Esta semana vi dos joyas: Tropa de elite y Deliverance. Deliverance es una perfecta película norteamericana que sigue de algún modo la saga de la conquista. Un río y un pueblo en estado salvaje que será inundado por la civilización. Recomendación de mi amigo Raimundo ("una de las películas que no se terminan cuando terminan"). Hace no más de un mes, una madrugada, la había visto entrecortada por el canal TCM, pero la intercalaba con alguna otra cosa que miraba. La había agarrado desde el principio, "el duelo del banjo", pero después me salteé esa escena tremenda de la violación del gordo y el debate -después de que matan a una de los tontos crueles- sobre el límite de la civilización. Y entonces todo lo otro me había parecido el drama de turismo aventura de un par de tipos hartos de la ciudad. Geniales y quemagorras las dos. Ideales para hoy.
sábado, septiembre 11, 2010
viernes, septiembre 10, 2010
Aviso
A partir de agosto, Noticias del Sur comienza a publicar los ICS (Informes de Coyuntura Sudamericana). Van a resumir, en forma mensual, los principales acontecimientos políticos, económicos y sociales de los países que componen Suramérica. Por su redacción sintética, será sencillo visualizar los cambios y continuidades que se producen en los temas centrales de las agendas de cada país. Para brindar una lectura ágil, se encontrarán divididos en seis ejes: Elecciones e imagen de los liderazgos; Acuerdos regionales; Avances sociales; Economía; Derechos Humanos y Justicia; y Seguridad y Defensa.
Los ICS son desarrollados por el equipo de investigación permanente del Observatorio de Política Latinoamericana Noticias del Sur. Este es nuestro número cero, por lo que esperamos comprensión, pero más que nada sugerencias y comentarios para mejorarlo.
Abajo el link al informe en formato PDF.
ICS_Agosto
Los ICS son desarrollados por el equipo de investigación permanente del Observatorio de Política Latinoamericana Noticias del Sur. Este es nuestro número cero, por lo que esperamos comprensión, pero más que nada sugerencias y comentarios para mejorarlo.
Abajo el link al informe en formato PDF.
ICS_Agosto
jueves, septiembre 09, 2010
Entonces corrijan el decreto, compañeros
Si "de acuerdo a los datos del INDEC, más del 20% de los niños en edad escolar que viven en hogares pobres asiste a un establecimiento privado" no entiendo por qué "según la Gerencia de Asuntos Jurídicos de la ANSeS, el decreto de Cristina Kirchner es “claro e inequívoco” en que no corresponde pagar la asignación si los chicos asisten a escuelas privadas, aunque estén becados o paguen una cuota baja porque pertenecen a familias de bajos ingresos".
Full List
Top 10 Women
* Julia Gillard, Prime Minister of Australia
* Johanna Sigurdardottir, Prime Minister of Iceland
* Cristina Fernández de Kirchner, President of Argentina
* Dalia Grybauskaite, President of Lithuania
* Angela Merkel, Chancellor of Germany
* Sheik Hasina Wajed, Prime Minister of Bangladesh
* Ellen Johnson Sirleaf, President of Liberia
* Tarja Halonen, President of Finland
* Kamla Persad-Bissessar, Prime Minister of Trinidad and Tobago
* Laura Chinchilla, President of Costa Rica
Top 10 Women
* Julia Gillard, Prime Minister of Australia
* Johanna Sigurdardottir, Prime Minister of Iceland
* Cristina Fernández de Kirchner, President of Argentina
* Dalia Grybauskaite, President of Lithuania
* Angela Merkel, Chancellor of Germany
* Sheik Hasina Wajed, Prime Minister of Bangladesh
* Ellen Johnson Sirleaf, President of Liberia
* Tarja Halonen, President of Finland
* Kamla Persad-Bissessar, Prime Minister of Trinidad and Tobago
* Laura Chinchilla, President of Costa Rica
martes, septiembre 07, 2010
Aviso
Horarios del especial de Papel Prensa en Encuentro
07/09/2010: 23:00
08/09/2010: 14:00
12/09/2010: 18:00
07/09/2010: 23:00
08/09/2010: 14:00
12/09/2010: 18:00
viernes, septiembre 03, 2010
¡Armada tiene blog!
Las perlas y la basura de la aplanadora de la imagen son historias de cómo va a ser el desierto.
jueves, septiembre 02, 2010
martes, agosto 31, 2010
El cielo argentino
El libro, el último gran libro sobre la dictadura, es una fábula. O no tanto. Se llama “Guerra sucia, secretos sucios”, y lo escribió David Cox, el hijo del héroe del Herald, Robert J. Cox, con todo el amor y el idealismo con que un hijo puede mirar a un padre. Al lado de cualquier libro de Tata Yofre es una versión de “Caperucita roja”, sin embargo, más que sobre el tema de moda (la complicidad empresaria con la dictadura) el libro echa luz sobre las internas del proceso, esa vieja saga de halcones y palomas contada en la historia de un hombre enorme como Cox, quien salvó su vida por su vínculo con el sector blando o democrático, como decía el Partido Comunista, al que creía que se le podían arrancar garantías y derechos perdidos. ¿Cuáles eran las internas del Proceso, cuáles eran las alternativas y los “debates” del Proceso? Hay una segunda fila de nombres de desaparecidos o caídos que incluye a los Graiver pero que se extiende a Elena Holmberg, Hidalgo Solá, Edgardo Sajón, etc., que parecen fichas caídas de un tablero más delicado y disimulado tras el manto de neblina de la represión feroz.
