que el kirchnerismo sea ese partido, un poco PI, un poco flácido y finamente purificado de la mugre peronista.
¿Y que de los sabrosos restos óseos del peronismo? con ellos seguramente se hará un puchero (un muleto liberal opositor), alimento nutritivo para las corporaciones.
Será la tarea de quienes se asuman como la conducción del conjunto de nuestro movimiento aplicar el delicado “arte de la conducción” (también entendiendo éste arte como la posibilidad de transformar la naturaleza). Sin éste complejo equilibrio que implicará renuncias, gestos de grandeza, extrema comprensión, empatía e incluso misericordia, la catástrofe que se anuncia en el horizonte será inevitable, y al menos los próximos 8 años serán, “naturalmente”, de Macri.
jueves, diciembre 17, 2015
El zabeca de Banfield
martes, diciembre 08, 2015
miércoles, noviembre 25, 2015
miércoles, noviembre 18, 2015
martes, octubre 27, 2015
sábado, octubre 17, 2015
viernes, octubre 16, 2015
martes, septiembre 08, 2015
¿Por qué vale la pena periodizar al peronismo de los años de la democracia? 1) Para mostrar que es relativamente falso eso de "desde 1989 gobiernan los mismos", salvo que reduzcamos la historia a una danza de nombres con ideas intercambiables. 2) Porque en un grado el peronismo funciona como subsistema del sistema político. 3) Para exponer que su caja de resonancia también es ideológica. Cualquier idea de que el peronismo es una máquina infalible de poder territorial, sin ideologías y guiado por la astucia maquiavélica es... puro idealismo. Hay todo eso. Y siempre hay "algo más". ¿Qué es esto, Lenin? Vaya este párrafo como prólogo para presentar esto que se presenta como un debate, y que es un pie de página de la vieja bloguería en estas elecciones lentas, grises, tan negociadas y negociables, aún sin mayorías que despunten. Amén.
lunes, septiembre 07, 2015
miércoles, septiembre 02, 2015
domingo, agosto 23, 2015
viernes, agosto 21, 2015
jueves, agosto 20, 2015
miércoles, agosto 19, 2015
Marcelo Hugo
ok, se vienen las paso de la generación intermedia, gane quien gane gana tinelli
— Martín Rodríguez (@Tintalimon) Mayo 12, 2015
lunes, agosto 17, 2015
martes, agosto 11, 2015
jueves, agosto 06, 2015
Juana Bignozzi
Juana Bignozzi murió ayer en el mismo hospital donde murió su marido hace dos años. El Hospital de Clínicas. Su decisión de atenderse siempre en el sistema de salud pública era parte de sus obstinaciones ideológicas. Hija de lo que llamaba con placer, la “aristocracia obrera”, llevaba como estandarte la filiación de un padre panadero y anarquista, luego comunista, que le dio un hogar donde se oía ópera, se leían los diarios de la burguesía, la prensa del partido, los libros de la Ideología, se cocinaba y se conversaba de política a toda hora. Le encantaba vivir en el centro de la ciudad porque, decía, yo soy la Clase Obrera, no tengo que ir a vivir al sur o a la periferia para hacerme de la Clase. Anti peronista inteligente: respetaba cualquier forma corporativa de poder (sindical, empresarial, clerical, armada) porque su punto de partida para la atención política se basaba en la “consistencia” material de ese poder. Terminó sus días reconociendo a Perón y al sindicalismo peronista (decía de Hugo Moyano: “Moyano es la clase, Moyano puede parar el país”). Estalina de la línea “Pepe electrificó Rusia”, al decir eso te representaba la imagen de un campesino encendiendo una lamparita por primera vez, perplejo frente al milagro moderno. Eso es la Revolución. Le encantaba decir en los reportajes que se fue en el 74 al exilio creyendo que a este país lo iban a terminar gobernando los Montoneros, y era una provocación que se pasaba por alto puntualmente. Volvió en 2004 a un país gobernado por los Kirchner. Cultivó un perfil implacable, fue querida por las nuevas generaciones de poetas que veían en ella lo que el poeta Martín Gambarotta llamó “juventud eterna”. Sus viejas amistades (Juan Carlos Portantiero, Juan Gelman, Carlos Gorriarena, Andrés Rivera, Beatriz Sarlo, María Moreno, etc.) no se tallaban en el amiguismo ni en la complicidad corporativa. Eran parte de su estructura de diálogos ásperos, irónicos, fuertes y también afectivos, muchos quedaron en el camino. Una noche de alcohol y conversación con Juana podía ser la última cena de una amistad. Siempre le interesó la novedad, pero no practicaba el desesperado oficio del descubrimiento de “talentos”. Esperaba que le lleguen y ella llegar a ellos. Como escribió “no hay nada más patético/ que la canción del verano la canción del momento/ pasado ese verano pasado ese momento”. Podía oír la eternidad. Fortísima lectora, la poesía, decía, era una “escuela del carácter”, donde los ideales estéticos son ideales políticos. Nos hicimos especialmente amigos en los últimos años, y era una amistad, ella decía, “como las del 60”. Sin límite de tiempo, de temas, de horarios. Ya estaba cansada de esta ciudad y del país. Extrañaba horrores a Hugo. Su último poema es la carta que nos dejó a los amigos para cumplir el protocolo de su muerte: cómo ser enterrada. De la que sólo diremos: si van a ver su tumba lleven flores amarillas. Hasta siempre, Juanita.
domingo, agosto 02, 2015
martes, julio 14, 2015
martes, julio 07, 2015
viernes, julio 03, 2015
martes, junio 16, 2015
domingo, junio 14, 2015
jueves, junio 11, 2015
A la que te criaste
El violín hermoso y nostálgico de los partidos políticos durante los 80 era el de la orquesta del Titanic. Los partidos funcionaban bárbaro, iban a elecciones internas, hacían congresos, tenían líneas competitivas, en los politológicos 80, pero el país se iba al tacho. Y se fue nomás. En los 90, la corteza partidaria se mantuvo lo más sólida que pudo, pero sin gente. La gente se empezó a ir. Billetera del 1 a 1 mató galán militante. Menem y Alfonsín sellaron la última Moncloa, el pacto de Olivos, para darse dos cosas: una constitución más moderna y liberal, y una reelección presidencial. El cielo y la tierra. Un pacto celebrado a espaldas del alivio social que aún mantenía la convertibilidad en los bolsillos dañados por la híper.
