martes, octubre 09, 2012

La mujer es lo negro del mundo

Mientras tanto, alguien tendría que responder por qué Yoko Ono, María Kodama o Isabel Perón no son la misma persona. Las tres caras de una misma mujer como si fueran las tres caras de una misma serpiente, las tres que llegaron “después” de un golpe de estado de sábanas de seda y conquistaron el corazón de los héroes de todas las clases. Se representan así: las conchudas. Fueron (son) odiadas por la masa arrebatada del fanatismo. Mujeres orientales, impopulares, con un “magnetismo incomprensible”, virtuosas -según su propio mito. De una sensualidad ante los ojos de ELLOS que nadie más pudo ver. ¿Son hermosas? No. Guardan un misterio, un misterio que se toca con un palo, así, con la punta del palo. Mujeres que estos tres mitos de la polis amaron contra la corriente porque ellas los sacaron de la corriente, los acunaron un poco a orillas del río de la historia que tanto arrasa. Pero los sobrevivieron y he ahí el dilema, compañeros. Ellas, las amas de la iconografía del gran nicho. Mujeres que ocurren en el pasado. Que custodian los mitos y que en su acidez -al que se acerca- lo arrojan al futuro. A la emergencia de construir nuevos mitos. Por eso permanecen como fantasmas horribles alrededor de la tumba de los héroes. Para no volver a ellos siempre.

Las tres están vivas hace demasiado tiempo. ¡Las tres están vivas hoy, 2012, a décadas de los pasos a la inmortalidad de sus compañeros y viven como viudas negras, hablan poco, son celosas de los restos del imperio que administran con pasión liberal! Yo mandaría YA a una delegación de juventudes políticas para hablar con esa mujer de rodete, voz finita y fálica, que amaba a Perón pero no al pueblo y que volvió a España para siempre, porque, compañeros, una parte de Perón es española y medieval. Una maravilla mucho más literaria que toda la pastelería pop de la iconografía evitista… Isabel Perón es un hecho maldito, gira mágica y misteriosa en Libia, que nos puede contar cómo eran las siete de la tarde del General, la hora del lobo o, simplemente, qué gracia de Fidel Pintos lo divertía más. Isabel vive como paria de la historia. Sabe mucho de todos: de Perón, de López Rega, de Massera, de Lorenzo Miguel… Y así podría escribir ella sola la historia de esos conquistadores del movimiento. ¿Por qué Perlóngher y la literatura gay no se detuvieron en ella ni un sólo segundo, ni un instante sobre ese cuerpo alambrado de la derecha peronista? Chabela, Isabel, María Estela, ¿no tiene sangre plebeya? ¿No bailó también en el teatro prusiano? Isabel La Católica y Evita la cristiana. Encanta el mito evitista de la actriz de Los Toldos, pero a Isabel le entrás por otros lados: es la mujer de las 3 A, la gaucha del caudillo que acuñaba que las palabras son hembras y los hechos son machos y se guardó todos los secretos y nadie, ni siquiera un hijo de Cafiero, se le acerca para oír su balbuceo, un poco del sonido y la furia de esta historia tan china. Mi póster sería una foto de esas tres, una foto warholiana, cuatro cuadros de cuatro colores pero con un cuadro en blanco, vacío, que diga: “la próxima podés ser vos”. El mundo no sabe dónde poner a estas celadoras de erotismo sadomasoquista.

Está en una pared escrito hoy con aerosol negro. Y quedó todavía porque estaba escrito que así sea, fue una promesa cumplida en una pared del barrio de San Cristóbal, a pocas cuadras de la sede de la Unión Ferroviaria. Decía: Isabel jefe: leña a los rebeldes. La traducción decimal no es necesaria. Sabemos lo que es un jefe, lo que es la leña, lo que fueron los rebeldes. Y no hace falta escribir con tiza todos los días que eso es del año 1975, el mundo anterior a este mundo. Y que esa mujer podía ser dueña de la vida y de la muerte de todos porque había sido dueña de la vida de uno solo. A veces la historia se asalta así, cuerpo a cuerpo. Las tres, Isabel-María-Yoko, viudas asiáticas, tuvieron la humanidad en un puño. Ahora, un puñado de ceniza carísima.

Entre Borges, Lennon y Perón se define una genética argentina promedio, el pasado. La playa de piedritas de Alan Pauls. Tres mujeres iguales. Tres orientales que tocaron con mano fría sus karmas. Los acompañaron en el otoño. La beatlemanía, el peronismo, la literatura nacional, y estas tres chinas que todos los días tiran arroz sobre el cajón. ¡Había que salvar al hombre! Ningún poeta feminista o gay escribió algo a la altura de esos mitos.

Informe sobre aborto (2011)

sábado, octubre 06, 2012

La nada en X tuits

El de izquierda se entrega -siempre- al carácter universal de sus ideas. O sea, "el otro" no piensa distinto, simplemente "está mal".

El de derecha, quizás, mutila lo que de universal tienen sus ideas. Y convierte su pensamiento en una astucia. ¿El otro? Es un boludo.

El peronismo es la militancia retórica y barroca de un simple legado oriental: si sucede conviene.

Partido de poder versus partido de ideas en un país con dos clases: la clase media y la clase política.

lunes, septiembre 24, 2012

Invitación

El miércoles 26 de Septiembre, y por la competencia oficial del Festival de cine latinoamericano de la UNSAM, van a proyectar Iré (el deseo de los orishas). La cita es a las 14 horas en 25 de Mayo y Francia, San Martín, Bs. As. En el auditorio Lectura Mundi de la Universidad de San Martín. Guido Mignogna

Iré

viernes, septiembre 14, 2012

Tuits de la noche en pañales

La oposición que tiene que hacer pedagogía sobre sus representados. Pasar a civilización ese runrún difuso. TN no podía poner testimonios. Era un largo paño de las ciudades y la sola voz de sus cronistas. // Esa plaza también tiene algo intraducible. Y la fantasía eterna de la oposición es creer en la representación total. // Sobre todo atender que la política no es una sábana flexible que no deja nota sin tocar. // Representar no es soplar y hacer botellas. Ni recoger mensajes del mar. Ni todo es representable. No le inventemos utopías a la democracia. // Por eso tampoco ahora una fe ciega en que toooodo es representable. Una sociedad con lagunas, intemperies es inevitable. // Este país es más invivible desde que en la espuma de la espuma creímos que ser de clase media está mal. // Apagar la FM Forster compañeros y su repetición de lo que decía en Página 30 hace veinte años. Día de meditación. Nos toca hacernos el Sri Sri. // O sea, representar no es amplificar el abajo. Es hundir las patas en ese yuyo. Separar paja del trigo. Sacar sueños en limpio. // Y una parte de la solución republicana es bajar decibeles de la policía semiótica. Nuestro "yegua montonera" es "Videla=Macri". // 90's: puedo comprar los dólares que quiero pero no tener el sexo que quiero. 2010's: puedo tener el sexto que quiero, pero no los dólares que quiero.// Liberales somos todos.

lunes, agosto 06, 2012

Federalismo a la que te criaste

(Publicado en Le Monde Diplomatique, septiembre de 2011)

Uno de los debates faltantes de estas elecciones es quizás uno de los debates faltantes de la democracia: el desequilibrio territorial, el legado de un federalismo a la que te criaste, o sea, regulado por los avatares de la economía real. Es interesante pensar este momento comparativamente al último debate que puso en discusión la cartografía política y que fue estigmatizado como muchas de las ideas ambiciosas de Raúl Alfonsín: trasladar la Capital Federal al distrito Viedma-Carmen de Patagones, convertido así en un nuevo distrito federal; el “Proyecto Patagonia” que en 1986 impulsó el entonces presidente.

El proyecto también suponía la creación de una nueva provincia que incluyera a la ciudad de Buenos Aires. Y, finalmente, lo único que pudo cumplir fue la provincialización del entonces territorio nacional de Tierra del Fuego.

El intento del “traslado” tenía un antecedente cercano: la sanción por parte del general Lanusse, el 3 de mayo de 1972, del decreto-ley 19.610, donde también declaraba “la necesidad de trasladar la Capital de la Nación”. Era una idea estrictamente militar (que no prosperó), alejada del espíritu inmediatista del político clásico, podríamos decir. Pero Alfonsín no era un político clásico: era el padre de una política clásica y burguesa que pretendía heredar generaciones progresistas y profesionales de lo público.

Repasemos los hechos: en cadena nacional un 15 de abril de 1986 Alfonsín presenta el proyecto, incluyendo frases de Leandro N. Alem, y produce un efecto sorpresa que golpea con su cola simbólica los cimientos del imaginario peronista, sin dar demasiadas pistas acerca del modo en que “eso” se llevaría a cabo. Al otro día pronuncia otro discurso en Viedma, en terreno. La consigna con la que quiere endulzar los oídos estaba sembrada de sentimientos: “Crecer hacia el sur, hacia el mar y hacia el frío”. “Poética”, se podía decir, pero como profecía social sonaba atroz: ¿quién iba a querer expandir las fronteras hacia esa zona polar cuatro años después de que una guerra signara el fin de la dictadura con cientos de vidas perdidas en el sur, en el mar y en el frío?