En la historia de David Cox su familia era una hectárea de bella campiña inglesa rodeada de un bosque tenebroso de fieras sueltas que ni siquiera dejaban en paz a los tecnócratas como Walter Klein, quienes pretendían introducir reformas que las bestias no les dejaban introducir. Recuerda David: Festejamos Navidad por última vez en Highland Park con nuestro abuelo Papito. Nos reunimos alrededor del piano y cantamos como de costumbre, cada uno tocando las maracas, los triángulos, las campanillas, las castañuelas y la pandereta como acompañamiento. La cena consistió en el trozado de un gran pavo adquirido por mi abuelo en la exquisita confitería Las Violetas. Después vimos películas navideñas en el jardín del club, bajo el cielo estrellado. Es un libro sin ningún rastro del vínculo entre represión y proyecto económico porque es el libro de la leyenda valiente de un liberal auténtico que se sentía identificado con el proyecto económico y que despreciaba la metodología represiva. ¿Qué une una cosa con otra, qué separa una cosa de otra? El libro narra un momento histórico desde el gris y para el gris. Por fin una historia que no es de buenos y malos en el sentido que nos tiene acostumbrados la narrativa nuestra del Frente Patriótico Rodolfo Walsh, sino una perspectiva de perplejidad desde la conciencia de quienes sí avalaron el golpe. Ese es el aspecto silenciado, desde los años 80: el escándalo moral de quienes creyeron en esa dictadura y fueron estafados en su “buena fe”. Un relato desde un activo que vio las cosas un poco de afuera.
Por otro lado, la discusión de Papel Prensa está atrapada por la sensación de que la frazada de los delitos de lesa humanidad se estira demasiado: y de que se quiere forzar todo lo que se pueda hasta anudarla con Clarín. Podríamos decir: el inicio de la democracia es un armisticio, donde todos los que entraron a ella, dejaron las armas afuera. Todos tiraron los fierros al centro de una gran hoguera nacional. Rafael Bielsa o Taiana no fueron cancilleres montoneros, fueron hombres que representaron al Estado argentino, por ejemplo, y el 80% de la clase política podría admitir una experiencia juvenil no adscripta a los valores de la democracia liberal. Es zonzo decirlo, pero en todos, en personas y en organizaciones, hay un pasaje hecho. Cada institución tiene su ciclo biológico. En la historia de Papel Prensa el detalle excluyente no es meramente “aquello que prueba que alguien estuvo en la escena de un crimen de lesa humanidad”, sino la historia de una operación que fue la punta de lanza de ilícitos e irregularidades que se perpetuaron, más allá de las prescripciones a escala de muchos de sus delitos. No se revuelven pequeñas miserias del pasado sino la acumulación originaria y toda una práctica que asfixió las competencias del mercado. Julio Ramos hasta tenía hecho un juicio por competencia desleal contra Clarín que puntualmente perdió.
Otro aspecto de estos días pasa por lo que Juan Pablo Varsky llamó microclima, en el que se envuelven temas como Papel Prensa. No hay modo de que una política pública sea permanentemente de efecto universalista o que despierte el interés general: ¿cuál es la agenda de una política así? La política tiende naturalmente, se diría que es parte de su éxito, a la coagulación, a las corporaciones, a lo específico. Quizás la desproporción de la cadena de la semana pasada acentuó el contraste entre el tema y la indiferencia e ignorancia masivas sobre él.
Por otro lado, ¿cómo es que algo políticamente se “usa”? Ese es un tema sobre el que hay que pensar. ¿Por qué el estigma de los Kirchner es que las cosas de agenda pública se usan? El “uso” siempre es la mano visible de la política. Desde el 2003 se habla de la “utilización de los Derechos Humanos” esgrimiendo una lógica que se puede reproducir en cualquier tema, como el aumento de las jubilaciones: “el gobierno usa los aumentos a los jubilados”. Más o menos como si sólo se tuviera centro en las intenciones políticas de quienes gobiernan el Estado, y ninguna atención sobre los efectos sociales de esas “utilizaciones”. Como si una cosa se separara definitivamente de la otra. De algún modo eso también es un exceso de “relato”. Y es una idea antipolítica, porque el ideal no utilitarista de lo que el Estado gestiona está en el centro de la herencia del ciclo neoliberal. La separación entre política y Estado, bajo el sello que la vieja radio 10 convirtió en hit en lo peor de la crisis: el “gasto político”. En fin, es un lugar común apuntar a esa cultura heredada (que sobrevive con más vigor que el que se cree).
El otro día Carrió dijo una cosa que es también parte del debate. Al menos es algo que está en alguna de las ondas del debate: ¿qué es un diario? Y Carrió dijo algo que me gustó, dijo que La Nación o Clarín son “encarnaciones”, interpreto que dijo que son diarios con historias, con arrastre, con tradiciones, que constelan intereses propios y ajenos. Y eso es así. Clarín y La Nación con todas las hijaputeces que se conocen o se imaginan son pedazos de la cultura nacional (y cuando se mira de cerca la producción Spolsky hasta dan ganas de defenderlos). Diría más: Página 12 también es un diario que “encarna”. Y habría que listar cuáles más son eso. Página es el gran diario de los años 90. Es el diario que leían todos los funcionarios menemistas, frepasistas, radicales, los intelectuales y los arrrrtistas. Es el diario de los Derechos Humanos. No hablo sólo de las ventas, que pueden ser oscilantes. Un diario es una idea, decía Julio Ramos. Esa perspectiva conservadora, liberal, democrática, uno puede imaginar que tiene sus mitos.
