viernes, noviembre 23, 2012

Sciolismo o barbarie

Hay problemas con la criatura. El 20N que completa el 8N.

El gobierno tiene deudas heredadas y deudas producidas. Las heredadas se calculan extendiendo la idea de “herencia” con generosidad para un gobierno que lleva casi diez años de gestión. El kirchnerismo no empezó en cualquier momento de la historia, sino en un momento de inflexión, con una oportunidad que debía ser aprovechada (y que fue aprovechada). Era inteligente y necesario ser mesiánico en el 2003. Pero mientras se disipa el humo de la semana analicemos cuidadosamente el glosario de reclamos gremiales (los más precisos, los menos trotskistas) y veremos que de esa lectura también se desprende un vocabulario de progresos sociales. O sea: todo lo que está en la agenda social, sostenido por movimientos y sindicatos, es un salto de calidad comparado a los reclamos de hace diez años. Los formales tienen representación, una parte de la clase media se representa a sí misma. Y el Estado se conforma con la representación de los invisibles. Mmm.

Hay cuestiones producidas por efecto de la apuesta económica: como el caso de la soja y de la minería, vértices de los procesos económicos profundizados en los últimos años, la estructura territorial, social y económica reconstruida. Viento del mundo de un "yuyo" también zamarreado, digamos, para que las oportunidades de la economía debieran ser las oportunidades de tener un Estado fuerte. He ahí el saldo de un ciclo horizontal que hizo ganadores a costa de algunos sacrificios en las ganancias. Gran década para el agro que el estado puso de mal humor. El kirchnerismo peleado con la naturaleza (?). El desarrollo de esas políticas tuvo y tiene costos y también enormes beneficios. A la larga, después de la riña, todos felices.

También hay “herencias” que estos años no se tocaron y que forman parte de la estructura misma del Estado (“la ausencia de políticas de salud”), u otras que saltaron por los aires, como el transporte público, con su berrinche expuesto de subsidios y su costo pagado con vidas. Esas herencias y deudas carecen de representación y afinan la cuerda del Estado: un discurso presidencial que apela a la sensibilidad general y se agarra del “último”, de los últimos orejones del tarro, de los que necesitan al Estado. Porque esa es la ecuación del kirchnerismo versión 2012: se entiende con los que necesitan y con los que tienen intereses, pero no se entiende con la enorme masa producida, ampliada, de la clase media mestiza que creció, ganó, progresó y desea más.

Lo que se fue logrando en esta “vuelta de la política” es una paulatina extinción de las intermediaciones, al límite casi de volver “molesta” cualquiera de ellas. Un Estado que ya no precisa de nadie que le explique “en el medio” lo que falta, lo que falla, o algún rumbo pendiente o distinto. De un gobierno que tomó el insumo de todo ese tejido social y gremial de “resistencia” pasamos a un gobierno que no piensa más que en términos de estado y de políticas públicas, comunicación directa con el pueblo “humilde”. Fin del periodismo independiente y fin también de cualquier política de autonomía oficial que implique la promoción de cuentas pendientes.

Insisto: el kirchnerismo gestiona necesidades, el kirchnerismo negocia intereses (tomas y dacas, como la ley de ART) con empresarios, pero ha hecho crecer a causa del derrame a ese magma de clase media urbana (8N) y clase media conurbana (20N), que vive en su paritaria de deseos: gente que puede mostrar un buen recibo de sueldo como mínimo, y que no mira al Estado desde “abajo” como se mira al Estado Benefactor. En ese sentido, el 20N completa al 8N, hay un circuito de correspondencias subterráneas entre quienes –se dice- deberían tener pudor por lo que tienen. El gobierno antepone las deudas más urgentes en su discurso, y coloca en un lugar de culpa social a la clase media o a la “aristocracia obrera”. Exige mirar la “totalidad”, como si cada actor, gremio, central, sujeto, cacerolero o lo que sea tuviese en sus espaldas responsabilidades de Estado. Y agota sus recursos políticos: ni Sabatella, ni Abal Medina, ni Moreno, ni Aníbal Fernández, como versiones del progresismo y del peronismo clásico son capaces de establecer puentes. Por el contrario, parecen obligados a su peor rostro. ¿Quién sino Sabatella para interpelar Caballito? ¿Quién sino Aníbal para hablar con la CGT?

Muchas de las deudas históricas acumuladas carecen de fuerza social que las exprese o represente. No hay colectivos de la salud o de la vivienda, por ejemplo, que encarnen la hoja de ruta de una reparación estructural. En tal caso podemos ver que la vuelta de la política -en el sentido de un país donde se discute “de todo un poco”- hizo en nombre de los “relatos” en pugna más inespecífica la conversación, y, a la vez, aunque suene contradictorio, tuvo un efecto monotemático. Quiero decir: se debate todo en una dimensión “cultural” que tiene su dicotomía de fondo (Clarín o Gobierno) pero que subordina cualquier tema de agenda a esa lógica nuclear (sobre todo en los últimos años). Todo tema está en igualdad de condiciones ante la ley (de medios). No hay otras prioridades. Cada cosa dice lo que puede en su timbre gris porque el volumen principal lo tiene esta lucha de poder. Todo finalmente puede ser “funcional a”. (Tras la tragedia de Once surgió un colectivo de familiares y sobrevivientes que persigue de cerca -en el seguimiento de la causa por la tragedia- las políticas públicas de transporte; pero recuperemos una imagen de aquellos días: en la primera carta los familiares empiezan mencionando ¡la cobertura mediática del accidente!) Por debajo, la política más firme del gobierno encarna la obsesión de “sostener la actividad”, mantener el consumo popular, algo que tiene estos costos de amortización de los recursos humanos y materiales, expresados del peor modo posible -por ejemplo- en la oración “murieron arriba del tren muchos que ahora tienen adónde ir a trabajar”.

En esa confesión de parte, cruda, aparece la idea del trabajo como un ítem fundamental. Se sabe y lo dijo Néstor: “llegué con más desocupados que votos”. El trabajo es la obsesión, fue la obsesión, será la obsesión. Ahí se concentran los esfuerzos: en el sostenimiento del empleo. Se puede sacrificar la calidad del empleo, del transporte, de la salud pública pero no la cantidad de empleo. Todos a laburar. En ese marco, la agenda de la CGT es legítima y reformista, y no parece suficiente para una sensibilidad que la juzga como la parte beneficiada del “todo”. Un todo que se expresa -al menos retóricamente- en dos dimensiones: la de los últimos (informales, marginales, indios, “Barbaritas”) y la de un amanecer cultural que irrumpirá tras la caída del espejismo Clarín. Hay algo de subestimación cultural en esa excesiva apuesta a poner tan en primer plano a Clarín, grupo que sería dueño de un hechizo social que pronto se revelará. El 7D parece el día en que se descubrirá para todos los creyentes la fórmula de la Coca-Cola democrática.

Pero lo que discute la CGT de Moyano no es sólo la distribución de la riqueza, no es sólo la adecuación de instrumentos tributarios o de justicia social, sino la distribución del poder político. Cualquier actor de la política quiere tener su paritaria con Zanini. Algo que el propio Moyano vino haciendo desde el principio (¿se recuerda su discurso de fin de año de 2007, con Cristina ya electa?). A media distancia este paro debería ser visto como normal, como parte del crecimiento con inclusión, que es, en el fondo, una promesa guapa de quilombo. Pero la presencia omnímoda de Clarín en la agenda unifica todo, ajusta todo a los hilos invisibles del “lado Magnetto de la vida”. No hay zonas descubiertas, ni azar, ni nada que carezca de una explicación que esté fuera de esa línea. Para los que no creemos que hacer medio sobre medios sea el motor de la historia, podemos percibir que hay algo de la “vuelta de la política” que incluye una política que te tapa el bosque. Un día también se podrá mirar un problema de frente, a los ojos, detenerse, decidir. Y asumir los costos que se pagan en esa decisión.

El 8N y el 20N representan ese magma intermedio de beneficiarios. Son el dato de una incorporación al mercado laboral que habla bien del gobierno aun cuando expresan su malestar y cuando las organizaciones gremiales se hacen eco de ese runrún (presión fiscal mas inflación). Así, en esa perspectiva, en lo profundo que se mueve hoy, la fecha del 7D carece de determinismos directos sobre la población. En este país hicimos más importantes a los 100% Lucha de la batalla cultural que a un Randazzo, el ministro XL que en quince días te entrega un DNI aunque vivas en Villa Palito.

Porque si ante cada protesta las mediciones oficiales posteriores se reducen a calcular cuánto afecta al bloque del 54% (y la respuesta es: “nada, nos volverían a votar”) eso vuelve increíble la muletilla de la presidenta cuando dice que gobierna para los 40 millones de argentinos. El kirchnerismo es desafiante y polarizador pero tuvo un acompañamiento ciclotímico en las urnas, y ese nubarrón asoma por encima del humo de los vende-humos. Y ese dato es el que más erosiona el anhelo chavista que tanto entusiasma a muchos ideólogos infantiles. Es el gobierno del 23, del 49, del 30, del 54%. El gobierno que tiembla por “unos puntitos” Tener clase media es ese quilombo. ¡Viva el quilombo!