Algo de eso era evidente: la trama fundacional con que todo-ese-gobierno se regodeó estaba culturalmente adherida a un sentimiento que hacía de ese terreno congelado y virgen del sur patagónico su zona de promesas. Si la democracia se le debía a la derrota militar en el sur, una fuerte cruzada civilizatoria debía expandirse hacia allí. No es posible pensar Viedma sin articularlo con “las islas”. Alfonsín sintonizó algo del sentimiento malvinero siendo justamente uno de los acusados de la “desmalvinización”, y tal vez el político de primera línea más lúcido en advertir el drama de la guerra, cosa que dejó escrito en un diario Clarín de aquellos días. Pero su aspiración conquistadora y desarrollista poseía un sentimiento “austral” procesado en clave alberdiana: porque intercambiaba nuevos héroes ingenieros por los formidables guerreros en jeaps. Poblar el continente era la fórmula de un patriotismo civilizatorio que podía funcionar como respaldo legítimo al reclamo malvinero.

Mapas

La revisión del asunto Viedma también podría alumbrar algo que hoy puede ser dicho así: el desalojo de la visión militar de lo público restó pensamiento estratégico al campo de la política. Incluso se podría conjeturar un saldo obvio y maniqueo: intercambió encuestas por mapas, marketing por cartografía dura. Porque lo de Viedma tenía una dimensión estratégica ya desconocida para el incipiente orden democrático. La mirada militar sobre el espacio y el tiempo es una mirada con movilidades fuertes, que no repara en sensibilidades y arraigos. Para un militar un país es un terreno. Un pueblo es una población. No hay electorado, sino formas de consenso.

Corría 1986 y la economía (el “Plan Austral”) se desplomaba, y el reflejo de Alfonsín parecía una huida hacia adelante. Sin embargo ese proyecto pudo significar el breve retorno a un ideal especulativo: desplazo de población, inversión, descentralización. Fundar la ciudad que rompa el diagnóstico de la “macrocefalia argentina”, tal como metaforizaba para construir solidaridades reacias a la ciudad-puerto. Era un volantazo con resabio federal que se imponía sobre una Buenos Aires a la que los peronistas creían de nuevo ocupada con su Saúl querido. Si Alfonsín parecía un político épico de la transición de dos mundos (el mundo de lucha que se dejaba atrás y la democracia moderna que nacía), Ubaldini era la contracara sentimental, silvestre y melancólica con que se hacía sentir la fuerza material del peronismo.

Alfonsín imaginó un nuevo mapa para un nuevo capitalismo. O algo más sincero: quiso quebrar el territorio cercado por las fuerzas de los sindicatos, los capitanes de la industria y los carapintadas. Su respuesta a ese laberinto de lo real era ilusa: fundar otra ciudad “sin patas y sin fuente”. La ciudad limpia de la administración pública que torciera la atracción de la naturaleza económica, los flujos permanentes de migración, etc.

A su vez, lo que reforzaba el aspecto mesiánico era que el proyecto se enmarcaba en un plan de inversiones y reformas al que llamó Plan para una Segunda República Argentina, que incluía el reordenamiento del sistema de salud, la democratización de los sindicatos y la creación de empresas mixtas. Pero para que una idea sea una gran idea tiene que tener en cuenta el tiempo y el espacio, guiada por el sentido de la oportunidad. Una idea son sus circunstancias.

Si algo marcó a las generaciones ilustradas del siglo 19 surgidas tras la caída de Rosas fue que su tiempo histórico se tramaba en la gestación de estrategias, proyectos, tensiones y planificaciones sobre el espacio, dominadas por la incomodidad frente a la realidad territorial argentina. Si la leyenda del federalismo bravo aparecía como un auténtico grito de la tierra, la contracara del progreso pareció sostener su mandato civilizatorio sobre un suelo al que el destino había condenado a los hombres de luz. El problema de la población inculta y la extensión territorial permitían el mesianismo de un país pensado desde cero, en la posguerra civil. Pero el Estado de barbarización sobre el que los radicales operaban desde 1983 se encontraba en el Estado. Un Estado-matadero era el objeto de la reflexión política y económica, y bajo la metáfora que enfrentaba la nueva democracia: el “pacto sindical-militar”. Contra ese imaginario el deseo de fundar una ciudad. Contra el Estado “cableado” y la “mano de obra desocupada”, contra la CGT Azopardo, contra Campo de Mayo, una ciudad nueva. 1983 huele al siglo XIX tras el rosismo procesista. La inquietud cartográfíca de los radicales reconstruía algo borrado durante el proceso moderno del siglo 20. Porque también el progreso de un país es conservador: se trata de una sucesión de resignaciones. Aceptar la tierra, la lengua, la gente.

Gobernar la ciudad

En estas elecciones, una vez más, aún con el inextinguible espíritu sureño del proyecto kirchnerista no existe una preocupación explícita sobre los equilibrios territoriales. Más bien se afinca ese espíritu en el inconmovible reclamos de “las islas”. El kirchnerismo parece encarnar la pasión forastera de quien llega del desierto y observa la zona de fronteras del conurbano y la ciudad. Si el pálpito de Alfonsín pareció obsesionado en huir de la ciudad y sus alrededores, la pasión kirchnerista parece encuadrarse sobre una obsesión que va más lejos: ¿cómo gobernar la ciudad y el conurbano?

La descentralización, la regionalización construida sobre el abandono de las capacidades del Estado nacional, todo ese proceso “moderno” que fue iniciado en los años 90, aún no tuvo un contrapeso que fuera capaz de un razonamiento paradójico: el federalismo no depende del regionalismo, sino que se condena a él, en la ausencia de un Estado central inteligente, equitativo y capaz de encarnar transformaciones.

Una mirada optimista puede suponer que el kirchnerismo no aspira a crear una Brasilia, sí políticas que mejoren las condiciones de los interiores para subir los pisos de desarrollo económico y generar condiciones estructurales para que sean habitados. Esto está hecho con una hoja de ruta que elabora el ministerio de planificación desde 2004: los “Planes Estratégicos Territoriales”, con un discurso que pretendería darle condiciones porteñas o conurbanias al resto del país. Esto es: gas (gasoducto del NEA a las únicas provincias del país que no tienen: Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones, y a los lugares de Entre Ríos y Santa Fe adonde no llega), energía eléctrica (las represas hidroeléctricas de Santa Cruz –Cóndor Cliff y Barrancosa- a una provincia que hasta hace pocos años estaba desconectada del sistema eléctrico nacional) y mejoramiento de rutas como piso elemental de cualquier desarrollo económico. Si se profundiza este razonamiento, es lógico respaldar la minería en provincias donde no hay otros recursos competitivos. (Hay otros ejemplos, de hecho la federalización de la Copa América incluyó sedes en Córdoba, Santa Fe, Mendoza, San Juan, Jujuy, Salta, La Plata y Buenos Aires.)

En fin, se trata de discursos y políticas para el interior ocupado. Lo que no existe es un discurso poblacional del tipo alfonsinista (sarmiento-alberdista en el mejor sentido) que resucite amablemente el “gobernar es poblar” . Se declaró desierta la posibilidad de pensar el desequilibrio territorial, un drama detectado que devino en un silencio contundente en la mentalidad política argentina.
 

lunes, julio 30, 2012

FM Soldado de la frontera

1. ¿Por qué nos sorprende que aún hoy se torture en una comisaría argentina? ¿Dónde existen las garantías para que eso no ocurra más? Videla afirmaba hace años en el libro de María Seoane y Vicente Muleiro: “en este momento en alguna comisaría de la provincia de Buenos Aires se debe estar torturando a alguien”. Algo así. El viejo dictador suponía una antigua e interminable línea de continuidad de la que se habían aprovechado, a la que habían perfeccionado en escuelas francesas también, pero que no habían inventado. ¿Ayer torturaron? ¿Mañana torturarán? En una cárcel provincial o federal, en una comisaría argentina. ¿Qué hacemos con eso que sabemos que pasa? 2. Presentación del tema: imágenes de la tortura en Gral Güemes, a 55 km de la ciudad de Salta capital. Tecnología intacta: submarino seco y baldazos de agua fría sobre dos jóvenes. No quedarán marcas. Video de más de dos minutos que dio la vuelta por todo el país y que nos presenta la pasividad de las víctimas y la frialdad de los torturadores. Gordillo es uno. Pero en el video se confunde, y uno de los jóvenes parece que le dice: “basta gordito”. Las crónicas primeras confunden eso y acentúan esa extraña “familiaridad” que puede campear en una comisaría de pueblo. Filmado con un celular. 3. Recuerdo: en el año 2000 trabajaba en un kiosco en Pueyrredón y San Luis, Once, y el sereno del edificio bajo el que quedaba el kiosco era ya un compañero de esas noches frías, “en lo mejor de la crisis”, cuando el recorte del 13% comenzaba a faenar bolsillos estatales. Era un “buen tipo”. Sin hijos. Casado. Vivía en Banfield. Tenía una perra a la que amaba con locura, te mostraba las fotos. Se había retirado de la policía de la provincia de Buenos Aires (a la que había entrado en 1982) y me dijo por qué se fue: por un estado depresivo. Votante del PJ. Un día, una noche, de la nada, me contó su paso por la Brigada de Investigaciones. Y los métodos de tortura que aplicaban. Picana, submarino. Me explicaba la razón de esos métodos: las necesidades judiciales de las declaraciones. “Lo pedía el juez.” Mi cara de lector de Página 12 le precipitó la aclaración reparadora: a un tipo normal como vos no se tortura. Ok. Entendido. La tortura y sus justificaciones. ¿Qué hizo el torturado?- es la pregunta que se puede hacer alguien que quiere vivir del lado de la línea de la normalidad y sentirse a salvo, poner la conciencia en papel secante. 4. La tortura como barbarie policial es una constante para los pobres, por eso -en parte, pero en una parte decisiva- la clase media militante que la ligó en los 70's vivió ese sobresalto descomunal y represivo y pudo narrarlo con una línea de tiempo tan precisa, haciendo hincapié en las precisiones técnicas de ese calvario. Pero no tuvo durante ese tiempo la misma sensación de excepción para el sabalaje, para el pobrerío que vive siempre sometido al rigor policial, desde el principio de los tiempos. Una vida eterna existida bajo la pesadilla azul. 5. Volvamos a Salta y al argumento del gran ideólogo de la seguridad, Marcelo Saín: más allá de las especificidades locales, hay un problema difundido que no se resuelve con políticas locales ni focalizadas sino que requiere una intervención federal y una política sistémica. (Una idea básica podría ser que para que no haya tortura debiera haber por lo menos un civil, un abogado, en la comisaría.) El policía que hace submarinos con tal naturalidad tiene que ser un grano en el orto de las políticas de seguridad, el impacto de esa tortura televisada tiene que ser la zanja adonde cae y se desparrama el altar de la memoria. Vamos a decirlo así: el museo de la ex ESMA tiene que servir también para apagar la electricidad policial del presente, para una policía que no resuelve nada sin pasarse de la línea de lo lícito. Los centros culturales tienen que servir para que a Gordillo ni se le ocurra pelar la bolsa. 6. La relación de los DDHH y los hechos de tortura actuales, también, es el diálogo sordo que pone en tensión el tipo de federalismo, tanto como las discusiones de la co-participación. Porque habla de la distribución del capital simbólico y cultural de esa cima llamada Derechos Humanos. Estado y provincias: la polis de los derechos humanos, con sus señalizaciones, sus museos y baldosas, hace centro en la historia pero no puede proyectar su luz sobre el medioevo policial y penitenciario del resto del país real (y actual). 7. La comisaría de General Güemes y el Hombre de la Bolsa. Los derechos humanos son universales. No son la jerarquía de las víctimas. 8. Toda tortura es política.