Algo de este viento ha vuelto, aunque sea como tendencia, en la estructuración electoral de este año: peronismo versus republicanos, en resumen. La solución de la crisis de representación (que era hija de la crisis económica) que en 2001 explotó, se dio pero con políticos, no con un “sólido sistema de partidos”, y con políticos que gobiernan. Políticos y Estado. Ganan los locales. Ganan los que gobiernan. “Gritaron que se vayan todos y se fueron los partidos”, dijo Ricardo Sidicaro. Hoy los radicales, los más adeptos al rito partidario, comen en su manzana la arena amarilla del Pro. Escenificaron en su Convención su propio vacío. Sin embargo, el problema está diagnosticado por ley: las PASO jugaron a favor de construir una tendencia de unidad y estabilidad partidaria, y uno de los hijos más preciados de esa ley es, paradójicamente, el FIT, el Frente de izquierda trotskista que hace ya varios años comienza a concentrar la existencia de una izquierda electoral clasista. Pero la disputa de dos candidaturas moderadas (Scioli y Macri), quienes descolocaron al no tan moderado Massa, en representación de bases sociales distintas, organiza este escenario de un modo inédito: porque Scioli y Macri aparecen como las versiones moderados de sus espacios. La “ancha avenida” existía, existe, y ahora la caminan Scioli y Macri. Caminan en puntas de pie mientras Cristina manda. Y Cristina se va sin “fin de ciclo”, más bien en un desenlace, porque: 1) el lugar común de los analistas liberales: porque “se va”; 2) porque enfrió la política, y se va sin rizos trágicos; 3) porque contuvo lo más que pudo la recesión económica generada en su tercer gobierno, para que los problemas los solucionen los que siguen (con fórmulas de ajuste o endeudamiento lejanas a su teología ¿que quiso y no pudo aplicar o que pudo y no quiso aplicar?); 4) conduciendo el peronismo y dejando las PASO entre dos moderados. Su mano sobre la lapicera hasta el último minuto. Y es notable: ahora se habla de FPV como nunca antes, el posicionamiento de Scioli y la aceptación paulatina de quienes lo rechazaban (¿recuerdan los zócalos 678istas sobre sus pactos con Magnetto?) ha logrado un efecto en la lengua: todos efepevianos, todos frentistas. Scioli es el nombre de lo maldito para el kirchnerismo: es lo que necesitó, lo que no pudo sacarse de encima. El poder tira más que una yunta de bueyes. Dijimos en este blog en 2010 esto.
En definitiva: ni FR, ni Faunen, ni Unidos y Organizados. Vuelta a los partidos. Peronismo y Pro. ¡Ataque ochentoso! Se acabaron las “terceras posiciones”, parece. El laboratorio político nacido tras el 54% tocó fondo: ni los ideológicos sin carrera política, ni los intendentes dolidos, ni los socialdemócratas. ¿Qué somos? Tiburones. Tiburones peronistas. Tiburones republicanos. Y afuera hay sangre.
Algo de este viento ha vuelto, aunque sea como tendencia, en la estructuración electoral de este año: peronismo versus republicanos, en resumen. La solución de la crisis de representación (que era hija de la crisis económica) que en 2001 explotó, se dio pero con políticos, no con un “sólido sistema de partidos”, y con políticos que gobiernan. Políticos y Estado. Ganan los locales. Ganan los que gobiernan. “Gritaron que se vayan todos y se fueron los partidos”, dijo Ricardo Sidicaro. Hoy los radicales, los más adeptos al rito partidario, comen en su manzana la arena amarilla del Pro. Escenificaron en su Convención su propio vacío. Sin embargo, el problema está diagnosticado por ley: las PASO jugaron a favor de construir una tendencia de unidad y estabilidad partidaria, y uno de los hijos más preciados de esa ley es, paradójicamente, el FIT, el Frente de izquierda trotskista que hace ya varios años comienza a concentrar la existencia de una izquierda electoral clasista. Pero la disputa de dos candidaturas moderadas (Scioli y Macri), quienes descolocaron al no tan moderado Massa, en representación de bases sociales distintas, organiza este escenario de un modo inédito: porque Scioli y Macri aparecen como las versiones moderados de sus espacios. La “ancha avenida” existía, existe, y ahora la caminan Scioli y Macri. Caminan en puntas de pie mientras Cristina manda. Y Cristina se va sin “fin de ciclo”, más bien en un desenlace, porque: 1) el lugar común de los analistas liberales: porque “se va”; 2) porque enfrió la política, y se va sin rizos trágicos; 3) porque contuvo lo más que pudo la recesión económica generada en su tercer gobierno, para que los problemas los solucionen los que siguen (con fórmulas de ajuste o endeudamiento lejanas a su teología ¿que quiso y no pudo aplicar o que pudo y no quiso aplicar?); 4) conduciendo el peronismo y dejando las PASO entre dos moderados. Su mano sobre la lapicera hasta el último minuto. Y es notable: ahora se habla de FPV como nunca antes, el posicionamiento de Scioli y la aceptación paulatina de quienes lo rechazaban (¿recuerdan los zócalos 678istas sobre sus pactos con Magnetto?) ha logrado un efecto en la lengua: todos efepevianos, todos frentistas. Scioli es el nombre de lo maldito para el kirchnerismo: es lo que necesitó, lo que no pudo sacarse de encima. El poder tira más que una yunta de bueyes. Dijimos en este blog en 2010 esto.
En definitiva: ni FR, ni Faunen, ni Unidos y Organizados. Vuelta a los partidos. Peronismo y Pro. ¡Ataque ochentoso! Se acabaron las “terceras posiciones”, parece. El laboratorio político nacido tras el 54% tocó fondo: ni los ideológicos sin carrera política, ni los intendentes dolidos, ni los socialdemócratas. ¿Qué somos? Tiburones. Tiburones peronistas. Tiburones republicanos. Y afuera hay sangre.
martes, mayo 19, 2015
Estreno: "Damiana Kryygi" de Alejandro Fernández Mouján
Océanos Filma S.A
y
Gema Films presentan: DAMIANA KRYYGI
Una película de Alejandro Fernández Mouján
Estreno comercial 21 de mayo de 2015
Cine Gaumont - Rivadavia 1635
Trailer
Sinopsis:
Corre el año 1896. En la densa selva paraguaya una niña Aché de tres años sobrevive a la masacre de su familia perpetrada por colonos blancos. Es bautizada con el nombre de Damiana por sus captores. Antropólogos del Museo de Ciencias Naturales de La Plata en Argentina la convierten en objeto de interés científico para sus estudios raciales.