Néstor y Alberdi nos enseñaron en sus siglos la mejor forma de ser: republicanismo sucio (“hay que gobernar la sociedad”). Hay que decir cómo seguir haciendo eso.

jueves, noviembre 22, 2012

Las trenzas de mi china

A la mañana en uno de los diecisiete e indistinguibles entre sí programas periodísticos de América 24 pusieron a hablar de INFLACIÓN al único peronista y kirchnerista más o menos de amianto capaz de sentarse a hablar del tema sin sentir que en ese momento le empiezan a vaciar la oficina de su secretaría. Un tema perdido antes de jugarse. El señor Alberto Samid. El turco Samid. Un empresario de la carne puro y duro, que se nota que cuando habla sufre y goza en su agitación de bicho lábil. Una lengua, como D’Elía, Asís, Marcelo Bielsa o Caruso. Argentino hasta la muerte. ¿Cuál es la razón de la inflación?, arranca el periodista y mira a Samid que ya pone cara de carnero degollado porque sabe que es una mañana en la tele (cosa que le encanta) pero para hablar de un tema del que ningún compañero habla sin dejar de pagar costos. Y Samid hace de Samid, dice: el problema son los chinos. Vamos a decirlo así: es como un gordo que cuando empieza el partido agarra la pelota con la mano, la pincha con un punzón y saca una pelota de goma y dice: dijo mi mamá que juguemos con esta. Y lejos de hacer alguna precisión en el modo en que los chinos afectan como supuestos poderosos formadores de precios, ensalza los varios mitos que rodean esa red de supermercados que –en su tesis- se llevaron para siempre al simple almacenero del barrio (al almacenero español, diríamos, sugestivamente): son una mafia, apagan las heladeras cortando la cadena de frío y venden mercadería vencida. Pero la respuesta no convence a nadie. Empecemos por lo grave: son una mafia. Alguien esa mañana en twitter recuerda el mito de la mafia italiana originaria en los Estados Unidos: comenzaron traficando aceite de oliva. Uno diría en un país tan hecho por los hijos de los barcos como éste: las mafias son como los marines que llegan para alisar el suelo. ¿Qué corriente migratorio no tuvo, no tiene, mafias? ¿Qué porcentaje, por ejemplo, de los propios bolivianos que terminan en los sótanos de los talleres clandestinos engañados por sus compatriotas en la distribución de trabajo esclavo? ¿Quién trajo a la Argentina la trata de blancas? Pero para Samid, un hombre peronista y melancólico por naturaleza, el sepia costumbrista lo gana todo, rezuma: “¿Vos te tomaste un café alguna vez con un chino?”. Ahí está el peaje, el puesto de frontera de la argentinidad herida: el feca porteño. A esa altura nadie pensó que eso ameritaba un llamado anónimo al INADI para que sus operadores territoriales sintonicen la pantalla de América y elucubren las medidas anti discriminatorias frente a esa gran escena de picaresca. El turco Samid, el que pegó la piña más importante de toda la década del 90 (a Mauro Viale) producía un quiebre discursivo inatajable para dos periodistas picapiedras incapaces de tomar nota del hermoso momento. Pero frente a Samid todos nos sentimos estudiantes de una maestría de FLACSO. Sentimos que somos productores de esa noble corriente progresista que cuando dice “mi amor, voy al chino a comprar coca y me llevo al nene”, siente que la estatua de Alberdi sonríe, ahí, desde plaza Constitución. Los chinos parecen una hermosa feria popular donde se produjo la división internacional del trabajo: en el chino los bolivianos administran la verdulería y los argentinos la carnicería. Suena un violín de Peteco cuando entramos porque también ahora eso es tierra adentro. Y tal vez el chino que mejor interpretó el nacimiento de este romance fue aquel que a fines de los 80 (un pionero) puso un súper en Flores al que llamó “Argenchino”. Era uno de los primeros de los más de 7 mil supermercados que hay hoy, y que en un 80% se ubican entre la CABA y el Gran Buenos Aires. El final es en donde partir: nadie puede negar que la imagen del señor Wang Zhaone llorando en la puerta de su supermercado en Ciudadela la tarde del 20 de diciembre nos partió el alma. El chino lloraba en argentino, le diríamos al turco. Turco: somos una hermosa bolsa de gatos obstinados en hacer el paraíso acá. ¿Quién no tiene una mafia bajo la alfombra?

lunes, noviembre 19, 2012

Italoamérica!

Mi amigo, el compañero Alejandro Sehtman, convoca a todos los ciudadanos a la siguiente gesta:

¿Qué se vota? 

El próximo sábado 24 de noviembre de 10 a 20hs se llevará a cabo la primera ronda de las primarias de la coalición del centroizquierda italiano para elegir al candidato a Presidente del Consejo de Ministros.

Por primera vez los ciudadanos italianos residentes fuera de Italia pueden elegir cuál será el candidato a Presidente del Consejo de Ministros que presentará la coalición de centroizquierda. Hay cinco precandidatos pertenecientes a las tres fuerzas que componen la coalición: PD (Partito Democrático); SEL (Sinistra Ecologia Libertà); y PSI (Partito Socialista Italiano).

Vendola Presidente

Desde Sinistra Ecologia e Libertà Argentina convocamos a todos los ítaloargentinos y los ciudadanos italianos residentes en nuestro país a apoyar al Secretario de nuestro partido y Gobernador de la Región Puglia Nichi Vendola.

Nichi Vendola es la expresión de una izquierda mejor. Con coraje para romper con el berlusconismo y sus políticas neoliberales. Con determinación para defender iguales derechos para todos los italianos, incluyendo a los homosexuales y los inmigrantes. Con propuestas para refundar Italia sobre la base del trabajo, la protección social y del cuidado del medio ambiente. Con una experiencia de gestión innovadora y progresista en los hechos. Con una mirada abierta hacia América Latina y su actual proceso de democratización popular.

Nichi Vendola candidato a Presidente por el centroizquierda es el mejor liderazgo para sacar a Italia del túnel neoliberal y conservador para ponerla en la senda del crecimiento y la ampliación de derechos.

¿Cómo se vota?

Se puede votar online registrándose previamente en el sitio de las primarias o en las distintas mesas electorales de cada ciudad.

En la Ciudad de Buenos Aires habrá 4 mesas ubicadas en:

Bulnes 1136 | Av. de Mayo 1480 | Perón 940 Cap Fed | Teodoro García 2828

Cualquier ciudadano italiano puede concurrir a la votación durante el día sábado 24 de noviembre desde las 10.00 a las 20.00 hs.

Los requisitos para poder votar son: a) ser poseedor de un documento italiano (carta de identidad, pasaporte) y b) suscribir la carta de intenciones de la coalición “Italia Beni Comuni”.

Votemos juntos

En Buenos Aires te esperamos en Bulnes 1136 para votar junto a todos los que queremos que el centroizquierda vuelva a gobernar Italia con un proyecto realmente transformador, que rompa con la política de ajuste perpetuo que hacía Berlusconi y continúa Monti.

Por cualquier consulta podés escribirnos a selbuenosaires@gmail.com

viernes, noviembre 09, 2012

Sociedad y Estado

(actualización del post pre 8N escrita en el post 8N)

¿Estamos viviendo los días de otra 125? No. No habrá noche con final inquietante alrededor de un congreso iluminado y dos plazas esperando un veredicto. No hay articulación evidente entre el 8N y el 7D. Las cacerolas no tienen un Cobos, ni un parlamento, ni un resultado que desempate. Ninguno de los puntos de la protesta incluye como reclamo puntual la “no desinversión” del grupo Clarín. Es decir: el 8N puede tener “la agenda de Clarín” pero no a Clarín como agenda. ¿Y qué efecto político beneficioso para Clarín pudo producir? A mi juicio: el cómo del 7D. O sea: la protesta del jueves no amenaza la existencia misma del plazo judicial del 7D, sino las formas para forzar el incumplimiento del grupo a ese plazo.

Es obvio que los manifestantes no tienen prioridad en la ley de medios y, más seguro, consideran al grupo Clarín un aliado. No razonan decisiva la contradicción “política y corporaciones”, y ven al gobierno fuerte, amenazante, con mayoría parlamentaria, con una masa de votos frescos, y que en “esto” podría sumar más poder. ¿Y qué podrían pensar los que reclaman por las instituciones acerca de las intromisiones judiciales del grupo Clarín o sobre los detalles de la gestión en Papel Prensa? No lo sabemos. Quizás lo saben y no alcanza. Quizás muchos incorporaron lo de Lanata: “opto por el más débil”.

Veámoslo al revés. Te dicen: “¿Pero entendés lo del INDEC, no?” Sí, sí. “¿Pero entendés que seguís siendo kirchnerista?” Sí, sí. Ahí llegamos en la conversación. Un país sin carmelitas en el terreno político pero en el que aún con todo lo simbólico que se arrastra en las palabras no nos vamos a matar ni vamos a morir en esto. Cuando alguien dice “voy a dar la vida por X”, hoy, lo que hay que decirle es que la letra chica del contrato firmado en 1983 dice que si decís que vas a dar la vida primero tenés que decir quién te la amenaza. La inflación discursiva nos aleja de la realidad más gris. El 54% de votos de Cristina conforman un dato, no es “Pueblo Tallando en Piedra”, sino una enorme aprobación (como dice la canción: huella y camino). Porque también era antidemocrática cualquier actitud destituyente cuando el gobierno era el del 30% (2009).

La clase media está en el centro de la escena de un país que desplaza suavemente su pregunta-fetiche favorita (“¿mamá, qué es el peronismo?”) por esta otra mucho más incómoda y familiar. El nuevo malón que defiende su progreso y que ni siquiera Laclau puede llegar a ver desde su observatorio privilegiado. ¿Cómo construir beneficiarios culposos del modelo, franciscanos del capitalismo, ganadores con pudor que agachan el lomo y agradecen al cobrador de impuestos? Tenemos un problema. Mamá, ¿qué es la clase media? Y podemos decir, en el año de la Bestia: la clase media es el hecho maldito del país peronista.

La política es compleja. La vida parece simple. Y la simpleza de una subraya la complejidad de la otra. ¿Con cuánto se hace una vida? Perón dijo ¡en 1970! que la víscera más sensible era el bolsillo. El plan vital: cumplir sueños, cubrir necesidades y que el recaudador de impuestos no golpee mi puerta. La antipolítica también es un estado natural. Todos odian a ese cobrador. Cualquier ciudadano promedio en su quinta incursión a la AFIP empieza a sumar calorías anti-políticas. Es así, odiamos la burocracia (ni hablar la que empieza a las 4 AM en el hospital Fiorito). Es parte del plan de Dios para hacernos sentir que pasar dos horas en misa no es lo peor a lo que podamos destinarnos.

Para algunos el 2001 fue leído como “vuelta de la política” (asambleas, nodos de trueques, participación), pero de algún modo en sus consignas también resultó la imagen de la gente sacándose a la política de encima. Remarcando una distancia entre vida y política que exige mejor representación. Sorprende el “silencio entre ellos”, decía la cronista de TN sobre los caceroleros que marchaban. Silenciosos, decía, bajo banderas sólo argentinas. Un montón de particularidades que no hacen sombra bajo ningún trapo: INDEC, 82% móvil, inseguridad, inflación, dólar. Y así, una zona de temas que se encadenan en su clima, en su prosa, que se mezclan, que invocan libertades, fascismos. El país se ha dado cien días de oposición. Veremos, pero no sólo de eso depende la vitalidad de esa energía. Quizás el 8N nos dice que desde 2001 para acá no todo cierra. Es el fin de ese ideal, un poco bipartidista, del gran equilibrio nacional. Nuestro orden, nuestra representación, incluye estas lagunas. No le tengo mucha fe a la oposición y claro que (como buen republicano que soy) me encantaría que se consume otro matrimonio político. Fuimos a la plaza en bici a “mirar” con el genial sociólogo y tuitero Tomás Borovinsky y vimos un montón de populismo en disponibilidad.