(Publicado en Ni a Palos)

viernes, julio 06, 2012

Acabo de hablar por teléfono con el señor Ángel Clemente Rojas. No lo puedo creer. Crecí escuchando su mito. Como no tengo tuiter lo escribo acá. Encima en esta hora de mierda en que Román deja Boca. Ya lo llamo a mi viejo. Hasta luego.

Acá Rojitas.

jueves, junio 28, 2012

A modo de devaneo

por Mario Santucho

1. Un rápido balance puramente impresionista habla de 30 mil personas en la plaza, quizás más de la mitad Camioneros, varios de la UATRE, y puchitos de otros gremios, más el aporte tímido e incluso periférico de grupos de izquierda como Barrios de Pie y la CCC.

2. El clima en la plaza sigue siendo más festivo que de enojo (aunque a diferencia de Huracán, ya se escuchan cantitos directamente contra Cristina). En ese sentido, el tono del discurso de Moyano no se condice con el humor de sus movilizados. ¿Se trata de una capacidad de anticipación de Moyano, en vistas de un deterioro de la situación económica, que le permitirá abrir un canal de conflicto social para ir mas allá del esquema de gobernabilidad propuesto por el kirchnerismo?

3. Uno de los temores previos de mucha gente no se cumplió: la plaza fue claramente una plaza obrera, sin muchos rastros del derechismo garca. Incluso más bien se parecía a las movilizaciones del MTA en los noventa, por el componente más bien obrero mezclado con desocupados o informales, y poca clase media. Esto, sin embargo, no se expresó para nada en el palco donde primaron los carcamanes del sindicalismo (y se la vio también a Claudia Rucci).

4. Lo más flojo, creo, no fue la movilización (que pone en evidencia una fuerza social capaz de movilizarse, de reunirse y deliberar) sino la poca fuerza del paro, que directamente no existió. En eso creo que Moyano retrocedió sensiblemente, ya que quizás haya demostrado que hoy por hoy no está en condiciones de "parar el país".

5. En términos discursivos y políticos es donde más errático se lo ve. La consiga principal de ayer fue "el salario no es ganancia" pero la frase que colgaba del atril donde dio su discurso y que circuló profusamente durante estos días fue "no al impuesto a las ganancias". Son dos enunciados muy distintos: el segundo es directamente lamentable y reaccionario; el primero resulta sensato aunque completamente insuficiente. En esto último es donde está el problema clave, que lo puede terminar aislando por completo a Moyano: la disputa popular hoy está puesta mucho más en el tema del consumo que en el tema del salario. En el marco de un capitalismo centralmente rentístico, el salario no alcanza para dar cuenta del aumento o el sostenimiento de las capacidades populares de consumo (subsidios, asignaciones, etc). Hacia ello apunta el segundo reclamo de la movilización (la discriminación hacia los trabajadores formales que supone no darles las asignaciones familiares), pero entonces el reclamos termina siendo algo más bien corporativo.

6. Mas allá de estas minucias, sorprende el revival hacia un peronismo más ortodoxo por parte de Moyano, sobre todo porque no parece tratarse de algo puramente coyuntural (ganarse el apoyo del peronismo antik) sino de una convicción más profunda. La idea parece ser volver a un movimiento nacional donde la fuerza no esté dada territorialmente (experiencia fallida de Moyano en el PJ de la Provincia) sino a uno donde el sujeto obrero pueda poseer peso político propio, como fue hasta los setenta (importancia de la CGT). Pero eso supone no tomar en cuenta para nada los cambios en la composición social del trabajo durante los últimos treinta años.

martes, junio 26, 2012

Perón


Los amantes de la gauchi-política se electrocutarían de placer al oír -de la propia voz de Perón- que vivió en el desierto, que conoció (la metafísica de) la pampa en una lejana estancia en la provincia de Chubut, que fue hijo de una mujer criada por indios y de un juez de paz de quienes adquirió la sabiduría de la naturaleza y una idea de justicia brotada de la bondad de los animales. Ocho radiografías así, bien descriptas sobre Perón y en boca de Perón, pueden mirarse contra la luz. ¿Dónde?

Tal como lo contó preciosamente Diego Sánchez hace algunas semanas se estrenó en el canal Encuentro el programa La Argentina según Perón, basado en el archivo abandonado de una larga entrevista que le hizo al General el periodista Tomás Eloy Martínez en Madrid, precisamente en la Quinta 17 de Octubre del barrio Puerta de Hierro, en el lejano febrero de 1970. Ahí, la voz de Perón dialoga con las inquietudes de quien luego haría de eso la base de su obra periodística. ¿Y qué se escucha en Madrid, en ese 1970? La Argentina según Perón se divide en ocho capítulos de media hora con sugestivos títulos: “Infancia”, “Instrumento del destino”, “La construcción de Evita”, “La economía”, “El arte del conductor”, “Todos somos animales”, “Los anticuerpos” y “La militancia”. Todos abren y cierran bloques “conceptuales” para construir el organismo invertebrado que pueda redondear más o menos una idea de los significados generales del movimiento.

Una primera observación da cuenta de que al programa le faltan más voces de Perón (hay pocos audios) y le sobran algunas voces de especialistas, sobre todo le sobran versiones del peronismo de izquierda, es decir, del sector que hace años se siente en las mejores condiciones para dar las versiones de los hechos.

Perón es el Perón de 1970, y percibe clima de revolución pero se mantiene bastante a raya en su astucia siempre más atenta al hombre que está solo y espera, al argentino laburante promedio, al deseante de progreso y confort, que a las aventuras revolucionarias.

Si uno hace un censo más o menos rápido distingue entre peronistas y no peronistas un reconocimiento: el hecho de que Perón era un gran político, el más maquiavélico de todos, un conductor de las fuerzas bajas donde se conjugan las ambiciones y la codicia, adentro de un movimiento que produjo la altura que produjo. Esa imagen de un Perón sobre todo hábil es por lo menos contradictoria con la nebulosa de algo más ideológico o puro. Es “el mejor político” en los términos más clásicos y burgueses y, a la vez, el creador de las mayores tensiones sociales del siglo 20 con su sentido de justicia. Puede sonar paradójico: las virtudes de un político que conoce como nadie el “juego sucio” y que simultáneamente, en su uso, “desencadena” fuerzas oceánicas. Pero habla de ellas, de sí mismo, de sus “artes”, con la distancia y el ojo de un científico que coloca contra una lamparita encendida el negativo de la condición humana argentina. La calidad de un cuerpo que modera la calidad del sueño. Perón es desencanto y es la economía concreta de lo que significa una vida mejor. Perón fascina a los iniciados en la escuela del sol y de la rosca. Perón es un oráculo para los que creen que la Argentina ya se pensó y que ese pensamiento y ese sueño quedó ahí, intacto, sólo enredado en el nido de víboras de su lengua. Así, entonces, todo interesado por lo público seguramente lo admirará siempre y será fan oculto del mejor encantador de serpientes. Sabiduría popular y formación prusiana hacen a su naturaleza. Perón describe la importación del fascismo italiano que intentó (“un socialismo nacional”) y al que sintoniza con esa época desde la que habla -sin decirlo- por la adaptación conflictiva que aún un orden fascista implicaba para este país. Por la justicia social que también entrañaba ese fascismo como ideal en una Argentina no desarrollada.