Yo elijo una imagen muy precisa: la de Arturo Illia presidente saliendo de la casa de gobierno para leer el diario sentado en un banco de la plaza. ¿Era verdad eso? No importa. Pero el tipo, en el hilo de esa imagen, no tenía un informe de prensa, ni lo leía en el despacho marcando con lápiz y puteando a viva voz, “mirá lo que escribieron estos hijos de puta”, simplemente supongamos que a media mañana salía con el diario para leerlo en la plaza pública. Es una imagen muy escolar en la que frente a la casa de gobierno y frente al sillón presidencial aparece el sillón del ciudadano donde sentarse a leer. Ese cruce de calle, ida y vuelta, es el gesto de un poder provisorio y débil, en un contexto que auguraba desolación para quien quería instruir cívicamente: un presidente, un hombre común, que lee la prensa independiente con la ceja levantada y saluda a las amas de casa y a las mucamas y a los jubilados y a los que venden garrapiñadas. Cuando uno lee hoy los editoriales de los diarios damnificados hay una especie de defensa por el sostenimiento de esa distancia, de esa amabilidad ciudadana que lee frente a la casa del poder. Esa cuadrícula está rota, nació rota, quizás nunca existió. Por eso, en el fondo, hay una melancolía por un tiempo que la historia desmiente en quienes utilizan figuras republicanas de la política como si no hubieran caído bajo las mismas balas simbólicas, como si no se les hubiesen arrancado cosas hasta último momento. Illia leía el diario, se llenaba de polvo de ladrillo el pantalón, picoteaban algunas palomas a su lado, vestido de hombre civil, uniforme de ciudadano presidente mientras alrededor empezaba todo el mundo a calentar los motores de la guerra social. Es una imagen sin tiempo. Sin historia. Es una imagen que después los mismos diarios envasan en fascículos de historia, destacando la honradez y la modestia de los débiles, una fuerza moral que siempre pertenecerá al pasado. Frondizi pasteurizado, Illia pasteurizado, Alfonsín pasteurizado, todas figuras arrasadas por quienes ahora reclaman de ellas. Cuerpos embellecidos por sus propios ejecutores. Clarín, La Nación, todos esos diarios y medios, ayer decía eso Carrió: “cuando esto pase” deberían “corregir errores”. Magnetto, "un contrapeso necesario", debería corregir errores... Ahí estaba Lilita perdiéndose en el bosque del que saldrá con las patitas para adelante.
Lo que vuelve bajo la forma “monstruosa” de Moreno o Kirchner es el retorno de lo reprimido, lo que se levanta del banco de plaza donde durmieron al viejito presidente, tapado con diarios, desde el geriátrico de los perdedores. Hay algo de esa fuerza en todo esto. Pasemos a otro tema.
En la historia de David Cox su familia era una hectárea de bella campiña inglesa rodeada de un bosque tenebroso de fieras sueltas que ni siquiera dejaban en paz a los tecnócratas como Walter Klein, quienes pretendían introducir reformas que las bestias no les dejaban introducir. Recuerda David: Festejamos Navidad por última vez en Highland Park con nuestro abuelo Papito. Nos reunimos alrededor del piano y cantamos como de costumbre, cada uno tocando las maracas, los triángulos, las campanillas, las castañuelas y la pandereta como acompañamiento. La cena consistió en el trozado de un gran pavo adquirido por mi abuelo en la exquisita confitería Las Violetas. Después vimos películas navideñas en el jardín del club, bajo el cielo estrellado. Es un libro sin ningún rastro del vínculo entre represión y proyecto económico porque es el libro de la leyenda valiente de un liberal auténtico que se sentía identificado con el proyecto económico y que despreciaba la metodología represiva. ¿Qué une una cosa con otra, qué separa una cosa de otra? El libro narra un momento histórico desde el gris y para el gris. Por fin una historia que no es de buenos y malos en el sentido que nos tiene acostumbrados la narrativa nuestra del Frente Patriótico Rodolfo Walsh, sino una perspectiva de perplejidad desde la conciencia de quienes sí avalaron el golpe. Ese es el aspecto silenciado, desde los años 80: el escándalo moral de quienes creyeron en esa dictadura y fueron estafados en su “buena fe”. Un relato desde un activo que vio las cosas un poco de afuera.
Por otro lado, la discusión de Papel Prensa está atrapada por la sensación de que la frazada de los delitos de lesa humanidad se estira demasiado: y de que se quiere forzar todo lo que se pueda hasta anudarla con Clarín. Podríamos decir: el inicio de la democracia es un armisticio, donde todos los que entraron a ella, dejaron las armas afuera. Todos tiraron los fierros al centro de una gran hoguera nacional. Rafael Bielsa o Taiana no fueron cancilleres montoneros, fueron hombres que representaron al Estado argentino, por ejemplo, y el 80% de la clase política podría admitir una experiencia juvenil no adscripta a los valores de la democracia liberal. Es zonzo decirlo, pero en todos, en personas y en organizaciones, hay un pasaje hecho. Cada institución tiene su ciclo biológico. En la historia de Papel Prensa el detalle excluyente no es meramente “aquello que prueba que alguien estuvo en la escena de un crimen de lesa humanidad”, sino la historia de una operación que fue la punta de lanza de ilícitos e irregularidades que se perpetuaron, más allá de las prescripciones a escala de muchos de sus delitos. No se revuelven pequeñas miserias del pasado sino la acumulación originaria y toda una práctica que asfixió las competencias del mercado. Julio Ramos hasta tenía hecho un juicio por competencia desleal contra Clarín que puntualmente perdió.
Otro aspecto de estos días pasa por lo que Juan Pablo Varsky llamó microclima, en el que se envuelven temas como Papel Prensa. No hay modo de que una política pública sea permanentemente de efecto universalista o que despierte el interés general: ¿cuál es la agenda de una política así? La política tiende naturalmente, se diría que es parte de su éxito, a la coagulación, a las corporaciones, a lo específico. Quizás la desproporción de la cadena de la semana pasada acentuó el contraste entre el tema y la indiferencia e ignorancia masivas sobre él.