Fiesta Pampa


lunes, noviembre 05, 2012

Mucha gente nerviosa. Y esto es lo más insoportable, por lo tibio: todos estamos siendo demócratas. Y en el kirchnerismo, a la larga, mucha gente que es de de derecha aprendió a moverse, a caminar, a competir, a no dar por sentadas sus posiciones ni a sentir naturales sus privilegios. Dicho esto también para decir: no todos los que marchan son de derecha. Pero el kirchnerismo desde el día 1 consiguió tener gente de ese lado en su contra.

¿Vivimos otra 125? No. Ni siquiera de cerca. No habrá una noche con final inquietante alrededor de un congreso iluminado y dos plazas esperando un veredicto. Vayamos a lo seguro: no hay articulación evidente entre el 8N y el 7D. Y la protesta tiene una cantidad de demandas que hacen a un sistema mucho más fuerte en lo anti que en la posible afirmación política. (Algo que casi siempre ocurre con la gente en la calle.) Aunque por supuesto tiene intérpretes políticos y periodísticos (este es el año de Lanata, sin dudas). Pero este episodio no tiene un Cobos, ni un parlamento, ni un resultado inmediato que lo desempate. Ninguno de los puntos de la protesta incluye como reclamo puntual la “no desinversión” del grupo Clarín. ES DECIR: el 8N puede tener “la agenda de Clarín” pero no a Clarín como agenda.

¿Qué efecto político beneficioso para Clarín puede producir el 8N? A mi juicio apenas este: el cómo del 7D. O sea: la protesta del jueves no amenaza la existencia misma del plazo judicial del 7D, sino las formas para forzar el incumplimiento del grupo a ese plazo.

Es obvio que los que manifiestan no tienen prioridad en la ley de medios y, más seguro, consideran que el grupo Clarín es un aliado y una red de contención. Digamos que -como mínimo- no consideran decisiva la contradicción llamada “política versus corporaciones”, y en tal caso visibilizan a un gobierno fuerte, con mayoría parlamentaria que hace apenas un año obtuvo una mayoría de votos, y que en “esto” pondría en juego la suma de más poder. Todos somos pragmáticos.

¿Qué pensarían los que reclaman por las instituciones acerca de las intromisiones judiciales del grupo Clarín o sobre los detalles de la gestión de décadas en Papel Prensa? ¿Las conocen algunos?, ¿muchos? No lo sabemos. ¿Quizás lo saben y no alcanza? ¿Quizás sí, muchos, incorporaron eso que dijo Lanata, lo de “opto por el más débil”? Veámoslo al revés. Te dicen: “¿Pero entendés lo del INDEC, no?” Sí, sí. “¿Pero entendés que seguís siendo kirchnerista?” Sí, sí. Ahí llegamos en la conversación: al punto en que lo que no toleramos es la oscuridad del otro, sobre todo en discursos cuyos efectos de polarización extreman a cada uno en su verdad. Un país sin carmelitas en el terreno político pero en el que aún con todo lo simbólico que se arrastra en las palabras no nos vamos a matar ni vamos a morir en esto. Cuando alguien dice “voy a dar la vida por X”, hoy, lo que hay que decirle es que la letra chica del contrato firmado en 1983 dice que si decís que vas a dar la vida primero tenés que decir quién te la amenaza.

Lanata y D’Elía son los hombres de las prosas fuertes del momento. Se disputan representaciones. Y, en el fondo, son dos outsiders auténticos, hombres sin votos, gargantas con fuerza discursiva para romper impotencias callejeras. Son dos hombres que viven diciendo todo al límite. Sus discursos son de verdad extrema. Y en estos días funcionan en espejo porque los dos se creen la expresión profunda de dos polos. El kirchnerismo, como suma de todos los hechos malditos y el anti kirchnerismo que lleva como bandera el fin de los odios y de las antinomias pero es el que más los subraya y necesita. Los discursos son paradójicos. Casi todos. Un discurso lleno de odio pide el fin del odio, porque lo que odia es una asimetría que ve irremontable en manos de un proyecto que a su vez maneja el Estado, y que se hizo de él a través de los votos.

¿Qué nuevo paradigma es este que te da las fechas históricas antes de que ocurran? 8N, 7D. Es inusual saber que en un mes, en una semana, en dos días, ocurrirá “algo histórico”. Es como la expectativa por el nacimiento de una marca. No sé si hay registros de algo así.  

domingo, octubre 21, 2012

Infancia clandestina (Hoy en Ni a Palos)

A Miguel Binstock 

Toda la infancia relatada (lo escrito o filmado “desde los ojos de un chico”) es representación hecha por adultos. En tanto: toda infancia es clandestina, y se trama alrededor de cómo los niños huyen del mundo de las instituciones totales y de los encierros o abandonos que los padres proyectan. Ya sea en un country, en Los Piletones o el colegio marianista de Caballito.

Pero esta Infancia clandestina es un ajuste de cuentas que hace un adulto sobre su niñez vivida bajo el cautiverio montonero. Los padres montoneros de Benjamín Ávila, el director de la película. Entremezclada con las contradicciones naturales de un hijo de, y hecha con el extraño y argentino privilegio del linaje que da derechos, porque sólo un hijo de militantes muertos tiene “autoridad” para juzgar hechos que afectaron tanto y en distinta escala a todos.

La historia ocurre en la más cuestionada acción del grupo armado: la contraofensiva. La maniobra por la que volvieron al país una cantidad de militantes armados que conocían con lujo de detalles a qué se exponían. En el film aquella aventura parece un aterrizaje de extraterrestres, uniformados en el extranjero, sobre un país que había empezado a salir de la hora represiva y que lentamente parecía recobrar algunos signos vitales, políticos y sindicales frente al Proceso.

Veamos: la historia se concentra en el año 1979, año en el que se produce el primer paro nacional conducido por el dirigente peronista Saúl Ubaldini. La familia en cuestión (madre, padre, tío y dos hijos) se ubica en un barrio del Gran Buenos Aires para darse en esa cobertura comunitaria el tiempo y el espacio de planificación de acciones armadas “decisivas” para la caída del régimen. Mientras nacía el movimiento de los derechos humanos en torno a qué habían hecho con la humanidad de los militantes, Montoneros recobraba fuerzas para volver a decir con hechos que esto era una guerra. O sea: durante un tiempo convivió el socorro humanitario con el delirio armado que seguía arrojando cuerpos a las fosas.

Hay dos mitades constantes en la línea de la película: la superficie de los padres militantes, representados como fanáticos, y la profundidad de un chico que resiste en su infancia, un pliegue de la clandestinidad en el que se cuenta una especie de “Mi primer beso”: la historia de la inocencia de un niño que no puede decirle quién es a la primera chica que ama.

Y se aplica sobre esta patrulla montonera en extremo la idea de todo izquierdismo: la historia se hace a espaldas de la gente. La película insinúa que la vida de ese barrio y la escuela funcionan como molécula distendida del poder dictatorial. ¿Qué tienen que ver ellos con la revolución? La escuela y el barrio eran apenas locaciones de una revolución hecha por desconocidos. Pero la historia -¡recontra promocionada oficialmente!- se sujeta al calvario del chico obligado a vivir entre papás soldados que no lo dejan jugar a la guerra porque su vida es una guerra de verdad. ¡El cautiverio del mocoso en esa familia OVNI que entró a un país que había cambiado mucho!

El balance final es agridulce en muchos órdenes pero vamos a dar el más contundente: ¡termina dedicada a los que no perdieron la fe! “Hola, Benjamín, ¡a tu familia la mató su propia fe!” Esa fe, ese camino de luz que barría cualquier sentimiento humano, de persona a persona, en nombre de algo que estaba más allá.” El problema es la fe. Para salvar la vida había que perder la fe. Alguien debió decirles: “los soldados no tienen hijos, son livianos y desconocidos del pueblo que liberarán”. ¿De tanta deshumanización dependía la eficacia de la guerra por una humanidad mejor? (El Che tenía a sus hijos muy lejos del teatro de operaciones tácticas.)

Pero le doy el Nobel o por lo menos un Martín Fierro de la paz a la abuela de esta historia, una vieja ajena al espejismo guerrillero que balbucea y ruega a esos dos místicos que le entreguen a los chicos, en la mejor escena filmada sobre la tragedia de esos años. Es una ABUELA que pide a sus hijos militantes que no les borren la IDENTIDAD. ¿Se entiende? Eso eran las abuelas: un discurso de llanto y temblor. La abuela: la única persona a la que el chico pudo volver a decir quién era. “Soy Juan.” ¿Se entiende? El film sugiere una gran sugestión entre militantes/militares y supresión de identidad. Los iguala: todos la apropian. Si hay guerra no hay identidad.