En 1907, a la edad de catorce años es internada en una institución psiquiátrica la fotografían desnuda dos meses antes de que muera de tuberculosis. Aún muerta los estudios sobre su cuerpo continúan en La Plata y en Berlín. Cien años más tarde, un joven antropólogo identifica parte de sus restos en un depósito del Museo. Su cabeza es encontrada poco después en el Hospital Charité de Berlín.
A partir de las fotografías existentes y los registros antropológicos en Argentina y Alemania la película busca restituir su historia a Damiana y acompaña a los Aché desde que toman la decisión de reclamar la repatriación de sus restos, hasta que por fin les dan sepultura en la tierra de sus ancestros.
Una película de Alejandro Fernández Mouján
Estreno comercial 21 de mayo de 2015
Cine Gaumont - Rivadavia 1635
Trailer
Sinopsis:
Corre el año 1896. En la densa selva paraguaya una niña Aché de tres años sobrevive a la masacre de su familia perpetrada por colonos blancos. Es bautizada con el nombre de Damiana por sus captores. Antropólogos del Museo de Ciencias Naturales de La Plata en Argentina la convierten en objeto de interés científico para sus estudios raciales.
En 1907, a la edad de catorce años es internada en una institución psiquiátrica la fotografían desnuda dos meses antes de que muera de tuberculosis. Aún muerta los estudios sobre su cuerpo continúan en La Plata y en Berlín. Cien años más tarde, un joven antropólogo identifica parte de sus restos en un depósito del Museo. Su cabeza es encontrada poco después en el Hospital Charité de Berlín.
A partir de las fotografías existentes y los registros antropológicos en Argentina y Alemania la película busca restituir su historia a Damiana y acompaña a los Aché desde que toman la decisión de reclamar la repatriación de sus restos, hasta que por fin les dan sepultura en la tierra de sus ancestros.
lunes, mayo 18, 2015
Tarde sobre Tinelli
Tinelli los confunde a quienes más asimilan electorado con consumidor. FPV, FR, PRO, entran en esa. Los progresistas o republicanos más pulcros no. Pero hablamos de la “influencia” y… mmm. Mirar un programa supone una distancia, incluso algo que twitter patentó, el llamado “consumo irónico”. Salvo que apliquemos sobre los pobres que ven a Tinelli una suerte de “chori simbólico”: cuando llenás una plaza te dicen que van por los choris, pero cuando la gente ve Tinelli decís que votan mirando culos. Todo el mundo mira Tinelli, ¿qué vas a hacer? Nadie es boludo en este país. A esa hora, en Encuentro, te topabas con la imagen de Borges en blanco y negro. Tele de nicho. El tema es la relación espectáculo – política. ¿Quién está ajeno a eso? Cristina misma supone que la cadena oficial puede ser el armado de un espectáculo, de un baile, con las diferencias del caso, obviamente. Pero Tinelli como Intratables no politiza el espectáculo sino que espectaculariza la política. Los políticos tienen que mostrar su lado humano, su debilidad y convivir con la des-jerarquización, ahí donde cualquiera, un Brancatelli o una Fernández Barrio, en nombre de la democratización de la palabra, te humillan y te sacan del eje: de que el político tiene más responsabilidad y más especificidad sobre lo público. Tinelli los tienta con un rating envidiable, una audiencia policlasista absoluta, y les fija reglas inquebrantables. Como dice Alejandro Sehtman: la emisión misma de Tinelli es policlasista. Él tiene una política propia, y usa de un modo vandorista sus preciados segundos de aire: porque él también negocia cosas del “afuera real”. Me acuerdo de un movimiento intermedio de resistencia frente a eso: cuando Kirchner salió por teléfono, eludiendo a medias la gastada del Gran Cuñado del 2009, pero exponiendo que justamente lo que Tinelli no acepta es que le fijen otras reglas de juego que no sean las de él. Después, sí, es generoso, como lo fue con cada uno de los candidatos el otro día, y a cada uno le dejó hacer su speech. ¿Si yo fuese asesor de un candidato presidencial le diría que vaya? Negociaría hasta último minuto todo, pero Tinelli es una azafata que te puede abrir la puerta del avión en pleno vuelo y el político, ahí, está sin cinturón de seguridad. Es el único que no lo tiene. Qué crueldad.
viernes, mayo 15, 2015
miércoles, mayo 13, 2015
Radicales libres
Me pasó en el 2004: año de esplendor de las tasas chinas, y año que, con Blumberg en la cabecera, vivimos el fin de la luna de miel entre Kirchner y la Society Argentina (y, en tal caso, empezaba el matrimonio). Un año que no vivimos tan en peligro. Una tarde de otoño hice lo que hacía todos los días: tomar el 150 en Congreso. Me senté junto a un joven más joven que yo (26 contra 20), que estaba vestido con ropa deportiva: pantalón celeste tres tiras, zapatillas topper azules, chomba blanca y un bolso a los pies que rozaba mis pies. Me sobresalté cuando vi lo que tenía en sus manos: unos folletos de la Unión Cívica Radical. Tres años antes el último presidente radical volaba en helicóptero con el país hecho un desconche, ¿qué hacía este nativo con esos folletos a la luz? Los vi porque de reojo distinguí la cara del viejo santo de los laicos: Don Arturo Illia. Empecé a mirar el folleto, que él abrió e intentó leer, lo miré, y antes que piense algo raro, le pregunté qué era eso que leía. Levantó la vista, y con una predisposición inusual me contó que desde hacía un tiempo militaba en el radicalismo, y que estaba participando de un seminario de formación política. Me asombré, sonreí, mostré la complicidad pavota de los politizados que se encuentran vestidos de civil y lo primero que le pregunté fue si era radical por tradición familiar (ah, todo ese rollo de las filiaciones y la sangre azul de la política). Me dijo que no, que él era de Villa Lugano (a él se le ocurrió rápidamente decirme su barrio), y que su familia era más peronista. Pero sin que se lo pida, y adelantando jugadas, me expuso su juicio: me dijo que se afilió a la UCR porque pensó que “si el radicalismo es