miércoles, enero 03, 2007

Mientras floto en las piletas romanas del Bernasconi

Claro, para quien la Sociología es una aventura de la lengua, probablemente su acceso a la gestión de esa caja de resonancia o caleidoscopio de la lengua, la Biblioteca Nacional, merezca el mismo trato. No es en Horacio una virtud el consenso político, sino un efecto mas de la dialéctica de sus lecturas intensas de la cultura nacional, o sea: no es un tipo que construya un consenso, sí alguien que desea el deseo, que aspira reponer lo remoto al presente, o sea: alguien que elude la gestión, o sea: un anti-burócrata que convierte en piezas de museo vivo la voz y acción de los otros, los burócratas, o sea: un aventurero recorriendo el Patrimonio Nacional y Estatal para quien la idea de gestión es negadora de las "tradiciones potentes". O sea: alguien que no cree en el conflicto.

Nunca atrapado en la pregunta que el ex militante del PI, mas luego conductor de tele, Matías Martin, hiciera famosa: "¿de qué lado estás, chabón?", está Horacio demasiado preocupado por las aventuras de la lengua, y entonces, claro, un espacio de gestión resulta una abrumadora exploración por ciertos estados de esa lengua, o sea: una gestión antropológica. Y eso lo excita.

Lo que Tarcus pide, leyendo todo, iría mas en fina sintonía nacional, y se diría así: "una Biblioteca en serio". Y no un descenso alucinado al Museo Peronista, Militar y Desarrollista, que en sus diversas capas y napas, es el Estado Argentino. Lenguas y legados profundos habitan la biblioteca, y Horacio descubre en ella, la posibilidad comunitaria, reconstruir la Comunidad Organizada de la Biblioteca Nacional, en cuyo centro vaga la lengua áspera de las que el otro Horacio intenta desprenderse: las burocracias sindicales, las clientelas políticas, los boliches. González defenderá, casi tanto como a la Revista legendaria, esas tradiciones como a un Patrimonio equiparable al de los libros. No puedo mas que simpatizar con esta melancolía, aunque buscaría un argumento realista del presente.

No sé, hermano, muy complicado. González siempre pudo con todo: explica sus posiciones en una desnudez extrema de argumentos que hacen a cada pequeña decisión un grito existencial. No hace política, hace metapolítica. Después de leer cuarenta Unidos, cien reportajes y notitas de los '80, concluí que él fue renovador, pero no para partidizar al peronismo, sino como forma de introducir el debate alfonsinista al interior del peronismo: en principio, digamos, la Renovación como el Alfonsinismo Posible. Siempre lejos de la decisión concreta y sucia del arremangarse en la gestión, siempre pendiente de traducir al barroco un programa peronista de lo que no fue.

Yo haría esto: los rajo a los dos. Cierro la Biblio, y donde está hago el Monumento al Hachero Tucumano que paga el IVA. Después repongo a Torcuato en Cultura, llevando al extremo su verdadera idea: poner un comedor en donde hay una biblioteca. Reparto los libros en las casas inauguradas de la Obra Pública. ¿Lo importante? Que vuelvan los políticos a la ciudad, después del decembrismo platónico que los echó. ¿Los poetas? Que se vayan todos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Jaja:sí, que vuelva Torcuato. Y sería bueno que sigas posteando acerca de el caso de Gerez, de si es verdad que es una interna entre dos líneas del Movimiento Justicialista: El Movimiento Evita por un lado y la gloriosa Bonaerense por el otro.

maiakovski dijo...

Che, Martín, qué populista-rosista lo tuyo. Cultura también es gestión. Una Biblioteca en serio calmaría a las fieras, es decir, a los gatitos de angora cuyos maullidos ocupan las columnas de varios medios, de izquierda a derecha. Esto desde una postura cínica. Desde una postura más positiva, estaría bueno tener una buena Biblioteca nacional donde los poetas giles como vos, yo y tantos otros, después de habernos ido de la ciudad reocupada por los políticos de verdad,pudiéramos buscar viejos libros finitos y gastados de poesía argentina. Pensá que así no cometerías errores como ubicar a Madariaga en la poesía del 40.

Anónimo dijo...
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paniagua dijo...

Sos un poco impiadoso. El error fue, sí, meterlo ahí, aunque creo que tiene una relación especial con los '40. Pero no hablo de poesía en este blog, para eso abrí este:unpanaderoentuombligo.blogspot.com; lo que sí: de la Biblioteca, leé los argumentos de renuncia, mi opinión es que hay que darle la razón a Tarcus (más allá de lo obviamente y groseramente "gorila"). Horacio no nació para gestionar, estaba mejor con Elvio, que cortaba el bacalao, y Horacio atrás, o al costado, tirando brillantina retórica arriba de la fría y esencial tarea burocrática de hacer una buena biblioteca nacional (y popular).

maiakovski dijo...

Totalmente de acuerdo. Yo me refería, más bien, al cierre del post, si bien entendí la broma. En la biblioteca hay que poner de director a un gris bibliotecólogo que sepa organizar el laburo concreto y de vicedirector a un politiquero que sepa manejarse con los grupos y camarillas internos. Es evidente que el sindrome Borges de poner al frente a intelectuales reconocidos es para la tribuna, y por un rato: una nota en Clarín y otra en Página (con posible reportaje) cuando sale el nombramiento y chau.

Anónimo dijo...

no lo crucifiquen a gonzalez, me parece que si hay una tarea que es necesaria, además de la de la gestión, es la de generar o regenerar tejidos simbólicos, y ese es un poco su proyecto de bioblioteca; y tampoco nos creamos todo lo que dice Tarcus, sólo porque lo dice en ese estilo de profesional-argentino-ofendido-por-la-barbarie.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-78471-2006-12-31.htm

SL dijo...

anónimo, tejidos simbólicos para los estudiantes de medicina o derecho que concurren a la bn? o para los 1500 lectores-autores de sociología literaria que participan de su agenda cultural?