Nada más, sólo un mensaje a la Generación: no importa más de qué somos hijos, sólo importa de qué somos padres.

jueves, octubre 11, 2012

Balance de la semana en 4

1. Progresismo de amianto la vida de Martín Sabatella. Inició su militancia en la Federación Juvenil Comunista. En los años 90 formó parte del FREPASO. Fue intendente de Morón durante diez años, entre 1999 y 2009. Llegó al poder de ese distrito peronista con la Alianza y enfrentando al histórico peronista Juan Carlos Rousselot, con un discurso que no abandonó nunca: el discurso contra los barones del conurbano. Resistió dentro de la Alianza y en 2002 formó su propio partido Nuevo Morón. Con el que se presentó en 2003 y ganó con más del 50%. En 2004 fundó el EDE, un partido con nombre de jabón de limpieza, a propósito. Recibió por sus gestiones el reconocimiento del diario Wall Street Journal, de la ONG Poder Ciudadano, el premio Konex como administrador y fue nombrado coordinador del comité de municipio del MERCOSUR; algunas de las cuales hoy -en su variante vital de “republicanismo sucio”- queda bien renegar. Creó la casa de la memoria en la cinematográfica Mansión Seré, inaugurando ese lugar donde arte y política engendran a través de sus monstruos (con Víctor Heredia a la cabeza o con la cabeza de Víctor Heredia) el nombre de la cultura democrática desde 1983: Memoria. Exponente originario junto a Ibarra y sectores de la CTA de la “tentación transversal” con la que Néstor Kirchner quiso sustituir al partido justicialista. En 2009 se presentó con Nuevo Encuentro, por fuera del FPV. Y sacó 5, 56% de los votos. Le sacó a NK “los puntitos” que perdió frente a De Narváez. Etiquetas de su vida: transparencia, “participación”, derechos humanos, memoria. Conclusiones: El progresismo es un productor de personalismo político, si no, veamos los ejemplos de Chacho Álvarez, Lilita Carrió o Aníbal Ibarra. Todas figuras que perforan y crean entidades orgánicas a imagen y semejanza, para auparse en ellas y para tirarlas por la ventana cuando hace falta. Su itinerario es una línea de tiempo del progresismo argentino: del antimenemismo duro al kirchnerismo duro. Respondiendo a su vieja impronta bolchevique, que aplicará en el AFSCA, a la zoncera que dice que el progresismo es tibio, se le responderá: no es tibio, es frío. Siempre se distinguió del PJ y jugó su crecimiento a la diferenciación constante en lo territorial con la liga de intendentes del conurbano, aunque de golpe -en su mejor hora, ésta- tuiteó como quien se estira un poco la corbata: “somos Feos, sucios y malos”, celebrando su nombramiento rimbombante para darle el tiro de gracia a Clarín. Se ve que el abandono de la deferencia de la que fue objeto en la prosa de Clarín le hizo recapacitar su sistema de adejtivos: Martín, ¡te pasaste veinte años puteando a los feos, sucios y malos del territorio comanche y ahora te encanta el espejo plebeyo!

2. Más allá de las conspiraciones durante las protestas de prefectos, gendarmes y afines, podemos decir que estamos viendo a la primera generación de soldados X de la democracia en escena. A jóvenes miembros de las fuerzas de seguridad que reclaman en torno a cuestiones gremiales de un modo que pone a sus propias instituciones contra las cuerdas. No están cegados por ningún integrismo, ni los anima ninguna pasión por fuera de las que tiene todo el mundo: la búsqueda de la alegría del consumo. Tuit del enorme Mariano Canal: “quiero decir, 30 años de democracia es que esta protesta sea más parecida a la de un sindicato que a la de los carapintadas.”

3. Escribió la socióloga y poeta y brillante Sol Prieto en su facebook: “No me parece muy acertado discutir si el reclamo de la prefectura y la gendarmería es desestabilizador o no, si la democracia aguanta o no, porque en el fondo todos sabemos o pensamos que la democracia en Argentina aguanta un levantamiento de la prefectura. Lo que sí hay que ver es que en los últimos 3 años hubo insubordinación o levantamientos de las fuerzas de seguridad en Bolivia, Ecuador, Colombia, creo que Perú también, y ahora acá, y casi todos con una base gremial que se pudo politizar más o menos en cada caso. Lo que está en juego es la estructura interna de esas fuerzas y la evidencia de que las instituciones que existen para canalizar conflictos como estos no sirven más. Por ahí, estos conflictos son una consecuencia lógica de que las fuerzas se van institucionalizando como una parte más del Estado (y no como el Estado mismo) y entonces entran en conflicto con el Estado. Creo que estas cosas se resuelven con más democracia hacia adentro y hacia afuera: con menos autonomía interna y más control y transparencia para con el resto de la sociedad, con representación sindical elegida democráticamente, y haciendo que determinados cargos sean electivos. Nunca menos.”

4. Gestión es más importante que relato.

martes, octubre 09, 2012

La mujer es lo negro del mundo

Mientras tanto, alguien tendría que responder por qué Yoko Ono, María Kodama o Isabel Perón no son la misma persona. Las tres caras de una misma mujer como si fueran las tres caras de una misma serpiente, las tres que llegaron “después” de un golpe de estado de sábanas de seda y conquistaron el corazón de los héroes de todas las clases. Se representan así: las conchudas. Fueron (son) odiadas por la masa arrebatada del fanatismo. Mujeres orientales, impopulares, con un “magnetismo incomprensible”, virtuosas -según su propio mito. De una sensualidad ante los ojos de ELLOS que nadie más pudo ver. ¿Son hermosas? No. Guardan un misterio, un misterio que se toca con un palo, así, con la punta del palo. Mujeres que estos tres mitos de la polis amaron contra la corriente porque ellas los sacaron de la corriente, los acunaron un poco a orillas del río de la historia que tanto arrasa. Pero los sobrevivieron y he ahí el dilema, compañeros. Ellas, las amas de la iconografía del gran nicho. Mujeres que ocurren en el pasado. Que custodian los mitos y que en su acidez -al que se acerca- lo arrojan al futuro. A la emergencia de construir nuevos mitos. Por eso permanecen como fantasmas horribles alrededor de la tumba de los héroes. Para no volver a ellos siempre.

Las tres están vivas hace demasiado tiempo. ¡Las tres están vivas hoy, 2012, a décadas de los pasos a la inmortalidad de sus compañeros y viven como viudas negras, hablan poco, son celosas de los restos del imperio que administran con pasión liberal! Yo mandaría YA a una delegación de juventudes políticas para hablar con esa mujer de rodete, voz finita y fálica, que amaba a Perón pero no al pueblo y que volvió a España para siempre, porque, compañeros, una parte de Perón es española y medieval. Una maravilla mucho más literaria que toda la pastelería pop de la iconografía evitista… Isabel Perón es un hecho maldito, gira mágica y misteriosa en Libia, que nos puede contar cómo eran las siete de la tarde del General, la hora del lobo o, simplemente, qué gracia de Fidel Pintos lo divertía más. Isabel vive como paria de la historia. Sabe mucho de todos: de Perón, de López Rega, de Massera, de Lorenzo Miguel… Y así podría escribir ella sola la historia de esos conquistadores del movimiento. ¿Por qué Perlóngher y la literatura gay no se detuvieron en ella ni un sólo segundo, ni un instante sobre ese cuerpo alambrado de la derecha peronista? Chabela, Isabel, María Estela, ¿no tiene sangre plebeya? ¿No bailó también en el teatro prusiano? Isabel La Católica y Evita la cristiana. Encanta el mito evitista de la actriz de Los Toldos, pero a Isabel le entrás por otros lados: es la mujer de las 3 A, la gaucha del caudillo que acuñaba que las palabras son hembras y los hechos son machos y se guardó todos los secretos y nadie, ni siquiera un hijo de Cafiero, se le acerca para oír su balbuceo, un poco del sonido y la furia de esta historia tan china. Mi póster sería una foto de esas tres, una foto warholiana, cuatro cuadros de cuatro colores pero con un cuadro en blanco, vacío, que diga: “la próxima podés ser vos”. El mundo no sabe dónde poner a estas celadoras de erotismo sadomasoquista.

Está en una pared escrito hoy con aerosol negro. Y quedó todavía porque estaba escrito que así sea, fue una promesa cumplida en una pared del barrio de San Cristóbal, a pocas cuadras de la sede de la Unión Ferroviaria. Decía: Isabel jefe: leña a los rebeldes. La traducción decimal no es necesaria. Sabemos lo que es un jefe, lo que es la leña, lo que fueron los rebeldes. Y no hace falta escribir con tiza todos los días que eso es del año 1975, el mundo anterior a este mundo. Y que esa mujer podía ser dueña de la vida y de la muerte de todos porque había sido dueña de la vida de uno solo. A veces la historia se asalta así, cuerpo a cuerpo. Las tres, Isabel-María-Yoko, viudas asiáticas, tuvieron la humanidad en un puño. Ahora, un puñado de ceniza carísima.

Entre Borges, Lennon y Perón se define una genética argentina promedio, el pasado. La playa de piedritas de Alan Pauls. Tres mujeres iguales. Tres orientales que tocaron con mano fría sus karmas. Los acompañaron en el otoño. La beatlemanía, el peronismo, la literatura nacional, y estas tres chinas que todos los días tiran arroz sobre el cajón. ¡Había que salvar al hombre! Ningún poeta feminista o gay escribió algo a la altura de esos mitos.

Informe sobre aborto (2011)

sábado, octubre 06, 2012

La nada en X tuits

El de izquierda se entrega -siempre- al carácter universal de sus ideas. O sea, "el otro" no piensa distinto, simplemente "está mal".

El de derecha, quizás, mutila lo que de universal tienen sus ideas. Y convierte su pensamiento en una astucia. ¿El otro? Es un boludo.

El peronismo es la militancia retórica y barroca de un simple legado oriental: si sucede conviene.

Partido de poder versus partido de ideas en un país con dos clases: la clase media y la clase política.

lunes, septiembre 24, 2012

Invitación

El miércoles 26 de Septiembre, y por la competencia oficial del Festival de cine latinoamericano de la UNSAM, van a proyectar Iré (el deseo de los orishas). La cita es a las 14 horas en 25 de Mayo y Francia, San Martín, Bs. As. En el auditorio Lectura Mundi de la Universidad de San Martín. Guido Mignogna

Iré

viernes, septiembre 14, 2012

Tuits de la noche en pañales

La oposición que tiene que hacer pedagogía sobre sus representados. Pasar a civilización ese runrún difuso. TN no podía poner testimonios. Era un largo paño de las ciudades y la sola voz de sus cronistas. // Esa plaza también tiene algo intraducible. Y la fantasía eterna de la oposición es creer en la representación total. // Sobre todo atender que la política no es una sábana flexible que no deja nota sin tocar. // Representar no es soplar y hacer botellas. Ni recoger mensajes del mar. Ni todo es representable. No le inventemos utopías a la democracia. // Por eso tampoco ahora una fe ciega en que toooodo es representable. Una sociedad con lagunas, intemperies es inevitable. // Este país es más invivible desde que en la espuma de la espuma creímos que ser de clase media está mal. // Apagar la FM Forster compañeros y su repetición de lo que decía en Página 30 hace veinte años. Día de meditación. Nos toca hacernos el Sri Sri. // O sea, representar no es amplificar el abajo. Es hundir las patas en ese yuyo. Separar paja del trigo. Sacar sueños en limpio. // Y una parte de la solución republicana es bajar decibeles de la policía semiótica. Nuestro "yegua montonera" es "Videla=Macri". // 90's: puedo comprar los dólares que quiero pero no tener el sexo que quiero. 2010's: puedo tener el sexto que quiero, pero no los dólares que quiero.// Liberales somos todos.

lunes, agosto 06, 2012

Federalismo a la que te criaste

(Publicado en Le Monde Diplomatique, septiembre de 2011)

Uno de los debates faltantes de estas elecciones es quizás uno de los debates faltantes de la democracia: el desequilibrio territorial, el legado de un federalismo a la que te criaste, o sea, regulado por los avatares de la economía real. Es interesante pensar este momento comparativamente al último debate que puso en discusión la cartografía política y que fue estigmatizado como muchas de las ideas ambiciosas de Raúl Alfonsín: trasladar la Capital Federal al distrito Viedma-Carmen de Patagones, convertido así en un nuevo distrito federal; el “Proyecto Patagonia” que en 1986 impulsó el entonces presidente.