el partido que peor está, entonces, si me meto ahora, tengo más posibilidades de subir y ascender para cuando el partido vuelva a estar arriba, o sea, cuando vuelven al poder voy a estar bien a lo alto…”. Tal cual como lo cuento. Me dijo eso y se me quedó mirando, no como diciendo “ah, no te esperabas esto”, sino como diciendo: “ponele”. No era un idealista, está claro, y su argumento era el de un pragmático rústico aferrado a una ilusión bipartidista intacta: para él el péndulo de la política seguía teniendo nombre y apellido. “Entro al radicalismo ahora que no entra nadie.” Eso era todo lo que tenía para decir. Consideraba tan circunstancial la debacle radical de esos años que, cuando se restableciera ese equilibrio, él estaría ahí, inmutable, orgulloso de haber bancado la parada cuando nadie. Había en su razonamiento un argumento infantil tan obvio, tan básico, que me dejó mudo. ¿Podía pasar eso? No era uno de esos cien rosqueros que pululaban por los presupuestos públicos, me parecía uno de esos flaquitos, menudos, que miran desde afuera un partido de fútbol 5 y que entra porque les faltó uno, y que como no paga juega de pescador. Era un “permiso, ¿dónde me salvo?” en medio de ese país del 2004 en el que las empresas, las fábricas, los galpones, todo parecía reabrir, ¡salgan al sol!, vivíamos como en el final feliz de Luna de Avellaneda, y en ese espíritu este guacho habrá pensado “y cómo no va a reabrir, a la larga, la fábrica UCR”. Esa fábrica recuperada bajo control de los abogados. Su cálculo y su cinismo básico, casi tonto, se mezclaba a la inocencia con que iría a esas clases de formación en las que, presumo, le contarían más o menos una historia del país donde Illia, por ejemplo, ah, bajaba a leer el diario a un banco de la plaza de Mayo, porque era como un presidente-jubilado y bueno, la suma idiota de todas las debilidades que forman una “estatura moral”, tal como el radicalismo explicaba su debilidad (como fortaleza republicana, República = política débil), y yo pensaba también que en el fondo los radicales (viejos zorros que no eran ni ahí eso que decían ser) no se perderían lo mejor de este sátrapa inescrupuloso, joven argentino, con ropa deportiva, que me mostraba sus cartas a mí, un desconocido, a las 6 de la tarde arriba de un 150 atiborrado de gente cruzando la ciudad de norte a sur. Hubiera querido no bajarme en mi parada para terminar de completar el círculo sociológico de este protón que me dice: yo estoy acá, acá abajo, ¿ves?, y voy a llegar a allá, allá arriba, alto, ¿ves? Y ojalá ya se haya salvado de pasar la vida en Lugano. Ojalá haya llegado lejos en el palacio de víboras radichetas. Y ojalá odie a ese Illia que le vendieron en una maqueta, y que hoy repita este mejor piripipí: detrás de un político débil hay una voluntad colectiva quebrada.
(publicado en Revista Panamá)
(publicado en Revista Panamá)
lunes, mayo 11, 2015
jueves, abril 30, 2015
miércoles, abril 29, 2015
martes, abril 21, 2015
“A la gente que ha perdido a seres queridos sin una causa: Perdónennos por no haber detenido la tragedia. Rezamos porque las heridas cierren. A los soldados de todos los países en todos los siglos, que quedaron lisiados para toda la vida o que perdieron la vida: Perdónennos por nuestros malos juicios y lo que ocurrió a causa de ellos. A la gente que ha sido abusada y torturada: Perdónennos por haber permitido que eso sucediera. Como la viuda de alguien que fue asesinado en un acto de violencia, no sé si estoy lista para perdonar al que jaló el gatillo. Pero sanar es lo que urgentemente se necesita hoy en el mundo. Sanemos las heridas juntos.”(Yoko Ono, The New York Times, en vísperas de un nuevo aniversario del asesinato de John Lennon, el 8 de diciembre.)
jueves, abril 02, 2015
Las islas que inventamos
Soy de la quinta que vio Malvinas a colores, que conoció Malvinas por la guerra. No hay Malvinas sin guerra. Nos enseñaron Malvinas, como nombre de guerra. Malvinas es el nombre de guerra de Argentina. Malvinas es la imagen de los soldados de la frontera temblando de frío o miedo o rabia, y el residuo de un mundo intelectual que dio su “batalla” de ideas porque Malvinas convoca a un gran debate, y en parte es la cita oficial a una fosa de cuerpos para decidir por qué murieron. Por la democracia o por la patria. El zombie de Malvinas busca esa identidad entre nosotros, en los pasillos del tren: ¿morí por lo que no fui a pelear? Volvió sin tierra pero con la democracia arriba del barco. Malvinas es un círculo donde se superponen demasiadas cosas. Son muchos temas a la vez. Malvinas como un último “Marchemos”, y el dedo índice apuntando a un lugar porque, quizás, de fondo, había que huir hacia adelante. O una vuelta a la infancia nacional, a un estado donde todos, muchos, casi todos, regresan. ¿El deseo de migrar? ¿Un lugar donde pasar el invierno? No. A) si la memoria no sirve para aliviar no sirve para nada; B) las Malvinas no existen. Las Malvinas no existen y las fuimos a inventar. Fue el viaje del hombre argentino a su luna tucumana: al satélite blanco que nos enseñaron a mirar. Y nos educaron para ir alguna vez a su conquista. Y si los imperios llevaron a un perro al espacio, nosotros llevamos a los colimbas. ¿Cómo pensar Malvinas? El silencio frente al desfile de cuerpos, el silencio frente a un tren vacío, el silencio frente a un campo de batalla donde se encuentran borceguíes abiertos. Ese silencio es territorio de una mentalidad argentina, islas de la metafísica nacional. Un lugar que, si real, no sabríamos qué hacer (¿quién va?). Formas rústicas del nacionalismo sentimental de cada pueblo, del “interior profundo” con su soldadito de plomo, con su madre que lo esperó en la estación de tren. Somos todo: razón y sentimientos. La democracia argentina es una madre desesperada buscando hijos, huesos, sangre en las piedras. Asociación Madres del Dolor: la democracia nos hace un poco madres a todos. No sabíamos lo que perdimos hasta que lo fuimos a perder.