Por otro lado, ¿cómo es que algo políticamente se “usa”? Ese es un tema sobre el que hay que pensar. ¿Por qué el estigma de los Kirchner es que las cosas de agenda pública se usan? El “uso” siempre es la mano visible de la política. Desde el 2003 se habla de la “utilización de los Derechos Humanos” esgrimiendo una lógica que se puede reproducir en cualquier tema, como el aumento de las jubilaciones: “el gobierno usa los aumentos a los jubilados”. Más o menos como si sólo se tuviera centro en las intenciones políticas de quienes gobiernan el Estado, y ninguna atención sobre los efectos sociales de esas “utilizaciones”. Como si una cosa se separara definitivamente de la otra. De algún modo eso también es un exceso de “relato”. Y es una idea antipolítica, porque el ideal no utilitarista de lo que el Estado gestiona está en el centro de la herencia del ciclo neoliberal. La separación entre política y Estado, bajo el sello que la vieja radio 10 convirtió en hit en lo peor de la crisis: el “gasto político”. En fin, es un lugar común apuntar a esa cultura heredada (que sobrevive con más vigor que el que se cree).
El otro día Carrió dijo una cosa que es también parte del debate. Al menos es algo que está en alguna de las ondas del debate: ¿qué es un diario? Y Carrió dijo algo que me gustó, dijo que La Nación o Clarín son “encarnaciones”, interpreto que dijo que son diarios con historias, con arrastre, con tradiciones, que constelan intereses propios y ajenos. Y eso es así. Clarín y La Nación con todas las hijaputeces que se conocen o se imaginan son pedazos de la cultura nacional (y cuando se mira de cerca la producción Spolsky hasta dan ganas de defenderlos). Diría más: Página 12 también es un diario que “encarna”. Y habría que listar cuáles más son eso. Página es el gran diario de los años 90. Es el diario que leían todos los funcionarios menemistas, frepasistas, radicales, los intelectuales y los arrrrtistas. Es el diario de los Derechos Humanos. No hablo sólo de las ventas, que pueden ser oscilantes. Un diario es una idea, decía Julio Ramos. Esa perspectiva conservadora, liberal, democrática, uno puede imaginar que tiene sus mitos.
Yo elijo una imagen muy precisa: la de Arturo Illia presidente saliendo de la casa de gobierno para leer el diario sentado en un banco de la plaza. ¿Era verdad eso? No importa. Pero el tipo, en el hilo de esa imagen, no tenía un informe de prensa, ni lo leía en el despacho marcando con lápiz y puteando a viva voz, “mirá lo que escribieron estos hijos de puta”, simplemente supongamos que a media mañana salía con el diario para leerlo en la plaza pública. Es una imagen muy escolar en la que frente a la casa de gobierno y frente al sillón presidencial aparece el sillón del ciudadano donde sentarse a leer. Ese cruce de calle, ida y vuelta, es el gesto de un poder provisorio y débil, en un contexto que auguraba desolación para quien quería instruir cívicamente: un presidente, un hombre común, que lee la prensa independiente con la ceja levantada y saluda a las amas de casa y a las mucamas y a los jubilados y a los que venden garrapiñadas. Cuando uno lee hoy los editoriales de los diarios damnificados hay una especie de defensa por el sostenimiento de esa distancia, de esa amabilidad ciudadana que lee frente a la casa del poder. Esa cuadrícula está rota, nació rota, quizás nunca existió. Por eso, en el fondo, hay una melancolía por un tiempo que la historia desmiente en quienes utilizan figuras republicanas de la política como si no hubieran caído bajo las mismas balas simbólicas, como si no se les hubiesen arrancado cosas hasta último momento. Illia leía el diario, se llenaba de polvo de ladrillo el pantalón, picoteaban algunas palomas a su lado, vestido de hombre civil, uniforme de ciudadano presidente mientras alrededor empezaba todo el mundo a calentar los motores de la guerra social. Es una imagen sin tiempo. Sin historia. Es una imagen que después los mismos diarios envasan en fascículos de historia, destacando la honradez y la modestia de los débiles, una fuerza moral que siempre pertenecerá al pasado. Frondizi pasteurizado, Illia pasteurizado, Alfonsín pasteurizado, todas figuras arrasadas por quienes ahora reclaman de ellas. Cuerpos embellecidos por sus propios ejecutores. Clarín, La Nación, todos esos diarios y medios, ayer decía eso Carrió: “cuando esto pase” deberían “corregir errores”. Magnetto, "un contrapeso necesario", debería corregir errores... Ahí estaba Lilita perdiéndose en el bosque del que saldrá con las patitas para adelante.
Lo que vuelve bajo la forma “monstruosa” de Moreno o Kirchner es el retorno de lo reprimido, lo que se levanta del banco de plaza donde durmieron al viejito presidente, tapado con diarios, desde el geriátrico de los perdedores. Hay algo de esa fuerza en todo esto. Pasemos a otro tema.
lunes, agosto 30, 2010
Sincretismos
Vía los compañeros del Sur llego a este tremendo discurso de Rafael Correa. Conocí de refilón la realidad ecuatoriana previa a Correa y entre eso y alguna cosa leída se me hizo la idea de un país con fuertes dificultades para hallar un orden más o menos estable, y que eso se debía también -en parte- a la existencia condicionante de los grupos indígenas en un país mestizo, quienes son capaces (como lo es en la Argentina la Confederación General del Trabajo) de acordar gobernabilidad y estabilidad pero no de poner un presidente propio, o de ser hegemónicos. Este discurso descarnado pone en evidencia las contradicciones de gobiernos populares. Sólo el discurso indigenista "condimenta" y "legitima" (como su apelación en el debate de la ley de medios) en una realidad como la nuestra: donde se trata de testimonios marginales por los que tampoco se hizo ni se hace mucho. Acá, en Ecuador, el tema "indígena" es un punto ciego para un gobierno popular.