El proyecto también suponía la creación de una nueva provincia que incluyera a la ciudad de Buenos Aires. Y, finalmente, lo único que pudo cumplir fue la provincialización del entonces territorio nacional de Tierra del Fuego.

El intento del “traslado” tenía un antecedente cercano: la sanción por parte del general Lanusse, el 3 de mayo de 1972, del decreto-ley 19.610, donde también declaraba “la necesidad de trasladar la Capital de la Nación”. Era una idea estrictamente militar (que no prosperó), alejada del espíritu inmediatista del político clásico, podríamos decir. Pero Alfonsín no era un político clásico: era el padre de una política clásica y burguesa que pretendía heredar generaciones progresistas y profesionales de lo público.

Repasemos los hechos: en cadena nacional un 15 de abril de 1986 Alfonsín presenta el proyecto, incluyendo frases de Leandro N. Alem, y produce un efecto sorpresa que golpea con su cola simbólica los cimientos del imaginario peronista, sin dar demasiadas pistas acerca del modo en que “eso” se llevaría a cabo. Al otro día pronuncia otro discurso en Viedma, en terreno. La consigna con la que quiere endulzar los oídos estaba sembrada de sentimientos: “Crecer hacia el sur, hacia el mar y hacia el frío”. “Poética”, se podía decir, pero como profecía social sonaba atroz: ¿quién iba a querer expandir las fronteras hacia esa zona polar cuatro años después de que una guerra signara el fin de la dictadura con cientos de vidas perdidas en el sur, en el mar y en el frío?

Algo de eso era evidente: la trama fundacional con que todo-ese-gobierno se regodeó estaba culturalmente adherida a un sentimiento que hacía de ese terreno congelado y virgen del sur patagónico su zona de promesas. Si la democracia se le debía a la derrota militar en el sur, una fuerte cruzada civilizatoria debía expandirse hacia allí. No es posible pensar Viedma sin articularlo con “las islas”. Alfonsín sintonizó algo del sentimiento malvinero siendo justamente uno de los acusados de la “desmalvinización”, y tal vez el político de primera línea más lúcido en advertir el drama de la guerra, cosa que dejó escrito en un diario Clarín de aquellos días. Pero su aspiración conquistadora y desarrollista poseía un sentimiento “austral” procesado en clave alberdiana: porque intercambiaba nuevos héroes ingenieros por los formidables guerreros en jeaps. Poblar el continente era la fórmula de un patriotismo civilizatorio que podía funcionar como respaldo legítimo al reclamo malvinero.

Mapas

La revisión del asunto Viedma también podría alumbrar algo que hoy puede ser dicho así: el desalojo de la visión militar de lo público restó pensamiento estratégico al campo de la política. Incluso se podría conjeturar un saldo obvio y maniqueo: intercambió encuestas por mapas, marketing por cartografía dura. Porque lo de Viedma tenía una dimensión estratégica ya desconocida para el incipiente orden democrático. La mirada militar sobre el espacio y el tiempo es una mirada con movilidades fuertes, que no repara en sensibilidades y arraigos. Para un militar un país es un terreno. Un pueblo es una población. No hay electorado, sino formas de consenso.

Corría 1986 y la economía (el “Plan Austral”) se desplomaba, y el reflejo de Alfonsín parecía una huida hacia adelante. Sin embargo ese proyecto pudo significar el breve retorno a un ideal especulativo: desplazo de población, inversión, descentralización. Fundar la ciudad que rompa el diagnóstico de la “macrocefalia argentina”, tal como metaforizaba para construir solidaridades reacias a la ciudad-puerto. Era un volantazo con resabio federal que se imponía sobre una Buenos Aires a la que los peronistas creían de nuevo ocupada con su Saúl querido. Si Alfonsín parecía un político épico de la transición de dos mundos (el mundo de lucha que se dejaba atrás y la democracia moderna que nacía), Ubaldini era la contracara sentimental, silvestre y melancólica con que se hacía sentir la fuerza material del peronismo.

Alfonsín imaginó un nuevo mapa para un nuevo capitalismo. O algo más sincero: quiso quebrar el territorio cercado por las fuerzas de los sindicatos, los capitanes de la industria y los carapintadas. Su respuesta a ese laberinto de lo real era ilusa: fundar otra ciudad “sin patas y sin fuente”. La ciudad limpia de la administración pública que torciera la atracción de la naturaleza económica, los flujos permanentes de migración, etc.

A su vez, lo que reforzaba el aspecto mesiánico era que el proyecto se enmarcaba en un plan de inversiones y reformas al que llamó Plan para una Segunda República Argentina, que incluía el reordenamiento del sistema de salud, la democratización de los sindicatos y la creación de empresas mixtas. Pero para que una idea sea una gran idea tiene que tener en cuenta el tiempo y el espacio, guiada por el sentido de la oportunidad. Una idea son sus circunstancias.

Si algo marcó a las generaciones ilustradas del siglo 19 surgidas tras la caída de Rosas fue que su tiempo histórico se tramaba en la gestación de estrategias, proyectos, tensiones y planificaciones sobre el espacio, dominadas por la incomodidad frente a la realidad territorial argentina. Si la leyenda del federalismo bravo aparecía como un auténtico grito de la tierra, la contracara del progreso pareció sostener su mandato civilizatorio sobre un suelo al que el destino había condenado a los hombres de luz. El problema de la población inculta y la extensión territorial permitían el mesianismo de un país pensado desde cero, en la posguerra civil. Pero el Estado de barbarización sobre el que los radicales operaban desde 1983 se encontraba en el Estado. Un Estado-matadero era el objeto de la reflexión política y económica, y bajo la metáfora que enfrentaba la nueva democracia: el “pacto sindical-militar”. Contra ese imaginario el deseo de fundar una ciudad. Contra el Estado “cableado” y la “mano de obra desocupada”, contra la CGT Azopardo, contra Campo de Mayo, una ciudad nueva. 1983 huele al siglo XIX tras el rosismo procesista. La inquietud cartográfíca de los radicales reconstruía algo borrado durante el proceso moderno del siglo 20. Porque también el progreso de un país es conservador: se trata de una sucesión de resignaciones. Aceptar la tierra, la lengua, la gente.

Gobernar la ciudad

En estas elecciones, una vez más, aún con el inextinguible espíritu sureño del proyecto kirchnerista no existe una preocupación explícita sobre los equilibrios territoriales. Más bien se afinca ese espíritu en el inconmovible reclamos de “las islas”. El kirchnerismo parece encarnar la pasión forastera de quien llega del desierto y observa la zona de fronteras del conurbano y la ciudad. Si el pálpito de Alfonsín pareció obsesionado en huir de la ciudad y sus alrededores, la pasión kirchnerista parece encuadrarse sobre una obsesión que va más lejos: ¿cómo gobernar la ciudad y el conurbano?

La descentralización, la regionalización construida sobre el abandono de las capacidades del Estado nacional, todo ese proceso “moderno” que fue iniciado en los años 90, aún no tuvo un contrapeso que fuera capaz de un razonamiento paradójico: el federalismo no depende del regionalismo, sino que se condena a él, en la ausencia de un Estado central inteligente, equitativo y capaz de encarnar transformaciones.

Una mirada optimista puede suponer que el kirchnerismo no aspira a crear una Brasilia, sí políticas que mejoren las condiciones de los interiores para subir los pisos de desarrollo económico y generar condiciones estructurales para que sean habitados. Esto está hecho con una hoja de ruta que elabora el ministerio de planificación desde 2004: los “Planes Estratégicos Territoriales”, con un discurso que pretendería darle condiciones porteñas o conurbanias al resto del país. Esto es: gas (gasoducto del NEA a las únicas provincias del país que no tienen: Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones, y a los lugares de Entre Ríos y Santa Fe adonde no llega), energía eléctrica (las represas hidroeléctricas de Santa Cruz –Cóndor Cliff y Barrancosa- a una provincia que hasta hace pocos años estaba desconectada del sistema eléctrico nacional) y mejoramiento de rutas como piso elemental de cualquier desarrollo económico. Si se profundiza este razonamiento, es lógico respaldar la minería en provincias donde no hay otros recursos competitivos. (Hay otros ejemplos, de hecho la federalización de la Copa América incluyó sedes en Córdoba, Santa Fe, Mendoza, San Juan, Jujuy, Salta, La Plata y Buenos Aires.)