Habla de los mitos con las manos sucias de quien los creó y los recrea. Dice de Evita: “Eva Perón es un producto mío. Es sensible como toda mujer”. El peronismo de género se cae de culo. Dice de Vandor: “Le dije que se cuide.” Perón asume esos nombres. Se reapropia de una Evita tan dejada a disposición de las izquierdas entristas, quizás. Y recoge del piso el cuerpo ensangrentado de Vandor para decir: yo te avisé que el movimiento recibe anticuerpos para fortalecerse en su eliminación. Te dije que te cuides.

Perón es un corazón al desnudo que enseña con el grabador prendido la sociología organicista de su eterno juego pendular. No tiene el secreto de la Coca Cola, tiene el secreto de los chorizos y las salchichas y los patys. Es Perón, es 1970 y mientras una generación de jóvenes sube al monte a hacer la colimba montonera o guevarista dice que en un pueblo siempre hay idealistas y materialistas, pero en estas proporciones: 10% idealistas y 90% materialistas. Perón reconoce eso aún cuando palmea a los “maravillosos”. Los describe según su visión zoológica: son perros. 10% de perros buenos y fieles a sus instintos. Y un 90% restante de gatos sobrevivientes. La Argentina según Perón es una buen modo de entender otra verdad más: el General priorizó siempre su percepción de la “larga duración” por sobre las urgencias de una época y de una generación.

viernes, junio 22, 2012

Lugo

El zapato de Moyano

por Gustavo Varela

No es un conflicto gremial. Es más amplio: es qué hacer con el sindicalismo. La lógica sindical es de clausura; lógica de pastor, reunir, agrupar, apiñar sin diferencias. Identidad compacta de la clase obrera porque sino lo compacto del poder empresario la hostiga con voluntad de esclavizarla.

Puja de intereses también hacia el interior de los gremios, pero solapada, astuta, sin afuera casi. Acuerdos, traiciones, agachadas, todo bajo el mismo nombre y la misma voluntad: administrar en nombre de la masa laboral, una caja que reparte almuerzos, hoteles, cargos, sin más necesidad que la pertenencia y la agilidad felina para las relaciones de poder.

El peronismo inventó el poder sindical. La alianza entre uno y otro es ontológica. Por ello las contradicciones son exageradas; hay irritación, silencios valiosos, tensión de fuerzas a las que no se les ve el fondo. No mafia: este concepto es vacío y repleto de un juicio moral que impide entender. Lo que no se ve es lo que explicita la oscuridad en la lucha. Aquí no hay sorpresas: la tensión entre el peronismo y el sindicalismo tiene capas geológicas de difícil acceso. La tosca que la oculta no es una cuestión de principios democráticos ni un decálogo de buenas intenciones. Es una lógica de las relaciones de dominio y allí no hay ideas sino ocupación de territorio.

La tensión entre lo público y lo privado es ideológica (YPF, jubilaciones, asignación universal, etc.); la tensión entre el gobierno peronista y el sindicalismo es material: un problema de diagrama bélico. O sea, cartografía de fuerzas. Siempre, no ahora que se hacen visibles. La mezcla entre ellas, el responder al sindicalismo peronista con principios ideológicos o el acusar al gobierno de tiranía por parte del secretario de la CGT es alpiste para pajarracos mediáticos. Uno y otro lo saben.

Las radios dicen que en las encuestas la imagen de Moyano es más favorable.

Después nombran a Scioli, como siempre, al que le cargan la mochila con intenciones de todo tipo. Una suerte de Barbie a la que le cambian el vestido según la ocasión. Scioli es muchos, una enamorada del muro, político sin tronco. Todos los titiriteros lo quieren tener en su teatro. Con Moyano es distinto. Lo quieren usar un rato para sacarse el frío que tienen. Como una media. Pero a Moyano le importa el poder, no la representación. Es zapato, no media; pisa, no abriga. Lo saben; por eso lo dibujaron con sangre en las manos aunque ahora lo entrevisten.

Moyano no es la Pando, ni la mesa de enlace, ni un cacerolero imbécil. Es un camionero en un país sin trenes. Su poder es territorial y está situado en la raíz del capitalismo: prioridad del movimiento, economía que exige traslado permanente. Muy probablemente la nafta de sus camiones las provea, en los próximos días, el concierto de golpistas que no encuentran una cara que ofrecer. La cara de Moyano es demasiado segundo cordón todo junto. Sin embargo, la van a ofrecer un rato. La pregunta es si Moyano se va a creer la Cenicienta, rubia y con zapatos de cristal.

Los gorilas son ecuménicos transitorios: se saludan unos a otros en la misma plaza sólo por un rato aunque casi no soporten mutuamente sus olores. Lo toleran, claro, como toleran que la sirvienta coma con la señora sólo el domingo de Pascuas. Después vuelve todo a ser lo mismo: aquella a la cocina y la señora al living. Los ejemplos abundan.

El zapato de Moyano hoy tiene dientes. El gobierno está obligado a saber responder a tiempo. No alcanza con el cotorreo mediático; requiere estrategias, avances solapados, más inteligencia fáctica que palabras. Las palabras que las perpetúen Sarlo y Barone en su romance. No es un problema entre buenos y malos. No están en juego los principios ni se trata de una puja moral. Uno y otro se requieren del mismo modo. Es político el asunto, no es para asustarse. Un gobierno peronista tiene que saber qué hacer con el poder sindical. Sino es radical, conservador, desarrollista; cualquier cosa, pero no peronista.

Si Moyano se cree la Cenicienta, ahí sí el problema ya no es sindical sino ideológico y, por lo tanto definitivo. Porque habrán fracasado los dos, Moyano y el gobierno. La cancha quedará abierta para que juegue cualquier salame. Y eso, sin dudas, es peligroso.
Doble vínculo.

jueves, junio 21, 2012

Viejos papeles que pueden ser releídos en la vigilia. Días así somos todos testigos, días así las redes parecen el cementerio de los imprescindibles. Es una situación incómoda. Se mueve el hilo que siempre conecta crisis política con crisis económica. Siempre está ese hilo. Puede no haber crisis política pero el hilo está. El 54% tiene que seguir diciendo las condiciones políticas para enfrentar una crisis. Que son las condiciones de representación. Llegó la ola del tsunami ocurrido en el corazón financiero del mundo. Esa sensación (“esta crisis” no la generamos nosotros) acompañada con la autosuficiencia de haber vivido “la caída” diez años antes y de haber salido del infierno no pueden ocultar algunas prevenciones políticas. ¿Por qué darle crisis política a lo que puede ser sólo una crisis económica? ¿Por qué endurecer el escenario con crisis de representación? En ese triángulo es que Cristina, Scioli y Moyano deberían ser pensados. Y, si se puede, respetados. En primer lugar porque un momento así necesita más representaciones y mediaciones sociales, no menos. Hay que cruzar el río. En la cosa más progresista que escribí en mi vida (para la revista Crisis) puse esta inocencia: "Los jóvenes de entre 18 y 30 años que van a un acto de la CGT no cantan la marcha peronista. Los jóvenes que acaban de ingresar a una fábrica y conocen por primera vez la formalidad laboral y la sindicalización no la saben, aunque se la escuchen cantar a sus delegados. Ese hit que encendía o restauraba, que hacía la revolución o la sofocaba, lo cantan los “cuadros”, los jovatos, los militantes del Evita, pero los nuevos asalariados capaz cantan: “soy camionero / es un sentimiento / no puedo parar”. Son, a lo sumo, hinchas de su gremio y en eso simplifican sus emociones colectivas. Bajo una mirada rápida, la impresión es que hay "algo" ahí, en el caldo de los beneficiarios que ya pertenecen a la clase obrera pero que son nuevos en la cultura organizativa de esa clase. No saben la marcha, no tienen por qué saberla, y además la fuerza de la marcha no está más en la marcha. La vieja marcha peronista suena en la ESMA, en museos, en el arribo de muchos jóvenes a la política bajo el manto de la palabra “militancia”. Pero la nueva marcha de los asalariados argentinos se inventa en la usina de cada gremio y asciende con su canto al cielo de concreto de las reivindicaciones reales. No es el canto del suspiro universal de la clase, sino de lo particular que se le arranca al capitalismo (para ser parte de él). Las victorias populares ahora no tienen mártires sino paritarias, y en “la paritaria que sigue”, en ese cálculo al boleo entre lo que no se sabe del INDEC, lo que se sabe que se paga en el “chino” el kilo de cuadril y el límite siempre negociado entre el sindicalismo y el gobierno, está el número redondo de la victoria."

Todos los que representa Moyano, los que no, los que podrían parar, los que no van a parar, los que votaron a Scioli, votaron a Cristina.

¿Qué pasa, General, adentro de la casa del 54%?

viernes, junio 15, 2012

Se nos pasó

Ezequiel Meler en Clarín.

Resumen: una fractura (o una conducción a la derecha de Moyano) aumenta el conflicto sindical. "Basta con ver la curva de convenios colectivos homologados por el Ministerio de Trabajo desde 2005, y contrastarla con aquella que sigue los conflictos laborales, para percibir que, en el período kirchnerista, ambas se comportan de manera inversa."


...

martes, junio 12, 2012

Artemio: Por ejemplo, por cada millón de pesos ( U$S 350.000) invertidos en la construcción en el año 2004 se podían crear aproximadamente sesenta nuevos puestos de trabajo que no requieren una elevada calificación. Este dato no es menor teniendo en cuenta la perspectiva de crecimiento económico y nivel de empleo ralentados para el año 2012 en nuestro país , debido a la crisis del neoliberalismo planetario, desde ya.