¿Qué recuerdo tengo de Malvinas? Nada. Nací en 1978. De chico mi hermano contó la historia de un compañero de escuela que le decía que el novio de su hermana mayor había ido a la guerra. Y decía que lo habían decapitado. Que había quedado sin cabeza. Y que a pesar de eso había caminado unos pasos. El soldado sin cabeza dio dos pasos. El soldado sin cabeza dio tres pasos. El soldado sin cabeza dio cuatro pasos. Todos en dirección a la habitación donde dormíamos con mi hermano. El zombie camina. Pero no pasa nada. Malvinas fue un gran teatro argentino de la despedida de un mundo, de una guerra, de guerrillas, de la guerra fría. ¡Qué malentendido militar el de la metáfora de la guerra fría! La fueron hacer ahí, al medio del frío. Y una guerra nunca es fría. Es una calentura bárbara. Una guerra argentina es un concierto de “la concha de tu madre”. El país de la guerra sucia llevado a una guerra limpia.
Una vez la Argentina fue a la guerra. Y fue con todo lo que tenía adentro. Con Astiz, con ATC, con la CGT, con la Jotapé, con Hernán Figueroa Reyes, con nuestro chamamecito maceta, con la flora y fauna del litoral. En un avión negro fuimos con Monzón Napalm. Fuimos con las monjas del Ministerio de Bienestar Social. Todos juntos. Torturador y torturado, y los millones de indiferentes. Fuimos con las tías de Perlongher y con los peines de las tías de Perlongher y con Perlongher y fuimos para que Fogwill se quede escribiendo Los Pichiciegos. Fuimos con todo lo que teníamos. Fuimos con el grupo de tareas 3.3 y con la donación de sangre de los presos políticos no aceptada por el jefe del servicio penitenciario, ¡pero no aceptada con lágrimas en los ojos!, y fuimos con el Fondo Patriótico, la recaudación donde volvían a tocar los artistas del exilio y con las operaciones truncas de esa relación cableada del montomasserismo en sus yates del Mediterráneo, cuando trocaron Paraná Guazú por Sena. Fuimos con todo, con el correntino en balsa que era el tataranieto del gaucho Rivero según el revisionismo de Avenida Figueroa Alcorta. El comandante Tramontina. Fuimos con todo lo que teníamos adentro. Con el Capitán de la Armada, Pedro Edgardo Giachino, muerto el día 1 porque la leyenda dice que entró como se entraba al departamentito clandestino en Caballito de un militante del PST, del PRT: pateando la puerta, pero también fuimos con el militante que quiso ir a una guerra de verdad porque nadie se quiere perder una guerra de verdad en un país de mentira, peeeeero, compañeros, nos dicen que el camarada Giacchino entró como se entra a algo que queda en la calle Pedro Goyena y del otro lado de la cortina de hierro que corrió había un ejército de verdad y una bala dorada de la OTAN. ¿Quién se quiere perder una guerra de verdad en el país de la guerra sucia, de la guerra popular y prolongada o de la guerra psicológica? Marchemos a la guerra. Todos. ¿Malvinas era el amor de todo el síndrome de Estocolmo que había en esos años desplegado en trincheras? ¿Trincheras de amor? Los chocolates Jack. ¿No llegan? Que lleguen. El tubby 3 y tubby 4. La trova rosarina. Que llegue. Todos los clichés: el chocolate, los chicos, la radio, el extraño mundo de jack. Cuántas cosas que nunca pisamos sentimos nuestras. La educación malvinera es un abrazo a la ausencia y sobre eso se construye nacionalidad: entonces, pregunta de diván, ¿qué vamos a tener cuando las recuperemos? ¿Seremos más libres? ¿Esa vez sí? ¿Cuántas Malvinas ya tenemos fronteras adentro: hermosas islas vírgenes que esperan la pisada de la civilización argentina? Generaciones y generaciones educadas mirando al sur. ¿Censo 1982: 28 millones de tipos escuchando Wagner? ¿Censo 1983: 28 millones de tipos escuchando Víctor Heredia? ¿Somos polacos o invadimos Polonia? Valientes, vuelo al ras del mar, voluntarios de sociedad de fomento y la minoría de siempre de los que ya la veían... fuimos con todo adentro, con todo pegado al Gran Talón Argentino. ¿Oís? ¿No es como si se levantaran todos los soldados en esa nube de tierra para decir exactamente y al unísono la gran consigna nacional: la concha de tu madre? Fuimos a representar nuestro papel en el mundo, nuestro amateurismo y saña, nuestra risa con el agua en los pies, y un coraje “a lo correntino” que no alcanza, que nunca alcanza, o que alcanza sólo para ser un poco más libres por momentos, para huir hacia adelante a veces también. ¿Y si ganábamos? No importa la dictadura, la que se iba a caer como todo consenso y orden cae. Pero... ¿y si ganábamos? ¿Quién se iba a mudar allá? ¡Quién se entregaba a un desarraigo nuevo si hasta dio fiaca mudarse a Viedma, ciudadanos! ¿Pero, y si ganábamos, si una vez ganábamos una guerra, una guerra regular, una guerra con todas las letras, una guerra con firma de rendición y todo? ¿Qué venía después? ¿Quién nos paraba si ganábamos? Diván visceral: Argentina y su guerra mental mientras extendemos el campo de la paz, del orden, la administración. Guerra de la mente: se libra “más allá del tiempo”, en nuestras imaginaciones, allá, corriéndonos a ojotazos por el campo viejo y lleno de ceniza de la única guerra real que libramos y perdimos y ¡menos mal que perdimos, compañeros! Malvinas: inventamos un lugar donde vamos a hacer todo de nuevo, a empezar de nuevo. Malvinas como una isla virgen. Pero Malvinas es la guerra en la que podíamos haber tenido el final, toda la locura en marcha cantando canciones del ERP, las canciones salesianas, canciones de armónica y colimba, barro, tal vez, “los chicos de la guerra” pero también “los chicos de la guerrilla”, porque hasta hace treinta años para todo el mundo la adolescencia terminaba antes. Para la colimba montonera o guevarista tampoco había edad. Peregrinación Juvenil a Pie a Luján en Malvinas: cada uno convertido en madre en socorro de esos “chicos de 18”. Ay, se hacen hombres en nuestros brazos mientras “derraman sangre”. I don't want to be a soldier. La sangre derramada nace para ser negociada. ¡Vandorismo del ADN! ¿Y si Malvinas era la última oportunidad de la reconciliación nacional? Loco volvamos. Llevemos en andas a medio mundo. Al desfile de ancianos que vegetan por los estrados de Comodoro Py. A los que contaron seiscientas veces lo que les pasó. Vamos con todo adentro. A una guerra se va con todo lo que tenés adentro. Marchemos. Esa no la vio Galtieri: había que mandar a todos. ¿Querés ir? Andá. Aunque sea servís sopa en las trincheras. Calentás el mate. ¿Robledo Puch quería ir? Mandalo! ¿Para qué lo queremos 45 años secando yerba al sol? Porque una guerra es un lugar excelente para volverse útil, una arandela de una máquina que tiene que funcionar, darwinismo de raje: “¿para qué servís?, ok, andá”. ¿Los montoneros querían ir? Hubieran ido. Los mandás. Chau. Reconciliación. ¿Qué iban a hacer? Cruzado por las balas, ¿qué te pasó Pepe?, le preguntan. Nada, dice. Como un boludo crucé la línea con la pava gritando 'sargento, sargento, ya está el agua'. Y está acostado contra la pared de una cocina de campaña, con un tiro en medio de la frente del que cada diez o veinte segundos sale un chorrito de sangre guasa. Soy de la quinta que vio Malvinas a colores, que conoció Malvinas por la guerra. No hay Malvinas sin guerra. Nos enseñaron Malvinas, como nombre de guerra. Malvinas es el nombre de guerra de Argentina.