En fin, se trata de discursos y políticas para el interior ocupado. Lo que no existe es un discurso poblacional del tipo alfonsinista (sarmiento-alberdista en el mejor sentido) que resucite amablemente el “gobernar es poblar” . Se declaró desierta la posibilidad de pensar el desequilibrio territorial, un drama detectado que devino en un silencio contundente en la mentalidad política argentina.
 

lunes, julio 30, 2012

FM Soldado de la frontera

1. ¿Por qué nos sorprende que aún hoy se torture en una comisaría argentina? ¿Dónde existen las garantías para que eso no ocurra más? Videla afirmaba hace años en el libro de María Seoane y Vicente Muleiro: “en este momento en alguna comisaría de la provincia de Buenos Aires se debe estar torturando a alguien”. Algo así. El viejo dictador suponía una antigua e interminable línea de continuidad de la que se habían aprovechado, a la que habían perfeccionado en escuelas francesas también, pero que no habían inventado. ¿Ayer torturaron? ¿Mañana torturarán? En una cárcel provincial o federal, en una comisaría argentina. ¿Qué hacemos con eso que sabemos que pasa? 2. Presentación del tema: imágenes de la tortura en Gral Güemes, a 55 km de la ciudad de Salta capital. Tecnología intacta: submarino seco y baldazos de agua fría sobre dos jóvenes. No quedarán marcas. Video de más de dos minutos que dio la vuelta por todo el país y que nos presenta la pasividad de las víctimas y la frialdad de los torturadores. Gordillo es uno. Pero en el video se confunde, y uno de los jóvenes parece que le dice: “basta gordito”. Las crónicas primeras confunden eso y acentúan esa extraña “familiaridad” que puede campear en una comisaría de pueblo. Filmado con un celular. 3. Recuerdo: en el año 2000 trabajaba en un kiosco en Pueyrredón y San Luis, Once, y el sereno del edificio bajo el que quedaba el kiosco era ya un compañero de esas noches frías, “en lo mejor de la crisis”, cuando el recorte del 13% comenzaba a faenar bolsillos estatales. Era un “buen tipo”. Sin hijos. Casado. Vivía en Banfield. Tenía una perra a la que amaba con locura, te mostraba las fotos. Se había retirado de la policía de la provincia de Buenos Aires (a la que había entrado en 1982) y me dijo por qué se fue: por un estado depresivo. Votante del PJ. Un día, una noche, de la nada, me contó su paso por la Brigada de Investigaciones. Y los métodos de tortura que aplicaban. Picana, submarino. Me explicaba la razón de esos métodos: las necesidades judiciales de las declaraciones. “Lo pedía el juez.” Mi cara de lector de Página 12 le precipitó la aclaración reparadora: a un tipo normal como vos no se tortura. Ok. Entendido. La tortura y sus justificaciones. ¿Qué hizo el torturado?- es la pregunta que se puede hacer alguien que quiere vivir del lado de la línea de la normalidad y sentirse a salvo, poner la conciencia en papel secante. 4. La tortura como barbarie policial es una constante para los pobres, por eso -en parte, pero en una parte decisiva- la clase media militante que la ligó en los 70's vivió ese sobresalto descomunal y represivo y pudo narrarlo con una línea de tiempo tan precisa, haciendo hincapié en las precisiones técnicas de ese calvario. Pero no tuvo durante ese tiempo la misma sensación de excepción para el sabalaje, para el pobrerío que vive siempre sometido al rigor policial, desde el principio de los tiempos. Una vida eterna existida bajo la pesadilla azul. 5. Volvamos a Salta y al argumento del gran ideólogo de la seguridad, Marcelo Saín: más allá de las especificidades locales, hay un problema difundido que no se resuelve con políticas locales ni focalizadas sino que requiere una intervención federal y una política sistémica. (Una idea básica podría ser que para que no haya tortura debiera haber por lo menos un civil, un abogado, en la comisaría.) El policía que hace submarinos con tal naturalidad tiene que ser un grano en el orto de las políticas de seguridad, el impacto de esa tortura televisada tiene que ser la zanja adonde cae y se desparrama el altar de la memoria. Vamos a decirlo así: el museo de la ex ESMA tiene que servir también para apagar la electricidad policial del presente, para una policía que no resuelve nada sin pasarse de la línea de lo lícito. Los centros culturales tienen que servir para que a Gordillo ni se le ocurra pelar la bolsa. 6. La relación de los DDHH y los hechos de tortura actuales, también, es el diálogo sordo que pone en tensión el tipo de federalismo, tanto como las discusiones de la co-participación. Porque habla de la distribución del capital simbólico y cultural de esa cima llamada Derechos Humanos. Estado y provincias: la polis de los derechos humanos, con sus señalizaciones, sus museos y baldosas, hace centro en la historia pero no puede proyectar su luz sobre el medioevo policial y penitenciario del resto del país real (y actual). 7. La comisaría de General Güemes y el Hombre de la Bolsa. Los derechos humanos son universales. No son la jerarquía de las víctimas. 8. Toda tortura es política.

(Publicado en Ni a Palos)

viernes, julio 06, 2012

Acabo de hablar por teléfono con el señor Ángel Clemente Rojas. No lo puedo creer. Crecí escuchando su mito. Como no tengo tuiter lo escribo acá. Encima en esta hora de mierda en que Román deja Boca. Ya lo llamo a mi viejo. Hasta luego.

Acá Rojitas.

jueves, junio 28, 2012

A modo de devaneo

por Mario Santucho

1. Un rápido balance puramente impresionista habla de 30 mil personas en la plaza, quizás más de la mitad Camioneros, varios de la UATRE, y puchitos de otros gremios, más el aporte tímido e incluso periférico de grupos de izquierda como Barrios de Pie y la CCC.

2. El clima en la plaza sigue siendo más festivo que de enojo (aunque a diferencia de Huracán, ya se escuchan cantitos directamente contra Cristina). En ese sentido, el tono del discurso de Moyano no se condice con el humor de sus movilizados. ¿Se trata de una capacidad de anticipación de Moyano, en vistas de un deterioro de la situación económica, que le permitirá abrir un canal de conflicto social para ir mas allá del esquema de gobernabilidad propuesto por el kirchnerismo?

3. Uno de los temores previos de mucha gente no se cumplió: la plaza fue claramente una plaza obrera, sin muchos rastros del derechismo garca. Incluso más bien se parecía a las movilizaciones del MTA en los noventa, por el componente más bien obrero mezclado con desocupados o informales, y poca clase media. Esto, sin embargo, no se expresó para nada en el palco donde primaron los carcamanes del sindicalismo (y se la vio también a Claudia Rucci).

4. Lo más flojo, creo, no fue la movilización (que pone en evidencia una fuerza social capaz de movilizarse, de reunirse y deliberar) sino la poca fuerza del paro, que directamente no existió. En eso creo que Moyano retrocedió sensiblemente, ya que quizás haya demostrado que hoy por hoy no está en condiciones de "parar el país".

5. En términos discursivos y políticos es donde más errático se lo ve. La consiga principal de ayer fue "el salario no es ganancia" pero la frase que colgaba del atril donde dio su discurso y que circuló profusamente durante estos días fue "no al impuesto a las ganancias". Son dos enunciados muy distintos: el segundo es directamente lamentable y reaccionario; el primero resulta sensato aunque completamente insuficiente. En esto último es donde está el problema clave, que lo puede terminar aislando por completo a Moyano: la disputa popular hoy está puesta mucho más en el tema del consumo que en el tema del salario. En el marco de un capitalismo centralmente rentístico, el salario no alcanza para dar cuenta del aumento o el sostenimiento de las capacidades populares de consumo (subsidios, asignaciones, etc). Hacia ello apunta el segundo reclamo de la movilización (la discriminación hacia los trabajadores formales que supone no darles las asignaciones familiares), pero entonces el reclamos termina siendo algo más bien corporativo.

6. Mas allá de estas minucias, sorprende el revival hacia un peronismo más ortodoxo por parte de Moyano, sobre todo porque no parece tratarse de algo puramente coyuntural (ganarse el apoyo del peronismo antik) sino de una convicción más profunda. La idea parece ser volver a un movimiento nacional donde la fuerza no esté dada territorialmente (experiencia fallida de Moyano en el PJ de la Provincia) sino a uno donde el sujeto obrero pueda poseer peso político propio, como fue hasta los setenta (importancia de la CGT). Pero eso supone no tomar en cuenta para nada los cambios en la composición social del trabajo durante los últimos treinta años.

martes, junio 26, 2012

Perón


Los amantes de la gauchi-política se electrocutarían de placer al oír -de la propia voz de Perón- que vivió en el desierto, que conoció (la metafísica de) la pampa en una lejana estancia en la provincia de Chubut, que fue hijo de una mujer criada por indios y de un juez de paz de quienes adquirió la sabiduría de la naturaleza y una idea de justicia brotada de la bondad de los animales. Ocho radiografías así, bien descriptas sobre Perón y en boca de Perón, pueden mirarse contra la luz. ¿Dónde?

Tal como lo contó preciosamente Diego Sánchez hace algunas semanas se estrenó en el canal Encuentro el programa La Argentina según Perón, basado en el archivo abandonado de una larga entrevista que le hizo al General el periodista Tomás Eloy Martínez en Madrid, precisamente en la Quinta 17 de Octubre del barrio Puerta de Hierro, en el lejano febrero de 1970. Ahí, la voz de Perón dialoga con las inquietudes de quien luego haría de eso la base de su obra periodística. ¿Y qué se escucha en Madrid, en ese 1970? La Argentina según Perón se divide en ocho capítulos de media hora con sugestivos títulos: “Infancia”, “Instrumento del destino”, “La construcción de Evita”, “La economía”, “El arte del conductor”, “Todos somos animales”, “Los anticuerpos” y “La militancia”. Todos abren y cierran bloques “conceptuales” para construir el organismo invertebrado que pueda redondear más o menos una idea de los significados generales del movimiento.

Una primera observación da cuenta de que al programa le faltan más voces de Perón (hay pocos audios) y le sobran algunas voces de especialistas, sobre todo le sobran versiones del peronismo de izquierda, es decir, del sector que hace años se siente en las mejores condiciones para dar las versiones de los hechos.

Perón es el Perón de 1970, y percibe clima de revolución pero se mantiene bastante a raya en su astucia siempre más atenta al hombre que está solo y espera, al argentino laburante promedio, al deseante de progreso y confort, que a las aventuras revolucionarias.