“El secuestro, la tortura son malos, pero si se lo hace en nombre de la justicia indígena, mágicamente se transforman en legítimos, y todo en medio de un sincretismo que llena de tristeza, donde acogen como ancestral las mismas prácticas que utilizaron los patrones para torturarlos. Negociar con las transnacionales, es malo, pero aceptar dinero y consignas de ONG’s financiadas probablemente por esas mismas transnacionales, fundaciones que muchas veces buscan imponernos cosas que nunca lograron en sus propios países mientras intentan evitar que utilicemos nuestros recursos para salir de la pobreza, eso sí es legítimo.”
“El separatismo, disfrazado de ilegítimas e ilegales autonomías, antes era patrimonio de la derecha más recalcitrante de la provincia del Guayas. Hoy, son grupos supuestamente de izquierda, y muchas veces autodenominados ecologistas e indigenistas, que quieren prácticamente independizar a la región amazónica del resto del país, y apropiarse de los recursos naturales que en ella existen, exacerbando los regionalismos y localismos. ¿Habrán entendido que posturas muy similares constituyen la principal oposición y peligro para el gobierno de Evo Morales, verdaderamente izquierdista, ecologista e indigenista?”
“El secuestro, la tortura son malos, pero si se lo hace en nombre de la justicia indígena, mágicamente se transforman en legítimos, y todo en medio de un sincretismo que llena de tristeza, donde acogen como ancestral las mismas prácticas que utilizaron los patrones para torturarlos. Negociar con las transnacionales, es malo, pero aceptar dinero y consignas de ONG’s financiadas probablemente por esas mismas transnacionales, fundaciones que muchas veces buscan imponernos cosas que nunca lograron en sus propios países mientras intentan evitar que utilicemos nuestros recursos para salir de la pobreza, eso sí es legítimo.”
“El separatismo, disfrazado de ilegítimas e ilegales autonomías, antes era patrimonio de la derecha más recalcitrante de la provincia del Guayas. Hoy, son grupos supuestamente de izquierda, y muchas veces autodenominados ecologistas e indigenistas, que quieren prácticamente independizar a la región amazónica del resto del país, y apropiarse de los recursos naturales que en ella existen, exacerbando los regionalismos y localismos. ¿Habrán entendido que posturas muy similares constituyen la principal oposición y peligro para el gobierno de Evo Morales, verdaderamente izquierdista, ecologista e indigenista?”
jueves, agosto 26, 2010
miércoles, agosto 25, 2010
martes, agosto 24, 2010
1
En estos días, quizás hoy, ocurrirá algo así como levantar un telón, algo que debía ser lo suficientemente conmovedor como para dar vuelta una página. Pero no fue construido así. Tendría que haber habido una suerte de suspenso como se construyen los suspensos: dejando caer pistas que conducen a la escena del crimen. Y un crimen que empieza con una pregunta: ¿Papel Prensa se obtuvo con el aparato de represión ilegal del Estado? La Presidencia de la Nación ordenó la construcción de una verdad, y la orden cayó sobre la Secretaria de Comercio, más específicamente, sobre la figura del energúmeno Moreno. El juego de las diferencias con la histórica Conadep es inevitable: acá se parte de que la verdad la construye el Estado. No es una junta de notables que hacen la autopsia sobre el cuerpo tibio del Estado sino el Estado mismo quien investiga la telaraña de la operación por la que tres diarios se hicieron dueños de una empresa de origen estatal.
2
Se va a dar a conocer una verdad sobre ese hecho maldito de la democracia llamado Papel Prensa. La primera capa que se va a romper es la de la ignorancia y la indiferencia social que lo envuelve, si es que eso es posible en el medio del mejor aliado para que permanezca borrosa esta historia: la catarata de versiones, declaraciones y mentiras que se reproducen a diario. Todo parece forzado por dos versiones constantes: la que dice que el Estado "intervendrá" Papel Prensa para controlar a la prensa (como si el Estado no estuviera ahí desde el principio) y la que dice (desde este lado) que Papel Prensa es una historia que une delitos comerciales con delitos de lesa humanidad.
3
La exposición pública de esta historia nace para que, definitivamente, se vean todos los gusanos que componen (desde el primer plano con que el gobierno sueña que la ciudadanía mire) a todo eso que es Clarín. ¿Será así? ¿El Informe de “Papel Prensa – La Verdad” servirá para decir algo definitivo sobre Clarín más allá de lo jurídico, algo que deje con la boca abierta a todos y que obligue a posicionarse de manera contundente a todo el mundo periodístico, incluidos los mismos periodistas del multimedios? ¿Algo que termine de quebrar lo que se supone que es un dique de la opinión pública? Seamos modestos. Pero quien quiera saber sabrá algo que tiene detalles, matices, precisiones, conjeturas, testimonios, hipótesis. Pero sobre todo… algo que tiene pruebas. Algo que es verificable. Donde cada palabra tiene su documento de prueba.
4
Papel Prensa es un caso testigo de algo que también fue la dictadura: una guerra de grupos económicos, cuyo final monstruoso aseguró en muchísimos órdenes una asimetría permanente de la fuerza del Estado frente al resto de los poderes. Casi como si la dictadura hubiese sido la última imagen de fortaleza del Estado: y en esa fuerza su rendición incondicional. Papel Prensa como un teatro que representa la derrota permanente tras un acuerdo de sindicación que dejó a uno de los socios minoritarios (el Estado Argentino) en una desventaja sobre la que no se iba a reponer jamás. Fue un lugar concreto donde se hizo perpetuar la correlación de fuerzas que quedó como saldo desde el inicio de la democracia. Eso hizo que el “problema de Papel Prensa” fuera un problema de la democracia porque fue un problema concreto para cada uno de los gobiernos democráticos argentinos, sujetos a la amenaza simple del poder de fuego simbólico de un diario que no paró de crecer y ganar en el mercado de medios. Clarín era “un diario más” antes de Papel Prensa. Pero Clarín, el grupo que conocemos hoy, fundó sus pactos originarios cuando este país era un “laboratorio” de y para la modernidad que venía, y todas sus evoluciones tecnológicas y comerciales alcanzan para tener una teoría casi perfecta de la continuidad de estos últimos 34 años de historia argentina. El Proceso sale con más Proceso, había dicho Videla… ¿y eso qué quería decir? Más Proceso no era Benjamín Menéndez enojado por la tibieza de Viola. Más proceso era una democracia sobre la base de un condicionamiento estructural que actuara bajo la forma de la libertad (?). Clarín es una idea de continuidad proceso – democracia. Incluso, en “el fin del desarrollismo en Clarín”, hay un exorcismo capitalista.