Alejandro: 1) Es una política osada desde lo fiscal y conservadora desde la política de vivienda: el subsidio de la cuenta de intereses del crédito hipotecario es un clásico a través del cual se han construido cientos de miles de viviendas en la Argentina y en otros países. // 2) En las grandes áreas metropolitanas los terrenos fiscales disponibles están en su mayoría mal ubicados en términos de accesibilidad y habitabilidad. Quizás todavía se esté a tiempo de jugar fuerte en el mercado de suelo y adquirir algunas tierras que por su relación calidad/precio puedan ser sumadas al programa.
Red solidaria

1. Cristina es hegeliana, me dice Alejandro Sehtman en un Havanna de Córdoba al 900 el día que Cristina dijo que pasaba a pesos sus dólares mientras la amenaza de la segunda nevada del siglo 21 sobre esta ciudad se disipaba. Un kirchnerismo que te ocupa todo, música y redes, televisión. La vuelta de la política de la totalización. No habría, en principio, otro proyecto político capaz de atrapar tantas esferas de la vida, sobre todo para vidas urbanas a banda ancha. En cualquier país “normal” el microclima gobierna al clima. 2. Las cacerolas de estos días, más allá del dólar, parecen el Frankestein de haber dejado la “batalla cultural” funcionando a pleno en tiempos de paz. Profecía autocumplida. Quizás en 2010, en las fiestas del Bicentenario, había que enterrar al 2008. 3. Cada día me siento más cerca de Juan Carr en el estilo: sé explicar perfectamente por qué son buenos estos años abstrayéndome de muchas cosas. Juan Carr persigue su sueño de hambre cero. Y cada tanto sorprende a sus entrevistadores con datos y estadísticas sobre el mapa del hambre. La euforia que transmite Juan Carr y su ejército de salvación (que por ejemplo todos los miércoles recorre la ciudad con termos de sopa) corre en paralelo y a la sombra de la mentalidad política media. Para algo sirve todo esto, aunque el deterioro de la estadísticas te deje un poco afuera de revelar una posible verdad social4. La pelea con Scioli o Moyano -de distinta naturaleza- tiene un efecto extra: daña el sistema de representación. Scioli o Moyano son menos que el kirchnerismo, pero en la Argentina faltan políticos. Faltan representantes. No alcanza para el orden social deseado con que la presidenta sola represente. Los representados de este triángulo (Cristina, Scioli, Moyano) se superponen y no hay figuras de recambio mejores para ninguno de los rubros. No son proporcionales, y en tal caso por momentos se relacionan como muñecas rusas. Hay que seguir con esta consigna: faltan políticos. No se puede dejar sola a la presidenta en el ejercicio de representar. Como si la política para reconstruirse de todas las fuerzas destituyentes y antipolíticas hubiera también absorbido esa fuerza y ahora la empleara contra sí misma. Como si la política ahora también fuera antipolítica. No porque sus “batallas” no valgan la pena sino porque puede por momentos actuar como actúa una verdadera fuerza antipolítica: indiscriminadamente. 5. Hay una ley no escrita de los operadores políticos: hacen cosas que sus jefes no saben, cosas que hasta enojarían a sus jefes, pero que son para absoluta conveniencia de sus jefes. Uno de los estilos del kirchnerismo -no el único, por suerte- muchas veces tiene algo de “rompo todos los puentes y lazos que la jefa rompa”. Estilo como mandato. Forma como mensaje. Si Cristina reta en público -con razón- a un funcionario, podría cada pequeño Napoleón de la administración creerse con derecho a humillar. Son de los mandatos también no escritos que articulan un temperamento y una cultura política y nada dice que debería ser así a todas las escalas. Todo político en público educa con sus gestos, y Cristina lo sabe, lo hace, con estilo fuerte. Elisa Carró abusaba de un criterio para medir la calidad humana de un político: el modo en que trata al mozo que le sirve el café. 6. El PRO y las cacerolas de Santa Fe y Callao con toda su previsible molestia tampoco son sólo un stand up cheto, como el de Cualca. Son también, y en tal caso, síntomas de que la sábana de la representación no cubre todo. Sí, admitamos la condición humana: la gente y su bolsillo. Pero el tonito o el tostado de los caceroleros parece contentar en una suerte de “estamos en el camino correcto si estos putean”, una especie de deseo del mal, de pequeño cuanto peor mejor. Cuidado con eso. No se desea la muerte aunque sea Mariano Grondona el que agoniza. No se desea que tales nietos sean apropiados. No se desea la lucha cacerolera de clases. Hay algo tanático en estos deseos que vuelve. No éramos tantos en el 2008. Ni siquiera estaba Diego Gvirtz “de este lado”. Ojo con los deseos de que se repita lo que “nos perdimos una vez”. “No se la querían perder”, dijo una vez Marcos Novaro en un reportaje sobre intelectuales k. Era el 2010 y Novaro apuntaba a la debilidad del corazón de intelectuales que se hacían peronistas a los pedos. ¿Te perdiste Ezeiza? ¿Te perdiste el “luche y vuelve”? ¿Te perdiste la 125? Acá tenés tu primavera.

sábado, junio 09, 2012

"El KAKI es una nueva fruta para el consumidor Argentino. Traído desde el legendario Japón donde manos delicadas y laboriosas lo cultivan desde hace siglos, mejorando su calidad mediante injertos e hibridaciones, ahora se produce en las mejores tierras Argentinas. Simplemente, con un cuchillo, pele la fina piel del KAKI y deléitese con el dulce sabor oriental de la fruta."

El KAKI no es astringente. El KAKI no es empalagoso. El KAKI es una fruta diferente. El KAKI debe comerse duro. Variedad: FUYU

MALACALZA HNOS. (03329) 498113 - Río Tala - Bs. As.

martes, junio 05, 2012

Oído absoluto.

Había una imagen de los westerns: los que apoyaban la oreja en la tierra para oír si venía el malón. Los sueños de la política engendran monstruos. Pero yo sueño con políticos de oído absoluto. Prácticamente diría que mi fe en el peronismo aún se basa en una producción así. Políticos de oído absoluto atentos al oboe de la lucha de clases, a la risa de vestuario del solteros contra casados, a la jauría tuitera, al compás de las internas sindicales, al sojero, al temblor de las cacerolas, en fin, a todas las olas del mar argentino, y que a la vez no dejan de oír detrás el silbido del viento mundial a la pesca de un nuevo oportunismo. La vida, el mundo, la historia es un golpe de azar. Ni siquiera está clara la teoría del big bang. Pero un día empezó, y bien, acá estamos, mejor que los que frotaban piedras para hacer fuego, pero con muchos nativos entre nosotros que aún no se benefician con la distribución de la garrafa social. Leímos con sorpresa y leve agrado algunas declaraciones del intendente de Tigre, Sergio Massa, el hombre prudente que asoma en esa generación intermedia de poskirchneristas. Reclama en una charla Massa (junto al joven chileno Marco Ominami): “el equilibrio que la sociedad necesita para desarrollarse armoniosamente…”. Pero el equilibrio no lleva a la armonía según la lógica de estos años: porque hay que mover la copa (decía ÉL) para que la copa derrame. “Sinuosidades”, como dice mi amigo Lucas Carrasco. Tengo ganas de leer a Diego Luis Molinari, un historiador radical y peronista recomendado por Javier Trímboli a través del sugestivo título: La “representación de los hacendados” de Mariano Moreno. Su ninguna influencia en la vida económica del país y en los sucesos de mayo de 1810. Toda su literatura y toda su obra se consagran en ese “ninguna”. ¿Un libro para comprobar ninguna influencia? Comparto también con Lucas el afecto por ese historiador menor, autodidacta, llamado Salvador Ferla. Ferla no se andaba con chiquitas, eh, escribía libros como “Mártires y verdugos” (sobre los fusilamientos del ’56) o “Cristianismo y Marxismo” (sobre las religiones del siglo 20), estaba a la altura mesiánica de su tiempo. Era un hombre y su época: ponía la spika en su oreja, su cuerpo en la calle, pensaba en voz alta y escribía. Ferla tiene una hermosa frase: “Es mucho más fácil revolucionar a los demás que revolucionarse a sí mismo”. Esa es la conclusión de un hombre que vivió un siglo de revoluciones. Lo importante es lo de adentro. Necesitamos políticos de oído absoluto que escuchen de nuevo el runrún de la intimidad. ¿Hicimos una sociedad mejor o distinta? ¿Es mejor esta sociedad que la de hace quince o veinte años? Preguntas para un jefe de gabinete. ¿Cuánto cambió el fondo de eterno escepticismo en el hombre que está solo y espera, en ese argentino siempre promedio? Sigue la política con sus vaticanos, sus ritos, sus ceremonias de sobrevivencia, y ahí tenemos a los “nuevos montoneros” que cantan en las marchas de la expansión de los derechos civiles: “sí somos putos/ sí somos faloperos”. Bien por eso, porque es así, tanto de tradición como de futuro. O también está el partido radical, socialista… Los partidos de siempre y siempre antiguos. En cada comité o básica parece que la Historia deja a la mañana sus ofrendas, flores de olor horrible que los chicos, los cirujas, los que van a la escuela, los que vuelven, las barren, las patean, las hojas del otoño de la calle de la vieja política. Un partido al final es un club de coleccionistas. Están los que saben de petróleo, los que saben de defensa, de medio ambiente, esquirlas del viejo estado a cielo abierto, y así. Pero el mundo es un misterio que fuga y necesita oídos absolutos, gente que escucha las mutaciones silenciosas. Sintonía fina versus Vamos por todo es la opción de esta época. De esta estación. De este instante hermoso y olvidable que vivimos y sobre el que caerán laureles. “Laureles” sobre los que dormiremos para no oír las posibles futuras furias de los estafados de siempre, el cacerolazo que espera a la salida de toda época, la zanja a la que ya nos tira la sintaxis real del dólar blue, o cuando algunos que no creyeron te digan “¿y, boludo, no cambiaste el auto, no te fuiste a un country?”. Porque están los que se quedan explicando ahí, en su calle, qué fueron estos años, qué fue de sus vidas en estos años, cómo da esa cuenta. Creer, en principio, es gratis.