Si uno hace un censo más o menos rápido distingue entre peronistas y no peronistas un reconocimiento: el hecho de que Perón era un gran político, el más maquiavélico de todos, un conductor de las fuerzas bajas donde se conjugan las ambiciones y la codicia, adentro de un movimiento que produjo la altura que produjo. Esa imagen de un Perón sobre todo hábil es por lo menos contradictoria con la nebulosa de algo más ideológico o puro. Es “el mejor político” en los términos más clásicos y burgueses y, a la vez, el creador de las mayores tensiones sociales del siglo 20 con su sentido de justicia. Puede sonar paradójico: las virtudes de un político que conoce como nadie el “juego sucio” y que simultáneamente, en su uso, “desencadena” fuerzas oceánicas. Pero habla de ellas, de sí mismo, de sus “artes”, con la distancia y el ojo de un científico que coloca contra una lamparita encendida el negativo de la condición humana argentina. La calidad de un cuerpo que modera la calidad del sueño. Perón es desencanto y es la economía concreta de lo que significa una vida mejor. Perón fascina a los iniciados en la escuela del sol y de la rosca. Perón es un oráculo para los que creen que la Argentina ya se pensó y que ese pensamiento y ese sueño quedó ahí, intacto, sólo enredado en el nido de víboras de su lengua. Así, entonces, todo interesado por lo público seguramente lo admirará siempre y será fan oculto del mejor encantador de serpientes. Sabiduría popular y formación prusiana hacen a su naturaleza. Perón describe la importación del fascismo italiano que intentó (“un socialismo nacional”) y al que sintoniza con esa época desde la que habla -sin decirlo- por la adaptación conflictiva que aún un orden fascista implicaba para este país. Por la justicia social que también entrañaba ese fascismo como ideal en una Argentina no desarrollada.

Habla de los mitos con las manos sucias de quien los creó y los recrea. Dice de Evita: “Eva Perón es un producto mío. Es sensible como toda mujer”. El peronismo de género se cae de culo. Dice de Vandor: “Le dije que se cuide.” Perón asume esos nombres. Se reapropia de una Evita tan dejada a disposición de las izquierdas entristas, quizás. Y recoge del piso el cuerpo ensangrentado de Vandor para decir: yo te avisé que el movimiento recibe anticuerpos para fortalecerse en su eliminación. Te dije que te cuides.

Perón es un corazón al desnudo que enseña con el grabador prendido la sociología organicista de su eterno juego pendular. No tiene el secreto de la Coca Cola, tiene el secreto de los chorizos y las salchichas y los patys. Es Perón, es 1970 y mientras una generación de jóvenes sube al monte a hacer la colimba montonera o guevarista dice que en un pueblo siempre hay idealistas y materialistas, pero en estas proporciones: 10% idealistas y 90% materialistas. Perón reconoce eso aún cuando palmea a los “maravillosos”. Los describe según su visión zoológica: son perros. 10% de perros buenos y fieles a sus instintos. Y un 90% restante de gatos sobrevivientes. La Argentina según Perón es una buen modo de entender otra verdad más: el General priorizó siempre su percepción de la “larga duración” por sobre las urgencias de una época y de una generación.

viernes, junio 22, 2012

Lugo

El zapato de Moyano

por Gustavo Varela

No es un conflicto gremial. Es más amplio: es qué hacer con el sindicalismo. La lógica sindical es de clausura; lógica de pastor, reunir, agrupar, apiñar sin diferencias. Identidad compacta de la clase obrera porque sino lo compacto del poder empresario la hostiga con voluntad de esclavizarla.

Puja de intereses también hacia el interior de los gremios, pero solapada, astuta, sin afuera casi. Acuerdos, traiciones, agachadas, todo bajo el mismo nombre y la misma voluntad: administrar en nombre de la masa laboral, una caja que reparte almuerzos, hoteles, cargos, sin más necesidad que la pertenencia y la agilidad felina para las relaciones de poder.

El peronismo inventó el poder sindical. La alianza entre uno y otro es ontológica. Por ello las contradicciones son exageradas; hay irritación, silencios valiosos, tensión de fuerzas a las que no se les ve el fondo. No mafia: este concepto es vacío y repleto de un juicio moral que impide entender. Lo que no se ve es lo que explicita la oscuridad en la lucha. Aquí no hay sorpresas: la tensión entre el peronismo y el sindicalismo tiene capas geológicas de difícil acceso. La tosca que la oculta no es una cuestión de principios democráticos ni un decálogo de buenas intenciones. Es una lógica de las relaciones de dominio y allí no hay ideas sino ocupación de territorio.

La tensión entre lo público y lo privado es ideológica (YPF, jubilaciones, asignación universal, etc.); la tensión entre el gobierno peronista y el sindicalismo es material: un problema de diagrama bélico. O sea, cartografía de fuerzas. Siempre, no ahora que se hacen visibles. La mezcla entre ellas, el responder al sindicalismo peronista con principios ideológicos o el acusar al gobierno de tiranía por parte del secretario de la CGT es alpiste para pajarracos mediáticos. Uno y otro lo saben.

Las radios dicen que en las encuestas la imagen de Moyano es más favorable.

Después nombran a Scioli, como siempre, al que le cargan la mochila con intenciones de todo tipo. Una suerte de Barbie a la que le cambian el vestido según la ocasión. Scioli es muchos, una enamorada del muro, político sin tronco. Todos los titiriteros lo quieren tener en su teatro. Con Moyano es distinto. Lo quieren usar un rato para sacarse el frío que tienen. Como una media. Pero a Moyano le importa el poder, no la representación. Es zapato, no media; pisa, no abriga. Lo saben; por eso lo dibujaron con sangre en las manos aunque ahora lo entrevisten.

Moyano no es la Pando, ni la mesa de enlace, ni un cacerolero imbécil. Es un camionero en un país sin trenes. Su poder es territorial y está situado en la raíz del capitalismo: prioridad del movimiento, economía que exige traslado permanente. Muy probablemente la nafta de sus camiones las provea, en los próximos días, el concierto de golpistas que no encuentran una cara que ofrecer. La cara de Moyano es demasiado segundo cordón todo junto. Sin embargo, la van a ofrecer un rato. La pregunta es si Moyano se va a creer la Cenicienta, rubia y con zapatos de cristal.

Los gorilas son ecuménicos transitorios: se saludan unos a otros en la misma plaza sólo por un rato aunque casi no soporten mutuamente sus olores. Lo toleran, claro, como toleran que la sirvienta coma con la señora sólo el domingo de Pascuas. Después vuelve todo a ser lo mismo: aquella a la cocina y la señora al living. Los ejemplos abundan.

El zapato de Moyano hoy tiene dientes. El gobierno está obligado a saber responder a tiempo. No alcanza con el cotorreo mediático; requiere estrategias, avances solapados, más inteligencia fáctica que palabras. Las palabras que las perpetúen Sarlo y Barone en su romance. No es un problema entre buenos y malos. No están en juego los principios ni se trata de una puja moral. Uno y otro se requieren del mismo modo. Es político el asunto, no es para asustarse. Un gobierno peronista tiene que saber qué hacer con el poder sindical. Sino es radical, conservador, desarrollista; cualquier cosa, pero no peronista.

Si Moyano se cree la Cenicienta, ahí sí el problema ya no es sindical sino ideológico y, por lo tanto definitivo. Porque habrán fracasado los dos, Moyano y el gobierno. La cancha quedará abierta para que juegue cualquier salame. Y eso, sin dudas, es peligroso.
Doble vínculo.

jueves, junio 21, 2012

Viejos papeles que pueden ser releídos en la vigilia. Días así somos todos testigos, días así las redes parecen el cementerio de los imprescindibles. Es una situación incómoda. Se mueve el hilo que siempre conecta crisis política con crisis económica. Siempre está ese hilo. Puede no haber crisis política pero el hilo está. El 54% tiene que seguir diciendo las condiciones políticas para enfrentar una crisis. Que son las condiciones de representación. Llegó la ola del tsunami ocurrido en el corazón financiero del mundo. Esa sensación (“esta crisis” no la generamos nosotros) acompañada con la autosuficiencia de haber vivido “la caída” diez años antes y de haber salido del infierno no pueden ocultar algunas prevenciones políticas. ¿Por qué darle crisis política a lo que puede ser sólo una crisis económica? ¿Por qué endurecer el escenario con crisis de representación? En ese triángulo es que Cristina, Scioli y Moyano deberían ser pensados. Y, si se puede, respetados. En primer lugar porque un momento así necesita más representaciones y mediaciones sociales, no menos. Hay que cruzar el río. En la cosa más progresista que escribí en mi vida (para la revista Crisis) puse esta inocencia: "Los jóvenes de entre 18 y 30 años que van a un acto de la CGT no cantan la marcha peronista. Los jóvenes que acaban de ingresar a una fábrica y conocen por primera vez la formalidad laboral y la sindicalización no la saben, aunque se la escuchen cantar a sus delegados. Ese hit que encendía o restauraba, que hacía la revolución o la sofocaba, lo cantan los “cuadros”, los jovatos, los militantes del Evita, pero los nuevos asalariados capaz cantan: “soy camionero / es un sentimiento / no puedo parar”. Son, a lo sumo, hinchas de su gremio y en eso simplifican sus emociones colectivas. Bajo una mirada rápida, la impresión es que hay "algo" ahí, en el caldo de los beneficiarios que ya pertenecen a la clase obrera pero que son nuevos en la cultura organizativa de esa clase. No saben la marcha, no tienen por qué saberla, y además la fuerza de la marcha no está más en la marcha. La vieja marcha peronista suena en la ESMA, en museos, en el arribo de muchos jóvenes a la política bajo el manto de la palabra “militancia”. Pero la nueva marcha de los asalariados argentinos se inventa en la usina de cada gremio y asciende con su canto al cielo de concreto de las reivindicaciones reales. No es el canto del suspiro universal de la clase, sino de lo particular que se le arranca al capitalismo (para ser parte de él). Las victorias populares ahora no tienen mártires sino paritarias, y en “la paritaria que sigue”, en ese cálculo al boleo entre lo que no se sabe del INDEC, lo que se sabe que se paga en el “chino” el kilo de cuadril y el límite siempre negociado entre el sindicalismo y el gobierno, está el número redondo de la victoria."

Todos los que representa Moyano, los que no, los que podrían parar, los que no van a parar, los que votaron a Scioli, votaron a Cristina.

¿Qué pasa, General, adentro de la casa del 54%?

viernes, junio 15, 2012

Se nos pasó

Ezequiel Meler en Clarín.

Resumen: una fractura (o una conducción a la derecha de Moyano) aumenta el conflicto sindical. "Basta con ver la curva de convenios colectivos homologados por el Ministerio de Trabajo desde 2005, y contrastarla con aquella que sigue los conflictos laborales, para percibir que, en el período kirchnerista, ambas se comportan de manera inversa."


...

martes, junio 12, 2012

Artemio: Por ejemplo, por cada millón de pesos ( U$S 350.000) invertidos en la construcción en el año 2004 se podían crear aproximadamente sesenta nuevos puestos de trabajo que no requieren una elevada calificación. Este dato no es menor teniendo en cuenta la perspectiva de crecimiento económico y nivel de empleo ralentados para el año 2012 en nuestro país , debido a la crisis del neoliberalismo planetario, desde ya.