5
Pero para componer toda esta escena de Verdad que nace en el impulso de la ley de medios, se echó mano a un criterio único, a un criterio que es puramente kirchnerista, a falta de otra palabra, que es el criterio de crear vacíos o situaciones en que no queda visible lo que va a ocupar el cráter de lo que se pretende desalojar. El estilo de la televisión kirchnerista es el desgaste que no alumbra jamás qué es lo que será el reemplazo (por la afirmativa) de eso sobre lo que se ensaña. Incluso sus solemnidades, como el cancionero ochentoso de 678, ese sonido de nueva trova rosarina, es un momento de alegría que tampoco puede durar demasiado, es un momento de afirmación muy débil que remite automáticamente a ese viejo escenario inaugural de la democracia, de cuando todo era posible, y que siempre anuncia finalmente el derrumbe de todo. Y ese es el tiempo del kirchnerismo, una especie de “¿y esto cuánto puede durar?”, que no crea baluartes de cultura nacional, sino la solidez vaporosa de un instante de verdad extrema, de irrealidad. Todo el tiempo el kirchnerismo es un gobierno provisorio, es un gobierno al que le cuesta instituir, es un gobierno que enfrenta saltos cada vez más audaces para no frenar nunca el tiempo de transición. A la vez, mientras el gobierno aparece siempre como una improvisación (y conste que esto pasa por alto la real conjura de negocios que explica muchísimo la dinámica oficial) muchos empiezan a mirar con preocupación que se disuelve la fe ciega en la resistencia de Clarín (“esto también pasará”), la idea de que Clarín con fortaleza católica sobrevive a todo gobierno, y esa fe se torna una pesadilla, como el brote que llegó para quedarse, porque ahora todos –aún los que dicen apoyar- ayudan a desvestir a la bestia. ¿Y qué es la bestia? ¿Es para tanto la bestia? ¿Cuántas bestias nuevas crecen en nombre de destruir la bestia? Claro que ninguna bestia nueva (que las hay) nacerá al calor de un escenario originario tan simbólico como el de la dictadura. Todos siempre serán un poco menos bestias al lado de un negocio que nació a tan pocos metros de Ramón Camps. Más allá, incluso, de las precisiones y las aclaraciones con que se pueda forzar la frazada que hace nudo entre las irregularidades gravísimas de Papel Prensa y los delitos de lesa humanidad.
6
Clarín salió corriendo de la escena del crimen, se lavó las manos dedicándose a la tarea meticulosa y neurótica de crear lectores, masas de lectores, ejércitos de millones de lectores y consumidores, y en la carrera de esa deglución fue capaz de volver sobre sus pasos discursivos, amortiguar y razonar con la democracia, blanquearse, testimoniar en sus páginas y programas los Derechos Humanos. Clarín se hizo una enorme avenida de doble circulación, un gigante de la representación, un diario para los que piden mano duro y un diario para los que piden garantías. Hay quienes auguran que una vez que ese “muro de contención del sentido común” se destruya, el derrame inevitable se secará. E imaginan una sociedad peor después de Clarín. Después de la secularización, de la muerte de esa diosa laica. El gobierno logró construir un mito como si hubiéramos vivido años y años sin conocer la dialéctica oculta de la democracia. O como mierda se quiera pensar eso que ahora parece dotado –históricamente- de un poder de fuego simbólico desproporcionado. ¿Será así? ¿Fue así? ¿Habrá una especie de recesión de la lectura? ¿Una crisis terminal de ese promedio democrático, de ese corazón duro de la clase media argentina? Clarín hizo metástasis. Está en los astros, en la frase del día, bajo el brazo del desocupado, en el deseo del putañero, en el Olé, en los premios y castigos de sus semáforos, en las páginas y páginas de ofertas de Frávega… Un miedo posible es que no se termine de comprender que la eficacia del cambio cultural que se propone, entre otras cosas, la nueva ley y la nueva verdad, tiene algo de gatopardismo. Aún siendo lo más optimista posible, no es el cooperativismo sino un magma de representaciones las que podrían sustituir a Clarín. ¿Es posible una operación a la medida de un cálculo así? ¿Una operación capaz de, “el día después”, restablecer valores propios de la misma lógica (periodística o comercial) de Clarín y que todos estos años de “relato” y de cambio de paradigma se resuman en una escena de policial negro? ¿Clarín, finalmente, será acusado de un crimen como un padre bueno al que se le descubren algunos muertos en el placard?
7
Toda la historia de Papel Prensa hace zoom sobre la figura de una mujer, “la viuda del banquero montonero”, que fue secuestrada después de firmar la venta de las acciones, y deja abiertos algunos interrogantes concretos que apuntan al corazón de una filosofía liberal: ¿era libre para decidir Lidia Papaleo ya antes de ser secuestrada? ¿Existían las condiciones de libertad para que concretara tamaña decisión comercial que hasta pasaba por alto los derechos de herencia de su propia hija? ¿Bajo qué circunstancias alguien estaba tan dispuesto a perder casi todo? ¿Una negociación no es el triunfo de las partes? Lo que esto demuestra es que Clarín también es hijo de la ruptura de todas las reglas de juego que implicó la dictadura, un agujero negro de garantías. Clarín es una criatura nacida de ese vacío de legalidad. Del instante histórico donde el gobierno del más fuerte hizo definitivo al liberalismo argentino.