lunes, mayo 28, 2012

No todo es relato

a Luciano Chiconi

Escribo en Goodbye Lenin mientras la gente mide el dólar blue. Flota el dólar blue en un cielo con diamantes angoleños. La otra noche de entrevistas de Fantino en América Mariotto confirmó -contra su voluntad- la sensación final de que siempre es más peronista el que menos nombra al “peronismo”. Como los camellos del Corán. Es sciolismo o barbarie lo que asoma en el horizonte si vamos a confrontar así, diciendo “patriota”, “compañero”, cada diez minutos por si aún no quedara claro de qué estamos hablando. ¿Y de qué estamos hablando? El peronómetro es el instrumento de los que no pueden exorcizar qué. El peronismo es gobernabilidad. Son cosas que embolan: la reafirmación constante de la identidad. Como los de clase media que odian a la clase media. Aceptemos la naturaleza.

Qué lío. Concluyamos en alguna síntesis la línea que traza el enorme Luciano Chiconi en su “Obras públicas”: lo que se puede valorar de los años de Menem es que se hizo gobernable el estado, y un poco a costa de hacer menos gobernable la sociedad. Gobernar el estado o gobernar la sociedad. El pato de la boda siempre es la economía. Y eso se quiso equilibrar en estos años. Bien, mal. Pero es indudable que una visión histórica así, la de un país que arrastraba capitanes de la industria, carapintadas e hiperinflaciones tenía que derrumbar su muro: y el muro era el estado con todo su musgo parasitario. Sociedad y estado pusieron como materia obligatoria los radicales. Y el gobierno peronista posterior construyó mejor la distancia entre una y otro. El muro que se derribó en 1989 acá era el estado. El viejo estado. Luz y fuerza. Menem fue y puso al pie de los escombros del muro de Berlín una cabina naranja de ENTEL.

Pero ahora, en mitad de esta década doble (si los 90 terminaron en el incendio del 2001, los 2 mil o “la generación Bicentenario” empezó en 2003 y aún tiene puntos suspensivos), digo, ahora podemos pensar en el equilibrio que la crisis mundial permite: tramar la doble gobernabilidad. Gobernar el estado y gobernar la sociedad. Las dos cosas a la vez. Ajustar las cuentas fiscales sin ajustar cuentas sociales, o sin hacerlo tanto. ¿Se puede? El kirchnerismo lo hace.

Empecemos por algo: no todo es relato. No todo lo que hace el estado, el gobierno o la gestión es parte del relato. Seamos selectivos a la hora de incluir. Angola no es exactamente relato. No es la continuidad africana de la batalla cultural. No es un camino tras los pasos perdidos del Che. Y no por mala onda: porque simplemente una política exterior no es una ONG donde se amontonan buenas intenciones, ni la guía UNICEF o Amnesty. Admitamos que cada país se construye a sí mismo y tiene como mercaderes a sus Spadone, a sus aventureros y piratas, a sus Saladas. Y la visita a Angola con todo lo “Armada Brancaleone” que la quisieron hacer parecer no es ridícula por la presencia de Moreno y un repartidor de medias. Todo capitalismo es ordinario, chapucero, medio pelo a full, si se pone el foco a 15 centímetros de la olla. Se cruzan océanos para conquistar mercados, no para salvar vidas. Pero es así. La mesa de negocios retratada en la TV entre un empresario argentino de un laboratorio y otro empresario angoleño, los dos sentados, vendiéndose, no sé, aspirinas o ibuprofenos, es desalentadora para los que creen que la economía es una gran ceremonia de la sangre azul del mundo. Nah, toma y daca. Espejitos de colores. Banco mucho, mucho, el viaje a Angola. Lanata mismo cuando se cruza con Spadone, allá, se saludan como chanchos, están haciendo su negocio los dos, se conocen, “vení, Jorge, probá”, le dice descorchando. Lanata se va sonriendo. Un momento amable. La última dictadura fue una cruzada anticomunista -entre muchas otras cosas- pero se sostuvo también en el comercio con la URSS.

No toda economía hace relato. Pero el relato sin economía no existe. Dólar blue. Y una forma de combatir la absolutización de la política sobre las vidas del microclima es una admisión de certezas así. No todo puede ser empujado al túnel de la lengua.

Papá salió en viaje de negocios. La mejor película de Emir Kusturica hasta que se creyó un “cruzado de los pueblos oprimidos”.

martes, mayo 15, 2012

No fueron tantos los que pegaron hace una década el viejo sticker que decía “Sobran políticos” ni tantos los que caminaron 501 kilómetros a pie o arriba de algún Costera Criolla hasta la línea que los separaba de la ciudadanía política ni tantos los que dejaron de votar ni tantos los que pusieron su feta de fiambre adentro del sobre. Había que huir de una época, cruzar el río con la ropa en la mano. Pero lo hicieron re pocos. El pueblo argentino vota y elige la representación. Nos queda un saldo generacional: la política no era sólo el duelo por la masa, la base o los cuadros que faltaban. Porque eso se "recupera", está, no está. Faltan políticos. Y un político del arte de la representación no se hace todos los días. Y hay que hacer cuerpo un deseo si se asume el déficit: ningún político puede ser la excepción contractual de la “igualdad ante la ley” ni para un lado ni para el otro. Pero nadie más que un político es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Y para eso hay que asumir tareas. Tareas de producción televisiva. Hay que quebrar la lógica de la edición que empieza con Massera, salta a Magnetto y se sube a la deriva de una línea de continuidad que va de los bigotes de Videla a los bigotes de Macri. La diferencia entre Videla y Macri hay que militarla. Hay que militar la obvio. Hay que reconstruir el límite como una línea de fuego. No hay guerra. Toda la energía y la mística juvenil que reconstruye las instituciones, que devuelve el conflicto, que las fortalece porque las hace capaz de administrarlo, etc., también cada vez que llega al límite, cada vez que se llega a una “noche de la 125”, a una aspiración interrumpida, entrega una vez más, aunque sea simbólicamente, y siempre simbólicamente, las armas, porque la democracia es un interminable operativo de desarme. Vamos a desarmar a la sociedad dijo la democracia cuando dijo marchemos, arriba del cabildo. Dijo “vamos para allá” y ese arranque al futuro era morderse la cola, señalar con el dedo el horizonte y meterse para adentro a acorralar al enano fascista, montonero, estalinista. Nadie va a morir en esto. Hay que proteger el estado y la lucha de clases. ¿Y cómo se hace todo a la vez? Recomponiendo cada tanto las reglas de juego. Nueve años es demasiado tiempo. A la vez: nueve años no es nada. Y democracia es construir una herencia que -esto tiene que desear cada político- “ojalá no pueda ser modificada”. Cada político tiene derecho a su abismo, a su mesianismo, a ser un pequeño Napoleón caminando en círculo por un set, como miles de veces nos pareció Elisa Carrió, escuchando el Wagner que tocan las ideas adentro de uno, el violín de la trascendencia y las ganas tremendas de cambiar todo. ¿Algo? No, no: todo. Eso también forma parte del sistema: cada gobierno es finito pero tiene derecho a gobernar para siempre. Porque le tocó “este” tiempo y este tiempo es todo lo que tiene.  Los vivos que tiene que salvar. Los botes que tiene que tirar al mar para que muchos más se salven. No tiene el derecho a quedarse para siempre, sí a hacer cosas que queden para siempre. Ningún político endosa fechas de vencimiento a sus productos. Un político es un mesías trucho, un hombre o mujer que encontró un cartílago en el desierto y pasa la noche tallando su tótem. ¡Y lo va a vender! ¡Que traiga sus buenas nuevas, sus novedades a la feria, a tuiter! Su rollo corporativo. Su oscuridad. No es menos malo que nadie. Y sin embargo, ese para siempre fracasa. El Punto final o la Convertibilidad eran para siempre, fueron votados con el fervor de lo que ahorra sangre y un día caducaron. Un día hicieron chuz, luz blanca, y ya no sirvieron más para gobernar, para hacer vivible este país. Lo que salva a la sociedad de ir a Campo de Mayo a golpear sus puertas o a tomarlo, o lo que salva el valor del salario real. Ese punto es el vínculo con la historia. Es el lugar donde las instituciones crujen. ¿Se puede hacer entonces historia en democracia? La relación entre historia y gestión. Tecnócratas y estadistas. Rosca y mesianismo. Locura. Hay que reconstruir algo que no se sabe del todo qué es pero que ya suena demasiado con su tornillo flojo, su rotura ósea. Ah, la dicción de la opo, la corpo, la Kaja. ¿Está claro que no va a pasar nada? ¿Está claro que nadie muere en esto? Porque si no está claro hay que aclararlo. Está claro, clarito. Clarísimo. Nadie muere en las batallas simbólicas. Contemos La Voluntad de dentro de veinte años. Historia: un compañero milita en el barrio más popular y radical de Buenos Aires. Caballito. El centro geográfico porteño, hormigueo del consumo. El compañero llama al barrio de Caballito “La Matanza porteña”. “Si se gana en Caballito se gana en la ciudad.” Bueno, como “multiplicar es la tarea”, en Caballito se armó una “Multisectorial” que integran todos los que adhieren y acompañan, “critican pero bancan” al kirchnerismo. Así, en una de esas primeras reuniones un militante ya veterano (que seguro fue de la JP o del PI o del Frepaso) que se ceba seguido, sentado en la mesa larga en la previa, es examinado por nuestro compañero: “¿dónde militás?”. Y claro, es lógico, todos quieren saber quién se sienta en la mesa, de dónde viene, qué hizo los últimos años. El compañero baja la vista y la voz, y responde ya calculando el efecto de decepción de la respuesta, dice: “en el Facebook de 678”. Ahhhh. Y el compañero que mira críticamente el programa porque forma parte del colectivo que vendría a ser “el kirchnerismo crítico del kirchnerismo fanático” quiere saber cómo es la relación con el programa estrella. Cómo se lleva el país real con el país virtual, según unos términos que ya no separan nada. “¿Y cómo es la relación con el programa?”, dice nuestro compañero. Rompimos. What? “Rompimos”, responde el compañero del Facebook de 678, bajando un poco más la voz, como si no quisiera hablar más del tema y de los efectos de un programa de tele que no está a la altura de la ansiedad militante, o sea, de los miles que buscan su lugar en la ciudad. El Facebook de 678 y 678 rompen. Rompieron. Seguirán rompiendo. Que florezcan mil flores. Fin de la historia. Cuando decimos “político” hablamos de De Narváez, Macri, Carrió, Urtubey, Scioli, Patricia Bullrich, Tumini, el gran "Chino" Navarro o Néstor. Nombres de viejo régimen, todos tan distintos, nombres que suenan transpirados ya, como si estuviésemos hace demasiado tiempo en el vestuario, nos bañamos y seguimos transpirando esos nombres. Y los nombres que vienen, los que vienen y se irán ablandando porque la democracia es tiempo, tiempo, tiempo. Pero tiene que haber algo: un político no es solamente alguien que hace “las cosas a propósito”. Es muchas veces lo contrario. Alguien que no vive encimado por los fantasmas de los efectos de los botones que aprieta. La democracia es una democratización de las culpas, un hormiguero pateado. Es lo menos cristiano que hay. Las dictaduras o las guerrillas son cristianas. Pero si tienen que pagar que paguen. Si uno se hizo el vivo que pague. Pero no nos hace más libres exactamente eso. No somos más libres salvo que sepamos darles algo para que administren. Algo pesado. Como las políticas de la memoria. Que tendrían que servir sólo para hacer algunas vidas más livianas. El antikirchnerismo y el kirchnerismo en disputa parecen por momentos unidos en su enorme vocación antipolítica. Quiero ir hacia el punto de las reglas de juego. Y nada nada contribuye a que un cambio de reglas no sea al menos suspender la tirada de mierda nacional, porque la politización de todo no es la bendición, es también el hundimiento hacia donde la política está hundida, hundida como todo está hundido en su propio peso, como está hundido todo en los pisos tan flojos de este país. Ok, el periodismo salió de donde estaba, de su mito de neutralidades e independencias, mejor, joya, pero eso no hace a una conversación mejor. Porque cada vez que desbancamos algo, cada vez, hay que ponerle a eso un nuevo ideal altísimo. Hay que decir Magnetto no, pero ir y después rajar del templo también a los Spolsky. No podemos irnos en brazos de uno pequeño y peor y menos, nunca, bajo la explicación: no tan malo por pequeño. ¿Se entiende? Sobre Boudou ya lo dijo todo, y en su momento, el señor Lucas Carrasco. Bueno, eso es todo.