(De O & P)
¿Qué recuerdo tengo de Malvinas? Nada. Nací en 1978. De chico mi hermano contó la historia de un compañero de escuela que le decía que el novio de su hermana mayor había ido a la guerra. Y decía que lo habían decapitado. Que había quedado sin cabeza. Y que a pesar de eso había caminado unos pasos. El soldado sin cabeza dio dos pasos. El soldado sin cabeza dio tres pasos. El soldado sin cabeza dio cuatro pasos. Todos en dirección a la habitación donde dormíamos con mi hermano. El zombie camina. Pero no pasa nada. Malvinas fue un gran teatro argentino de la despedida de un mundo, de una guerra, de guerrillas, de la guerra fría. ¡Qué malentendido militar el de la metáfora de la guerra fría! La fueron hacer ahí, al medio del frío. Y una guerra nunca es fría. Es una calentura bárbara. Una guerra argentina es un concierto de “la concha de tu madre”. El país de la guerra sucia llevado a una guerra limpia.
Una vez la Argentina fue a la guerra. Y fue con todo lo que tenía adentro. Con Astiz, con ATC, con la CGT, con la Jotapé, con Hernán Figueroa Reyes, con nuestro chamamecito maceta, con la flora y fauna del litoral. En un avión negro fuimos con Monzón Napalm. Fuimos con las monjas del Ministerio de Bienestar Social. Todos juntos. Torturador y torturado, y los millones de indiferentes. Fuimos con las tías de Perlongher y con los peines de las tías de Perlongher y con Perlongher y fuimos para que Fogwill se quede escribiendo Los Pichiciegos. Fuimos con todo lo que teníamos. Fuimos con el grupo de tareas 3.3 y con la donación de sangre de los presos políticos no aceptada por el jefe del servicio penitenciario, ¡pero no aceptada con lágrimas en los ojos!, y fuimos con el Fondo Patriótico, la recaudación donde volvían a tocar los artistas del exilio y con las operaciones truncas de esa relación cableada del montomasserismo en sus yates del Mediterráneo, cuando trocaron Paraná Guazú por Sena. Fuimos con todo, con el correntino en balsa que era el tataranieto del gaucho Rivero según el revisionismo de Avenida Figueroa Alcorta. El comandante Tramontina. Fuimos con todo lo que teníamos adentro. Con el Capitán de la Armada, Pedro Edgardo Giachino, muerto el día 1 porque la leyenda dice que entró como se entraba al departamentito clandestino en Caballito de un militante del PST, del PRT: pateando la puerta, pero también fuimos con el militante que quiso ir a una guerra de verdad porque nadie se quiere perder una guerra de verdad en un país de mentira, peeeeero, compañeros, nos dicen que el camarada Giacchino entró como se entra a algo que queda en la calle Pedro Goyena y del otro lado de la cortina de hierro que corrió había un ejército de verdad y una bala dorada de la OTAN. ¿Quién se quiere perder una guerra de verdad en el país de la guerra sucia, de la guerra popular y prolongada o de la guerra psicológica? Marchemos a la guerra. Todos. ¿Malvinas era el amor de todo el síndrome de Estocolmo que había en esos años desplegado en trincheras? ¿Trincheras de amor? Los chocolates Jack. ¿No llegan? Que lleguen. El tubby 3 y tubby 4. La trova rosarina. Que llegue. Todos los clichés: el chocolate, los chicos, la radio, el extraño mundo de jack. Cuántas cosas que nunca pisamos sentimos nuestras. La educación malvinera es un abrazo a la ausencia y sobre eso se construye nacionalidad: entonces, pregunta de diván, ¿qué vamos a tener cuando las recuperemos? ¿Seremos más libres? ¿Esa vez sí? ¿Cuántas Malvinas ya tenemos fronteras adentro: hermosas islas vírgenes que esperan la pisada de la civilización argentina? Generaciones y generaciones educadas mirando al sur. ¿Censo 1982: 28 millones de tipos escuchando Wagner? ¿Censo 1983: 28 millones de tipos escuchando Víctor Heredia? ¿Somos polacos o invadimos Polonia? Valientes, vuelo al ras del mar, voluntarios de sociedad de fomento y la minoría de siempre de los que ya la veían... fuimos con todo adentro, con todo pegado al Gran Talón Argentino. ¿Oís? ¿No es como si se levantaran todos los soldados en esa nube de tierra para decir exactamente y al unísono la gran consigna nacional: la concha de tu madre? Fuimos a representar nuestro papel en el mundo, nuestro amateurismo y saña, nuestra risa con el agua en los pies, y un coraje “a lo correntino” que no alcanza, que nunca alcanza, o que alcanza sólo para ser un poco más libres por momentos, para huir hacia adelante a veces también. ¿Y si ganábamos? No importa la dictadura, la que se iba a caer como todo consenso y orden cae. Pero... ¿y si ganábamos? ¿Quién se iba a mudar allá? ¡Quién se entregaba a un desarraigo nuevo si hasta dio fiaca mudarse a Viedma, ciudadanos! ¿Pero, y si ganábamos, si una vez ganábamos una guerra, una guerra regular, una guerra con todas las letras, una guerra con firma de rendición y todo? ¿Qué venía después? ¿Quién nos paraba si ganábamos? Diván visceral: Argentina y su guerra mental mientras extendemos el campo de la paz, del orden, la administración. Guerra de la mente: se libra “más allá del tiempo”, en