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Mientras tanto, el gobierno comprueba que hizo volar por el aire las cuatro o cinco tapas de Clarín que, previamente, ningún gobierno soportaba en su contra; y en su misma carrera, Clarín comprueba una fuerza más amarga: que en igual proporción soporta las ciento treinta tapas de Miradas al Sur en su contra. El único cálculo de la política oficial gira alrededor de ganar o perder, no hay "batalla cultural" ya en esto. Y eso explica la presencia de Moreno. En el medio de esta realidad, por detrás, aparece otro síntoma de debilidad del mito del diario (su capacidad de representación) que se refleja en el afán de políticos excitados por convertirse en aliados incondicionales y capaces de demostrar en eso que son políticos de oído absoluto, hombres y mujeres que perciben hasta la última olita del gran mar argentino, virtud que siempre se adhirió a la capacidad política de Clarín, y que imaginan que es una virtud transferible.
En estos días, quizás hoy, ocurrirá algo así como levantar un telón, algo que debía ser lo suficientemente conmovedor como para dar vuelta una página. Pero no fue construido así. Tendría que haber habido una suerte de suspenso como se construyen los suspensos: dejando caer pistas que conducen a la escena del crimen. Y un crimen que empieza con una pregunta: ¿Papel Prensa se obtuvo con el aparato de represión ilegal del Estado? La Presidencia de la Nación ordenó la construcción de una verdad, y la orden cayó sobre la Secretaria de Comercio, más específicamente, sobre la figura del energúmeno Moreno. El juego de las diferencias con la histórica Conadep es inevitable: acá se parte de que la verdad la construye el Estado. No es una junta de notables que hacen la autopsia sobre el cuerpo tibio del Estado sino el Estado mismo quien investiga la telaraña de la operación por la que tres diarios se hicieron dueños de una empresa de origen estatal.
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Se va a dar a conocer una verdad sobre ese hecho maldito de la democracia llamado Papel Prensa. La primera capa que se va a romper es la de la ignorancia y la indiferencia social que lo envuelve, si es que eso es posible en el medio del mejor aliado para que permanezca borrosa esta historia: la catarata de versiones, declaraciones y mentiras que se reproducen a diario. Todo parece forzado por dos versiones constantes: la que dice que el Estado "intervendrá" Papel Prensa para controlar a la prensa (como si el Estado no estuviera ahí desde el principio) y la que dice (desde este lado) que Papel Prensa es una historia que une delitos comerciales con delitos de lesa humanidad.
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La exposición pública de esta historia nace para que, definitivamente, se vean todos los gusanos que componen (desde el primer plano con que el gobierno sueña que la ciudadanía mire) a todo eso que es Clarín. ¿Será así? ¿El Informe de “Papel Prensa – La Verdad” servirá para decir algo definitivo sobre Clarín más allá de lo jurídico, algo que deje con la boca abierta a todos y que obligue a posicionarse de manera contundente a todo el mundo periodístico, incluidos los mismos periodistas del multimedios? ¿Algo que termine de quebrar lo que se supone que es un dique de la opinión pública? Seamos modestos. Pero quien quiera saber sabrá algo que tiene detalles, matices, precisiones, conjeturas, testimonios, hipótesis. Pero sobre todo… algo que tiene pruebas. Algo que es verificable. Donde cada palabra tiene su documento de prueba.
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Papel Prensa es un caso testigo de algo que también fue la dictadura: una guerra de grupos económicos, cuyo final monstruoso aseguró en muchísimos órdenes una asimetría permanente de la fuerza del Estado frente al resto de los poderes. Casi como si la dictadura hubiese sido la última imagen de fortaleza del Estado: y en esa fuerza su rendición incondicional. Papel Prensa como un teatro que representa la derrota permanente tras un acuerdo de sindicación que dejó a uno de los socios minoritarios (el Estado Argentino) en una desventaja sobre la que no se iba a reponer jamás. Fue un lugar concreto donde se hizo perpetuar la correlación de fuerzas que quedó como saldo desde el inicio de la democracia. Eso hizo que el “problema de Papel Prensa” fuera un problema de la democracia porque fue un problema concreto para cada uno de los gobiernos democráticos argentinos, sujetos a la amenaza simple del poder de fuego simbólico de un diario que no paró de crecer y ganar en el mercado de medios. Clarín era “un diario más” antes de Papel Prensa. Pero Clarín, el grupo que conocemos hoy, fundó sus pactos originarios cuando este país era un “laboratorio” de y para la modernidad que venía, y todas sus evoluciones tecnológicas y comerciales alcanzan para tener una teoría casi perfecta de la continuidad de estos últimos 34 años de historia argentina. El Proceso sale con más Proceso, había dicho Videla… ¿y eso qué quería decir? Más Proceso no era Benjamín Menéndez enojado por la tibieza de Viola. Más proceso era una democracia sobre la base de un condicionamiento estructural que actuara bajo la forma de la libertad (?). Clarín es una idea de continuidad proceso – democracia. Incluso, en “el fin del desarrollismo en Clarín”, hay un exorcismo capitalista.