lunes, mayo 14, 2012

Al parecer de este servidor las claves son dos. La primera es de tipo conceptual. Urge trascender la noción fordista de la vivienda. Las biografías de hoy, incluso las de quienes trabajan en la industria manufacturera, no son ni lineales ni homogéneas. El agotamiento del modelo industrial del siglo pasado implica necesariamente el agotamiento de la periferización urbana como estrategia hegemónica de producción de hábitat. En tanto, los cambios en el modelo de familia, la diversidad de los recorridos formativos y laborales, significan que la garantía del acceso al hábitat debe ser flexible para responder a hogares unipersonales, núcleos familiares divididos en dos o más hogares, etc. Hoy la fase de conformación del núcleo familiar se ha “estirado” y su duración es promedialmente mucho más baja que hace treinta años. No se puede esperar a que la arquitectura se dé cuenta de una vez de que hay que dejar de construir “casas para familias” para empezar a hacer políticas que den cuenta de los adultos solteros, los padres divorciados, la ancianidad prolongada y muchas veces alejada de los hijos y nietos, etc. La vivienda deseada ya no es la que está ubicada sobre lote propio cerca de alguna estación de tren sino la que puede ser centro logístico de actividades y relaciones laborales y personales múltiples. Un claro ejemplo es el de la cada vez más frecuente cohabitación de jóvenes de clase media sin hijos en una misma vivienda ubicada favorablemente respecto a sus lugares de trabajo y/o estudio.

martes, enero 04, 2011

Lecturas

"Quizás hacer foco en la estructura es una manera de disculpar a los actores, eso es cierto."

"Hay que hablar con la gente que sabe."

Perro.

miércoles, diciembre 08, 2010

Coincido en parte con lo de Martín Piqué acá. Kirchner pidió dos cosas demasiado primarias para la policía: no represión a las protestas y que no se torture en las comisarías. Lo primero se cumple formalmente desde la prohibición de no llevar armas de fuego que tiene la policía en las manifestaciones, pero es una inhibición puntual que funciona a la luz del día y en la plaza pública. Digamos que nunca más va a haber un muerto... en el verde césped de la plaza de mayo. Por otro lado no se puede evitar el uso de la fuerza cuando por ejemplo un juez ordena un desalojo, donde no es posible que la policía vuelva diciendo: "disculpe señor/a juez/a, pero no pudimos, nos dios cosa, había chicos". Es un momento implacable. Y esa "respiración en la nuca" se debería convertir en una marca hombre a hombre, es decir, en el ideal democrático uno se imagina a un ministro con ciento cuarenta monitores que persiguen a cada uno de los policías que a su vez persiguen a los resistentes. Un perro que persigue su cola. La autopsia política no es fácil y de repente toda muerte es una crónica anunciada y todos los pequeños hechos y grandes hechos hasta meteorológicos soplaban en la dirección fatal. La responsabilidades de los gobiernos y la del ministro que se ufana de la intimidad total de la relación con los azules es ineludible. En el kirchnerismo hay un problema con el "hablar". Los hechos nunca son del todo los hechos, es cierto, "Clarín miente", pero sin embargo parece que siempre hay algo que se adelanta a la voz oficial: el sistema de voces que arman la red para que caiga. Es como cuando se quiere salvar al que amenaza con tirarse. Se instala la idea de confusión, el famoso: "no es casual que...". En la nota de tapa de Página 12 había que pasar por el ripio de miles de caracteres hasta conocer el nombre de la jueza que ordenó el desalojo. ¿Por qué no empezamos por el principio?

El problema de Kirchner sería entonces no haber construido de esa respiración suya (que en realidad era su "miedo político") un respirador artificial... o sea, por ejemplo, no haber sido más solidario con la posibilidad de construir una nueva policía, que es lo que hizo Macri, a quien se encargaron de sabotear (y Macri se encargó de sabotearse a sí mismo). Nadie está como para decir: che, acá hay una oportunidad hermosa de la democracia. La otra policía que se hizo fue la de los aeropuertos, que es un ensayo con riesgo político cero. Se pierde demasiado el tiempo en la causa de las escuchas, con mucho organismo y servilleta atrás de Palacios, y la impresión es que se hace poco y nada con hechos que ya por acumulación perforan el discurso: "este gobierno no reprime". Ok, el gobierno no mata, ¿el Estado es el que mata? En esto sí funciona el principio republicano de que son dos cosas distintas. Ser progresista debería ser construir una nueva policía, no anticuerpos contra el Estado policial. Pero la Federal funciona más o menos como funciona una enorme parte del paquete de alianzas políticas que se explican así: son horribles... pero tan útiles, siempre útiles a la paranoia natural del poder. ¿Y ahora? Lo otro que pidió Kirchner ("que la Federal no torture") no se cumple ni a ganchos. La Defensoría del Pueblo de la Ciudad acumula pruebas. Esto (ni tortura ni muertes políticas) en lo que hace a los dos puntos básicos de la modesta agenda kirchnerista para la policía. El resto estructural de sus negocios sigue intacto. Por lo demás, lo que pasa en Soldati tiene el contexto de un gobierno de la ciudad que tiene por política pública no construir viviendas. Pero eso ya se sabe, por eso Mauricio es Macri y no por la pelotudez de Ciro James.

viernes, noviembre 26, 2010

Este domingo en Ni a Palos Gonzo escribió: "Acá tenés el software para la liberación". Imperdible.