nuestras imaginaciones, allá, corriéndonos a ojotazos por el campo viejo y lleno de ceniza de la única guerra real que libramos y perdimos y ¡menos mal que perdimos, compañeros! Malvinas: inventamos un lugar donde vamos a hacer todo de nuevo, a empezar de nuevo. Malvinas como una isla virgen. Pero Malvinas es la guerra en la que podíamos haber tenido el final, toda la locura en marcha cantando canciones del ERP, las canciones salesianas, canciones de armónica y colimba, barro, tal vez, “los chicos de la guerra” pero también “los chicos de la guerrilla”, porque hasta hace treinta años para todo el mundo la adolescencia terminaba antes. Para la colimba montonera o guevarista tampoco había edad. Peregrinación Juvenil a Pie a Luján en Malvinas: cada uno convertido en madre en socorro de esos “chicos de 18”. Ay, se hacen hombres en nuestros brazos mientras “derraman sangre”. I don't want to be a soldier. La sangre derramada nace para ser negociada. ¡Vandorismo del ADN! ¿Y si Malvinas era la última oportunidad de la reconciliación nacional? Loco volvamos. Llevemos en andas a medio mundo. Al desfile de ancianos que vegetan por los estrados de Comodoro Py. A los que contaron seiscientas veces lo que les pasó. Vamos con todo adentro. A una guerra se va con todo lo que tenés adentro. Marchemos. Esa no la vio Galtieri: había que mandar a todos. ¿Querés ir? Andá. Aunque sea servís sopa en las trincheras. Calentás el mate. ¿Robledo Puch quería ir? Mandalo! ¿Para qué lo queremos 45 años secando yerba al sol? Porque una guerra es un lugar excelente para volverse útil, una arandela de una máquina que tiene que funcionar, darwinismo de raje: “¿para qué servís?, ok, andá”. ¿Los montoneros querían ir? Hubieran ido. Los mandás. Chau. Reconciliación. ¿Qué iban a hacer? Cruzado por las balas, ¿qué te pasó Pepe?, le preguntan. Nada, dice. Como un boludo crucé la línea con la pava gritando 'sargento, sargento, ya está el agua'. Y está acostado contra la pared de una cocina de campaña, con un tiro en medio de la frente del que cada diez o veinte segundos sale un chorrito de sangre guasa. Soy de la quinta que vio Malvinas a colores, que conoció Malvinas por la guerra. No hay Malvinas sin guerra. Nos enseñaron Malvinas, como nombre de guerra. Malvinas es el nombre de guerra de Argentina.
(De O & P)
miércoles, abril 01, 2015
martes, marzo 24, 2015
Fragmento de "Almirante Cero" de Claudio Uriarte
"El primer gobierno del Proceso llegaba, pues, a su fin con un desenlace paradójico respecto de sus objetivos originales: si en 1976 los militares se habían propuesto recuperar para el Estado el monopolio de la violencia legítima, en 1978 habían descompuesto por completo al Estado y a sus Fuerzas Armadas en una multiplicidad de zonas de influencia y de grupos de tareas. Una explicación para esto era el número de bajas requerido por la “guerra sucia”, que se había propuesto el exterminio absoluto de los jefes sindicales y profesionales más izquierdistas y la destrucción física completa de unas organizaciones guerrilleras bastante poderosas. Sin embargo, esto era sólo el “en sí” del Proceso, no su “para qué”. Simpatizaran o no con Martínez de Hoz, las distintas fuerzas militares lo único que hacían era convertir al país en territorio seguro para el “martinezdehocismo”, un programa económico que disfrutó de condiciones de estabilidad política como no habían existido en la Argentina desde la década del 30. Martínez de Hoz revalorizó el campo como principal exportador, liquidó las industrias pequeñas mediante una salvaje competencia importadora y creó dispositivos de especulación para la atracción de capitales. Las consecuencias de su plan en la estructura social fueron el decrecimiento del número de obreros industriales, el aumento de los trabajadores por cuenta propia, la proletarización de una parte de la clase media y el rápido ascenso social de otra.
El gobierno, que hacía desaparecer obreros concretos de noche, hacía desaparecer obreros estadísticos de día, y esa operación sólo podía realizarse en esas condiciones de máxima autoridad pública y mínima autoridad de comando."
El gobierno, que hacía desaparecer obreros concretos de noche, hacía desaparecer obreros estadísticos de día, y esa operación sólo podía realizarse en esas condiciones de máxima autoridad pública y mínima autoridad de comando."
miércoles, marzo 11, 2015
jueves, febrero 19, 2015
martes, febrero 10, 2015
sábado, enero 17, 2015
lunes, diciembre 29, 2014
miércoles, diciembre 24, 2014
jueves, diciembre 11, 2014
Marxista-leninista
El rock o el pop no dieron otra personalidad tan mesiánica como la de John Lennon. Rey de los Beatles, autor de una revolución que ganó, de una de las revoluciones triunfantes del siglo 20, comprobó el límite del arte, el límite de la política, el límite del comunismo y el límite de las micropolíticas en el lapso que va de 1968 a 1973. Aquí, un pedazo de ese llamado a la paz, para mí más desconcertante que ingenuo o tonto. El mejor músico del siglo 20.