Alejandro: 1) Es una política osada desde lo fiscal y conservadora desde la política de vivienda: el subsidio de la cuenta de intereses del crédito hipotecario es un clásico a través del cual se han construido cientos de miles de viviendas en la Argentina y en otros países. // 2) En las grandes áreas metropolitanas los terrenos fiscales disponibles están en su mayoría mal ubicados en términos de accesibilidad y habitabilidad. Quizás todavía se esté a tiempo de jugar fuerte en el mercado de suelo y adquirir algunas tierras que por su relación calidad/precio puedan ser sumadas al programa.
Red solidaria

1. Cristina es hegeliana, me dice Alejandro Sehtman en un Havanna de Córdoba al 900 el día que Cristina dijo que pasaba a pesos sus dólares mientras la amenaza de la segunda nevada del siglo 21 sobre esta ciudad se disipaba. Un kirchnerismo que te ocupa todo, música y redes, televisión. La vuelta de la política de la totalización. No habría, en principio, otro proyecto político capaz de atrapar tantas esferas de la vida, sobre todo para vidas urbanas a banda ancha. En cualquier país “normal” el microclima gobierna al clima. 2. Las cacerolas de estos días, más allá del dólar, parecen el Frankestein de haber dejado la “batalla cultural” funcionando a pleno en tiempos de paz. Profecía autocumplida. Quizás en 2010, en las fiestas del Bicentenario, había que enterrar al 2008. 3. Cada día me siento más cerca de Juan Carr en el estilo: sé explicar perfectamente por qué son buenos estos años abstrayéndome de muchas cosas. Juan Carr persigue su sueño de hambre cero. Y cada tanto sorprende a sus entrevistadores con datos y estadísticas sobre el mapa del hambre. La euforia que transmite Juan Carr y su ejército de salvación (que por ejemplo todos los miércoles recorre la ciudad con termos de sopa) corre en paralelo y a la sombra de la mentalidad política media. Para algo sirve todo esto, aunque el deterioro de la estadísticas te deje un poco afuera de revelar una posible verdad social4. La pelea con Scioli o Moyano -de distinta naturaleza- tiene un efecto extra: daña el sistema de representación. Scioli o Moyano son menos que el kirchnerismo, pero en la Argentina faltan políticos. Faltan representantes. No alcanza para el orden social deseado con que la presidenta sola represente. Los representados de este triángulo (Cristina, Scioli, Moyano) se superponen y no hay figuras de recambio mejores para ninguno de los rubros. No son proporcionales, y en tal caso por momentos se relacionan como muñecas rusas. Hay que seguir con esta consigna: faltan políticos. No se puede dejar sola a la presidenta en el ejercicio de representar. Como si la política para reconstruirse de todas las fuerzas destituyentes y antipolíticas hubiera también absorbido esa fuerza y ahora la empleara contra sí misma. Como si la política ahora también fuera antipolítica. No porque sus “batallas” no valgan la pena sino porque puede por momentos actuar como actúa una verdadera fuerza antipolítica: indiscriminadamente. 5. Hay una ley no escrita de los operadores políticos: hacen cosas que sus jefes no saben, cosas que hasta enojarían a sus jefes, pero que son para absoluta conveniencia de sus jefes. Uno de los estilos del kirchnerismo -no el único, por suerte- muchas veces tiene algo de “rompo todos los puentes y lazos que la jefa rompa”. Estilo como mandato. Forma como mensaje. Si Cristina reta en público -con razón- a un funcionario, podría cada pequeño Napoleón de la administración creerse con derecho a humillar. Son de los mandatos también no escritos que articulan un temperamento y una cultura política y nada dice que debería ser así a todas las escalas. Todo político en público educa con sus gestos, y Cristina lo sabe, lo hace, con estilo fuerte. Elisa Carró abusaba de un criterio para medir la calidad humana de un político: el modo en que trata al mozo que le sirve el café. 6. El PRO y las cacerolas de Santa Fe y Callao con toda su previsible molestia tampoco son sólo un stand up cheto, como el de Cualca. Son también, y en tal caso, síntomas de que la sábana de la representación no cubre todo. Sí, admitamos la condición humana: la gente y su bolsillo. Pero el tonito o el tostado de los caceroleros parece contentar en una suerte de “estamos en el camino correcto si estos putean”, una especie de deseo del mal, de pequeño cuanto peor mejor. Cuidado con eso. No se desea la muerte aunque sea Mariano Grondona el que agoniza. No se desea que tales nietos sean apropiados. No se desea la lucha cacerolera de clases. Hay algo tanático en estos deseos que vuelve. No éramos tantos en el 2008. Ni siquiera estaba Diego Gvirtz “de este lado”. Ojo con los deseos de que se repita lo que “nos perdimos una vez”. “No se la querían perder”, dijo una vez Marcos Novaro en un reportaje sobre intelectuales k. Era el 2010 y Novaro apuntaba a la debilidad del corazón de intelectuales que se hacían peronistas a los pedos. ¿Te perdiste Ezeiza? ¿Te perdiste el “luche y vuelve”? ¿Te perdiste la 125? Acá tenés tu primavera.

sábado, junio 09, 2012

"El KAKI es una nueva fruta para el consumidor Argentino. Traído desde el legendario Japón donde manos delicadas y laboriosas lo cultivan desde hace siglos, mejorando su calidad mediante injertos e hibridaciones, ahora se produce en las mejores tierras Argentinas. Simplemente, con un cuchillo, pele la fina piel del KAKI y deléitese con el dulce sabor oriental de la fruta."

El KAKI no es astringente. El KAKI no es empalagoso. El KAKI es una fruta diferente. El KAKI debe comerse duro. Variedad: FUYU

MALACALZA HNOS. (03329) 498113 - Río Tala - Bs. As.

martes, junio 05, 2012

Oído absoluto.

Había una imagen de los westerns: los que apoyaban la oreja en la tierra para oír si venía el malón. Los sueños de la política engendran monstruos. Pero yo sueño con políticos de oído absoluto. Prácticamente diría que mi fe en el peronismo aún se basa en una producción así. Políticos de oído absoluto atentos al oboe de la lucha de clases, a la risa de vestuario del solteros contra casados, a la jauría tuitera, al compás de las internas sindicales, al sojero, al temblor de las cacerolas, en fin, a todas las olas del mar argentino, y que a la vez no dejan de oír detrás el silbido del viento mundial a la pesca de un nuevo oportunismo. La vida, el mundo, la historia es un golpe de azar. Ni siquiera está clara la teoría del big bang. Pero un día empezó, y bien, acá estamos, mejor que los que frotaban piedras para hacer fuego, pero con muchos nativos entre nosotros que aún no se benefician con la distribución de la garrafa social. Leímos con sorpresa y leve agrado algunas declaraciones del intendente de Tigre, Sergio Massa, el hombre prudente que asoma en esa generación intermedia de poskirchneristas. Reclama en una charla Massa (junto al joven chileno Marco Ominami): “el equilibrio que la sociedad necesita para desarrollarse armoniosamente…”. Pero el equilibrio no lleva a la armonía según la lógica de estos años: porque hay que mover la copa (decía ÉL) para que la copa derrame. “Sinuosidades”, como dice mi amigo Lucas Carrasco. Tengo ganas de leer a Diego Luis Molinari, un historiador radical y peronista recomendado por Javier Trímboli a través del sugestivo título: La “representación de los hacendados” de Mariano Moreno. Su ninguna influencia en la vida económica del país y en los sucesos de mayo de 1810. Toda su literatura y toda su obra se consagran en ese “ninguna”. ¿Un libro para comprobar ninguna influencia? Comparto también con Lucas el afecto por ese historiador menor, autodidacta, llamado Salvador Ferla. Ferla no se andaba con chiquitas, eh, escribía libros como “Mártires y verdugos” (sobre los fusilamientos del ’56) o “Cristianismo y Marxismo” (sobre las religiones del siglo 20), estaba a la altura mesiánica de su tiempo. Era un hombre y su época: ponía la spika en su oreja, su cuerpo en la calle, pensaba en voz alta y escribía. Ferla tiene una hermosa frase: “Es mucho más fácil revolucionar a los demás que revolucionarse a sí mismo”. Esa es la conclusión de un hombre que vivió un siglo de revoluciones. Lo importante es lo de adentro. Necesitamos políticos de oído absoluto que escuchen de nuevo el runrún de la intimidad. ¿Hicimos una sociedad mejor o distinta? ¿Es mejor esta sociedad que la de hace quince o veinte años? Preguntas para un jefe de gabinete. ¿Cuánto cambió el fondo de eterno escepticismo en el hombre que está solo y espera, en ese argentino siempre promedio? Sigue la política con sus vaticanos, sus ritos, sus ceremonias de sobrevivencia, y ahí tenemos a los “nuevos montoneros” que cantan en las marchas de la expansión de los derechos civiles: “sí somos putos/ sí somos faloperos”. Bien por eso, porque es así, tanto de tradición como de futuro. O también está el partido radical, socialista… Los partidos de siempre y siempre antiguos. En cada comité o básica parece que la Historia deja a la mañana sus ofrendas, flores de olor horrible que los chicos, los cirujas, los que van a la escuela, los que vuelven, las barren, las patean, las hojas del otoño de la calle de la vieja política. Un partido al final es un club de coleccionistas. Están los que saben de petróleo, los que saben de defensa, de medio ambiente, esquirlas del viejo estado a cielo abierto, y así. Pero el mundo es un misterio que fuga y necesita oídos absolutos, gente que escucha las mutaciones silenciosas. Sintonía fina versus Vamos por todo es la opción de esta época. De esta estación. De este instante hermoso y olvidable que vivimos y sobre el que caerán laureles. “Laureles” sobre los que dormiremos para no oír las posibles futuras furias de los estafados de siempre, el cacerolazo que espera a la salida de toda época, la zanja a la que ya nos tira la sintaxis real del dólar blue, o cuando algunos que no creyeron te digan “¿y, boludo, no cambiaste el auto, no te fuiste a un country?”. Porque están los que se quedan explicando ahí, en su calle, qué fueron estos años, qué fue de sus vidas en estos años, cómo da esa cuenta. Creer, en principio, es gratis.