A suerte o verdad

Por Pablo E. Chacón

Fue una conversación casual que se interrumpió cuando la persona con la que estaba hablando me contó que Federico Luppi, actor por el que no siento ningún aprecio, no había venido sólo a Uruguay a insultar a Mirtha Legrand y a Susana Giménez y a estrenar una obra de teatro. No, el tipo también había llegado a la banda oriental a arreglar (o a intentar arreglar) la situación de un hijo extramatrimonial hasta al que hace poco tiempo sólo le pasaba cien dólares mensuales. Como los temas personales y los de la farándula no son de mi interés -cada uno tiene su modo de desear y de gozar- no le di mayor importancia a la cuestión hasta que agregaron que el actor era un golpeador reconocido. Bien, subí en un sitio en el que trabajo dos notas sobre las agresiones de Luppi a Legrand y Giménez, ignorando que este señor mandó a su esposa, Haydée Padilla, La Chona, dos veces al hospital a causa de las trompadas que supo propinarle. Es una noticia que hizo pública el periodista Luis Ventura, y que me confirmó telefónicamente, al punto de ofrecerme la grabación con las declaraciones que la señora Padilla ofreció esta mañana en su programa de radio. Justo en el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer.

Seguramente, en el programa cómico 678 dirán que es una operación de prensa destituyente contra un demócrata probo perseguido por la Triple A. Luppi no se fue perseguido por la Triple A sino por los amigos de su mujer, que querían mandarlo en cana. Su ceño adusto no hace más que confirmar que su falta de sentido del humor es la otra cara de la violencia (reprimida o no) y que el cine argentino, exceptuando los honrosos casos de Hugo Santiago y de Rafael Filippelli (y quizá de Lucrecia Martel y Lisandro Alonso) no es más que una bosta, aunque esa es mi opinión y admito que puedo estar equivocado. Lo que no puedo admitir es el grave error cometido al escribir esos cables, porque a Luppi lo defenderán los revolucionarios de último momento y el oficialismo televisivo sin dudar un segundo, sólo porque expresó solidaridad con el duelo de la presidenta de la Nación y por haber insultado a dos personas que con todo lo que pueda decirse, quizá hayan hecho más por la industria del entretenimiento local que Luppi, sus epígonos, sus admiradores y sus alcahuetes. Justo en el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer.

jueves, noviembre 25, 2010

Los diputados no deben irse de vacaciones sin discutir y Dios quiera, aprobar la intervención a los tres poderes institucionales de la Provincia de Formosa. Una vez el poeta Cristian De Napoli dijo una frase que era más o menos así: voy a creer en el kirchnerismo mientras D'Elía lo acompañe. Su local de Once es el veradero INADI, se podría decir. Buen post de Fede.

(Comunicado)

Me llega mail que dice

Martín, estamos en un día histórico, de mucha euforia, le ganamos a las corporaciones médicas psiquiatricas y a los laboratorios... tenemos ley nacional de salud mental y derechos humanos... se van a terminar los manicomios... es por esto que...
Malos días. Lo de Formosa + la incubadora de conflictos gremiales. Hoy lo de Página 12, y todo el repertorio de miserias del mundo Spolsky. Ahora, también, la constante vista gorda en esta ciudad por toda la energía militante que la Policía Metropolitana se lleva... Las paradojas: se pudo congelar judicialmente el uso de las pistolas Taser mientras por lo menos hay una denuncia formal sobre "la portación visible y uso de picanas eléctricas" por parte de la Policía Federal en la misma ciudad.

Comunicado

...

miércoles, noviembre 17, 2010

Universidad Torcuato Di Tella

Me llega:

El Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales

Seminario: "Entre la ausencia del Estado y la presencia del puntero: racionalidad política en el Conurbano Bonaerense"

Rodrigo Zarazaga (University of California, Berkeley)

Jueves 18 de noviembre, 17hs

Aula 301, Sede Miñones (Miñones 2177)

*Entrada libre y gratuita*No requiere inscripción previa*

El derecho de vivir en paz

El domingo en el informe sobre las elecciones de Estados Unidos de uno de mis programas favoritos (DEF tv, C5N) se percibía lo mismo que dice Puricelli acá. El Tea Party puede ser una simple expresión de impaciencia por el amesetamiento no sólo económico sino político de Obama... Una guaranguería menor, y que recuerda un poco el rostro integrista de un país reproductor que ganó los 1,2,3 Vietnams menos Vietnam, la guerra que tenía que perder para ganar la batalla global. Rambo murió tan solo como el Che en una selva desconocida. Finalmente Obama reelige, concluían los analistas del kirchnerismo gusano. Y dieron a entender que hay una cosa hermosa en el sistema de gobierno de Estados Unidos: toda la libertad de maniobra que su presidente tiene hacia afuera es inversamente proporcional al condicionamiento parlamentario para las políticas internas. Y esa ambigüedad de políticos a los pies de un pueblo laborioso con la visión de que son un imperio, y que como todo imperio "hacen lo que quieren", es parte de la misteriosa diosa razón de la democracia o de un malentendido... A la humanidad: a pesar de todo, nos tocó vivir en la era del mejor imperio.

lunes, noviembre 01, 2010

Kirchner y "nosotros"

por Alejandro Rubio*

Se despide a un líder político desde un “nosotros”. ¿Cómo definir a ese “nosotros” que, en su acepción política, siempre es excluyente, por más amplio que sea? No vale en el caso de Néstor Kirchner apelar al “pueblo”. Kirchner no fue un líder populista, no al menos como lo fue Perón y como lo es Chávez. No porque su matriz ideológica fuera otra, liberal o clasista: Kirchner era tan peronista como Adolfo Rodríguez Saa y mucho más que De Narváez. Fue de hecho el que retomó, después de que Menem contradijera al peronismo con el peronismo, las directrices ideológicas que hicieron a ese movimiento liberador, progresivo e inspirador. Sin embargo, era un político peronista que en gran parte de la masa peronista inspiraba menos afecto y aprobación que Menem. Se acudió recurrentemente a una explicación psicológica de esto. Se habló hasta el hartazgo de su carácter seco y confrontativo, de sus malos modales, de su desprolijidad comunicacional, de su insanable falta de carisma. No creo que por esta vía se llegue a entender nada del ciclo kirchnerista en particular y de la Argentina en general. Creo más bien que el particular escenario post 2001 parió a Kirchner y después buscó hacerlo su chivo expiatorio. Kirchner fue el político perfecto para un pueblo que odia a los políticos, porque era íntegra y solamente un político. Y la parte no dicha del “que se vayan todos” era la que susurraba sin palabras “pero que venga alguien, por Dios”. Kirchner tuvo el valor de ser ese alguien y de bancarse el odio lógico de una concepción del país fundamentalmente mentirosa e hipócrita. Con Kirchner, el pueblo tenía razón en general, pero no la tenía en particular. Tenía razón en odiar a los políticos, pero no en odiar la política, esa política que él amaba: una política elegíaca que, a fuerza de tesón, pasando por el gris de De Vido y Alberto Fernández, retoma hoy metálicos brillos épicos. Kirchner le concedía a Fogwill: sí, la democracia nos cagó. Pero ponía un pero enorme: en el mundo no hay más que democracia y de nosotros, de nuestro coraje e inteligencia, depende que no nos siga cagando.

De vuelta, entonces: ¿cómo definir el nosotros kirchnerista, por qué hay más de uno que dice “soy kirchnerista”? Es una yuxtaposición, pienso, todavía no del todo sólida, de varios pequeños “nosotros” que por sí mismos y sin él no habían logrado adquirir ni poder institucional ni hegemonía cultural. El nosotros militante, el de los 70, el de los derechos humanos, el de los activistas gays y lésbicos. También un nosotros más difuso, una vaga mancha de disconformidad que arruinaba el consumo cultural de ciertos sectores de la clase media. Ese sería el nosotros de Russo o Barone. Y, lo más importante, un nosotros generacional, el de la generación nacida y criada en democracia que vio en sus hogares como se desgajaban las primeras e inocentes esperanzas democráticas para ser reemplazadas por puro cinismo y desesperación autodestructiva. Ellos entendieron la conversación soterrada entre Kirchner, el hombre de las doscientas palabras, y Fogwill, el hombre que sólo tenía palabras, porque esa es la conversación más crucial para nuestra conciencia política y nuestro futuro como ciudadanos argentinos. Por supuesto, el digital Asís puede reírse socarronamente y traer a la luz un nosotros más aceitoso: el del millón de alianzas y tramas de intereses, desde los acuerdos con lo que Alfonsín llamó “los capitanes de la industria” hasta la vista gorda hacia mucho de lo peor del PJ noventista. Se le podría responder con amabilidad y sin ponerse nerviosos que aquí no estamos hablando de lo que Kirchner heredó, de la política argentina zombie llena de muertos vivos aún capaces de matar, sino de lo que Kirchner nos lega.

¿Qué nos lega Kirchner? La costumbre del coraje y una tarea inacabada: la de, dicho en términos clásicos, construir un país y una región justas, independientes y soberanas, o, en términos más coloquiales, la de que Sudamérica se sacuda de encima la fatalidad de la desdicha y nuestros hijos vivan una vida más plena y feliz que nosotros, los que nacimos entre 1960 y 1980 y que, inorgánicamente, más con palabras que con hechos, acompañamos a Néstor Kirchner en el camino a su paz eterna que mucho, creemos, no le va a gustar, porque queda tanto por hacer antes de permitirse descansar.

*Maia
Clima de 2003, volvió el viejo "juntémonossss". Bueno, sí. No hay que armar bandas de garage. Hay que pedir La Orga, pero ojo los embudos, los cuellos de botella de la participación. "¿Cómo hago para estar en el fuego?" No, no, no, loquito, encendelo vos. Frotá las dos piedras que seguro tenés en las manos. Hermosos Mis Muertos Post-Punk.