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Pero para componer toda esta escena de Verdad que nace en el impulso de la ley de medios, se echó mano a un criterio único, a un criterio que es puramente kirchnerista, a falta de otra palabra, que es el criterio de crear vacíos o situaciones en que no queda visible lo que va a ocupar el cráter de lo que se pretende desalojar. El estilo de la televisión kirchnerista es el desgaste que no alumbra jamás qué es lo que será el reemplazo (por la afirmativa) de eso sobre lo que se ensaña. Incluso sus solemnidades, como el cancionero ochentoso de 678, ese sonido de nueva trova rosarina, es un momento de alegría que tampoco puede durar demasiado, es un momento de afirmación muy débil que remite automáticamente a ese viejo escenario inaugural de la democracia, de cuando todo era posible, y que siempre anuncia finalmente el derrumbe de todo. Y ese es el tiempo del kirchnerismo, una especie de “¿y esto cuánto puede durar?”, que no crea baluartes de cultura nacional, sino la solidez vaporosa de un instante de verdad extrema, de irrealidad. Todo el tiempo el kirchnerismo es un gobierno provisorio, es un gobierno al que le cuesta instituir, es un gobierno que enfrenta saltos cada vez más audaces para no frenar nunca el tiempo de transición. A la vez, mientras el gobierno aparece siempre como una improvisación (y conste que esto pasa por alto la real conjura de negocios que explica muchísimo la dinámica oficial) muchos empiezan a mirar con preocupación que se disuelve la fe ciega en la resistencia de Clarín (“esto también pasará”), la idea de que Clarín con fortaleza católica sobrevive a todo gobierno, y esa fe se torna una pesadilla, como el brote que llegó para quedarse, porque ahora todos –aún los que dicen apoyar- ayudan a desvestir a la bestia. ¿Y qué es la bestia? ¿Es para tanto la bestia? ¿Cuántas bestias nuevas crecen en nombre de destruir la bestia? Claro que ninguna bestia nueva (que las hay) nacerá al calor de un escenario originario tan simbólico como el de la dictadura. Todos siempre serán un poco menos bestias al lado de un negocio que nació a tan pocos metros de Ramón Camps. Más allá, incluso, de las precisiones y las aclaraciones con que se pueda forzar la frazada que hace nudo entre las irregularidades gravísimas de Papel Prensa y los delitos de lesa humanidad.
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Clarín salió corriendo de la escena del crimen, se lavó las manos dedicándose a la tarea meticulosa y neurótica de crear lectores, masas de lectores, ejércitos de millones de lectores y consumidores, y en la carrera de esa deglución fue capaz de volver sobre sus pasos discursivos, amortiguar y razonar con la democracia, blanquearse, testimoniar en sus páginas y programas los Derechos Humanos. Clarín se hizo una enorme avenida de doble circulación, un gigante de la representación, un diario para los que piden mano duro y un diario para los que piden garantías. Hay quienes auguran que una vez que ese “muro de contención del sentido común” se destruya, el derrame inevitable se secará. E imaginan una sociedad peor después de Clarín. Después de la secularización, de la muerte de esa diosa laica. El gobierno logró construir un mito como si hubiéramos vivido años y años sin conocer la dialéctica oculta de la democracia. O como mierda se quiera pensar eso que ahora parece dotado –históricamente- de un poder de fuego simbólico desproporcionado. ¿Será así? ¿Fue así? ¿Habrá una especie de recesión de la lectura? ¿Una crisis terminal de ese promedio democrático, de ese corazón duro de la clase media argentina? Clarín hizo metástasis. Está en los astros, en la frase del día, bajo el brazo del desocupado, en el deseo del putañero, en el Olé, en los premios y castigos de sus semáforos, en las páginas y páginas de ofertas de Frávega… Un miedo posible es que no se termine de comprender que la eficacia del cambio cultural que se propone, entre otras cosas, la nueva ley y la nueva verdad, tiene algo de gatopardismo. Aún siendo lo más optimista posible, no es el cooperativismo sino un magma de representaciones las que podrían sustituir a Clarín. ¿Es posible una operación a la medida de un cálculo así? ¿Una operación capaz de, “el día después”, restablecer valores propios de la misma lógica (periodística o comercial) de Clarín y que todos estos años de “relato” y de cambio de paradigma se resuman en una escena de policial negro? ¿Clarín, finalmente, será acusado de un crimen como un padre bueno al que se le descubren algunos muertos en el placard?
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Toda la historia de Papel Prensa hace zoom sobre la figura de una mujer, “la viuda del banquero montonero”, que fue secuestrada después de firmar la venta de las acciones, y deja abiertos algunos interrogantes concretos que apuntan al corazón de una filosofía liberal: ¿era libre para decidir Lidia Papaleo ya antes de ser secuestrada? ¿Existían las condiciones de libertad para que concretara tamaña decisión comercial que hasta pasaba por alto los derechos de herencia de su propia hija? ¿Bajo qué circunstancias alguien estaba tan dispuesto a perder casi todo? ¿Una negociación no es el triunfo de las partes? Lo que esto demuestra es que Clarín también es hijo de la ruptura de todas las reglas de juego que implicó la dictadura, un agujero negro de garantías. Clarín es una criatura nacida de ese vacío de legalidad. Del instante histórico donde el gobierno del más fuerte hizo definitivo al liberalismo argentino.
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Mientras tanto, el gobierno comprueba que hizo volar por el aire las cuatro o cinco tapas de Clarín que, previamente, ningún gobierno soportaba en su contra; y en su misma carrera, Clarín comprueba una fuerza más amarga: que en igual proporción soporta las ciento treinta tapas de Miradas al Sur en su contra. El único cálculo de la política oficial gira alrededor de ganar o perder, no hay "batalla cultural" ya en esto. Y eso explica la presencia de Moreno. En el medio de esta realidad, por detrás, aparece otro síntoma de debilidad del mito del diario (su capacidad de representación) que se refleja en el afán de políticos excitados por convertirse en aliados incondicionales y capaces de demostrar en eso que son políticos de oído absoluto, hombres y mujeres que perciben hasta la última olita del gran mar argentino, virtud que siempre se adhirió a la capacidad política de Clarín, y que imaginan que es una virtud transferible.
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