miércoles, diciembre 10, 2014
lunes, diciembre 08, 2014
lunes, diciembre 01, 2014
jueves, noviembre 27, 2014
La Justicia
“Si se sabe dónde está el desequilibrio de la sociedad, hay que hacer todo lo que se pueda para agregar peso en el platillo más liviano. Aunque ese peso sea un mal, manejándolo con esa intención puede ser que no manche. Pero es necesario haber concebido el equilibrio y estar siempre dispuesto a cambiar de lado como la justicia, ‘esa fugitiva del campo de los vencedores’.” (Simone Weil)
viernes, noviembre 21, 2014
martes, noviembre 18, 2014
viernes, septiembre 05, 2014
miércoles, agosto 20, 2014
miércoles, agosto 06, 2014
lunes, agosto 04, 2014
Balance de gestión
A Fogwill le encantaban estos versos andá a saber de quién: en el desierto del amor / el espejismo del poder. Sé lo que hiciste el default pasado, político argentino. Aplaudiste. Aplaudiste de pie, y el presidente de esa semana trágica, el capitán de fragata Adolfo Rodríguez Saa, dijo lo que dijo a sala llena, sonrió al decirlo, y paró de decir y, gustoso, dejó que el aplauso haga su ritmo como en una playa del Atlántico. Había un niño perdido. Un niño pobre, un famélico, un hurón en la noche de la mishiadura. Era la hora de la deuda interna, chau convertibilidad y sueño del derrame. La clase política (nuestros Miserables) vivía el primer día de la libertad después de, como dice Alejandro Sehtman, “representar demasiado”. Representar demasiado en las dos primeras décadas de democracia (y encima se la llevaron en pala). Representar demasiado los sueños de la libertad y el deseo de tener cosas. La libertad civil, la libertad política, la libertad económica. Una gran república a la que le sobraba el Estado (ENTEL, la picana eléctrica, Fabricaciones Militares, los sindicatos peronistas) nos hizo concha. La convertibilidad fue la verdadera primavera democrática, aunque rara: se le vino el invierno encima. Una primavera de economía gobernada por el orden democrático. La solidez de ese 1 a 1, de ese empate curioso, doctrina literal del consenso de Washington, digamos, incubó una bomba pero también solidificó un poder, un poder político, un poder civil, un poder civil a como dé lugar, y, el saldo victorioso es una suerte de consuelo de vencedores/vencidos: quién nos saca a los civiles del Estado… Nadie. No es que haya que releer la década del 90 por la disputa de la estética de la política, hay que releer la década del 90 también para entender mejor las lentas construcciones del orden justo ahora que, digámoslo, se abre un paréntesis y en algún lado se trama el futuro y sus (nuevos) consensos. A la década griega del alfonsinismo le siguió la década romana del peronismo liberal. ¿Y ahora? En política, en la vida, cada default es un mundo.
¿Cómo termina esto? ¿Qué es exactamente esto que parece temblar y que no se termina de traducir en ninguna señal clara? Son los movimientos de una transición política en la Argentina que –parece ley- sólo se sabe hacer mal. Cada diez años se debe producir un estallido sobre las placas sociales, según las reglas del orden. Hoy nadie grita “a los botes”, el apocalipsis no será televisado, pero qué lento es el río de la historia. Y qué oscuro a veces. El sueño de la virtud republicana es la transición estable. El sueño de los republicanos argentinos (todos: los republicanos puros, los republicanos sucios, los republicanos peronistas, los republicanos de izquierda) es llegar al poder pisando tierra arrasada, refundando todo. Fundar más que continuar. La “moderación” de algunos de los candidatos que están en el candelero (más allá de la raíz ideológica de esa moderación) podría ser una señal social a favor de esa transición regulada: nadie quiere que todo cambie. El pueblo es un viejo zorro gatopardista. Macri (el enemigo favorito de muchos ká) propone la mayor dosis de refundación en su posible presidencia. Es, por el supuesto valor de su ideología explícita (“dice lo que piensa”), el que promete poner negro donde había blanco y blanco donde negro, según el cálculo de muchos kirchneristas que consideran una deshonra cualquier apreciación selectiva de “lo bueno” y “lo malo” en el saldo de su década. Como si en esa explicitación (“no todo fue malo”) hubiera un simple aprovechamiento ideológico que esconde la verdad ideológica invertida: para ellos lo bueno es malo, lo malo es bueno. Porque, de mínima, es un bueno/malo que nunca aclara qué es qué, y cuando lo aclare (cuando esos sean gobierno) será demasiado tarde. Ay, los “vidriosos”.
¿Hay default o no hay default? ¿Hay arreglo entre privados? Las preguntas de este miércoles de ceniza, simultáneo al entierro de Don Julio Grondona, es una de las encrucijadas medulares de la “transición ordenada”. Todo pasa es todo puede pasar, en el sentido más intenso de lo que eso significa.
(Publicado en Ni a Palos, 2 de agosto 2014)
¿Cómo termina esto? ¿Qué es exactamente esto que parece temblar y que no se termina de traducir en ninguna señal clara? Son los movimientos de una transición política en la Argentina que –parece ley- sólo se sabe hacer mal. Cada diez años se debe producir un estallido sobre las placas sociales, según las reglas del orden. Hoy nadie grita “a los botes”, el apocalipsis no será televisado, pero qué lento es el río de la historia. Y qué oscuro a veces. El sueño de la virtud republicana es la transición estable. El sueño de los republicanos argentinos (todos: los republicanos puros, los republicanos sucios, los republicanos peronistas, los republicanos de izquierda) es llegar al poder pisando tierra arrasada, refundando todo. Fundar más que continuar. La “moderación” de algunos de los candidatos que están en el candelero (más allá de la raíz ideológica de esa moderación) podría ser una señal social a favor de esa transición regulada: nadie quiere que todo cambie. El pueblo es un viejo zorro gatopardista. Macri (el enemigo favorito de muchos ká) propone la mayor dosis de refundación en su posible presidencia. Es, por el supuesto valor de su ideología explícita (“dice lo que piensa”), el que promete poner negro donde había blanco y blanco donde negro, según el cálculo de muchos kirchneristas que consideran una deshonra cualquier apreciación selectiva de “lo bueno” y “lo malo” en el saldo de su década. Como si en esa explicitación (“no todo fue malo”) hubiera un simple aprovechamiento ideológico que esconde la verdad ideológica invertida: para ellos lo bueno es malo, lo malo es bueno. Porque, de mínima, es un bueno/malo que nunca aclara qué es qué, y cuando lo aclare (cuando esos sean gobierno) será demasiado tarde. Ay, los “vidriosos”.
¿Hay default o no hay default? ¿Hay arreglo entre privados? Las preguntas de este miércoles de ceniza, simultáneo al entierro de Don Julio Grondona, es una de las encrucijadas medulares de la “transición ordenada”. Todo pasa es todo puede pasar, en el sentido más intenso de lo que eso significa.
(Publicado en Ni a Palos, 2 de agosto 2014)
viernes, julio 25, 2014
jueves, julio 24, 2014
Una
vez, una mañana, básicamente: el día después al cierre del canje
del 2005, yo trabajaba en un programa del gobierno de la ciudad y
tenía que ir dos veces por semana a la sede de avenida de Mayo,
frente al Cabildo. Y esa mañana en la puerta del Cabildo me crucé
a Guilermo Nielsen (del equipo de Lavagna), me paré, él iba con
alguien más, le dije: "Señor, gracias, usted es un patriota",
y le di la mano. Casi llorando. El tipo me miró como si lo hubiera
saludado un nativo. En fin. Tengo este problema con Lavagna: no puedo odiarlo.
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